Episodio 5. 22 de marzo de 1945

Moderadores: Nyxe, Corso, Victor_Krugger

Avatar de Usuario
Voivoda
Fundador
Fundador
Mensajes: 4528
Registrado: 13 Jul 2019, 17:50
Ubicación: Madrid
Mensajes miarroba: 27.018
Antigüedad: 7 de Agosto de 2004
Contactar:

Episodio 5. 22 de marzo de 1945

#1

Mensaje por Voivoda » 01 Abr 2021, 19:55

22 de marzo de 1945

BOMBAS DE LA RAF CAUSAN UNA MATANZA EN COPENHAGUE

Las fuerzas enemigas, en un movimiento claramente impulsado por su desesperación, bombardearon ayer la sede de la Geheime Staatspolizei de nuestra ciudad. Si bien los daños no han sido tan cuantiosos como le gustaría a Mister Churchill, habrá que preguntarle qué tipo de civilización bárbara promueve un ataque de estas características cuyo único logro ha sido segar más de un centenar de vidas inocentes, la mayoría de escolares, de la Escuela Jeanne d'Arc, situada en un edificio adyacente. Un ataque de este tipo viola las más mínimas normas que rigen incluso los tiempos y usos de la guerra...



Karen dobló cuidadosamente el periódico y lo dejó encima de la tabla de mármol que coronaba la mesa de la habitación del hotel. Si se lo hubieran dicho hace apenas 24 horas hubiera pensado que su interlocutor estaba loco. Ahora todo repentinamente encajaba. La Ventrue no había encendido ninguna luz, dejando que el fascinante espectáculo de los distintos fuegos y columnas de humo de la ciudad, las luces intermitentes de las baterías antiaéreas y las de las sirenas de las rudimentarias ambulancias y de los vehículos militares se convirtieran en la iluminación natural de la habitación. Además de las sirenas y de los avisos que se repetían cíclicamente en danés y alemán llamando a la población a ponerse a cubierto ante la posibilidad de un ataque aéreo, de vez en cuando se escuchaban ráfagas de metralletas y, a lo lejos en algún punto indeterminado del cielo, el vuelo rasante de aviones de combate. Olía a ceniza, a agentes químicos, a un humo denso. A guerra y a muerte. A poder.

Karen apenas podía contener sus colmillos. La Bestia estaba enardecida, se asomaba a la superficie en una mezcla entre un temor primitivo y salvaje a la Muerte Definitiva que podía acompañar a un impacto de mortero... y la libertad de saberse en medio de un terreno desconocido en el que la sangre corría a raudales.

No había sido difícil conseguir al menos refugio para una noche, pero Karen era consciente de que apenas era una solución temporal. El hotel estaba siendo utilizado por corresponsales de guerra, la mayoría británicos que seguían los enfrentamientos de la Resistencia Danesa con el Reich. Vuestro dinero resultó extraño a los empleados del hotel, que fueron convencidos para que os facilitaran un lugar de descanso por métodos poco convencionales e inherentes a vuestra Sangre. Suficiente para una noche, como habían sido las enormes y pesadas cortinas que habían mantenido la luz del sol a raya. Aunque fuera otro tiempo, vuestra maldición no conocía de esos atajos.

Karen apenas se movió cuando Lars y Annelise entraron en la habitación. Cada uno de ellos había podido descansar de un modo semejante a su compañera de Coterie, pegando la cama al punto más alejado de la ventana y tapados a su vez por todas las mantas que había en la habitación. Annelise, que portaba el colgante que le había dado su tía de sangre, cerró la puerta suavemente. Un intenso silencio siguió a vuestro reencuentro. Apenas habíais tenido tiempo de hablar mucho más la noche anterior. Caminasteis por distintas calles de la Copenhague, comprobando que la mayoría estaban siendo patrulladas por soldados del Reich alemán. El miedo de los habitantes de la ciudad era una sensación palpable que impulsaba a vuestra Bestia a exigir Sangre. Para evitar mayores peligros corristeis intentando pasar desapercibidos hasta hallar el hotel que os ha valido como refugio.

