Edad Oscura: Córdoba

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Alexander Weiss
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Edad Oscura: Córdoba

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Mensaje por Alexander Weiss » Jue Jul 18, 2019 11:46 am

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EDAD OSCURA: CÓRDOBA

Por Magus

HISTORIA

Según las últimas investigaciones, el primer asentamiento estable en el actual territorio ocupado por la ciudad de Córdoba apareció en torno al 5000 a.C., y ya hacia el siglo VIII a.C. ocupaba una superficie considerable de más de 50 hectáreas, debiendo su prosperidad a la metalurgia de cobre y plata de las cercanas minas de Sierra Morena. También se cultivaron las tierras adyacentes.

El asentamiento prerromano atrajo la atención de los cartagineses, que comerciaron con los habitantes del asentamiento y terminaron conquistándolo, construyendo una colonia a la que llamaron Kart-Juba (“La ciudad de Juba”), en honor a un general que combatió y murió en una batalla en la región hacia el 230 a.C. Otras hipótesis atribuyen el nombre de Karduba a un origen tartésico, pero ninguna de las hipótesis es generalmente aceptada.

Sin embargo, la ciudad permaneció poco tiempo en manos cartaginesas, pues durante la Segunda Guerra Púnica los romanos la conquistaron tras la batalla de Ilipa en el 206 a.C. y la llamaron “Corduba”. En el año 169 a.C. junto al asentamiento prerromano se construyó una colonia latina fundada por el pretor Marco Claudio Marcelo.

La ciudad sufrió los asedios de tribus ibéricas que saqueaban los campos y robaban el ganado, luchando contra el dominio romano. El caudillo Viriato sitió Corduba en dos ocasiones en los años 143 y 141 a.C. Tras la pacificación de la Bética y Lusitania la ciudad atravesaría un período de expansión económica y desarrollo de la ciudad romana, que terminó convirtiéndose en capital de provincia.

Hacia el año 49 a.C. el general Julio César reunió en Corduba a los representantes de las ciudades de Hispania Ulterior, y la ciudad resultó parcialmente destruida por el pretor Casio Longino tras una conjura y un levantamiento contra César. Sin embargo, hacia el año 43 a.C. Corduba recuperó su papel político en la Hispania Ulterior, siendo convertida en su capital.

Con la llegada al poder del emperador Cayo Octavio Augusto, Corduba fue refundada hacia el año 25 a.C., concediéndosele el título de Colonia Patricia. La ciudad se extendió hacia el río Betis, construyéndose un teatro, anfiteatro y acueducto. Sus sucesores añadieron nuevos monumentos en los siglos posteriores, entre ellos templos y circos. La ciudad llegó a poseer más edificios lúdicos que la propia Roma y a rebasar los 250.000 habitantes.

A partir del siglo III el cristianismo comenzó a jugar un papel cada vez más importante en Corduba. La persecución del emperador Diocleciano causó numerosos mártires entre la población, entre ellos los santos Ascisclo y Victoria. El Obispo Osio de Corduba presidió el Primer Concilio de Nicea y fue consejero del emperador Constantino I, que convirtió el cristianismo en religión oficial del Imperio.

Con la caída del Imperio Romano y las invasiones de los bárbaros, Corduba fue saqueada por los vándalos, que la ocuparon temporalmente en el año 411. Por esta época las autoridades de la ciudad gobernaban de forma prácticamente independiente ante la debilidad del gobierno de Roma, aunque seguían utilizando las instituciones romanas.

Los vándalos fueron expulsados por los visigodos, que practicaban el cristianismo arriano. Debido a la fuerte implantación del catolicismo en Corduba y por afinidad al Imperio Romano, la ciudad se resistió a aceptar el poder visigodo, mediante numerosas revueltas. El enfrentamiento contra los visigodos provocaría a largo plazo una reducción de la influencia cordobesa frente a otras ciudades béticas como Hispalis. El rey visigodo Agila I profanó la tumba de San Acisclo, lo que provocó la rebelión de la ciudad y su saqueo. El rebelde Atanagildo pidió ayuda al emperador Justiniano I de Bizancio para expulsar a los visigodos. Los bizantinos ocuparon Corduba y gran parte de la región de la Bética hacia el año 550, derrotando a Agila con el apoyo de los ciudadanos de la zona.

Aprovechando la guerra entre bizantinos y persas en Oriente, el rey Leovigildo conquistó Corduba hacia el año 572, pero la ciudad fue recuperada al poco tiempo por los bizantinos. La rebelión del príncipe Hermenegildo contra su padre fue apoyada por Corduba y otras ciudades béticas. Tras ser derrotado, Hermenegildo se refugió en Corduba y los visigodos reconquistaron definitivamente la ciudad hacia el año 584. Poco después, a la muerte del rey Leovigildo, su hijo Recaredo se convertía al catolicismo en el año 589, poniendo fin a las querellas religiosas entre católicos y arrianos. La reticencia de la ciudad a aceptar a los visigodos debilitaría su posición en el conjunto del reino.

En el año 711 los árabes del Norte de África invadían la península ibérica, aprovechando la debilidad interna del reino visigodo y ocuparon rápidamente el sur peninsular. Córdoba fue conquistada por el general Mugith al-Rumí ese mismo año. En el año 716 Córdoba se convirtió en capital de la provincia conquistada, dependiente del califato de Damasco.

En mayo de 756, Abderramán, un príncipe Omeya procedente de Damasco, se refugió en la península ibérica huyendo del derrocamiento de su linaje y la matanza de sus parientes, y se proclamó emir independiente de Córdoba, iniciando una dinastía de emires. Sus sucesores engrandecerían sucesivamente la ciudad, convirtiéndola en capital de Al-Ándalus, la Hispania musulmana. Los sucesivos emires atrajeron a los pensadores musulmanes más brillantes y convirtieron Córdoba en un importante centro cultural. Sin embargo, durante el siglo IX Córdoba atravesaría un período de penurias y ocasionales revueltas.

El emir Abderramán III, para hacer frente a la expansión de los califas fatimíes en el norte de África, se proclamó a su vez califa de Córdoba hacia el año 929, momento en que la ciudad alcanzó su mayor esplendor demográfico, llegando en el año 1000 a superar los 450.000 habitantes (algunas fuentes sin evidencias afirman que llegó al millón de habitantes), convirtiéndose en un centro financiero, comercial y cultural de primer orden. Por esta época se terminó la construcción de la Mezquita de Córdoba. En sus alrededores se construyeron hermosas ciudades palaciegas como Medina Azahara o Madinat al-Zahra (“La ciudad de la flor”).

Sin embargo, los califas cordobeses cayeron cada vez más bajo la influencia de los clanes cortesanos. Durante el reinado del califa Hisam II, nieto de Abderramán III, el general Muhammad ibn Abi Amir, de la familia de los amiríes, se convirtió en el verdadero hombre fuerte del califato, y se hizo construir su propia ciudad residencial, Medina Alzahira (“La ciudad brillante”), a donde trasladó todas las instituciones de gobierno. Al mismo tiempo comenzó una serie de expediciones contra los reinos cristianos, saqueando varias ciudades y consiguiendo numerosas victorias, por lo que recibió el nombre de Al-Mansur (Almanzor: el victorioso).

Almanzor murió en el año 1002 y fue sucedido por su hijo, que fue asesinado en una intriga cortesana orquestada por su hermano. Los enfrentamientos dentro de la familia de Almanzor llevaron al derrocamiento del califa Hisam II, que fue sustituido por su pariente Muhammad II, que a su vez sería asesinado por los mercenarios.

Los enfrentamientos internos del califato de Córdoba provocaron numerosos saqueos y la destrucción de los palacios de Medina Azahara y Medina Alzahira. La propia Córdoba fue saqueada en el año 1013. Finalmente tras una serie de guerras civiles el califato fue disuelto en noviembre del año 1031, en medio de la decadencia de la ciudad, que fue saqueada por los ejércitos de los reinos cristianos del norte. El califato se fragmentó en una multitud de pequeños reinos de taifa enfrentados entre sí y brevemente unidos tras la invasión de varios poderes del norte de África.

Los almorávides conquistaron la ciudad hacia el año 1091, y la ocuparon militarmente, lo que provocó una revuelta en 1121. Córdoba recuperó brevemente su independencia en 1144 sólo para ser conquistada por los almohades en 1146, que trasladaron la capital de Al-Ándalus a Ishbiliyya (Sevilla), comenzando así su progresiva decadencia.

Tras la batalla de las Navas de Tolosa en el año 1212, los ejércitos cristianos comenzaron la extenderse hacia el sur, obligando a los almohades a realizar numerosas concesiones. En 1226 los cordobeses se rebelaron contra el califa almohade Al-Bayasí, por haber colaborado con los cristianos. El califa intentó huir, pero fue apresado y asesinado en el camino a Almodóvar. Estalló un período de enfrentamiento entre los nobles cordobeses hasta que el caudillo almohade Ibn-Hud se proclamó rey. Sin embargo, vencido por los cristianos y obligado a solicitar una tregua, incrementó los impuestos a los cordobeses, lo que significó su ruina. Finalmente, con ayuda de la propia población, la ciudad sería conquistada el 29 de junio de 1236 por el rey Fernando III de Castilla, que nombró gobernador de la ciudad a su propio hermano Alfonso Téllez. Con la caída de Córdoba otras localidades cercanas también fueron conquistadas mientras que otras les abrieron sus puertas. Parte de las antiguas fincas romanas serían repartidas entre los nobles que participaron en la conquista, procedentes de Burgos, León, Navarra, Talavera y Toledo.

LA CIUDAD MUSULMANA

La ciudad de Córdoba se encuentra bien comunicada durante la Edad Media, pudiendo accederse a ella a través del río Guadalquivir. La abundancia de agua es complementada por muchos arroyos procedentes de la cercana Sierra Morena. Además, desde la antigüedad constituía una importante encrucijada de rutas entre el norte y el sur y entre el Atlántico y el Mediterráneo. Por otra parte su enclave era defendible gracias a la presencia del Guadalquivir y su emplazamiento sobre una elevación, con todos los recursos necesarios en las proximidades: bosques, ganadería y minas.

Cuando los musulmanes conquistan la ciudad en el siglo VIII, todavía seguía siendo una ciudad próspera. El primer emir, Abderramán I reconstruyó las murallas y el palacio del gobernador, ensanchó las calles e inició la construcción de la Mezquita Aljama en la antigua basílica de San Vicente. Su sucesor reconstruyó el antiguo puente romano y los emires y califas posteriores hicieron numerosas ampliaciones y añadidos como correspondía a la capital de sus dominios.

A grandes rasgos, la ciudad musulmana de Córdoba puede dividirse en tres partes, que abarcó durante su mayor esplendor 21 barrios con sus propias mezquitas, baños y alcazabas. El perímetro aproximado abarcaba aproximadamente 24 x 6 km:

Medina: La zona noble de la ciudad está amurallada y contiene el palacio de los gobernantes y la Mezquita Aljama. Su perímetro corresponde en gran parte a la antigua ciudad visigoda.

Extramuros: Consiste en los arrabales o barrios amurallados, en los que vive la gente humilde. Llegó a haber veinte, entre los que destacan el arrabal de al-Sarquiyya al este de la medina, el de al-Garbi al oeste y el de Saqunda al sur, que ordenó arrasar el emir Al-Hakam I.

Almunias: La ciudad de Córdoba está rodeada de numerosas almunias, fincas de recreo y explotación agraria de los terratenientes, bien en la vega o en la sierra. Pueden ser tanto de propiedad real, como la al-Rusafa, como de propiedad privada.

En la ciudad se encuentran numerosos edificios de funcionalidad diversa. La Mezquita Aljama concentra la función religiosa y es el centro neurálgico de Córdoba. Además de la gran mezquita existen otras mezquitas de barrio, de las que al-Maqqari contabilizó más de 3.800, aunque ninguna tan importante como la Mezquita Aljama. Junto a la Aljama se encuentra el Alcázar de función política.

Por lo que se refiere a los edificios de funcionalidad económica destacan zocos, alcaicerías, alhóndigas, cecas y el Tiraz. Los zocos son mercados abiertos que consisten en un conjunto de calles habitadas por artesanos con talleres y tiendas en la planta baja de los edificios; se suelen agrupar por oficios (caldereros, cedaceros…). Las alcaicerías también están dedicadas al comercio pero agrupan diversos establecimientos que ofrecen productos de lujo como joyas o tejidos selectos, distribuidos en torno a un patio o galería que por la noche se cerraba e incluso vigilaba. Las alhóndigas son alojamientos para los comerciantes, que además de habitaciones para sus huéspedes cuentan con establos para las bestias de carga y almacenes para las mercancías. En cuanto a las cecas son factorías para acuñar moneda, mientras que el Tiraz es una fábrica de tejidos de lujo creada por el emir Abderramán II.

