Bastet / El Primer Cambio

bastetprimercambioAhora ya estás preparado para aprender. Has pasado tu Primer Cambio. No me mires con esa cara, ya sabes de lo que hablo. Siempre lo has sabido. Desde el principio ya eras distinto. Solitario. Distante. Te planteabas demasiados dilemas y pasabas demasiado tiempo apartado. Esto te trajo problemas, claro. La gente murmuraba que eras raro, que no encajabas. Si hubieras crecido entre animales, te habrían eludido, seguros de que algo raro pasaba contigo. Aunque te sentías bien a la luz del sol, preferías la noche. Ella no ocultaba horrores, sino que ofrecía respuestas.

A medida que crecías deseabas tocar, ver, aprender. Te decían que eras maleducado, un niño precioso, de verdad, aunque demasiado audaz y misterioso. Con el tiempo, su cautela acabó crispándote los nervios. Otros se acercaban mucho, con un exceso de confianza. Podían amarte, pero jamás comprenderte.

Sólo los tuyos pueden hacerlo.

Los Bastet cambian por primera vez en la pubertad, la edad que tú tienes ahora, más o menos. El Primer Año es doloroso, te lo advierto. Destroza tu cuerpo, tu mente y tu mundo. Cuando por fin se produce el cambio y el gato entra del todo, muchos Bastet creen haber perdido la cabeza. Quizás sea así para muchos. Yo por mi parte soy mucho más feliz ahora, así que no me quejo, y espero que tú no me vengas con quejas ni lloriqueos. No pienso aguantarlos.

El maestro siempre llega de ninguna parte. Puede que sea la propia Selene quien guíe nuestros pasos en busca de nuevos cachorros. Puede parecer muy contento de verte, aunque no limpiará la porquería, por si te estabas haciendo ilusiones. Tienes mucho que aprender y lo aprenderás y te gustará, porque si no te estamparé contra el árbol más cercano. Tengo cosas mejores que hacer.

El Primer Año va a ser duro. Cada sonido es una nueva lección; cada circunstancia es una oportunidad para estropearlo todo. Tu nueva vida te relega a las sombras -se supone que no existes y mucho menos puedes decirle a nadie lo que eres-, por lo que te transformas en secreto. Uno de tantos.

El mundo está plagado de enigmas, miles de ellos. Mientras más te adentras en ellos, más los consideras simples chismorreos. Para los de nuestra sangre, los secretos son moneda de cambio, artículos mercantiles. Mientras mejor sea el secreto, más alto será su precio. Son la clave de tu integración, así que persíguelos con dedicación. Existe una infinidad de misterios, un sin fin de verdades, de las cuales algunas te ponen los pelos de punta. Todo lo que aprendiste era mentira. En la oscuridad se ocultan Fantasmas, Vampiros y toda suerte de mierda y algunos de ellos parecen más poderosos que Dios. Lo que aprendes te mareará. Estoy aquí para enseñarte a aguantarlo.

Después de más o menos un año, el Kuasha te dejará, yo te dejaré. Ya habrás aprendido mis lecciones. Dependerá de ti. Hundirte o nadar, mi pequeño amigo, y, ¿sabes qué?, serás lo bastante arrogante para creer que puedes sobrevivir al Diluvio Universal. Tras unas palabras amables y una pequeña ceremonia, te confiaré un secreto, que en realidad son tres: los tres Yaba, signos de confianza. Tres secretos que pueden matarte a ti y a todos los que son como tú. Así es. Las clases habrán terminado. Mientras amanece, tu mentor se alejará como la niebla para dejar que te labres tu propio futuro. Es posible que sigamos en contacto, pero quizás no. Depende de lo que suceda entre nosotros y de lo que ocurra a partir de mi marcha.

En cualquier caso, deberás apañártelas solo ¿No es maravilloso? ¿No es genial? ¡Oh, cielo santo, queda tanto por hacer!

Autor de la ilustración: Jocarra