Ahora, ese silencio generaba una profunda comunión entre vosotros. Una auténtica Coterie unida por los lazos familiares, pero también por vuestros anhelos y convicciones más profundas. Sentís orgullo unos de los otros, vuestro vínculo se ha reforzado hasta niveles que los simples mortales, o los Vampiros de Clanes descastados e inferiores, apenas podrían comprender. Lars puso una mano sobre el hombro de Karen, mirando también por la ventana los múltiples puntos de luz, las llamaradas en distintos edificios procedentes de los impactos de las bombas Aliadas. Ambos sabéis que a Greta le extrañará vuestro silencio si se prolonga durante demasiado tiempo. Pero al mismo tiempo, ambos coincidís en vuestros pensamientos y en vuestra convicción de que lo que estáis haciendo es ser aún más dignos de su legado. ¿Qué camino más poderoso existe que el de viajar entre épocas temporales?.
Annelise, más práctica que sus mayores, comprobó que los móviles apenas tenían batería y, evidentemente, carecían de cualquier tipo de cobertura. Básicamente, estábais abandonados a vuestra suerte. Al menos, los resultados de sus investigaciones científicas cobraban sentido: la fiebre tifoidea había sido una de las grandes acompañantes, cual jinete apocalíptico, del avance de la II Guerra Mundial.

Apenas os habéis saludado con la mirada cuando una serie de golpes resuenan como una insistente llamada en la puerta de la habitación.


OFF
Karen -2 Puntos de Sangre.
Lars. -5 Puntos de Sangre.
Annelise - 5 puntos de Sangre.
Imagen

Annelise Niemi (Nyxe)
Genetista

Re: Episodio 5. 22 de marzo de 1945

#2

Mensaje por Nyxe » 03 Abr 2021, 21:21

Annelise sentía a la Bestia a flor de piel.

Evidentemente jamás se había encontrado cerca de una guerra. Los vampiros podían ser mucho mas resistentes que los humanos ante los cuchillos y las balas, las minas y los bombardeos aéreos podían matarlos con la misma facilidad. Si su Bestia se retorció durante horas cuando descubrió que habían puesto una bomba debajo de su coche, pensar que había decenas de ellas sobre sus cabezas la ponía fuera de sí. La propia idea de estar viajando en el tiempo también le aterraba, al no saber que clase de efecto mariposa podría provocar el más mínimo movimiento. No se le ocurría un ambiente mas hostil en el que pudiera haber acabado.

En cierto modo, tener la sangre burbujeando también le hacía sentirse mas cercana a aquellos con quienes la compartía. Eran los únicos que la acompañaban -y quienes le habían arrastrado ahi-, y en aquel lugar, sus únicos aliados posibles. Era una conexión mas primaria que la que una familia mortal podía sentir. Pero también estaba terriblemente enfadada con ellos, una ira que no podía medirse en palabras.

-Enjuagaos la boca con esto antes de alimentaros, por favor -dijo mientras le arrojaba a Lars y a Karen dos botellas de alcohol que le habían facilitado en el hotel-. Creo que os podeis imaginar la que se podría liar como la pandemia de SARS de 2020 se adelante un siglo o la fiebre tifoidea desarrolle resistencia a la nueva penicilina- dijo con hostilidad, poniendo énfasis en la palabra "nueva"-. Y deberíamos pegarnos una ducha en cuanto podamos -añadió.

Dentro de todas las formas en las que podía encontrar la destrucción en aquella época, precisamente el no encontrar alimento no era la que más le procupaba. Mientras existiera la humanidad, habría mujeres embarazadas. Esperaba que con un poco de Dominación y dada la situación de la ciudad, no le costaría mucho colarse como enfermera en cualquier hospital. Aunque su conocimiento de medicina era más teórico que práctico, confiaba en que la experiencia que había tenido con las madres surrogadas le permitiría aguantar el tipo -y a la Bestia- en esa situación. Aun así, confiaba en no quedarse suficientes noches para necesitarlo, y por eso también le daba rabia que no le hubieran dejado la oportunidad de prepararse bien. Hacía cinco noches ya que no se alimentaba.

