¡Despertad, chiquillos!

¡Despertad, chiquillos!
Nov
17

¡Despertad, chiquillos!

Una bestia soy para en una bestia no convertirme.

Lo repetiré de nuevo ya que será relevante para el resto del artículo.

Una bestia soy para en una bestia no convertirme.

El lema de Vampiro. Desde los jugadores más experimentados en el horror narrativo de Mundo de Tinieblas a los más nuevos, independientemente de las ediciones que utilicen o del idioma en el que jueguen, conocen esa frase. Encierra a la perfección todo lo que supone Mundo de Tinieblas. Interpretamos el horror, navegamos, buceamos y ahondamos en las aristas más profundas y peligrosas del alma humana y de la sociedad en la que vivimos precisamente para no caer por el sumidero del terror y el caos escondidos en esa misma sociedad. Miramos de cerca al miedo y a la falta de moral para no tener más miedo y para valorar aún más nuestros principios en nuestra vida real.

Eso es Mundo de Tinieblas en su esencia. Todo lo demás es accesorio; libertad creativa en el modo en que cada narrador, jugador, mesa o grupo quiera desarrollar sus historias, desde el miedo psicológico más lovecraftiano hasta, por qué no, partidas de humor repletas de paradojas.

Mundo de Tinieblas nació hace casi tres décadas. El mundo ha cambiado mucho desde entonces y en el momento actual vivimos un momento peligroso en el que la dictadura de las apariencias, la manipulación informativa, la invención de realidades o la influencia directa en procesos electorales están removiendo los fantasmas del racismo, el nacionalismo o el populismo. Ahora es más necesario que nunca ser bestias, conocer las entrañas de todos esos terrores incipientes para no convertirnos en presa de ellos mismos.

En este contexto, White Wolf se ha tenido que enfrentar a una considerable polémica sobre su supuesta cercanía, o al menos comprensión, con respecto al nazismo o las ideologías supremacistas. Y ahora aparece una nueva polémica relacionada con un párrafo de su guía de la Camarilla para Vampiro 5 en la que describe a Chechenia como un territorio gobernado por Vampiros en el que la persecución y genocidio de homosexuales (algo que sucede en la realidad) son una tapadera de cara a la prensa para ocultarlo. Ese párrafo ha desembocado en la queja del, como poco, nada democrático gobierno de Chechenia y en el rebote de la información en la todopoderosa maquinaria propagandística prorrusa que es el conglomerado de RT. Acto seguido, Paradox Interactive ha decidido suprimir el párrafo, paralizar los envíos de los libros hasta que se vuelvan a remaquetar y eliminar cualquier independencia creativa para White Wolf, que en la práctica va a quedar totalmente absorbida por Paradox.

Y aquí es donde la censura ha ganado terreno. Y, lo que es más preocupante, con no pocos apoyos dentro de la comunidad rolera que, sumándose a la dictadura del supuesto buenismo, se convierten en cómplices de los muros para la libertad creativa.

Vaya por delante que White Wolf no lleva un rumbo precisamente brillante. Hace tiempo que venimos denunciando que era necesaria una completa reestructuración de sus contenidos, excesivamente basados en Estados Unidos en lo geográfico y en el hombre-blanco-occidental en lo sociológico. Las distintas actualizaciones de las ambientaciones de Vampiro, Hombre Lobo y Mago han supuesto un cierto esfuerzo, aún mejorable, por abrir el foco, por fijarse en otras identidades culturales. Aún les queda camino por recorrer para dejar de ser autores que parecen mirar al mundo desde los ojos asombrados de un norteamericano medio con poco conocimiento de otras realidades, así como para dejar de mirar sólo desde el foco masculino. Seguramente el punto de partida de ese párrafo sobre Chechenia no era el mejor.

Pero dicho esto, ¿de verdad vamos a dejarnos doblegar por la queja de un régimen denunciado una y otra vez por organizaciones internacionales? ¿Vamos a permitir que encierren la libertad creativa en los parámetros de lo políticamente correcto? ¿Vamos a dejar que la Banalidad y la Tecnocracia nos sometan?.

Yo me niego. Me niego a no poder interpretar el horror del nazismo, a no poder investigar en la persecución a minorías, a no poder meterme en las enfermizas argumentaciones de los criminales. Esa vivencia debe servir como denuncia. El buenismo lleva al olvido, a que nos manipulen, a que hagan con nosotros lo que quieran. Quiero poder enfrentar a mi mesa a la persecución terrible que viven los homosexuales en decenas de países para que salgan de esa partida con algo más que unas tiradas de dados y tres cervezas. Quiero que pensemos sobre lo que sufren esas personas, quiero que sientan asco de las interpretaciones de esos personajes que abusaban de los suyos, quiero que al volver al mundo real sean conscientes de lo que sucede en ese mundo real y, quién sabe, que se conviertan en activistas contra esos abusos.

No quiero salir, cerrar la puerta e irme a casa con la conciencia tranquila. Porque el mundo, por desgracia, está repleto de conciencias que no hacen precisamente el bien. El buenismo hipócrita es el abono de la censura. ¿Tendremos que pixelar a los jerarcas nazis de las películas?, ¿evitaremos ver las películas en las que se refleja el maltrato animal?, ¿sería mejor no leer a Huxley y a Orwell?. ¿Vamos a cerrar los ojos mientras nos ponemos la máscara de V de Vendetta para sentirnos que somos la mar de revolucionarios mientras intentamos no ofender al gobierno salvaje de Chechenia?.

¿Se nos pasa algo por alto? Echo de menos una visión crítica, o al menos mejor documentada, sobre los intereses verdaderos de Paradox. ¿Por qué toma estas decisiones?. ¿Hay debajo algún tipo de interés o temor empresarial y puramente financiero?, ¿les resultaba molesta la creatividad y hasta la extravagancia en ocasiones de los autores de White Wolf?. De momento he leído a más de un palmero dando aplausos a la empresa, algo tan común en estos tiempos, pero desde mi desconocimiento absoluto sobre el funcionamiento interno de la compañía echo en falta ese planteamiento para poder sacar conclusiones mejor fundamentadas. Al menos algunos de los creadores, como Martin Ericsson, aseguran que van a continuar.

Me preocupa sobremanera por un lado la aceptación de lo políticamente correcto sin ningún tipo de postura crítica que he visto en algunos sitios y también que confundamos dos conceptos que no son lo mismo: una cosa es la exigencia que hay que tener con la producción editorial para que refleje los valores de una sociedad democrática y moderna, para que se globalice en lo cultural, racial y en las políticas de género… y otra que no podamos crear, escribir, dirigir, denunciar desde la libertad de la crítica.

Bestias somos, sí. Pero no lo olvidemos, para en bestias no convertirnos.

About Voivoda de Castilla

Fundador de www.webvampiro.com