La Bestia y la Muerte 

vampirobestiamuerteTanto una como otra son las dos vertientes principales de nuestra existencia. Noche tras noche luchamos contra nuestra Bestia, o nos abrazamos a ella, pero en todo caso intentamos que no nos convierta en un ser carente de toda inteligencia.

Y, cada noche, sobrevivimos atentando contra las leyes de la lógica, nos levantamos sin respirar y sabiendo que somos prácticamente inmortales. Nuestra Sangre nos convierte en la cúspide de la Creación de Dios.

Me adentraré más en sus secretos en los capítulos que en esta sucesión de noches he dedicado al estudio y análisis de los Caminos que rigen nuestra no-vida. Aquí simplemente tendré que detallar aquellas situaciones terribles en las que nuestra Bestia interior se apodera de nosotros, convirtiéndonos en esos monstruos que los humanos han temido desde el principio de los tiempos. No somos santos, ni ángeles. No me atrevo a asegurar que seamos demonios, pero en cualquiera de estos casos puede pensarse que sí.

Incauto es el Cainita que cree que nunca conocerá el frío de la Muerte Definitiva. El renacimiento después de la vida mortal nos lleva a trascender a un estado superior y más resistente, sí, pero a la larga todo Vampiro deberá ajustar las cuentas con el Padre Oscuro y con Dios, si es que existe.

El Frenesí: Representa un estallido de emociones sin control en el que el Vampiro pierde toda conciencia. El Cainita es consumido por la rabia, atacando a amigos y enemigos para huir o tratar de mantener su no-vida a salvo. Las heridas, el hambre, la ira, el peligro o la humillación pueden llevar a un Vampiro a este estado.

Cuando un Cainita está en Frenesí, es incapaz de usar Disciplinas, y sólo un fuerte control de su voluntad le permite vislumbrar entre la furia un atisbo de racionalidad con el que guiar sus acciones. Ahora bien, en este estado bestial, los Cainitas no sienten el dolor de sus heridas. Se dice que algunos salvajes de Escandinavia son capaces de entrar en Frenesí a voluntad.

También hay Vampiros que no escapan nunca del Frenesí, quedando convertidos en bestias irracionales que sólo buscan la destrucción. Este estado, conocido como Wassail, genera animales salvajes que son eliminados en cuanto es posible.

El Rötschreck: Los Vampiros no somos inmunes al miedo. Nuestra inmortalidad no es absoluta, y como extraña paradoja, aquellos destinados a ver el ocaso de los tiempos somos los que más tememos perder nuestra existencia.

El Miedo Rojo es otro de los estados de control de la Bestia. Generalmente el fuego y la luz del sol son sus detonantes. Un Cainita medianamente inteligente se alejará prudentemente de cualquier llama. No obstante, a veces no es posible, y en esos casos el Vampiro debe apelar a su coraje para evitar correr y huir por todos los medios a su alcance.

La Muerte Definitiva: Por lo general, ni las enfermedades, la asfixia, los venenos, las caídas, u otro tipo de accidentes causan la Muerte Definitiva a un Cainita. Sin embargo, sí hay maneras de abandonar para siempre el reino terrenal. Siempre que un Vampiro sufra daño de especial gravedad hasta superar incluso el dolor aguantable en la inconsciencia, se convertirá en un montón de cenizas. La luz del sol, el fuego, la decapitación o las capacidades sobrenaturales de otros seres (garras de los Garou, Alta Magia…) pueden matar definitivamente a un Vampiro.

El Letargo: Es otro estado propio del abandono de la vida. Consiste en un sueño extremadamente duradero en el que el Cainita vuelve a dejarse abrazar por Morfeo. Durante el tiempo que permanezca en Letargo, no se consumirá su Vitae y estará a todos los efectos como en el estado de coma de los mortales.

Un Cainita puede entrar en Letargo a voluntad, deseando despertar cuando pasen semanas, años e incluso siglos, pero también puede verse inducido a este estado cuando haya sido gravemente herido, pero no lo suficiente como para morir definitivamente.

La Diablerie: La Diablerie o Amaranto es considerado el mayor pecado que puede cometer un Vampiro, pero noche tras noche los Cainitas se canibalizan los unos a los otros. La Diablerie consiste en el acto por el que un Vampiro mata a otro bebiendo toda su Sangre. Múltiples leyendas se asocian a este acto. Se asegura que da poderes y ventajas, aunque también acarrea maldiciones. Incluso algunos dicen que el alma del Diablerizado pervive en su asesino. En cualquier caso, es el único método para descender de Generación y acercarse al Padre Oscuro, y es un deporte ritual en el caso de los Assamitas.

En casi todos los Principados de Europa cometer Diablerie se convierte en excusa para una Caza de Sangre. Y es difícil escapar, puesto que el aura del Diablerizador refleja su acto con decenas de vetas de color negro que son reconocibles para quienes dominen el Áuspex.

La Caza de Sangre: Una de las acciones de justicia o venganza más antiguas del mundo conocido es la Caza de Sangre Cainita. Sólo un Príncipe puede invocarla. Consiste básicamente en ordenar la eliminación de un Vampiro o de varios. Orden que debe ser cumplida por todo aquel Cainita que tenga conocimiento de ella. En ocasiones especiales, los Príncipes permiten que se cometa Diablerie sobre el Cazado. La Caza de Sangre sigue un complejo mecanismo de creación, que incluye el envío de una rosa roja al perseguido para notificarle que se le busca para matarle.

El Juramento de Sangre: El Juramento no es un caso, como los anteriores, relacionados directamente con la muerte o la persecución, pero es una característica única del vampirismo. La Vitae Cainita tiene la capacidad de esclavizar a aquellos que la beban en tres ocasiones en tres noches distintas. Normalmente se utiliza para la creación de ghouls, sirvientes absolutamente leales que siguen siendo humanos. No obstante, en una sociedad tan política y llena de traiciones como la de la Larga Noche, se ha convertido en una práctica habitual esclavizar a otros Vampiros.

Después de que un Cainita beba tres tragos de la Sangre de otro, quedará irremediablemente esclavizado a él, sin ninguna posibilidad de actuar en su contra o rebelarse contra sus deseos. En ocasiones, el Vínculo se establece sin que el esclavo lo sepa con sutiles trampas preparadas por el amo o Domitor. En las últimas noches, cuadrillas enteras se han Vinculado unas a otras para afianzar su lealtad y evitar las injerencias de otros Cainitas en un ritual llamado Vaulderie. Romper el Juramento es prácticamente imposible. Se requiere mucha voluntad, años y separación entre el Domitor y el esclavo, algo difícil de conseguir cuando el esclavo es incapaz de alejarse de su amo.

La Golconda: Es la mayor leyenda entre los Cainitas. Según aseguran los locos que tratan de alcanzarla, se trata de un estado tal en el que el Cainita trasciende y evita las desventajas de la muerte. Hay miles de rumores acerca de ella: que el Vampiro ya no necesita Sangre, que alcanza la fuerza de un Dios, que no caen en las tentaciones de la Bestia… En cualquier caso, si alguien la ha alcanzado, no ha regresado para relatar cómo es.

Autora de la ilustración: Falk