Uno de los motivos por los que estaba enfadada con Karen y con Lars era precisamente no haberse tomado el tiempo para pensar si cruzar o no, y no haberse preparado. Podrían haber ido a un anticuario a buscar algo de dinero de la época, aunque fueran unas monedas -tampoco eran monedas egipcias, no serían tan caras-. Repasar algo de información histórica sobre el momento y las calles más castigadas por los bombardeos, personajes importantes de la historia... incluso buscar ropa algo más disimulada.

-También tendríamos que mirar si hay alguna tienda de ropa abierta. No creo que sea buena idea pasearnos con la última moda de París o de Nueva York por aquí.

Gracias a los dioses, tanto Karen como Lars tendían a vestir de forma clásica, y Annelise tampoco llevaba puesto nada especialmente anacrónico, dentro de lo que podía haber sacado de su armario la noche anterior. Por la noche tampoco era evidente que el tejido de su abrigo era sintético. Pero al menos para los ojos de su época, era rematadamente evidente que su ropa no era de mediados del siglo XX, incluso anque no tuviese ni idea de costura. Y no sabía cuan llamativo podía resultar para alguien de entonces, en una época en la que la mayoría de mujeres además sí entenderían de costura.

Pero sobre todo, había discutido con Karen y con Lars porque la idea de intentar cambiar el futuro le parecía absolutamente irracional. No sabían lo que podía suceder, y ninguno de los tres había nacido en aquella época, por lo que si conseguían lo que se proponían, puede que acabasen consigo mismos. Aun si sus padres seguían juntándose, nadie les podía asegurar que volverían a nacer siendo ellos mismos. Quizá nacían con una personalidad o una deficiencia que los hacía indignos de Abrazo.

Por eso tampoco quería regresar y contárselo a Greta. Hasta donde ella recordaba, ella sí estaba viva en la época en la que estaban. Si Karen y Lars no eran capaces de entender el riesgo, Greta se preocuparía aún menos.

En aquel momento Annelise esperaba, sinceramente, que los Giovanni hubiesen sido más listos que ellos. No habían pasado demasiadas noches antes de que apareciesen los cadáveres, y, con suerte, no habrían descubierto el túnel mucho antes que ellos. Si habían sido lo bastante prudentes como para no cruzar inmediatamente, entonces ellos tenían una ventaja, que habían llegado antes. Pero sólo tendrían una oportunidad para aprovecharla. Annelise solo quería pillarlos, a ellos y a quienquiera que hubiera abierto el túnel, mandarlos de vuelta al futuro, y entonces tapiar la puerta como fuera.

Karen Klausen (Corso)
Juez

Re: Episodio 5. 22 de marzo de 1945

#3

Mensaje por Corso » 11 Abr 2021, 13:48

Karen observaba el espectáculo de luz y fuego desde la ventana, inmóvil como un maniquí que formase parte de la decoración de la habitación. Absorta, con la palma de una mano apoyada en el cristal, la Ventrue estaba dedicada a una batalla mucho más profunda que los socavones que dejaban las bombas en el asfalto. Y es que algo dentro de ella, mucho más primitivo y antiguo que las guerras y genocidios pertrechados por los mortales, le impelía a salir del hotel y participar de la sangrienta ostentación de poder de la implacable maquinaria bélica.


Su bestia le pedía echarse a la calle y engullir a aquellos que podía ver correteando allí abajo; agazapados, temblorosos, intentando ocultarse inútilmente de los fatales designios que el destino les tenía reservados. A sus ojos, y eso era algo atemporal, eran poco más que peones cuya situación en el tablero era meramente circunstancial. Su posición, en el mejor de los casos, intercambiable. Y llegados a cierto punto, con toda certeza, sacrificable. Como lo llevaba siendo a través de las eras. Tal y como había de ser.

Sin embargo, su instinto de supervivencia hacia de contrapeso de esa necesidad, pues si lo pensaba bien - y era algo bastante irónico - ¿Acaso alguno de ellos tres no lo era? ¿Acaso cualquier vivo, o no muerto, no lo era después de lo que habían descubierto la noche anterior? ¿O precisamente el portal les brindaba la oportunidad de enfocarlo de una manera diametralmente opuesta? La verdadera eternidad podía no ser sobrevivir al paso de los tiempos, sino participar de todos los tiempos que fuese posible.