En época de Almanzor se contabilizaban más de seiscientos hammanes, baños donde se atendía la higiene corporal y la purificación. También existen maristanes u hospitales, habiéndose creado uno específico para la lepra. Los cementerios o raudas se encuentran situados en los extramuros de la ciudad. Los emires y familias nobles disponen del suyo propio, existiendo otros para los demás habitantes y algunos para judíos y cristianos. Destaca la Rauda del Alcázar, donde están enterrados los miembros de la familia real Omeya.

Los emires y gobernantes han creado edificios públicos como la casa de correos, la casa de rehenes y la casa de limosna, así como recintos al aire libre como la musara, para desfiles militares, y la musalla, lugar para procesiones religiosas que cuenta con un oratorio al aire libre. Además, Córdoba cuenta con una serie de infraestructuras y obras públicas para su defensa, abastecimiento y comunicación. La muralla ciñe la medina y presenta varias puertas en los cuatro puntos cardinales, como la Puerta del Puente (sur), la Puerta de los Leones (norte), la Puerta de Toledo (este) y la Puerta de Sevilla (oeste). También existe un foso con un perímetro de 21 km que protege todos los arrabales. Varios acueductos procedentes de la sierra abastecen el agua, y los puentes atraviesan ríos y arroyos, como el puente sobre el Guadalquivir o el de los Nogales hacia Medina Azahara. Numerosos caminos (al-rasif) comunican la capital con todos sus dominios. Entre ellos destacan el propiamente llamado al-Rasif (Arrecife) que transcurre en dirección este-oeste entre la orilla derecha del Guadalquivir y la medina.

Sin embargo, esta próspera ciudad que llegó a ser una de las mayores y más importantes de su época, sufre una pavorosa destrucción desde comienzos del siglo XI, con el estallido de sucesivas revueltas y luchas dinásticas por el poder. A principios del siglo XIII sólo sobrevivían la medina y una pequeña parte del al-Chanib al-Sharqui (los arrabales de la zona occidental de la ciudad). Y alrededor de ellos campos llenos de espantosas ruinas que durante años han dejado patente la auténtica extensión de la ciudad en sus mejores tiempos.

ALGUNOS LUGARES IMPORTANTES

Al-Rusafa: Una vez afianzado su poder sobre Córdoba, el emir Abderramán I ordenó la construcción de una hermosa finca que le recordara la hermosa residencia Al-Rusafa de Damasco que había abandonado durante su huida, y donde se encuentra un jardín diverso y florido.

Alcázar visigodo: Se trata de la primitiva fortaleza visigoda, construida por el duque Jeufredo, padre del rey Don Rodrigo, que fue convertido en Alcázar de emires y califas durante el período musulmán. Consiste en un extenso complejo en el que se encuentran diversos edificios y palacios construidos para los emires y sus seguidores. Los omeyas lo abandonan en el siglo X para trasladarse a la ciudad palaciega de Medina Al-Zahara, y tras la caída del califato vuelve a ser la sede de los gobernantes de Córdoba.

Casa de la Alhóndiga: Cerca del adarve del río Guadalquivir se encuentra un almacén municipal utilizado para guardar todas las mercancías que llegan a la ciudad (si así lo desea el propietario, ya que existen otras alhóndigas de uso privado), además de para vender trigo y cebada. La Casa también dispone de algunas habitaciones para hospedar a los propietarios de las mercancías almacenadas.

Fortaleza militar: Antes de la llegada de los musulmanes a la península en este lugar se encontraba la Iglesia de los Cautivos, templo de los Caballeros de San Jorge, donde los cordobeses se refugiaron durante la conquista de la ciudad por los soldados de Al Rumí. Por desgracia el refugio se convirtió en su tumba, ya que los árabes incendiaron el templo con todos sus ocupantes cristianos. Desde la época del califato el lugar se ha convertido en una fortaleza militar en la que se encuentran acantonadas la mayor parte de las tropas cordobesas.

Iglesia de San Pedro: Ubicada sobre las ruinas de la basílica de los Tres Santos (Fausto, Januario y Marcial), tres mártires de época romana, San Pedro es la principal iglesia de los cristianos durante la época musulmana.

Judería: El barrio judío de Córdoba está rodeado de su propio recinto amurallado, aislando a sus habitantes…y protegiéndolos de la ocasional ira de sus vecinos. Dentro de sus muros los judíos tienen todo lo que necesitan, incluyendo sus propias fuerzas de orden y seguridad. Sólo se puede entrar por la Puerta de la Judería, aunque también existe otra puerta, oculta y secreta, que sólo se utiliza en momentos de emergencia.

Molino de Kulayb: Este molino de agua, construido durante el reinado de Abderramán II y cuyo nombre quiere decir “de la buena suerte” se utiliza para subir el agua del Guadalquivir hasta los baños y jardines de los palacios cordobeses. Gira continuamente y produce un desagradable y chirriante ruido, al que se han acostumbrado los vecinos, aunque puede molestar a todo el que visite la ciudad por primera vez.

Palacio de Almanzor: Aunque saqueado durante las guerras civiles que arrasaron la ciudad de Córdoba, el palacio del antiguo caudillo árabe todavía conserva parte de su estructura, con una extravagante decoración de relieves y yeserías en los que se puede leer “La Eternidad para Alá” o “La Gloria para Alá.”

Puente romano: El puente romano que cruza el río Guadalquivir es el comienzo del camino que conduce de Córdoba a Écija. Durante todo el día multitud de viajeros y carros llenos de mercancías entran y salen de la ciudad o lo cruzan en dirección hacia las fincas y cultivos que la rodean. Posee 16 arcos y fue construido por los romanos en el siglo I a.C. Desde entonces ha sufrido multitud de reparaciones y reconstrucciones.

LA MEZQUITA ALJAMA DE CÓRDOBA

El terreno que ocupa actualmente la mezquita de Córdoba era en principio una hondonada utiliza por los primeros cordobeses para echar sus desperdicios o enterrar a sus muertos. Durante la ocupación de Roma se construyó un primer templo dedicado a los dioses de Roma que sería convertido en la basílica visigoda de San Vicente.

Abderramán I, el primer emir independiente adquirió la basílica de San Vicente a los cristianos y el 31 de agosto del año 786 comenzó la construcción de la nueva mezquita, ante la necesidad de un lugar de culto para la creciente población musulmana y como una forma de redimirse ante la inminencia del fin de sus días.

Durante los reinados de los sucesivos emires el recinto que albergaba la gran mezquita aljama se fue ampliando con el crecimiento de la ciudad y de la población. Aunque mantuvo la planta cuadrada típica en este tipo de construcción, fue ampliada hacia el sur en varias ocasiones, añadiendo más naves, arcos y columnas, decorando el mihrab y la Mansura con nervios, mosaicos bizantinos y relieves con versículos del Corán. La primera de las ampliaciones la realizó Aberramán II entre 833 y 848 y la segunda Al-Hakam II entre 971 y 976, que fue la renovación más lujosa y que contó con arquitectos traídos desde Bizancio.

La última ampliación que sufrió la mezquita tuvo lugar en el año 987 cuando Almanzor amplió el edificio hacia el oeste. Esta obra fue realizada con esclavos cristianos y se añadieron las campanas saqueadas de la catedral de Santiago de Compostela (que fueron convertidas en lámparas).

La mezquita consiste en un edificio de 19 naves, 36 tramos, decenas de lámparas, un exquisito y lujoso mihrab, una brillante Mansura y un número casi infinito de columnas, de todos los colores y estilos conocidos (muchas de ellas aprovechadas de antiguos templos y edificios romanos y visigodos).

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MEDINA AL-ZAHRA

Cuando Abderramán III se convierte en califa decide construir la ciudad palatina de Madinat Al-Zahra (La Ciudad Resplandeciente), según la leyenda por motivos amorosos, pero realmente por razones estrictamente políticas y de prestigio personal, para realzar su título de califa y rivalizar con los califas de Bagdad y El Cairo. Las obras se iniciaron en el año 936 y para ellas se trajeron materiales ricos incluso desde otros países. Su diseño resulta sorprendente frente a la idea difundida del urbanismo islámico como laberíntico. A unos 5 kilómetros de Córdoba en dirección oeste y a los pies de Sierra Morena, se delimita un rectángulo amurallado, un tanto irregular en su lado norte para adaptarse a la topografía, que tiene casi 1.800 metros de este a oeste y 800 de norte a sur. Su trazado interior es rectilíneo y está bien abastecido por acueductos procedentes de la sierra. En el centro de su lado norte, con planta cuadrada y amurallamiento propio, se levanta el alcázar, sede de la corte y residencia del califa y los altos cargos del gobierno. Tal área ocupa un 10 por ciento de la superficie de la ciudad y es la única que se ha excavado hasta la actualidad, junto con la mezquita, que se encuentra adosada al lado oriental del alcázar aunque extramuros de él. El conjunto se extiende en terrazas, correspondiendo la superior al alcázar y la inferior a la ciudad propiamente dicha, dónde se levantan la mezquita y las casas de sus habitantes. En el alcázar los edificios se agrupan en torno a patios; excepto el principal de ellos: el Salón del Trono, también conocido como Salón Rico o de Abderramán III, que se abre a un espacio ajardinado donde el agua adquiere protagonismo con la presencia de cuatro albercas y canales que lo recorren.

A pesar de ser una magnífica creación fruto de un reino en su cenit, y a pesar de la solidez y riqueza de los materiales empleados, Medina Azahara no llegó a sobrevivir ni siquiera un siglo a su creación. Marginada primero con la fundación de Madinat al-Zahira por parte de Almanzor al filo del milenio, fue destruida a causa de la fitna o guerra civil acaecida hacia el año 1010, que acabó poniendo fin al califato de Córdoba y dando lugar a la creación de los débiles reinos de taifas musulmanes. Desde entonces, y hasta el mismo siglo XX, sus materiales fueron objeto de desmantelamiento y saqueo para embellecer construcciones islámicas posteriores en al-Ándalus y en el norte de África. De ahí que no sea extraño ver un fuste o un capitel procedente de Medina Azahara en alguna casa andalusí o de Marruecos. Peor suerte corrieron los mármoles de sus pavimentos, muchos de ellos triturados para ser convertidos en cal.

CULTURA Y CIENCIA

En principio Al-Ándalus, como el resto de territorios conquistados por los musulmanes, asimiló la cultura y ciencia de los califatos de Damasco, Bagdad y de los reinos persas, terminando por establecer una cultura andalusí original, desarrollada principalmente en los siglos X, XI y XII, convirtiéndose en una referencia para Europa y el resto del Islam y transmitiendo los conocimientos grecorromanos, árabes, chinos e indios llegados de Oriente. El árabe se impuso como idioma culto, aunque gran parte de la población hablaba lenguas romances (principalmente mozárabe) o hebreo. Esta diversidad lingüística se reflejó en la literatura de la época. Durante el auge del califato, Córdoba fue uno de los centros culturales más importantes de Europa.

Todas las disciplinas científicas se impartían en madrasas, en las que el intercambio de estudiantes con el resto del mundo islámico era importante. El emir Abderramán II fue uno de los primeros gobernantes que se esforzó por convertir la corte cordobesa en un centro cultural, reclutando numerosos sabios del mundo islámico. Los sabios cordobeses destacaron en el ámbito de la música, la astronomía, geografía, medicina, botánica y farmacología. Destacan especialmente las figuras de:

Abbas Ibn Firnás: maestro de música cordobés, pero que también se interesó por el vuelo de las aves. Sería el inventor de un aparato volador de madera y plumas (una especie de ala delta). Decidido a probar su obra se tiró desde un punto alto de la ciudad y según los relatos, consiguió volar un tiempo pero acabó por despeñarse, resultando herido. En su casa también construyó un planetario, que no sólo reproducía el movimiento de los planetas, sino también fenómenos como la lluvia y el granizo.

Al-Zarqali: Vivió en Toledo y Córdoba durante el siglo XI, habiendo inventado la azafea, un tipo de astrolabio muy utilizado en la Edad Media. También defendió que la órbita de los planetas no era circular, sino elíptica, adelantándose a Johannes Kepler.

Al-Zahrawi: fue médico de la corte del califa Al-Hakam II, y un importante cirujano. Es el autor de la enciclopedia Tasrif, donde presentó sus procedimientos quirúrgicos, convirtiéndose en una obra de referencia en toda Europa durante la Edad Media.

Ziryab: Este nombre que significa mirlo o pájaro negro es el apodo de un músico bagdasí de la corte de Abderramán II. Además de sus innovaciones en la técnica y la instrumentación musical se convirtió en un árbitro de la elegancia en la Córdoba del siglo IX. Introdujo el ajedrez en la corte, las copas de cristal, procedimientos de protocolo y elementos gastronómicos como los espárragos trigueros.

EMIRES Y CALIFAS DE CÓRDOBA

Abderramán I (756-788): Abderramán era un príncipe de la familia de los califas Omeyas, que tras el asesinato de sus parientes en Damasco, huyó hasta Al-Ándalus, donde proclamó un emirato independiente en el año 756. Intentó crear un estado sólido, aunque tuvo que hacer frente a tres revueltas que sometió gracias al apoyo de los nobles árabes y del ejército.

