El último día... la primera noche. El Abrazo

vampiroeoabrazoDurante una décima de segundo se escapaba mi vida. Me sentí agonizar, notaba cómo cada músculo de mi cuerpo se entumecía mientras me desangraban. Y, en pocos segundos, me alcé sumido en una rabia intensa, un hambre infinita, una fuerza sobrehumana…

Sí, había resucitado.

El paso hacia el Vampirismo es cuando menos incómodo. Cada Clan tiene una manera distinta de dar el Abrazo, que es el nombre que recibe la transformación en Cainita. Para los Nosferatu puede ser una agonía dolorosa, mientras que un Toreador podría experimentarlo como una orgía sensual.

En todo caso, el proceso ha de ser siempre el mismo: un Vampiro convierte a un humano a su nueva condición inmortal. El conversor es denominado Sire, mientras que el convertido es su chiquillo. Bien sea provocado o fortuito, el Abrazo sólo puede darse cuando un ser humano muere o se acerca al abismo. Todos los sonidos morirán para él, su alma y su cuerpo se sumirán en las tinieblas. Durante los cinco o diez minutos consiguientes a la muerte, su futuro Sire le dará su propia Sangre y un intenso ardor recorrerá el cuerpo del futuro chiquillo. Su cuerpo empezará a experimentar extrañas sensaciones y tomará la apariencia del mármol. El alma lucha por salir de un cuerpo que la encierra y retuerce hasta que el chiquillo renace como un Vampiro a la noche. Un Vampiro hambriento.

La Bestia se apoderará de inmediato del nuevo Cainita, por lo que el Sire debe ser previsor y tener a mano Sangre disponible con la que su chiquillo se alimentará por primera vez. Una vez saciada su sed, desaparecerán las imperfecciones de la vida y emergerá un ser hermoso en la muerte. Brillarán sus ojos y sus colmillos asomarán por primera vez a la Noche.

A partir de ese primer momento, nada será igual. El ser humano habrá dejado de existir para convertirse en un ser sobrenatural. Su inocencia estará mancillada, los peligros se cernirán sobre él. Un nuevo monstruo se habrá alzado sobre el tranquilo rebaño mortal. Verá a la humanidad en su fragilidad, recordará la luz del sol y el cariño de aquellos que le rodearon y que poco a poco irán muriendo sin que pueda evitarlo.

Estará maldito.

Autor de la ilustración: Óscar El Bardo (Facebook)