La tensión ante aquellas ideas hizo que arañase el cristal dejando grabadas cuatro líneas verticales, cuyo sonido restalló en su propia consciencia. No era momento de dudar, ni de enfrascarse en atribulados pensamientos. Tenía - tenían - una ardua tarea por delante, y el pleno convencimiento de que no iba a ser nada fácil llevarla a cabo. Aún y así, lo más inmediato, no era nada de todo aquello; sino buscar la manera de mantenerse unidos.

Annalise, haciendo acopio de un pragmatismo mucho más pegado a la humanidad que el de Lars y ella misma, había demostrado lo cabreada que estaba con ellos, aunque afanosa como siempre, se había empezado a ocupar de la logística la noche anterior. Quizá fuese por eso, y por el respeto que sentía por el vínculo que mantenían los tres, por lo que Karen soportó el tono de sus reproches y dejó en manos de su sire, para cuando los ánimos se hubiesen enfriado, la tarea de recordarle en la intimidad cómo de desacertado podía llegar a ser dirigirse de tal manera a los mayores de uno. En cualquier caso, el ímpetu de su juventud no desmerecía sus esfuerzos, y tener una mente tan analítica como lo suya a veces suponía una bendición. Desde luego, quizá necesitasen un buen número de ellas.

Cuando ambos entraron en la habitación esa noche, Karen les miró y sonrió. Tan vagamente como permitían las circunstancias, pero lo hizo. Si seguía flotando cierto grado de incomodidad entre ellos antes de separarse la noche anterior, ahora el acentuado orgullo y la inmensa confianza en la coterie que formaban embriagó a la Ventrue como el olor de su mejor perfume.

Fue por eso por lo que asió la mano de Lars cuando llamaron con insistencia a la puerta y asintió con firmeza antes de apartarse de la ventana.

- Seguramente sea alguien del personal del hotel, pero no podemos estar seguros. Así que, preparaos para cualquier cosa - les dijo a ambos, apenas en un susurro. Como refugio temporal aquel lugar había cumplido su cometido, pero ni siquiera habían tenido tiempo de decidir cómo proceder más allá de las primeros consejos - advertencias - de Annelise. La situación de la ciudad podía depararles desde ese momento una primera dificultad. Quizá de peligro.

- Será mejor que atendamos antes de que echen la puerta abajo - añadió, tras unos nuevos golpes en la puerta. Se acercó a ella lentamente y se apoyó de espaldas en la pared. Antes de abrirla, preguntó con voz calma.

- ¿Sí?

LARS OLSEN (Victor_Krugger)
Policía Neonazi

Re: Episodio 5. 22 de marzo de 1945

#4

Mensaje por Victor_Krugger » 14 Abr 2021, 23:35

Lars no había tenido el honor de servir a la patria en ningún conflicto bélico, aunque sus primeros años en el cuerpo de policía en los que patrullaba de noche el Vesterbro fueron su Vietnam particular. Las cosas que vio en aquellos años curtían rápidamente a un novato. Sin embargo, nada se asemejaba a aquella situación en la que estaban. El olor a pólvora y a productos químicos en el ambiente, junto a la orquesta marcial de explosiones y los destellos que lo acompañaban formaban toda una ópera para la que no todo el mundo estaba preparado.

Decir que había dormido mal era poco. Por un lado, estaba la posibilidad de que la luz solar se colase por la ventana del dormitorio del hotel y que la capa de toneladas de mantas bajo las que se había sepultado no fueran lo suficientemente gruesas. Por otro lado, no podía olvidarse de los enjambres de aviones de la RAF que como un puñado de mosquitos acosaban Copenhague. Y, por último, el hambre incipiente. Según sus cálculos aún podría aguantar unos días sin probar bocado, siempre y cuando no tuviera que quemar sangre para adulterar su cuerpo. Y estaba del todo claro que, en una ciudad en llamas sumergida en la vorágine de la guerra, la posibilidad de no encontrarse ante un conflicto o peligro era una quimera.