Ante el incremento de la población musulmana comenzó la construcción de la Mezquita de Córdoba en el año 785, inspirada en la de Damasco. También levantó el palacio Al-Ruzafa en las afueras de la ciudad, que durante su reinado incrementó su extensión.

Hisam I (788-796): Abderramán I designó como su sucesor a su hijo Hisam I, al considerarlo más cualificado para gobernar que su primogénito, Suleimán. Éste se consideró agraviado y se rebeló contra su hermano menor, pero fue derrotado. Durante el reinado de Hisam I apenas se produjeron revueltas, pues el monarca dirigió los ánimos guerreros contra los reinos cristianos del norte, llegando hasta la región de Aquitania en el sur de Francia.

Durante el reinado de Hisam se introdujo en Al-Ándalus la escuela teológica malikí, y en Córdoba se restauró el puente romano y continuó la construcción de la Mezquita, completándose el al-mihrab.

Al-Hakam I (796-822): Al-Hakam sucedió a su padre Hisam I antes de la muerte de éste. Como su padre, tuvo que enfrentarse a un intento de derrocamiento, en éste caso por parte de sus dos tíos. La revuelta fue pronto sofocada por la muerte de uno de sus tíos y el reconocimiento de su autoridad por parte del otro. Sin embargo, al año siguiente los conflictos internos volvieron a estallar, cuando los nobles de Toledo se negaron a reconocer al nuevo emir, por lo que fueron ejecutados. En el año 805 y en el 818 estallaron nuevas revueltas en Córdoba, conocidas como “La revuelta del Arrabal” y la represión del ejército del emir fue despiadada, arrasando los arrabales y ejecutando a 3.000 supervivientes.

Durante su reinado Al-Hakam I envió a sus ejércitos a la conquista de las islas Baleares y Córcega. Su guardia personal fue incrementada con mercenarios beréberes y eslavos. Estaba formada por mil hombres, que no hablaban el árabe (por eso les llamaban los silenciosos) y mandada por un cristiano. Tuvo un plan para elevar el nivel cultural de sus súbditos, importando maestros orientales, pero falleció al poco tiempo de ponerlo en práctica

Abderramán II (822-852): Abderramán II recogió los frutos de la política de su padre y durante su reinado el emirato de Al-Ándalus alcanzó su primer esplendor. El refinamiento oriental llegó a la corte cordobesa, se edificaron importantes obras públicas y Al-Ándalus vivió una etapa de apogeo económico. Se empezó a acuñar moneda de plata. Las compras se efectuaban con dinero contante, que se acuñaba en la Ceca de Córdoba, primero, y de otras ciudades en época de taifas. Dinares, dirhams y feluses eran moneda de pago corriente (en oro, plata y cobre respectivamente).

Su gobierno aportó gran prosperidad a Al-Ándalus y especialmente a Córdoba. Debido a su actuación cultural, al traerse figuras de todas las ramas del saber de Oriente, su corte se convirtió en una de las más brillantes del momento y el nombre de Córdoba empezó a tener resonancia universal, entablando relaciones con Bizancio. La ciudad se extendió muchísimo e hizo una nueva ampliación de la Mezquita.

Muhammad I (852-886): Muhammad I continuó con la prosperidad del período anterior, pero su reinado fue salpicado de sublevaciones en las regiones fronterizas, en Zaragoza y Toledo, donde los nobles locales gobernaron de forma semi-independiente durante años.

Sin embargo, la principal amenaza al gobierno del emir surgió de las revueltas de los mozárabes, cristianos que vivían en Al-Ándalus, lo que provocó ejecuciones, destrucción de iglesias y limitaciones al culto cristiano. Hacia el año 880 un grupo de mozárabes dirigidos por el muladí Umar ibn Hafsun, se rebeló en la serranía de Ronda, manteniendo en jaque a las fuerzas del emirato durante décadas.

Almundir (886-888): El corto gobierno de Almundir fue dirigido a acabar con la revuelta mozárabe en el corazón de sus tierras. Murió durante el asedio de Bobastro, donde el rebelde Umar ibn Hafsun se había hecho fuerte. Fue sucedido por su hermano Abdalá.

Abdalá (888-912): Abdalá continuó luchando contra los mozárabes, pero también se enfrentó a las luchas entre árabes y muladíes (hispanomusulmanes) cada vez más violentas. La debilidad del emirato de Al-Ándalus llevó al rey Alfonso III de Castilla a extender sus territorios a costa del emirato. El poder efectivo de Abdalá hacia el final de su reinado se reducía a Córdoba y el territorio circundante. Su reinado fue muy crítico y abordó escasas reformas y construcciones. Murió tras designar sucesor a su nieto Abderramán.

Abderramán III (912-961): Con 21 años, Abderramán III asumió el trono de Al-Ándalus en medio de perspectivas desfavorables. Consiguió sofocar la revuelta mozárabe de Umar ibn Hafsun hacia el año 928, tomando la plaza de Bobastro y restauró el orden interno sometiendo los dominios independientes de Badajoz (930), Toledo (932) y Zaragoza (937). Una vez unificada de nuevo Al-Ándalus dirigió su atención hacia los cristianos, consiguiendo varias victorias hasta la derrota de Simancas (939). Sin embargo, la debilidad interna de los reinos cristianos permitió que hacia el año 950 impusiera su soberanía a los reyes de León y Navarra y a los condes de Barcelona y Castilla, exigiéndoles un tributo anual.

Sin embargo, la principal amenaza a Al-Ándalus procedía del norte de África, donde los fatimíes extendían su influencia. Para enfrentarse al califa fatimí, en el año 929 Abderramán III adoptó a su vez el título de califa, reivindicando su independencia política. Más allá de este gesto político actuó decisivamente conquistando varias plazas en el norte de África y extendiendo su influencia hacia el sur.

Tras pacificar su reino el califa emprendió un próspero gobierno orientado a la construcción de numerosas obras públicas y monumentos en Córdoba, destacando la edificación de la ciudad palaciega de Medina Azahara.

Al-Hakam II (961-976): Al-Hakam II recibió una educación exquisita y tomó el poder con 47 años, a la muerte de su padre. Su política continuó la de su progenitor, manteniendo la paz y prosperidad de Al-Ándalus. En general su gobierno fue pacífico, dando órdenes para primar la diplomacia y evitar crueles matanzas. Durante su reinado no obstante tuvo que hacer frente a los ataques de los vikingos y de los reyes cristianos, por lo que se hizo rodear de eficaces funcionarios como el chambelán al-Mushafi, el visir Ibn Abi Amir (Almanzor) y el general Galib.Su acción política era la de demostrar a los reinos cristianos que Córdoba no iba a perder su hegemonía sobre los mismos y la de mantener el prestigio cordobés en tierras africanas. Al-Ándalus dominaba la mayor parte de la Península Ibérica y del norte de África para proteger las caravanas que le traían el oro del Sudán, con el cual se acuñaba monedas.

La gran pasión de Al-Hakam II fueron las artes y letras. Reunió una biblioteca de más de 400.000 volúmenes y fundó 27 escuelas públicas en las que los eruditos enseñaban a los pobres y huérfanos a cambio de atrayentes salarios. Convirtió Al-Ándalus en una de las regiones más esplendorosas y brillantes de Occidente.

Hisam II (976-1013): Al-Hakam II fue sucedido por Hisam II. El califato entró en un periodo de crisis, cuya gestación fue causa de que el poder quedara en manos Muhammad ibn Abi’Amir (al-Mansur o Almanzor 938-1002), un miembro de la familia de los amiríes, originaria de Yemen. A la muerte de Al-Hakam II Almanzor aprovechó la minoría de edad de su sucesor para convertirse en visir y tutor del monarca, del cual consiguió poco después poderes absolutos para gobernar. El rey era una persona amante de la paz y la tranquilidad, y finalmente terminó siendo recluido por su visir, que tomó las riendas del poder al instaurar un régimen dictatorial, dejando al califa recluido en el Alcázar o en Medina Azahara y con una autoridad meramente representativa.

A la muerte de Almanzor en el año 1002, el califa Hisam II nombró como visir a Abd-al-Malik, hijo de su ministro, pero pronto dentro de la familia de los amiríes comenzaron intrigas que llevarían al enfrentamiento interno y el debilitamiento del califato. Con el comienzo de las revueltas y enfrentamientos por el poder, Hisam sería depuesto y nombrado califa en varias ocasiones. Posiblemente murió asesinado.

LOS VAMPIROS DE CÓRDOBA

Aunque es posible que vampiros tartesios, lusitanos y prerromanos recorrieran el territorio sobre el que actualmente se asienta el dominio de Córdoba, el primer gobernante no muerto fue el prestigioso Cneo Junio Venturus, chiquillo de Tito Camilo Venturus, Princeps de la ciudad de Roma. Cneo Junio llegó a Córdoba acompañando a las legiones romanas durante el siglo II a.C., acompañado de varios Cainitas de los clanes Lasombra y Ventrue. A medida que los mortales consolidaban su dominio sobre el territorio, los no muertos que los acompañaban se repartían zonas de influencia.

A Cneo Junio le correspondió el dominio de Corduba y las ciudades de la Bética, mientras sus aliados continuaban hacia el oeste y el norte. Pronto Cneo demostró ser un administrador capaz, pacificando su dominio de los ataques de los Brujah y Gangrel que seguían resistiendo entre los pueblos lusitanos y Abrazando una progenie para consolidar su influencia sobre el territorio. Gracias a la presencia y habilidad de Cneo, el clan Ventrue extendió su influencia sobre gran parte de la Bética Ulterior, compitiendo con otros clanes romanos, especialmente Lasombra y Toreador.

Cneo, que era un fiel adorador de los dioses romanos, se mostró bastante irritado ante la progresiva extensión del cristianismo, y de hecho él y sus chiquillos colaboraron fomentando algunas persecuciones. Sin embargo, hacia el siglo IV los vampiros cristianos comenzaron a organizarse bajo el liderazgo de Patricio, un antiguo Lasombra de origen itálico, que consideraba que la nueva religión le resultaría útil y se proclamó Obispo de los Cainitas cristianos de Córdoba para consolidar su propio poder. Buena parte del siglo transcurrió entre las luchas de poder entre Cneo y Patricio. Sin embargo, después de que el emperador Constantino declarara el cristianismo religión oficial, Patricio y sus partidarios confiaron en que con el paso del tiempo terminarían imponiéndose a sus rivales paganos. La conversión en las décadas siguientes (por conveniencia o sinceridad) de algunos vampiros cordobeses, pareció darle la razón. Hacia finales del siglo IV, Cneo y sus partidarios apenas mantenían el control de la ciudad y habían perdido el control de varias ciudades de la Bética.

Las invasiones germánicas supusieron un alivio temporal para los vampiros paganos. Aunque en la primera oleada de los vándalos viajaban pocos Cainitas, el saqueo de Córdoba por parte de los invasores mortales supuso un gran trastorno para los vampiros cristianos, que vieron cómo sus refugios e iglesias eran saqueadas, provocando la destrucción de algunos. Patricio consiguió sobrevivir, al igual que Cneo, que vio en los nuevos invasores una herramienta que podía utilizar contra sus adversarios.

Cneo envió varios embajadores y finalmente estableció un pacto con Odoín, un Gangrel de origen visigodo, que junto con sus partidarios llegaron a Córdoba en el año 421. Necesitaron pocas excusas para atacar a Patricio y sus partidarios, y al poco tiempo el antiguo Obispo Patricio era destruido. Sus seguidores fueron destruidos o expulsados, aunque Cneo se mostró magnánimo con algunos…a cambio de Juramentos de Sangre para garantizar su lealtad.

Gracias a la ayuda de Odoín y su progenie, Cneo consiguió mantenerse como Príncipe de Córdoba y buena parte de la Bética, Abrazando entre los visigodos y a cambio concediendo a los Gangrel que le habían ayudado dominios y legitimidad en su gobierno. Gracias a esta alianza entre los dos clanes consiguieron mantenerse en el poder durante el reinado de los visigodos, a pesar de que Córdoba cayó brevemente en manos bizantinas, ayudando a los visigodos mortales a recuperar el territorio perdido. La conversión del rey Recaredo al catolicismo en el año 589 constituyó una gran decepción para el Príncipe Cneo y sus partidarios, pero siguieron aferrados a sus creencias paganas y arrianas.

El dominio del Príncipe Cneo llegó a un abrupto final con la invasión musulmana de Córdoba en el año 716. Odoín y varios de sus seguidores perecieron durante el saqueo de Córdoba, atrapados en un incendio que devastó su refugio comunal durante el día –muy oportunamente. Por la noche el refugio del Príncipe fue atacado por varios guerreros Assamitas y Brujah, dirigidos por Hilel al-Masaari, que reclamó el trono de Córdoba en nombre de los Banu Haqim.

