El Mundo (de Tinieblas) en guerra 

El Mundo (de Tinieblas) en guerra
Mar
07

El Mundo (de Tinieblas) en guerra

Nota de Webvampiro: Esta es la segunda entrega de una serie de artículos que, de modo cronológico, ofrecen ayudas para ambientar partidas de Mundo de Tinieblas en la II Guerra Mundial. La base fundamental del texto se centra en Wraith, pero hay referencias a los diferentes juegos. El texto original es de Jonathan Blacke y la traducción es obra de Alexander Weiss. La fotografía muestra la catedral de St.Paul en Londres bajo los bombardeos en diciembre de 1940 y es parte de los fondos del Archivo Nacional de Estados Unidos.

La primera entrega, dedicada a los momentos previos al estallido de la guerra, puede leerse aquí

1941. Desorden

Los tumultos en las Tierras de la Sombra que surgieron como resultado de la Guerra de los Muertos proporcionó fuerza a varios grupos marginales ya extendidos dentro de la sociedad de Estigia. Los Renegados se aprovecharon de la ausencia de una autoridad fuerte para lanzar ataques contra los bastiones de la Jerarquía. Los transportes sobrecargados de almas de los Segadores fueron atacados y saboteados, y sus cargas fantasmales liberadas. Los Renegados realizaron inesperados ataques en las Necrópolis, pues los Anacreontes ya no podían mantener el orden con patrullas mal equipadas. Aparecieron nuevos grupos de Renegados a un ritmo alarmante, muchos de ellos formados a partir de soldados muertos, guerrilleros de la resistencia y otros insurgentes que continuaban la guerra en el punto donde la habían dejado y proseguían las hostilidades con sus enemigos en las Tierras de la Sombra. Las calles de las Necrópolis se convirtieron en lugares peligrosos y ni las rutas ni las vías de las Tierras de la Sombra permanecieron libres de las bandas de saboteadores y ladrones.

Los cultos Herejes también se multiplicaron, debido a la explosión de intolerancia provocada por la ideología nazi y la gran destrucción provocada por la guerra en las Tierras de la Piel. Los católicos que perecieron en las persecuciones nazis de Polonia formaron grupos secretos semejantes a los de los Pescadores de antaño. Los ministros y los defensores de los derechos humanos que habían protestado contra las atrocidades del gobierno nazi se movilizaron contra un nuevo enemigo: la Jerarquía. Los fantasmas de mentalidad apocalíptica creían que la Segunda Guerra Mundial sería la purificación final de la Tierra de los Vivos, y formaron Círculos para esperar el inminente Final, la llegada del Olvido.

1941. Partición

A medida que continuaba la guerra y las almas de los soldados caídos de ambos bandos continuaban llegando a las Tierras de la Sombra, se produjeron algunos cambios inquietantes. Los Equites y los Jinetes de la Tormenta comenzaron a percibir la aparición de Nihils y Espectros en lugares de las Tierras de la Sombra que hasta el momento habían sido estables y seguros.

El rumor de que se estaba formando otro Maelstrom se extendió entre la Jerarquía. Algunos temían que el Laberinto se volviera demasiado inestable, y que la guerra en las Tierras de la Piel terminaría por romper la barrera entre Estigia y el Olvido. A medida que las especulaciones y rumores se hacían cada vez más exagerados, llegaron noticias de la llegada de la aparición de nuevos fantasmas que cruzaban la Mortaja con auras y apariencias nunca antes vistas en la Tierra de la Sombra. Los testigos que habían visto a los nuevos Sin Reposo afirmaban que tenían extrañas Marcas de la Muerte, algunos con sus Placentas medio colgando de sus formas plásmicas. Estos fantasmas viajaron hasta las Necrópolis más cercanas buscando ayuda de los Sin Reposo, pero descubrieron que la actitud de muchos fantasmas estigios era tan cruel como la que habían sufrido en las Tierras de la Piel. La mayoría de los Anacreontes se negaron a recibir a estas almas errantes y harapientas. Otros los confundieron con alguna nueva especie de Grotescos surgida de las fauces del Olvido, y enviaron a los Legionarios contra ellos. Al principio a la mayoría simplemente se les negó la entrada. Algunos fueron físicamente destruidos por los Legionarios que habían permanecido en las Necrópolis.