Por si fuera poco, la situación de la coterie también mantenía ocupada su mente. Annie con su manifiesto enfado, demostraba el carácter que sabía que tenía. No la culpaba por ello y a pesar de que opinaba que en gran parte ella tenía razón en sus reproches, sabía que tenía que reprenderla. Había desobedecido una orden directa suya y había decidido quedarse en aquella línea temporal. Tampoco podía pasar por alto el tono en sus demandas, seguía siendo su chiquilla y había ciertas cosas que no podía tolerar. Lo primero ante todo era el respeto por los mayores, ni que fueran unos Brujah de pacotilla. Disciplina ante todo. Todo ese tiempo entre la chusma la habían envenenado la cabeza. Su hermana Karen tampoco se quedaba corta, sería la mayor de los dos, pero en ese caso el ex-policía sentía que debía protegerla. Debía, sin duda alguna, protegerla de sí misma. Era cierto que aquella situación era una oportunidad de oro para tratar de cambiar el futuro, si es que en realidad se podía hacer eso. Pero se habían tirado al vacío sin paracaídas, no habían meditado la situación, cualquier enemigo que ya hubiera entrado por aquella puerta les llevaba la ventaja. Y no sólo eso, su hermana empezaba a dar muestras de que había o estaba perdiendo el norte. Si no fuera porque era Karen, pensaría que se estaba planteando si los salvajes del Sabbat tenían razón. El jamás estaría de acuerdo con la barbarie que significaban los preceptos de los cabezas de pala. Tenía que evitar a toda costa que su hermana cruzase esa puerta porque una vez cruzada no había marcha atrás. Aunque era consciente de que, en realidad, era una lucha interna en la que él poco podía hacer. Pero si ella realmente daba ese paso separándose de los preceptos de la Camarilla, muy en su interior sabía que era su deber darle la muerte definitiva. Por mucho que fuera su hermana, no podía aceptar que se convirtiese en el enemigo. Era su obligación como hermano y como Ventrue.

La noche le había servido para aclarar sus ideas. Estaba allí por Karen, pero también por sí mismo. Si aquella puerta era la herramienta que necesitaba para hacer que el Reich ganase la guerra, no se habría perdonado intentarlo. Aún no sabía cómo, pero intuía que Odín proveería y que le mostraría el camino a seguir. Siempre lo había hecho, por muchos embustes que Loki pusiera en su camino, Odín siempre prevalecería. Y para todo ello, necesitaba a Annie. Ella sería su brújula moral, pensaba que si ella estaba con él sería imposible que se torciese como parecía que lo estaba haciendo su hermana. En este sentido, y desde el punto de vista más egoísta, resultaba paradójico que desobedecerle había sido precisamente lo más oportuno para Lars.

La noche había llegado, estaban todos reunidos en la habitación de Karen cuando llamaron a la puerta. Desconfiado como un zorro perseguido por una manada de sabuesos, sacó su pistola y le quitó el seguro. Se movió sigilosamente hasta la pared en la que estaba la puerta y apoyó su espalda sobre está, tratando de ocultar su presencia a la persona que estuviera al otro lado del umbral de la misma. Cogiendo el arma con las dos manos situó el cañón a la altura de dónde calculaba él que podía encontrarse la cabeza de alguien que entrase por la puerta. Espero en silencio.

- Será mejor que atendamos antes de que echen la puerta abajo - añadió, Karen tras unos nuevos golpes en la puerta. Se acercó a ella lentamente y se apoyó de espaldas en la pared. Antes de abrirla, preguntó con voz calma.

- ¿Sí?

Avatar de Usuario
Voivoda
Fundador
Fundador
Mensajes: 4528
Registrado: 13 Jul 2019, 17:50
Ubicación: Madrid
Mensajes miarroba: 27.018
Antigüedad: 7 de Agosto de 2004
Contactar:

Re: Episodio 5. 22 de marzo de 1945

#5

Mensaje por Voivoda » 18 Abr 2021, 16:43

- Servicio de habitaciones.