El golpe de estado de Hilel fue rápido y efectivo. Los chiquillos de Cneo y sus partidarios fueron cazados uno tras otro o huyeron, aunque hubo algunas resistencias puntuales. De todas formas, tras dejar a un grupo de partidarios sin un líder claro, el guerrero Assamita partió hacia el norte, acompañando a los ejércitos musulmanes. Su intención era apoyar la expansión del Islam por Europa, impidiendo que fuera entorpecida por otros Cainitas, sin embargo la derrota de los musulmanes ante los francos en la batalla de Poitiers (732) y varios reveses, frustraron sus esperanzas. Además, varios de sus seguidores, que lo habían acompañado en la conquista de Al-Ándalus, habían permanecido atrás, consolidando su poder en los dominios conquistando, luchando y negociando con los Cainitas nativos.

Finalmente Hilel regresó a Córdoba hacia el año 756, poco después de que el emir Abderramán I se hiciera con el poder de la ciudad. Los Ashirra cordobeses lo invitaron a ocupar la posición de sultán, y de esta forma las facciones desunidas lo aceptaron como un candidato que contentaba a todas. Durante este período el poder vampírico de Córdoba se encontraba en manos de los Banu Haqim (Assamitas), Mushakisin (Brujah) y los Qabilat al-Khayal (Lasombra). Al-Masaari demostró ser un buen estratega, dirigiendo a otros Ashirra en la conquista de nuevos dominios en la península ibérica, al mismo tiempo que dejaba los asuntos administrativos y de gobierno en manos de visires Assamitas y consejeros Lasombra.

En general durante el gobierno de la dinastía Omeya el gobierno del sultán Al-Masaari fue próspero. La única amenaza grave a su dominio tuvo lugar durante el siglo IX, debido a la conspiración de un grupo de fanáticos Cainitas Abrazados por los Lasombra, y que desestabilizaron su dominio fomentando la disensión religiosa. Los Lasombra musulmanes se desligaron de sus hermanos cristianos y poco a poco se hicieron con el poder. Sin una amenaza para el Islam en la península el papel de los Assamitas guerreros perdió influencia en las cortes andalusíes. Solamente en Córdoba el sultán Al-Masaari mantenía una autoridad realmente respetada por sus súbditos, y a menudo se encontraba distraído tratando de mantener la paz entre las diversas facciones de los Ashirra, lo que permitía a los Lasombra incrementar tranquilamente su influencia.

Muchos Ashirra culpan a la ambición y las manipulaciones de los Lasombra la caída del califato de Córdoba, desviando el poder del califa hacia su visir Almanzor. Aunque muchos consideran a Almanzor un peón del Qabilat al-Khayal, gran parte de sus acciones fueron motivadas por sus propios intereses, sin necesidad de manipuladores vampíricos. Es cierto que los Lasombra musulmanes y cristianos sintieron gran admiración por Almanzor y que siguieron de cerca su carrera, pero la verdad es que interfirieron muy poco en sus decisiones y respetaron su voluntad de rechazar el Abrazo cuando se le ofreció. Cuando murió, los Lasombra musulmanes creían haber construido un imperio que duraría siglos.

Sin embargo, las acciones poco ortodoxas de Almanzor para conseguir el poder habían generado un gran descontento, y en apenas unos años estallaron guerras sucesorias que acabarían con el califato, extendiendo la anarquía y provocando la aparición de los reinos de taifas.

Aunque la caída del califato supuso el derrumbe de la autoridad del sultán Al-Massari y el fin de su proyecto de un dominio global sobre Al-Ándalus, no lo supuso de sus consejeros, que vieron en el surgimiento de las taifas un terreno en el que prosperar individualmente. Los Assamitas se volvieron contra los Lasombra, y los Brujah, la facción más débil, perdieron toda su influencia, dedicándose a tratar de salvar y conservar el legado cultural y literario creado por los califas de Córdoba.

En medio de las guerras civiles del califato, el sultán Al-Masaari trató de reclutar nuevos guerreros vampíricos a su causa. La conversión al Islam en el año 1005 del antiguo Shabaqo el Nubio, del clan Gangrel, y la formación de la facción de los Gangrel de Taifa, permitió proteger a los Cainitas cordobeses de interferencias externas, pero el fortalecimiento del poder vampírico no sirvió para traer la estabilidad que tanto necesitaban los mortales andalusíes.

Mientras los viejos consejeros Lasombra eran desplazados del poder, en el nuevo escenario de las taifas surgió la figura de Miriam bint Aisha, una intrigante que comenzó a tejer una telaraña de influencias, despreocupada por el debilitamiento de Al-Ándalus. La inestabilidad de las taifas se ajustaba a sus necesidades.

La llegada de los almorávides desde el norte de África pareció que traería el impulso y revitalización que el Islam necesitaba. Con ellos llegaron varios vampiros, entre ellos el visir Assamita Umar al-Rashid, que respetando la autoridad del sultán al-Masaari se instaló en Sevilla. Sin embargo, su proyecto de unidad fue neutralizado por las maquinaciones de Miriam bint Aisha, iniciando una rivalidad entre ambos que continúa hasta hoy. Umar no se desanimó, y ante el fracaso de los almorávides para consolidar sus conquistas, intentó de nuevo establecer la unidad de Al-Ándalus recurriendo a las dinastías beréberes del norte de África y actuando entre bastidores para debilitar a las taifas y evitar que se opusieran a la llegada de los almohades.

El proyecto de Umar fracasó nuevamente tras la batalla de las Navas de Tolosa en el año 1212. Desde entonces el avance cristiano parece imparable. La reacción frente a los almohades ha provocado nuevamente el surgimiento de taifas, que desunidas no pueden hacer frente a los cristianos, y van cayendo una tras otra en la Reconquista.

Como parte de su fracaso, en 1226 los cordobeses se rebelaron contra el califa almohade Al-Bayasí, que fue asesinado. Los disturbios fueron fomentados por Miriam bint Aisha y los Lasombra, que han colocado a su peón Ibn Hud en el poder en 1228.

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Alexander Weiss
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Re: Edad Oscura: Córdoba

#2

Mensaje por Alexander Weiss » Jue Jul 18, 2019 11:49 am

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SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL

Aunque el período de esplendor de Córdoba terminó hace siglos, todavía sigue siendo una ciudad importante en Al-Ándalus. Sus escuelas siguen siendo importantes y sigue disponiendo de una gran riqueza. Todavía presume de tener más de 500 mezquitas y casi 1.000 baños públicos, por no mencionar sus acueductos, jardines y patios. Sin embargo, la decadencia de la ciudad es evidente. Los ejércitos castellanos se acercan y la administración no puede mantener las defensas y las obras públicas. Algunas partes de la muralla necesitan reparaciones y los huérfanos vagan por calles llenas de basura, convirtiéndose en presa de los Cainitas hambrientos.

Córdoba aloja a una importante población de Cainitas de variados clanes, aunque los más poderosos son los Assamitas y Lasombra. Numerosos Cainitas jóvenes permanecen en la ciudad, en gran medida por nostalgia mortal y a que carecen de otro lugar al que ir. Los antiguos más perspicaces están abandonando el dominio en busca de otras ciudades más prósperas y evitar la llegada de los cristianos.

El sultán Hilel Al-Masaari, del clan Assamita, se encuentra desolado. A pesar de ser generoso con cualquier Cainita dispuesto a proteger la ciudad, incluyendo judíos y cristianos, ha caído en un profundo pesimismo, convencido de que el Islam está perdido, lo que lo ha hecho caer en una profunda depresión. Desde la batalla de las Navas de Tolosa aparece muy raramente en público, y ya no recibe personalmente a los visitantes. Su visir Enam ak-Dimshaq, del clan Assamita, cree que se encuentra hechizado por sus enemigos y que Miriam bint Aisha, la líder de los Lasombra, es la responsable, aunque no puede demostrarlo y desconoce sus motivos. Mientras la Reconquista cristiana y los vampiros que la acompañan se acercan, Assamitas y Lasombra continúan enfrentándose en la noche, como si esa amenaza no fuera con ellos.

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ASSAMITAS (BANU HAQIM)

A primera vista el clan de los Sarracenos parece el más poderoso de Córdoba, y en gran manera así es, extendiendo su autoridad sobre gran parte de las fuerzas defensivas y el ejército de la ciudad. Entre sus filas se encuentran poderosos guerreros, algunos de los cuales fueron Abrazados en las primeras noches de la invasión musulmana de la península. El sultán Hilel Al-Masaari es una inspiración para todos ellos, y a pesar de la actual decadencia y debilitad de su dominio, todavía sigue siendo respetado entre los guerreros de su linaje.

El poder de los Assamitas se ha debilitado con el paso de los siglos. En principio los guerreros delegaron las labores administrativas y de gobierno en la casta de los visires de su clan, pero también reclutaron consejeros entre los vampiros hispanos de otros clanes, principalmente Lasombra. Las luchas políticas entre ambos clanes han terminado debilitando el conjunto del poder de los Sarracenos, y muchos guerreros se resienten ante lo que consideran una traición, aislándose y rechazando colaborar con el resto de los linajes, e incluso de los visires Assamitas. Sin embargo, en estos momentos puede que esta estrategia no sea la más aconsejable.

Enam bint Ayub Al-Dimshaq

Enam al-Dimshaq ha llegado recientemente a Córdoba, pero su posición como mujer extranjera y Ashirra de elevada Generación (en resumen, no parece una amenaza) le ha permitido acumular suficiente información básica y una comprensión de la política de Córdoba mucho más madura y objetiva que la de muchos de sus antiguos. Sin embargo, hay un toque sincero de ingenuidad en su visión del mundo y en sus relaciones con otros Cainitas. Se encuentra sinceramente dedicada a resolver los actuales conflictos religiosos de Al-Ándalus entre los descendientes de Caín y Seth, a pesar de las señales de que la guerra es inevitable.

Al-Dimshaq mantiene relaciones cordiales con casi todos los Cainitas de la ciudad que no siguen intereses fanáticamente cristianos –y si no directamente con los antiguos, por lo menos con sus chiquillos y descendientes. Irónicamente quizás es más popular entre otras facciones que entre sus compañeros Ashirra, muchos de los cuales desconfían de su actitud tolerante e inclusiva.

Dispone de un refugio cómodo y de una considerable riqueza a través de un marido que sólo lo es sobre el papel. En público se viste como una esposa joven y rica, envolviéndose en varios chales de lino y seda y un largo velo. En un ámbito privado sólo revela su aspecto a los visitantes a los que quiere persuadir con una muestra de confianza, por lo que oculta sus rasgos mucho menos, y se muestra como una hermosa joven de labios sensuales y ojos grandes.

Generación: Visir de 11ª Generación

Disciplinas: Auspex 2, Celeridad 2, Dominación 1, Extinción 2, Presencia 3

Camino de la Humanidad: 7

Fuerza de Voluntad: 6

Hilel al-Masaari, Sultán de Córdoba

Uno de los primeros Assamitas que se convirtió al Islam en el siglo VII, Al-Masaari fue un gran defensor de las primeras conquistas musulmanas. Lideró a un grupo de Sarracenos dispuestos a utilizar la expansión islámica para conquistar nuevos dominios y subvertir los intereses de otros clanes. Sin embargo, a pesar de su entusiasmo inicial, el Islam fue detenido en Francia a comienzos del siglo VIII. Desengañado, regreso a la península ibérica a inicios del emirato Omeya y convirtió Córdoba en su dominio. Sin embargo, la posición de sultán no satisfizo su espíritu guerrero.

Con fama de no haber sido nunca vencido en batalla, y en su momento uno de los favoritos de la casta guerrera Assamita para ocupar la posición de califa, con el tiempo lo que no pudieron sus enemigos lo consiguieron la política y las intrigas. Desengañado, se convirtió en un monarca ausente, delegando en una serie de visires que gobernaron en su lugar. En ocasiones ha viajado fuera de Córdoba para luchar personalmente en los campos de batalla, utilizando las invasiones almorávides y almohades como tapadera para sus propios ataques en el norte. Pero aunque pudo haber vencido a sus rivales vampíricos, muchos de los cuales huyen en cuanto escuchan que se dirige hacia sus dominios, no ha podido detener el avance de los cristianos. Las dinastías almorávides y almohades se han corrompido y fracasado, y Al-Ándalus se ha convertido en un caos de reinos de Taifas que luchan entre sí, cayendo una tras otra.

Aunque hace décadas que sólo los guerreros Assamitas de Córdoba lo han visto, en los últimos años tras la batalla de las Navas de Tolosa el sultán Al-Masaari ha regresado a su dominio. Abandonarlo para que sea conquistado es una posibilidad completamente descartada, así que se prepara para luchar una última y terrible batalla.

Quienes han visto a Hilel Al-Masaari en persona, afirman que es un hombre alto y musculoso, con la piel oscura como el ébano, que parece absorber la luz de la luna. Sus ojos son pequeños y negros, y carece de cabello en la cabeza y el pecho.