Muchos en las Tierras de la Sombra habían cruzado la Mortaja con sus antiguos odios, temores y prejuicios intactos, y guardaban poco aprecio por los fantasmas de judíos, gitanos y otras víctimas. Hasta algunos de los nuevos Renegados y Herejes recibían más ayuda y tolerancia, y los soldados y guerrilleros muertos recibían un mayor respeto. Después de todo, ellos habían muerto por una causa. ¿Qué habían hecho estos nuevos fantasmas para ser aceptados? ¿Qué podían ofrecer? A muchos le preocupaba que sólo eran combustible para fortalecer el Olvido.

Poco después de que los informes de los testigos captasen la atención de los Señores de la Muerte, estos nuevos fantasmas aparecieron ante las puertas de Estigia. Habían sido llevados hasta el centro de poder de las Tierras de la Sombra por númerosos Barqueros, que les ayudaron a cruzar la Tempestad. Estas almas perdidas pidieron una audiencia con Caronte y los Señores de la Muerte, y sorprendentemente, su petición fue aceptada. Se cree que los Barqueros que habían ayudado a estos fantasmas tuvieron algo que ver con esta decisión sin precedentes por parte de Caronte de reunirse con los harapientos, pero nadie sabe la verdad.

Una vez estuvieron todos reunidos, los fantasmas de la Shoah, el Porrajmos y el Holocausto le contaron a Caronte y sus ministros las historias de sus muertos, y la verdad de lo que estaba ocurriendo bajo el telón de la guerra.  Caronte y los Señores de la Muerte permanecieron en silencio, aunque no por las razones que se esperaba. Si las almas continuaban llegando a las Tierras de la Sombra a semejante velocidad, la Mortaja se reduciría al mínimo. Y si la barrera entre los vivos y los muertos se rompía en las proximidades de un Nihil…

Era necesario tomar medidas, no sólo para preservar la integridad estructural de la Mortaja, sino para acoger adecuadamente a estos nuevos fantasmas –especialmente a raíz de la reacción inicial de la Jerarquía. Los poderes de Estigia prometieron una acción inmediata y alojaron a los fantasmas que habían acudido a verles dentro de la ciudad. Los Barqueros se retiraron a la Tempestad, y las inexorables ruedas de la burocracia comenzaron a girar.

El acuerdo entre los Señores de la Muerte y los Anacreontes finalmente concluyó en los Acuerdos de la Partición, y dividió a los refugiados en partes iguales entre los Siete Señores de la Muerte. Cada grupo de fantasmas del Holocausto fue instalado en su propio ghetto en las principales Necrópolis. Estos fantasmas se encontraban bajo la protección de los propios Señores de la Muerte, bajo la administración de Anacreontes especialmente elegidos que informarían a los Señores de la Muerte a los que servían. Se acordó que estas comunidades separadas, llamadas Comunidades de la Partición, se asimilarían con la sociedad estigia de sus respectivas Necrópolis, y serían protegidos de los Renegados o los Herejes dentro de los muros. Con el paso del tiempo, los Anacreontes se encontraban desbordados, enfrentándose a una creciente presión demográfica en las poblaciones de sus Necrópolis, y pronto se cansaron de otorgar un tratamiento especial a los fantasmas del Holocausto, ignorando los derechos de protección de los Acuerdos. Esta conducta deshonrosa llevó a muchas de las comunidades de la Partición a separarse de las Necrópolis, y estos fantasmas desilusionados se marchaban o construían sus propias Moradas en otros lugares.

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