Karen sonrió ligeramente. Sin tener una prueba irrefutable, le había parecido evidente que al otro lado no estaba precisamente el servicio de habitaciones. No recordaba haber pedido ninguna bebida alcohólica, pensó con ironía. Miró de reojo a Lars, que esperaba agazapado como un depredador. Su rostro ceniciento y el hecho de que no necesitara respirar le dan un aire sobrenatural seductoramente inquietante. Le gustaba que su hermano de Sangre se mostrara como el lobo que realmente era. Miró también de reojo a Annelise, quien era quien estaba más visiblemente nerviosa. La mirada de la más joven miembro de la Coterie reflejaba la desconfianza primitiva de la Bestia entremezclada con el deseo instantáneo de huir para sobrevivir. Sensaciones que compartían los tres, aunque la experiencia acumulada durante largos años de permanente noche por parte de Lars y Karen les permitía domesticarla con más facilidad.

La voz era de un hombre aparentemente joven. Una voz algo ronca. Karen volvió a mirar a sus compañeros de Coterie. Si alguien hubiera querido dar lugar a una escena de Tarantino con una puerta de por medio, ya había tenido tiempo para agujerearla.

Karen acercó su mano al pomo de la puerta. En ese momento pudo notar que las tres Bestias de los tres Ventrue parecían alinearse como una sola. Había temor e incertidumbre en todas, pero también el ansia del poder, la sangre y la violencia si fuera necesaria. Unus pro omnibus, omnes pro uno.

El momento en el que Karen abrió la puerta desencadenó una serie de movimientos simultáneos a toda velocidad. En el preciso instante en que cedió el pestillo, quien estuviera fuera esperando empujó con fuerza, haciendo que Karen retrocediera un paso y que Annelise gruñera de modo instintivo mientras se apartaba. Lars apuntó con determinación y con una sobrecogedora velocidad propia de un movimiento instintivo a la cabeza del hombre que daba el primer paso para entrar en la habitación. Ese hombre vio el arma de Lars apuntando a su cabeza una décima de segundo tarde, por lo que quedó apuntado por el Ventrue... al mismo tiempo que él apuntaba con su propia arma directamente al pecho de Karen.

Lars veía al hombre de perfil, mientras que Karen y Annelise podían distinguir perfectamente su rostro surcado por varias cicatrices.

Imagen

Las dos Ventrue comprobaron que dos hombres más esperaban en la oscuridad del rellano, aún fuera de la habitación. Uno apuntaba con su pistola hacia Annelise y el otro hacia el brazo con el que Lars apuntaba al que acaba de acceder al interior de la estancia. Este tomó la voz cantante de nuevo.

- Creo que deberíamos calmarnos todos -miró de reojo hacia Lars- usted primero, si es tan amable.
Imagen

LARS OLSEN (Victor_Krugger)
Policía Neonazi

Re: Episodio 5. 22 de marzo de 1945

#6

Mensaje por Victor_Krugger » 21 Abr 2021, 23:20

La bestia de Lars rugía en su interior, pues dada la situación le pedía acción a raudales. No sabía si era producto de la sinfonía de bombas y metralla del exterior, pero sentía en sus agallas que apretar el gatillo era justo lo que le había recomendado el médico.

El sangre azul se quedó en silencio examinado al punki cara cortada, dudó un par de segundos antes de hablar.

- Si ustedes realmente quisieran matarnos voy a suponer que sus armas ya nos habrían cagado de plomo hasta las cejas. Hagamos un pacto entre caballeros, yo bajo el arma si usted y sus dos amigos de ahí atrás hacen lo propio. Después de eso, les a invito a entrar a los tres y todos juntitos nos ponemos a jugar a las tacitas de té.

Sus ojos no se apartaban del que parecía que llevaba la voz cantante, mientras lo examinaba de arriba abajo una mueca torció sus labios.

- Seamos claros, si aquí todos somos amigos, dígame señor “deberíamos calmarnos todos”… name, zugehörigkeit und rang...

==================
OffRol:

*Traducido del alemán: nombre, afiliación y rango

Karen Klausen (Corso)
Juez

Re: Episodio 5. 22 de marzo de 1945

#7

Mensaje por Corso » 26 Abr 2021, 19:05

Karen alzó a medias los brazos en un gesto instintivo. Solo una vez se había visto en una situación como aquella, y aún después de tanto tiempo recordaba con viveza el sudor sanguinolento cubriéndole la frente. Fue Lars quien acudió al rescate aquella noche en el puente de Oresund. El mismo Lars, que ahora, en 1945, volvía a sacar su arma para interceder por ella y por Annalise. Su familia de sangre.