Generación: Guerrero de 6ª Generación

Disciplinas: Animalismo 3, Celeridad 5, Dominación 3, Extinción 6, Ofuscación 5, Potencia 4, Presencia 3

Camino de la Sangre: 7

Fuerza de Voluntad: 7

BRUJAH (BAY’T MUSHAKIS)

Rechazados del orden social de los Vástagos cordobeses durante la época romana y visigoda, los Brujah dieron la bienvenida a la invasión musulmana como una forma de derribar el orden establecido y quizás construir su Nueva Cartago, colaborando con Assamitas y Lasombra. Su presencia estuvo muy asentada desde los comienzos del emirato de Córdoba, y para evitar los enfrentamientos entre las facciones de los Cainitas cordobeses fueron quienes propusieron a Hilel Al-Masaari como sultán.

Mientras los visires Assamitas y Lasombra se dedicaban a las intrigas y labores del gobierno, los Brujah cordobeses se volcaron con entusiasmo en el desarrollo cultural de Córdoba y Al-Ándalus, atrayendo a sabios islámicos, tanto mortales como vampíricos y apoyando el desarrollo de las artes y la cultura. Para ellos el siglo X fue una época dorada a la que contribuyeron en el ámbito intelectual, y que fue destruido por la ambición y las pocas miras del resto de los clanes.

Aunque dotados de gran conocimiento, los Brujah de Córdoba eran muy débiles políticamente, y la caída del califato también supuso su caída en desgracia, a pesar de sus esfuerzos por estabilizar el sistema. Muchos fueron destruidos en las luchas intestinas entre facciones o decidieron exiliarse a otros dominios del mundo musulmán, especialmente en el norte de África. Algunos regresarían con almorávides y almohades, en un intento de devolver la unidad a Al-Ándalus, pero nuevamente fracasaron.

Actualmente los Brujah cordobeses en su mayoría se han desentendido de las instancias de poder, y prefieren dedicarse a salvar lo salvable antes de la llegada de la conquista cristiana. Muchos se dedican a realizar una intensa actividad arqueológica, buscando libros y tesoros artísticos del antiguo califato, transportándolos a dominios seguros. A menudo se enfrentan a otros Cainitas, especialmente europeos, que tratan de saquear los tesoros de Al-Ándalus por motivos más egoístas.

Abderrahim ibn Yafar

Abderrahim era uno de los bibliotecarios del califa Al-Hakam II. Primero se convirtió en servidor y posteriormente en chiquillo de uno de los visires del sultán Hilel Al-Masaari. Rodeado del lujo de la corte califal, la caída del califato en una serie de guerras civiles que provocaron la ruina de la ciudad palaciega de Medina Al-Zahra y la destrucción de su gran biblioteca constituyó para él un brusco despertar. Su sire se suicidó bajo los rayos del sol, deprimido por la pérdida de aquel tesoro de conocimiento y avergonzado por las acusaciones de otros visires y Cainitas cordobeses, que lo acusaban de haber sido negligente y no haber hecho nada para impedir la destrucción.

Abderrahim se marchó de Córdoba a mediados del siglo XI, y desde entonces ha viajado extensamente por el mundo islámico, reuniendo su propia biblioteca a partir de volúmenes que ha ido adquiriendo con el paso del tiempo y que ha donado a varias madrasas del norte de África. Sin embargo, desde mediados del siglo XII, y ante la tumultuosa situación política, decidió regresar a Al-Ándalus, instalándose temporalmente en Sevilla durante el dominio almohade.

Desde la batalla de las Navas de Tolosa ha regresado a Córdoba y junto con otros Cainitas se ha dedicado a buscar los libros perdidos de la biblioteca de Al-Hakam II y de otros notables de la ciudad, con la intención de ponerlos a salvo antes de que lleguen los cristianos. En este proyecto ha contado con la ayuda de algunos vampiros europeos, que comparten su intención de salvaguardar todo ese conocimiento de los saqueos.

Abderrahim tenía cerca de cuarenta años cuando fue Abrazado. Es un hombre alto y delgado, de origen bereber, con cabello, barba y bigote corto, que a menudo procura pasar desapercibido. Sus manos de dedos largos manchados de tinta se mueven constantemente, expresando sus emociones y hojeando rápidamente cualquier volumen que cae en ellas.

Generación: 9ª

Disciplinas: Animalismo 2, Auspex 2, Celeridad 3, Ofuscación 1, Potencia 2, Presencia 3

Camino de la Humanidad: 7

Fuerza de Voluntad: 5

CAPADOCIOS (QABILAT AL-MAWT)

Aunque nunca tuvieron una excesiva influencia política en el dominio de Córdoba, numerosos Capadocios acudieron durante el auge del califato para observar los avances médicos de Al-Ándalus y aportar sus propias innovaciones. A menudo se han mantenido apartados del resto de los Cainitas, dedicados a sus propios intereses científicos y esotéricos, por lo que el Clan de la Muerte nunca ha disfrutado de mucha estima entre los demás no muertos de Córdoba.

La reputación de los Ladrones de Tumbas no ha mejorado mucho en los últimos siglos. Cuando el califato cayó, varios acudieron como aves carroñeras, para apoderarse de los volúmenes de la biblioteca califal. Alguno incluso llegó a provocar la ira de los otros Cainitas, pagando su atrevimiento con su sangre.

Esto no ha desanimado a los Capadocios, que continúan acudiendo a Córdoba, que consideran un dominio de oportunidades, tanto por el conocimiento mundano que pueden aprender, como por los ocasionales tesoros que pueden encontrar. A medida que los ejércitos cristianos se aproximan se dedican a sus actividades con mayor apremio, ignorando el desprecio del resto de los clanes.

Jakeem Ben Aliyyah, el Merodeador de la Cripta

Jakeem al-Fulani parecía haber sido bendecido por Alá. El hijo de un comerciante muy adinerado, nació y fue criado en Córdoba cuando la ciudad estaba en la plenitud de su poder e influencia. Su interés por el saber floreció y estudió medicina, filo­sofía y ciencias en la madrasa. No satisfecho con lo que había aprendido, pasó varios años en Egipto examinando textos antiguos y debatiendo con coptos, musulmanes y algunos que adoraban a dioses aun más antiguos.

Su vida dio un giro súbito cuando su padre enfermó. Jakeem volvió de inmediato a Córdoba, decidido a cuidarlo hasta que recobrara la sa­lud. Pero su padre tenía ideas distintas. Sabía que se estaba muriendo y quería que su hijo prometiera dejar su estilo de vida de diletante y establecerse para llevar el negocio familiar.

Jakeem quedó destrozado por la muerte de su padre. Todo su conocimiento, toda su ciencia y medicina, todos los años de estudiar los misterios de la vida, sus orígenes y propósito y causas no le ha­bían permitido salvar la vida de su querido padre. El día después de su pérdida, y por encima de las protestas de su madre y hermanas, Jakeem vendió el negocio familiar a los compañeros de su padre. No podía soportar permanecer en Córdoba y esperaba pasar el tiempo con varios importantes filósofos naturales que habían establecido su residencia hacía poco en Sevilla.

Su deseo de descubrir los secretos de la vida estaba destinado a no ser cumplido. Los años de estudio no lo llevaron más cerca de su meta y cada vez se volvió más amargado e introvertido. Sólo la pers­pectiva de un debate, el descubrimiento de un raro texto para añadir a su colección, o la idea de practicar sus habilidades como cirujano lo sacaban de sus aposentos. Al final, la esperanza de Jakeem murió. Comprendió que la vida no le entregaría sus secretos. Así que cambió su énfasis y empezó un estudio intensivo de la misma muerte, esperan­do descubrir algo de esperanza, alguna pista acerca de la naturaleza de este gran misterio. Empezó a asociarse con estudiosos que pensaban como él, místicos y locos, convencido de que esta vez tendría éxito.

Jakeem descubrió cuando era demasiado tarde que había sido guiado a sus oscuros estudios. Una pálida y fantasmal mujer había atormentado sus noches desde que llegó a Sevilla y una tarde vino a él mientras trabajaba en un polvoriento libro. Su nombre era Aliyyah y era una estudiosa del Clan Capadocio. En los años tras su Abrazo, Jakeem ha servido como ayudante y herramienta de su sire, que ha es­tablecido un linaje en las ruinas romanas de Itálica al norte de Sevilla.

A comienzos del siglo XIII Aliyyah envió a Jakeem de vuelta a Córdoba a limpiar las bibliotecas de la gran ciudad. Libre de su empalagosa presencia, ha redescubierto su motivación y ha establecido su propio dominio. Teme que Aliyyah lo haya tenido bajo alguna forma del juramento de sangre y nunca ha deseado repetir esa experiencia, por lo que ha empezado a reunir las herramientas para luchar contra ella. Una muy importante es un nuevo entendimiento con Viktor, un joven Tremere en busca de los misterios del mundo moro. También ha hecho ghouls de varios estudiosos de Córdoba.

Jakeem era un hombre delgado cuando estuvo vivo, alto y de complexión fuerte, pero conforme su obsesión creció se volvió pálido y adelgazó más. Cuando recibió el Abrazo, su apariencia se volvió aún más inhumana. Se preocupaba poco por trivialidades como arreglarse o llevar buena ropa, y solía vestir con una selección de túnicas caras que se habían vuelto cada vez más raídas con el curso de los años. Sus ghouls le instan a menudo a que lleve ropa nueva al en­contrarse con otros Cainitas y a veces les complace, pero no a menudo.

Generación: 9ª

Disciplinas: Animalismo 2, Auspex 4, Dominación 2, Fortaleza 2, Mortis 5

Sendas de Mortis: El Cadáver Dentro del Monstruo 5, Animación Cadavérica 4, Podredumbre de la Tumba 3

Camino de los Huesos: 5

Fuerza de Voluntad: 8

GANGREL (WAH’SHEEN)

Los Gangrel han sido protectores de la ciudad de Córdoba desde la época visigoda, cuando fueron llamados por el Príncipe Cneo Junio para defender su dominio de sus enemigos. Sin embargo, los Gangrel visigodos fueron destruidos o expulsados con la invasión musulmana, y los escasos supervivientes se han convertido en partidarios de la Reconquista de la Sombra, en busca de venganza.

Algunos Gangrel eran musulmanes, pero no fue hasta el siglo XI que se convirtieron en una presencia organizada. En el año 1005 el antiguo Matusalén Shabaqo el Nubio se convirtió públicamente al Islam, y pronto numerosos Wah’Sheen se unieron a él, formando la facción de los Gangrel de Taifa. Gracias a su apoyo, el sultán Hilel Al-Masaari consiguió mantenerse en el poder en una época muy convulsa, y sus nuevos partidarios se dispersaron por Al-Ándalus, convirtiéndose en guardianes y defensores de la causa de los Ashirra.

Los Gangrel de Taifa prefieren no interferir en las intrigas de sus compañeros musulmanes, reservando sus fuerzas para enfrentarse a los Cainitas cristianos y a los enemigos del Islam. Para muchos de ellos resulta frustrante contemplar el estado de Al-Ándalus y las divisiones de mortales y no muertos. Aunque han acompañado a los almorávides y almohades en sus incursiones y batallas, cada vez más han dado la batalla por perdida en Al-Ándalus y han emprendido la vía del exilio. Sin embargo, algunos todavía permanecen, dispuestos a resistir y luchar, aunque sea una batalla perdida.

Shabaqo el Nubio, Gangrel de Taifa

Mil cuatrocientos años antes del nacimiento del Profeta Jesús, Shabaqo nació en Napata, la antigua capital del Reino de Nubia. Hijo de un cazador real, Shabaqo siguió los pasos de su padre, proporcionando caza y comida a los reyes-dioses de Nubia. Tan feroz como los animales que cazaba, Shabaqo se convirtió en un favo­rito de la corte, liderando a menudo grandes expediciones para el Príncipe de la Corona y Alto Sacerdote de Amón. Su posición le permitió comprar una buena esposa, y sus amos le dieron muchos regalos. Conforme adquirió mayor habilidad, a Shabaqo se le pidió a menudo cazar por la noche para los propios dioses, ya que a algunos les gustaba que cazara hienas, leones y cocodrilos en la oscuridad. Los espíritus de las bestias aparecían a veces, y Shabaqo se unía a sus dioses para luchar contra los horribles monstruos que surgían de las tinieblas. Fue durante una de estas cacerías que Shabaqo probó su primer sorbo de vitae. Como ghoul, vio a su esposa e hijos envejecer y morir, pero sabiendo que los dioses lo habían escogido, sirvió con toda su alma durante muchas generaciones. En 1290 a.C., fue parte de una gran fuerza que los dioses enviaron para defender el gran templo de Amón en Jebel Barkal de los ataques de los demoníacos Seguidores de Set. Al final, las Serpientes ganaron la batalla para dominar el Egipto Superior, trasladando la capital de Nubia a Meroe para afirmar su nuevo control y empujando a los otros Cainitas Nu­bios al desierto. Shabaqo acabó muy herido en la derrota final. En lugar de permitir que el fiel ghoul muriese, un Matusalén Gangrel que en ese momento respondía al nombre de Kurru lo Abrazó y lo llevó al desierto.

