El Jhor y la Locura

Extracto de las Crónicas de Moravia y Silesia

Toda Moravia se había reunido en torno a la intensa hoguera. Desde el mediodía la alimentaban caballeros del obispado. Era el mayor auto de fe en la región desde que la mayoría de ellos tenían uso de la razón. Los acusados habían aterrorizado con sus hechicerías durante años a los habitantes de las antiguas aldeas de todo el reino.

Jaroslav tenía contactos con los espíritus de la muerte. Algunos habían asegurado que había alzado de la tumba a los cadáveres de los suicidas para convertirlos en sus sirvientes. Su mera presencia había producido la muerte de animales y la pérdida de las cosechas. Tampoco podía decirse nada mejor de Ratko, el druida loco. Había incendiado una granja para purificarla de unos seres que a su juicio vivían allí, pero nadie más veía…

EL JHOR: Se denomina así a un tipo especial de Resonancia propia de los Magos nigromantes. Generalmente, los hechiceros que escogen esta senda terminan por destruirse a sí mismos y a todo cuanto aman, empujados por la Parca con la que intentan bailar cada noche. El Jhor se manifiesta en caprichos morbosos, obsesión por estudiar la muerte, amor por la decadencia, una aura de corrupción que afecta a animales y plantas y, finalmente, comportamientos sádicos y psicópatas. Los conjuros que conllevan contacto con lo fantasmal atraen el Jhor como la miel a los insectos.

LA LOCURA: Es conocida entre los Despertados como «Silencio» o «Crepúsculo». Destroza las percepciones del Mago, que pasa a vivir en una realidad de pesadillas, delirios y visiones. El hechicero cobrará nuevas identidades y personalidades múltiples que le empujarán a un abismo de creación y destrucción que terminará con él mismo. La Locura aparece cuando el Azote es excesivo en un Mago. Generalmente, cuando un Despertado comienza a tener alucinaciones intenta poner remedio a lo que le sucede, aunque algunos Magos son incapaces de detener la espiral de paranoia y terminan enloqueciendo para siempre, convirtiéndose en Errantes.