Inevitablemente, los ojos de la «Patricia» estaban clavados en el cañón que amenazaba su pecho, como si de aquel pequeño negro agujero fuese a salir un proyectil de fatalidad que, además de hundirse en su carne muerta, iba a detonar la realidad de aquello por lo que había decidido dejar atrás la no-vida que hasta ahora conocía; y a aquellos que habían formado parte de ella.

Esa primera sensación de ahogo solo duró lo que tardó en escuchar hablar a su hermano. Su voz de mando, su fuerte caracter, su autoridad y su...determinación, puede que estuviesen fuera de lugar dadas las circunstancias, pero, sin embargo, eran vigorizantes. Observó su pétreo rostro y un soplo de nuevo brío despertó en su interior, arrastrando lejos las hojas secas del miedo y la duda.

- Definitivamente, no, así no. No en la enmohecida habitación de un hotel - su mirada se desvió entonces hacia la puerta, donde uno de los dos acompañantes del recién llegado tenía encañonada a Annie - No, viéndoles morir también a ellos - pensó, viendo al otro hombre hacer lo propio con Lars - Y, nunca, de una forma tan poco orgullosa.

Tras la ventana, la noche teñida de ambar y humo acabó de convencerla del todo para dirigirse a quien estaba apuntándola. «¿Quién eres?», se preguntó, fijándose detenidamente en sus cicatrices, recorriendo su cara desde la punta del estrecho mentón hasta los pómulos; para detenerse, finalmente, en sus ojos. Quería - no, necesitaba - recordar ese rostro en su mente, y una vez grabado en su memoria le habló con la tranquila neutralidad -frialdad- de la juez que fue un día. Sin dobleces, solo exponiendo los hechos que todos ellos tenían delante.

- Esto, señores, no creo que sea necesario. ¿Por qué tanta animadversión? ¿Está seguro, y quiero decir, realmente seguro, de que no está llevando a cabo un acto desmedidamente precipitado? ¿De que es usted quien debe tomar la decisión de apretar ese gatillo contra nosotros?

Acto seguido se giró hacia la puerta, y miró directamente a los ojos a los dos hombres que allí estaban.

- ¿Y ustedes, caballeros? ¿Realmente están dispuestos a abrir fuego y hacernos daño sin darnos ni una sola explicación?

Karen era consciente de que en cualquier momento se podía desatar un pandemónium de fuego en el que unos se llevasen por delante a los otros, pero decidió jugar una de las pocas cartas que pensaba que tenían: sembrar la duda entre ellos, sobre lo que estaban haciendo y, con eso, ganar el tiempo suficiente para que se les aflojase la lengua.
► Mostrar Spoiler

Annelise Niemi (Nyxe)
Genetista

Re: Episodio 5. 22 de marzo de 1945

#8

Mensaje por Nyxe » 27 Abr 2021, 23:35

Annelise levantó las manos mostrando las palmas lentamente al ver las pistolas, pero estaba más tensa y frustrada que enfadada. "No ha pasado ni una noche. -"¿Era mucho pedir, una sola noche sin problemas?" -se lamentó para sus adentros.

Annelise conocía las capacidades regenerativas de los Vástagos (había leido sobre el tema), por lo que sabía que esas pistolas no los matarían. No significaba que no les fueran a hacer nada, y podían acabar en una situacion muy delicada si tenían que gastar sus fuerzas en curar sus heridas antes de poder alimentarse. Además, se había dado cuenta de que el jefe del trío no respiraba -se recordó a sí misma respirar-, así que seguramente contara con que un par de balazos no les tumbarían. Aunque no podía saber cuánto sabían los otros dos. Por lo tanto, lo veía como si lo que llevaran en la mano fueran garrotes o barras de hierro. Desde luego no quería que la alcanzasen con uno, pero era un riesgo asumible.