Las revelaciones que le llegaron en su Abrazo y las historias de Kurru destrozaron la fe de Shabaqo en los dioses vivientes. Quedó sin ningún objetivo en la vida o fe. Siguió a Kurru durante algunos años pero pronto desdeñó toda compañía, viviendo de la sangre de animales y viajando por el Sahara desde el Mar Rojo hasta las Columnas de Hércules. Luchó con varias bestias y cazó a algunos Seguidores de Set, pero durante siglos Shabaqo caminó sólo y contempló la noche. Conforme pasaron los años, de vez en cuando visitó templos y habló con santos varones que también vivían solos en el desierto. Volvió a entrar en el mundo brevemente para investigar la nueva religión que se esparcía entre los suyos, pero no encontró nada que respondiera sus preguntas en la cristiandad. Varios siglos después, incluso en las profundidades del desierto, Shabaqo sintió la fuerza del Islam. Intrigado, surgió de lo profundo del desierto para investigar. Admiró gran parte de lo que encontró pero todavía no pudo comprometerse del todo, sintiendo que cualquier verdad revelada al hombre no de­bía satisfacer las necesidades de los Condenados. Aunque los prin­cipios del Islam y las historias de las gentes del desierto que hacían tambalearse al mundo despertaron en Shabaqo un deseo de viajar a nuevos lugares de una manera que no había sentido en siglos. Viajó de un extremo del Imperio al otro, llegando por fin a Al-Andalus en el siglo X.

Los fértiles valles y sus ríos, las increíbles montañas y las inhós­pitas mesetas parecían perfectas para Shabaqo. La mezcla de creen­cias y antigua filosofía le dieron mucho en lo que pensar. Entró en conversaciones (que duraron décadas) con Hilel al-Masaari, Sultán de Córdoba y uno de los primeros guerreros Assamitas en convertirse a Islam, y al final volvió a creer. En 1005, se convirtió al Islam. Debido a su edad, generación y habilidad como cazador, influyó en otros Gangrel para que hicieran lo mismo. Los que siguieron su ejemplo tomaron el nombre de Gangrel de Taifa y se convirtieron en sabios-guerreros en lugar de depredadores bestiales. Aunque el movimiento se ha extendido, Shabaqo permanece en Al-Andalus.

Shabaqo no tiene ningún interés en liderar a los Gangrel de Taifa como alguna extraña clase de ejército. Se alegra de que los miembros más jóvenes de su clan hayan encontrado inspiración en su elección, pero cree con firmeza que cada vampiro debe enfrentar­se a Dios sólo. Hace su parte acabando con los Cainitas cristianos que ofenden su sensibilidad, y espera que Dios lo juzgue digno de la salvación cuando llegue el momento.

Shabaqo es un hombre negro de unos treinta años, de cuerpo fibrado y cabello hirsuto y recogido en un moño. Sus frenesíes han afilado sus orejas y colmillos, además de darle a sus ojos un aspecto felino. Cuando suelta su cabello se deshace en una melena como la un león. Sus manos y pies tienen uñas afiladas. Aunque se viste con discreción si la ocasión lo requiere, cuando se encuentra de caza no suele utilizar vestimenta alguna.

Generación: 5ª

Disciplinas: Animalismo 7, Celeridad 5, Fortaleza 7, Ofuscación 5, Potencia 6, Presencia 5, Protean 8

Camino del Cielo: 8

Fuerza de Voluntad: 10

Al-Wali, la Bestia de Córdoba

8ª Generación, chiquillo de Odoín

Naturaleza: Bellaco

Conducta: Protector

Abrazo: 672

Edad aparente: Indeterminada

Trasfondo: Las horribles cicatrices y deformidades de Al-Wali no son el resultado de la maldición de los Mutasharid, sino a las quemaduras casi fatales que sufrió durante el saqueo musulmán de Córdoba. Este Wa’Sheen visigodo, impulsado por un ansia consumidora de venganza contra los Banu Haqim que acompañaban a los invasores y provocaron la destrucción de sus amigos y compañeros de clan, ha pasado siglos oculto, observando y aprendiendo. Cuando reapareció ante los demás Cainitas, había construido una firme fachada –se hizo pasar por un Mutasharid árabe, adecuadamente humilde y lleno de fragmentos útiles de información. Ahora utiliza su posición con información verdadera o inventada para atacar los cimientos del control musulmán y Ashirra sobre Córdoba. Su sed de venganza hace tiempo que se extendió a cualquier Cainita que siga costumbres musulmanas.

La mayor amenaza a la mascarada de Al-Walid se encuentra entre los verdaderos Mutasharidim de Córdoba. Permanece apartado de sus supuestos compañeros de clan, lo que ha atraído ciertas sospechas. Aunque se inclinan por dar a Al-Wali el beneficio de la duda, teniendo en cuenta su obvia edad y habilidad, los Mutasharidin de Córdoba podrían terminar descubriendo su verdadera identidad. Si tienen suficiente tiempo para descubrirlo o se molestan en revelar esa información, todavía está por verse.

Generación: 8ª

Disciplinas: Animalismo 4, Fortaleza 4, Ofuscación 3, Potencia 3, Protean 4

Camino de la Humanidad: 5

Fuerza de Voluntad: 6

LASOMBRA (QABILAT AL-KHAYAL)

Para los Lasombra cordobeses la invasión musulmana les permitió ajustar viejas cuentas con el Príncipe Cneo Junio y los Ventrue, y además pronto entraron en el nuevo orden como consejeros de los Assamitas, utilizando sus talentos políticos en beneficio de los Ashirra y de los dominios de Al-Ándalus. Sin embargo, a medida que pasaban los siglos los Magistri no se conformaron con permanecer en un segundo plano, por lo que fomentaron el ascenso de otras facciones políticas como los muladíes y beréberes en detrimento de las élites árabes. Aunque muchos Cainitas cuestionan la agresiva política de Almanzor, a quien culpan del debilitamiento del califato su caída, para los Lasombra es todo un ejemplo.

En la turbulenta época que siguió a la caída del califato de Córdoba, muchos Lasombra prosperaron en los nuevos reinos de taifas, adquiriendo un poder hegemónico al que ahora no están dispuestos a renunciar, a pesar de los llamamientos a la unidad. Muchos Cainitas observan con enfado que los Magistri musulmanes a menudo conservan posiciones de poder en los territorios conquistados por los cristianos, y que incluso renuncian al Islam para adaptarse al nuevo orden. Sin embargo, a pesar de la desconfianza, por desgracia son necesarios para mantener el territorio en declive de los reinos musulmanes.

En Córdoba tras la batalla de las Navas de Tolosa, los Lasombra han expulsado al califa almohade y situado a sus peones en el poder. Muchos Ashirra lo consideran un juego muy peligroso, que sólo provocará más desunión y luchas internas. Sin embargo, lo peor de todo es que Miriam bint Aisha, la líder de los Lasombra cordobeses, parece ajena a la decadencia de Córdoba, y disfruta participando en las intrigas políticas como si fueran un simple juego, al margen de los resultados. Aunque no tienen tanto poder militar como los Assamitas, los Lasombra se encuentran bien situados en todos los niveles del poder político y administrativo, y cuentan con sobrevivir a la conquista cristiana.

Miriam Bint Aisha, Tejedora de Intrigas de Córdoba

Miriam nació en Málaga durante los primeros días del emirato dependiente, la única hija del visir de la ciudad. El pe­riodo estuvo marcado por feroces luchas internas, y le gustase a su padre o no, Miriam aprendió política a su lado. El padre de Miriam era un hombre práctico, sin embargo, uno que comprendía que todo recurso era necesario para un momento de crisis. Cuando su hija empezó a demostrar un notable talento para los asuntos de estado, tardó poco tiempo en usarla.

Con las facciones belicosas, sin embargo, vinieron Cainitas que también buscaban alguna clase de talento. Aisha bint Salah reparó por primera vez en Miriam durante una huida desesperada a tra­vés de Málaga, pero cuando volvió más tarde en circunstancias más benignas, empezó a atraer a Miriam a la vida bajo la sombra. Fue Abrazada en 736, y pronto sirvió como la primera consejera de bint Salah. Sin embargo, los largos años con Aisha la aburrieron con rapidez. Su sire era conservadora y cansina, y la veía tan sólo como una he­rramienta para ser usada. En secreto buscó y recibió el permiso para acabar con la existencia de su señora, y en 934 lo hizo.

Por fortuna había algo nuevo que atrajo su interés. Las crecien­tes Taifas, con sus pequeños reyes y disputas, le ofrecían el tablero de ajedrez perfecto en que realizar sus juegos políticos. Por ello se esta­bleció en Córdoba y empezó a hilar sus redes de alianzas, traiciones y engaños. Aunque las invasiones almohades y almorávides la des­plazaron temporalmente, no pudo ser eliminada. Se dice que cuando uno de los Hijos de Hagim que habían viajado en la estela de los al­morávides fue lo bastante tonto como para amenazarla, lo inmovilizó sin más y le informó a continuación de que sería su prisionero hasta que la invasión retrocediera. Esto es verdad, y en lo profundo de sus cámaras el guerrero Sarraceno espera miserablemente. Pero ese mismo guerrero fue una herramienta del visir Umar al-Rashid, otro maestro de las intrigas que observa la presencia de Miriam con interés.

Aunque no es justo decir que el conflicto entre Miriam y Umar sea responsable de la inestabilidad que amenaza las Taifas, ninguno ha dudado en usarlo a su favor. A Miriam de verdad le gusta expe­rimentar con el bullente caos, dando un apoyo aquí y poniendo en tensión a una frágil alianza allá. Se preocupa poco por el resultado final y (al contrario que su rival Assamita) es consciente del acuerdo entre los caballeros de los Amici Noctis sobre la Reconquista en la Sombra. Más bien le preocupa el juego y ganar a Umar.

Para alguien tan temible, Miriam es muy poco impre­sionante. Baja, de piel oscura y con facciones aguileñas, no es nada bonita. Su mirada, sin embargo, es impactante, ya que sus ojos son muy grandes y negros por completo. El pelo de Miriam es largo, y lle­va ropa que es bastante reveladora para una mujer de su condición.

Generación: 8ª

Disciplinas: Auspex 4, Celeridad 3, Dominación 5, Obtenebra­ción 5, Potencia 5, Presencia 4

Camino de la Noche: 3

Fuerza de Voluntad: 10

MALKAVIAN (BAY’T MAJNOON)

Aunque siempre presentes en las noches de Córdoba, en mayor o menor medida, los Locos a menudo eran ignorados por el resto de los Ashirra de la ciudad. De vez en cuando alguna destacaba en sus filas para caer repentinamente, y los demás Cainitas disfrutaban con las excentricidades y rarezas de los Majanin.

Sin embargo, en las últimas décadas el número de Malkavian se ha multiplicado de forma inesperada. Llegados de otros reinos de Taifas o fruto de Abrazos en la ciudad, Córdoba se está llenando de Locos, y muchos Ashirra temen lo que puede significar. Muchos creen que se avecina un cambio importante, y los Majanin se remueven inquietos, como si en efecto aguardaran algo.

Halia

Halia era la hija de un humilde curtidor, que durante las guerras civiles entre cordobeses vio cómo su familia perecía en un incendio provocado por unos soldados y como otros niños de su barrio se vio obligada a sobrevivir en las calles. En los difíciles años de comienzos del siglo XI se dedicaron a robar y mendigar para sobrevivir.

Una noche Halia entró en una casa en ruinas para ocultarse de una patrulla de guardias. Allí se encontró con una anciana de mirada enloquecida, que la atrapó y se bebió su sangre. Nunca supo por qué le había dado el Abrazo, pero cree que su presencia despertó en su sire una especie de instinto maternal. La anciana vampiro la enseñó a sobrevivir en la noche, pero apenas unos años después unos mortales quemaron su refugio durante el día y acabaron con su sire. Halia cayó en letargo.

Cuando despertó Halia regresó de nuevo sola a las calles. Desde entonces se dedica a adoptar huérfanos, a los que convierte en sus ghouls y ayuda a sobrevivir con sus habilidades sobrenaturales. En ocasiones ha ayudado a alguno de ellos a encontrar un hogar o un oficio, pero lo más frecuente es que cuando se cansa de ellos terminen bajo sus colmillos.

Ahora Halia se encuentra inquieta. En sueños ha escuchado una especie de lamento aullante y ha visto una tormenta cerniéndose sobre la ciudad de Córdoba. Ha visto los palacios de oro de los arrogantes vampiros que gobiernan en la noche derrumbándose y espera su momento para alimentarse de los despojos.

Halia era una niña de unos doce años cuando fue Abrazada. Tiene largo cabello rizado oscuro y ojos negros, pero su aspecto está constantemente desaliñado y sucio, apenas cubierto con los harapos que encuentra en sus correrías nocturnas. A menudo la acompañan varios niños de la calle, que suelen mostrar una mirada tan enloquecida como la de ella.

Generación: 10 ª

Disciplinas: Animalismo 2, Auspex 3, Celeridad 2, Dementación 2, Ofuscación 4, Protean 1

Camino de la Bestia: 6

Fuerza de Voluntad: 7

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Alexander Weiss
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Re: Edad Oscura: Córdoba

#3

Mensaje por Alexander Weiss » Jue Jul 18, 2019 11:50 am

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NOSFERATU (BAY’T MUTASHARID)

La comunidad Nosferatu puede remontar sus orígenes hasta la época romana, pero su linaje ha sido marginado y olvidado por los sucesivos gobernantes vampíricos de la ciudad. Como resultado, los Leprosos se han dedicado a sus propios asuntos con pocas interferencias. En las pocas ocasiones en las que han intentado imponer su voluntad lo han pagado con sangre, por lo que prefieren actuar de forma discreta.

El rechazo de los demás Cainitas, cristianos y musulmanes, ha convertido a los Nosferatu cordobeses en una comunidad aislada y endogámica. Todos los Leprosos de la ciudad son chiquillos o descendientes sanguíneos de un antiguo de origen romano. Actualmente se cree que está en letargo, pero sus chiquillos creen que en realidad acecha en las sombras, vigilándoles y castigando a los díscolos. Por esta razón actúan de forma unida, y ser Abrazado en el clan es algo similar a unirse a una sociedad secreta. Uno o dos permanecen al margen de esta estructura, como Al-Walid, pero se les permite existir mientras sean útiles y compartan información.

Actualmente los Nosferatu cordobeses se encuentran expectantes. Dan por inevitable la conquista cristiana de la ciudad, y de hecho disponen de algunos contactos entre los Nosferatu cristianos y mozárabes. En estos momentos se dedican a prepararse, tomando posiciones en las catacumbas, alcantarillas y subterráneos de la ciudad, esperando el cambio de gobernantes entre los no muertos y tratando de hacerse indispensables para el nuevo orden.

Paterna, Aristócrata del Inframundo

Paterna era la hermana de un aristócrata visigodo cuando los musulmanes conquistaron Córdoba. Su familia consiguió sobrevivir al cambio de gobernantes, pero su hermano no estaba conforme, y aparte de aferrarse al cristianismo comenzó a conspirar contra el emir con otras facciones. Desgraciadamente fue descubierto y ejecutado, y su familia sufrió el mismo destino. Paterna fue arrojada a una húmeda prisión tras ser violada por sus carceleros.

Fue rescatada por un antiguo Nosferatu llamado Milciano, que acababa de despertar tras varios siglos de letargo. Su sire le dio el Abrazo y la convirtió en la primera de una progenie que extendió a las sombras de Córdoba, al margen de los arrogantes gobernantes vampíricos de la ciudad. Con el tiempo los Nosferatu prosperaron y mientras los demás clanes conspiraban a la sombra de los palacios, los Leprosos se convertían en los amos del subsuelo. De vez en cuando sus servicios eran requeridos para vigilar a potenciales rivales u obtener información ventajosa, pero la mayor parte del tiempo sólo se relacionaban entre ellos mismos.

Milciano volvió a entrar en letargo a comienzos del siglo XIII…o quizás antes. Tras la caída del califato comenzó a volverse cada vez más paranoico, transmitiendo órdenes e instrucciones a sus descendientes a través de sus ghouls y desde hace décadas parece haber permanecido en silencio. Paterna cree que ha asumido la identidad de alguno de sus hermanos, o quizás permanece en las sombras, observando y esperando. En cualquier caso, como la más antigua de sus chiquillos, sus hermanos y descendientes de sangre a menudo recurren a ella en busca de liderazgo.

A pesar del trato que recibió de los musulmanes, Paterna no les guarda ningún odio especial. En sus siglos de existencia ha visto el ascenso y caída del califato y cree que la actual decadencia y pesimismo que se extiende entre los habitantes mortales e inmortales de Córdoba es suficiente castigo. Ahora espera que con el cambio de gobierno pueda conseguir una mejor posición para su linaje entre los Cainitas. El actual sultán y sus vasallos pueden convertirse en un obstáculo, y por el precio adecuado, estaría dispuesta a facilitar la entrada de los invasores cristianos.

Paterna era una mujer de unos veinte años cuando fue Abrazada. La sangre Nosferatu la ha convertido en una criatura pálida y escuálida, apenas provista de pelo, con los dientes sobresalientes de sus labios, ojos inyectados en sangre, y orejas puntiagudas. Normalmente se recubre con un largo velo, a la usanza de las mujeres musulmanas, o confía en sus poderes de Ofuscación para evitar una atención indiscreta.

Generación: 8ª

Disciplinas: Animalismo 5, Auspex 2, Celeridad 2, Fortaleza 3, Potencia 4, Ofuscación 5, Presencia 2

Camino de la Humanidad: 6

Fuerza de Voluntad: 7

TOREADOR (RAY’EEN AL-FEN)

El Clan de la Rosa ha sido una presencia continuada, aunque itinerante desde hace siglos. Aunque puntualmente algún miembro del clan se ha ganado la confianza de alguno de los gobernantes vampíricos de la ciudad como consejero, embajador o diplomático, la mayoría han preferido disfrutar de la cultura y el arte que la ciudad tiene que ofrecer, dejando al margen las intrigas políticas…al menos a primera vista.

Los Toreador son un clan bien representado y diverso en Córdoba, aunque su presencia está constituida en su mayor parte por Cainitas muy jóvenes, vampiros que desean contemplar en persona una de las ciudades más deslumbrantes de Europa. La inminencia de la caída de la ciudad en manos cristianas ha impulsado a muchos miembros del linaje a apresurarse, antes de que toda esa belleza y tesoros desaparezcan para siempre.

Pero más allá de todos esos visitantes ocasionales, también hay Toreador, tanto entre los Ashirra como entre los Franj, que no piensan permanecer impasibles. Algunos de ellos colaboran con los Cainitas cordobeses, especialmente los Brujah, para poner a salvo sus libros y obras de arte, mientras que otros observan a los sabios y artistas de la ciudad en busca de chiquillos potenciales que conserven el legado andalusí.

Aighar akhu Quzman, Poeta de Córdoba

Aighar es un joven vampiro bastante furioso –un hecho que oculta muy bien en sus canciones y poemas sobre la belleza natural y el amor que espera transmitir. Aunque no se encuentra descontento con su actual estado (ha creado algunas de sus mejores composiciones durante los trances provocados por la maldición de su sangre), nunca ha podido olvidar que fue elegido como “segundo plato” antes de que tuviera la oportunidad de demostrar su arte y quizás ganarse el honor del Abrazo por su propia valía. El resentimiento hacia su sire, completamente reprimido durante su adoctrinamiento como chiquillo, ha comenzado a expresarse en versos que hasta los innovadores Cainitas de Córdoba encuentran sorprendentes. Hasta el momento ha procurado guardarse sus creaciones más polémicas, pero su público siempre está pidiendo nuevas obras…

El aspecto de Aighar está muy lejos del atractivo afeminado de los trovadores europeos. Es un joven bajo y robusto, con un poco de sobrepeso y una barba mal afeitada. Ninguno de estos rasgos contribuye a mejorar su carácter. Lleva vestimentas y túnicas largas en un intento de disimular su estatura y siempre lleva un sombrero colorido para ocultar su cabello.

Generación: 10 ª

Disciplinas: Auspex 2, Celeridad 3, Potencia 2, Presencia 3

Camino de la Humanidad: 6

Fuerza de Voluntad: 6

TREMERE

Aunque para los Ashirra los Usurpadores constituyen un desagradable rumor lejano, para los Cainitas cordobeses constituyen un adelanto de lo que está por llegar. Aunque pocos, los Tremere se encuentran presentes en la ciudad, como embajadores, diplomáticos o agentes libres, mostrándose muy corteses y discretos, y procurando pasar desapercibidos dedicándose a sus intereses.

Como aves carroñeras, los Tremere han visto el declive de Córdoba y se disponen a saquear todo lo que pueden antes de que la ciudad caiga en manos cristianas. Algunos se sitúan en las filas de los cristianos, preparados para tomar posiciones en cuanto la ciudad sea conquistada, mientras que otros revisan las antiguas bibliotecas y depósitos de conocimiento buscando libros, artefactos místicos o candidatos potenciales al Abrazo. Su actitud no ha pasado desapercibida a otros clanes, especialmente los Brujah y los Toreador, que a menudo se enfrentan con los Usurpadores tratando de salvar el legado de su ciudad de la destrucción y el saqueo.

De momento la única presencia establecida de los Tremere la constituye su embajador Viktor Nagy. Otros miembros del clan vienen y van, dedicados al estudio, la investigación o directamente el saqueo de los recursos académicos y místicos que Córdoba tiene que ofrecer. En principio el clan no tiene pensado establecer una capilla hasta que la ciudad sea conquistada, obteniendo el favor de los nuevos gobernantes cristianos.

Viktor Nagy, el Mago Negro

Como niño en Hungría, Viktor era un matón. Su familia era humilde y decente, y Viktor fue llevado a un monasterio local. Su rápido ingenio y su astucia, más que su inteligencia natural o disciplina intelectual, lo hicieron unirse a la orden de la Casa Treme­re. Como mago, Viktor era temerario y cabezota. Prefería enfrentarse a sus enemigos con fuerza directa, aplastante, destruyéndolos antes de que tuvieran alguna oportunidad de reunir sus fuerzas. También disfrutaba de las confrontaciones y desafíos físicos. Pero sus maneras des­caradas lo hicieron menos popular con sus compañeros hechiceros, y cuando surgió la oportunidad de estudiar las artes místicas en Cór­doba, aprovechó la oportunidad para comenzar de nuevo.

Cuando Viktor fue llamado a Ceoris para un ritual especial, dejó su vida mortal con alegría. De hecho, había tratado con algunas de las cosas sin vida que acechaban en las bibliotecas de Córdoba y supo que los Tremere necesitaban a agentes capaces de moverse en­tre ellos como un igual (o casi). Que sus amos también creyeran que sus métodos serían lo bastante visibles y creíbles como para que los otros agentes del clan pudieran entrar en la península inadvertidos no le molesta lo más mínimo.

Viktor volvió a Córdoba y se estableció con rapidez en la so­ciedad Cainita como un buscador sin escrúpulos del conocimiento místico, tolerado porque sin duda era poderoso y aun así bastante fácil de manipular o superar en estrategia (que es exactamente lo que Viktor quiere que sus rivales piensen). Prefiere que sus aliados y enemigos (los amigos, cree, no son más que una mentira cómoda para los débiles de corazón) lo subestimen. Ha conseguido un buen conejillo de indias en el Capadocio Jakeem ben Aliyyah (o así cree) pero sabe que otros son más suspicaces.

Viktor es un europeo oriental con una complexión poderosa, con un fuerte acento, largo pelo negro y bigote caído. Suele vestir de negro y suele parecer como si estuviera a punto de ir a cazar o a practicar la cetrería. Su espada nunca deja su lado, ni los cuchillos que oculta en su persona. Tiende a fanfarronear pero nunca tiene cuidado de parecer demasiado bien informado o ente­rado de un tema.

Generación: 8ª

Disciplinas: Auspex 2, Dominación 2, Taumaturgia 4

Sendas taumatúrgicas: Rego Vitae 4, Creo Ignem 3, Rego Elementum 3

Camino del Diablo: 7

Fuerza de Voluntad: 6

VENTRUE

El recuerdo de los Ventrue romanos y visigodos no es muy bien considerado entre los Ashirra, que han construido una leyenda sobre la crueldad del Príncipe Cneo Junio para justificar su derrocamiento. Por lo general los Patricios no son bien vistos en Córdoba, siendo asociados con los reinos enemigos del norte, y los pocos visitantes del clan suelen ser embajadores o diplomáticos que tienen dificultades para ganarse la confianza de los Ashirra.

Sin embargo, todavía sobrevive algo del legado del Príncipe Cneo y sus descendientes. Uno de sus chiquillos, que se encontraba en la ciudad de Itálica cuando Córdoba fue conquistada sobrevivió, y con el paso de los siglos, tras dejar a un lado el recuerdo de su sire, con la paciencia que la inmortalidad otorga y con gran habilidad y esfuerzo ha conseguido elevar su posición entre los Ashirra. Este antiguo romano, no sólo es respetado por su edad y sabiduría, sino que a menudo constituye el intermediario con los visitantes Ventrue que acuden a Córdoba para entrevistarse con el sultán o sus representantes.

Cayo Junio

La ignorancia es una bendición –tanto para Junio (como normalmente es llamado. Casi ningún Cainita salvo los de su edad se atreverían a llamarle “Cayo”) como para los Cainitas de Córdoba. Junio era uno de los soldados romanos que invadieron la ciudad en el año 152 a.C. Era un soldado leal aunque no demasiado hábil, que respetaba la cadena de mando –fue su lealtad lo que le permitió “ascender” a las filas del clan Ventrue no mucho después de la pacificación de la ciudad. Con el paso de los siglos Junio ha adoptado una actitud aristocrática; sólo quienes han visto la armadura de bronce pulido que conserva de sus días de vida creerían que hubo una ocasión en la que luchó en primera línea. Su cabello todavía conserva el corte de un soldado.

Junio se encuentra extremadamente bien versado en latín y árabe. Su conocimiento de la ley y la tradición islámica posiblemente no tenga rival más allá de los Ashirra, lo que le ha proporcionado un gran respeto y seguridad entre los Cainitas musulmanes (por si su edad y baja Generación no fueran suficientes). Sin embargo, en estos momentos se encuentra en un estado de confusión –quizás como preludio de un largo período de letargo. Debe gran parte de su posición y prestigio al Islam, y a Al-Ándalus en particular, habiendo dedicado gran esfuerzo a ascender en la sociedad Ashirra, y se sentiría muy ofendido si todo lo que ha construido le es arrebatado.

Junio es un hombre robusto de cerca de cincuenta años, de cabello gris claro, barba y bigote, y rostro pálido y curtido por el tiempo –en cierto sentido parece un busto romano. Suele vestir con ropas sencillas pero aristocráticas y se desenvuelve con la dignidad y elegancia que corresponde a su posición. A menudo demuestra un gran conocimiento en todo tipo de materias, especialmente leyes, historia y geografía, y es un magnífico conversador.

Generación: 7ª

Disciplinas: Auspex 4, Dominación 5, Fortaleza 4, Ofuscación 2, Potencia 3, Presencia 6

Camino de los Reyes: 7

Fuerza de Voluntad: 9

Nota: Junio sólo se alimenta de soldados.

HOMBRES LOBO

Desde tiempo ancestral, algunas familias cordobesas han estado emparentadas con los hombres lobo. La tribu que más influencia dispone en Córdoba son los Hijos de Gaia, que recorren la ciudad esperando poder preservar y extender el conocimiento generado durante su esplendor. Con ellos también habita una pequeña manada de Protectores del Hombre, cuyo objetivo es eliminar a los Cainitas que se acerquen demasiado a las bibliotecas o a los sabios de la ciudad, para que las Sanguijuelas no puedan envenenar la sabiduría humana con sus dedos biliosos y codiciosos. Para ellos los vampiros que depredan el arte, la literatura y la filosofía son criaturas frías y crueles que corrompen todo lo que tocan, y a las que culpan de la decadencia que actualmente afecta a Córdoba.

Sin embargo, la presencia de los hombres lobo se incrementa en los bosques de Sierra Morena y en las sierras de Al-Ándalus, que recorren los Caminantes Silenciosos, muchos de ellos llegados desde el norte de África hace siglos. El clima seco y severo es ideal para muchos de sus Parientes lobunos y Al-Ándalus es uno de los lugares de reunión de la tribu.

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MAGOS

En mitad del ambiente ilustrado y erudito de Córdoba, los visires de los magos Ahl-i-Batin han dirigido sus aprendizajes y sermones de la unidad. En la ciudad se encuentra la Alianza más poderosa de la Compañía en la península ibérica, desde donde dirige gran parte de su política a nivel europeo. Ante el avance de los cristianos muchos Batini están retirándose a Sevilla y Granada, mientras que otros se preparan para actuar desde las sombras cuando la ciudad caiga en manos cristianas.

Los principales rivales de los Batini son las Voces Mesiánicas, que han reclutado adeptos entre la comunidad mozárabe y que han fomentado la Reconquista. Para ellos Córdoba representa un objetivo muy valorado y una derrota simbólica sobre sus enemigos.

La Orden de Hermes también dispone de cierta presencia en Al-Ándalus, en ocasiones colaborando con los Batini. La capilla de Estancia-el-Kárida, dirigida por una cábala mixta de ambas Compañías, es el mayor símbolo de esta cooperación. Sin embargo, no todos los Herméticos están de acuerdo con esta política de tolerancia. Existe un grupo de magos de la Casa Flambeau que apoya directamente la Reconquista (y que se rumorea que contribuyó a la victoria cristiana en las Navas de Tolosa), y que actúa en la clandestinidad en contra de los edictos de la Orden de Hermes. En su aislamiento algunos miembros de esta facción incluso han terminado cayendo en el infernalismo.

HADAS

Córdoba es el hogar de numerosos espíritus feéricos, que han prosperado con la creatividad y esplendor creados por los mortales, y que de forma paralela, se encuentran preocupados por las consecuencias que tendrá la conquista cristiana.

La ciudad era la capital del reino de Sarai Oba, una reina de las hadas que gobernaba de forma implacable los dominios feéricos de Al-Ándalus, que forman parte de la Corte del Verano. La corte de la reina Sarai se encontraba en el Palacio de las Mil Columnas, un reflejo de la Mezquita de Córdoba. Nadie está seguro de si el palacio fue construido a imagen de la mezquita que construyeron los mortales o si la mezquita fue construida a partir de la inspiración del palacio de sueños. En cualquier caso, como la Mezquita Aljama, el Palacio de las Mil Columnas constituía una visión impresionante.

El reinado de Sarai Oba terminó con el califato de Córdoba. En su vanidad, rechazó a todos sus pretendientes, enfrentándolos entre ellos, contemplando como caballeros y nobles partían en búsquedas suicidas o medían sus poderes en duelos.

La vanidad de Sarai Oba terminó provocando su perdición. Rosalinda, la hermana de uno de los pretendientes que habían muerto por el capricho de la Reina del Verano, lanzó una terrible maldición sobre ella, sacrificándose en el proceso con un cuchillo de hierro. Se dice que el poder de la maldición fue tan grande que la propia tierra se cobró venganza, devorando el Palacio de las Mil Columnas con la Reina y sus servidores.

La desaparición de Sarai Oba provocó el enfrentamiento entre los pueblos del Verano por su sucesión. En los siglos sucesivos llamarían a otros duendes bereberes del Norte de África en su ayuda, pero el predominio de la Corte del Verano en la península ibérica había terminado. Sin embargo, los duendes y hadas del Verano todavía siguen siendo muy numerosos en Al-Ándalus.

Actualmente los duendes que llegaron con los árabes a la península predominan en Córdoba. Entre ellos hay pequeños espíritus que conviven con los cordobeses e incluso los ayudan en sus tareas domésticas, y también espíritus seductores que a menudo descarrían a las mujeres.

En el río Guadalquivir también habitan numerosas ninfas del agua, que gustan de la danza y la música y a menudo bailan entre los juncos a la luz de la luna, envueltas en una luz azulada. Se dice que fueron ellas quienes abrieron los cauces para que las aguas del río pudieran regar las huertas de los cordobeses.

LA CRÓNICA DE CÓRDOBA

Una Crónica ambientada en Córdoba en la época por defecto de Edad Oscura: Vampiro (1230), se encuentra situada en un momento crítico de la historia de la ciudad, cuando está a punto de ser conquistada por el rey de Castilla y caer en manos de los cristianos. La situación es muy similar a la de una Crónica ambientada en Constantinopla, y los sucesos de la conquista pueden ser semejantes a los del suplemento La Amarga Cruzada, con un tono melancólico y trágico a medida que los antiguos Ashirra caen uno tras otro bajo las espadas de sus enemigos, y el legado de una época más gloriosa desaparece para siempre.

Sin embargo, una Crónica en la ciudad de Córdoba puede dar mucho más de sí. Tal vez quieras comenzar tu historia con el comienzo de la ocupación musulmana, con las intrigas entre las facciones vampíricas a medida que la ciudad se convierte en la capital de Al-Ándalus y entra en su período más glorioso y termina cayendo en un período de anarquía y enfrentamientos que destruye todo lo que los personajes han construido.

Y la historia de Córdoba no comienza con la llegada del Islam. Tal vez los personajes comienzan mucho antes, poco después de la conquista romana de la ciudad, ayudando al Príncipe Cneo Junio y a los Vástagos romanos a consolidar su posición en Hispania, presenciando la llegada del cristianismo y de las invasiones germánicas, en otro período de turbulencia e invasiones.

Sin embargo, tu Crónica no tiene por qué seguir la corriente de la historia conocida, ni siquiera el canon del Mundo de Tinieblas. Tal vez las acciones de los personajes tienen suficiente relevancia para impedir la caída del califato, creando un reino musulmán a las puertas de Europa que sobrevive hasta las Noches Finales…

En cualquier caso, el destino de la ciudad queda en tus manos.

LA CONQUISTA DE CÓRDOBA

En el año 1147 Abengamia, el gobernador almorávide de Córdoba, contra la voluntad de sus superiores, entregó la ciudad al rey Alfonso VII de Castilla, aunque siguió gobernándola en nombre del rey. Sin embargo, apenas dos años después, insatisfecho con las exigencias del rey castellano, Abengamia ofreció Córdoba a los almohades y Alfonso VII llegó hasta las murallas de la ciudad e intentó sitiarla. No consiguió atravesar sus murallas.

Sin embargo, este suceso dejó claro a los castellanos que era posible llegar con un ejército hasta “la puerta del Guadalquivir”, y conquistando Córdoba se conquistaría el corazón de Al-Ándalus. Sólo era cuestión de tiempo.

Tras la victoria de las Navas de Tolosa en 1212, el rey Fernando III de Castilla traspasó Despeñaperros y comenzó a hostigar las poblaciones del norte de Andalucía, mientras Córdoba atravesaba una grave crisis política. En 1226 los cordobeses se rebelaron contra el califa almohade Al-Bayasí y tras darle muerte eligieron como gobernante a Ibn Hud, enemigo de Muhammad I, fundador de la dinastía nazarí de Granada. Fue una mala elección, ya que Ibn Hud, para poder continuar su guerra contra Granada firmó varias treguas con Fernando III, y para poder pagar lo acordado en ellas se vio obligado a incrementar los impuestos de sus súbditos, generando un gran descontento.

A finales de 1235 un grupo de cordobeses, abrumados por los tributos exigidos por Ibn Hud, abandonaron la ciudad y fueron capturados por caballeros castellanos en Andujar, y les informaron que las murallas de la ciudad de Córdoba no se hallaban bien vigiladas y que sería fácil apoderarse de la ciudad y tomar la Ajerquía (la zona oeste de la ciudad) por sorpresa. Los castellanos, aprovechando una noche oscura y de mal tiempo en enero de 1236, llegaron hasta las murallas de Córdoba y eligieron entre ellos a quienes mejor hablaban árabe y los vistieron como musulmanes, y de ese modo consiguieron apoderarse sin alertar a los cordobeses de las torres de la Ajerquía hasta la Puerta de Martos.

Al llegar la mañana los castellanos ya eran dueños de las torres del muro y de la puerta de Martos, que abrieron para dejar paso a la caballería cristiana, que aguardaba fuera de la ciudad. Los habitantes de la Ajerquía despertaron con el enemigo a las puertas de sus casas. La mayor parte huyeron despavoridos, mientras los castellanos tomaban posiciones. La mitad de la ciudad había pasado a ser cristiana.

El primer refuerzo de los castellanos que intentaban conquistar Córdoba fue proporcionado por Ordoño Álvarez, al tiempo que acudía con sus tropas Álvaro Pérez de Castro. Por su parte el Obispo Domingo de Baeza puso rumbo hacia la ciudad con sus tropas y el obispo de Cuenca hizo lo propio con su mesnada. El 7 de febrero llegó el rey Fernando III de Castilla, que había recibido noticia de lo que estaba ocurriendo en Córdoba mientras se encontraba en Benavente, y rápidamente se puso en marcha hacia la ciudad con los caballeros que le acompañaban, al mismo tiempo que enviaba órdenes para que se reuniesen sus huestes y se dirigieran a la ciudad.

Una vez llegado, el rey ordenó cortar todos los caminos que conducían a Córdoba, incluyendo la navegación por el Guadalquivir. Tras varios meses, acuciados por el hambre y perdidas las esperanzas de recibir ayuda los cordobeses se rindieron y aceptaron entregar la ciudad a Fernando III, a condición de que respetara la vida de la población, que no debería ser atacada mientras abandonaba el territorio. El día 29 de junio, festividad de los apóstoles Pedro y Pablo, el rey de Castilla y sus huestes entraban en una Córdoba deshabitada: todos sus habitantes, a los que se les había perdonado la vida y la libertad, la habían abandonado. Tras consagrar la mezquita mayor como catedral de Santa María, la ciudad pasó a formar parte del reino de Castilla. El monarca envió mensajeros por todo el reino a fin de que acudieran a poblar la ciudad.

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