Cuando Lars les propuso a todos bajar las armas, a Annelise se le escapó un levísimo suspiro de alivio. Hasta que se dio cuenta de que la pistola de Lars lucía bastante mas moderna que la de aquellos hombres. Se le escapó una mirada acusatoria que no supo si su abuelo llegó a ver, pero por suerte ninguno de los tres parecía haber reparado en ello aún.

-Venga, bajad las armas -dijo mirando a los ojos al hombre que la apuntaba a ella, exagerando un poco su nerviosismo-, por favor. No hace falta recurrir a esto.

Avatar de Usuario
Voivoda
Fundador
Fundador
Mensajes: 4528
Registrado: 13 Jul 2019, 17:50
Ubicación: Madrid
Mensajes miarroba: 27.018
Antigüedad: 7 de Agosto de 2004
Contactar:

Re: Episodio 5. 22 de marzo de 1945

#9

Mensaje por Voivoda » 30 Abr 2021, 19:08

- Name, zugehörigkeit und rang

Las palabras de Lars en alemán parecen hacer saltar un resorte en el tipo de la cicatriz, que se gira a toda velocidad hacia el policía mascullando la frase "puto nazi" con absoluto desprecio, momento que Karen aprovecha para intimidar a los dos que quedan en la puerta, mientras que Annelise acompaña a su tía de Sangre fijando los ojos en el infeliz que entre la penumbra la apuntaba con su arma.

La sucesión de acontecimientos es casi instantánea, y apenas sois conscientes cada uno de la reacción de quien tenéis justo delante. Lars a duras penas es capaz de contener los colmillos cuando comprueba que el macarra de la cicatriz deja de apuntar a Karen y directamente dirige su arma hacia su propia cabeza, apretando el gatillo sin mediar palabra. Es una décima de segundo en la que al Ventrue apenas le da tiempo a comprender que la tapa de sus sesos podría haber volado por los aires... de no ser por que el arma del tipo con pintas de basura izquierdista se encasquilla. La Bestia de Lars ruge exigiendo un tributo de sangre tal como rugían las bestias de los Ventrue vikingos durante las conquistas en Inglaterra, como rugían las Bestias de los Ventrue renacentistas que conquistaron el mundo, como rugen las Bestias de los Ventrue en este mismo tiempo para hacer avanzar al Reich. Un aullido ancestral que enardece el espíritu del policía, que es capaz de cabalgar y domesticar esa ola de violencia y agresividad. Porque él es superior a su propia Bestia.

Karen apenas es consciente de esa sucesión de acontecimientos, pero sí que comprueba que el camino le queda libre para intentar convencer con la fuerza de su voluntad y su determinación a los tipos de la entrada. El tipo que la apuntaba parecía ahora centrado en Lars, pero el que antes apuntaba a su hermano dirigía ahora el cañón de su pistola directamente hacia ella. Pero lo hacía con una mano temblorosa y dubitativa. Miraba a los ojos de la Ventrue intentando convencerse a sí mismo de terminar lo que había venido a hacer, pero sin tener la determinación suficiente para vencer sus propias dudas. Karen notaba que ese hombre era arcilla en sus dedos, que su mente era como plastilina lista para ser domesticada.

Annelise miró fijamente al tercero, cuyos ojos, que ella creyó distinguir entre las sombras que eran de color claro, apenas podían disimular que la duda había dejado espacio al temor. La fuerza implícita de la Bestia en la sutil orden de Annelise era como el aliento de un depredador que la presa podía sentir aunque no pudiera describir esa sensación con palabras. Sin mediar palabra, el hombre bajó su arma y salió disparado por el pasillo en dirección opuesta a vuestra habitación.


OFF:

En el siguiente turno actuáis primero todos. Lars tiene un enemigo delante con un arma que no le ha funcionado y ese enemigo tendrá que decidir entre recargar o buscar otro tipo de ataque, lo que le da a Lars cierta ventaja. Karen se la juega a que el que tiene enfrente dispare por puro miedo, aunque de momento no es capaz de hacerlo. El que apuntaba a Annelise ha avanzado unos cuantos metros en dirección a la entrada del hotel y ella ahora mismo no está siendo apuntada por nadie.

Tirada de Karen. Ojo, al dejar la tirada en mis manos NO uso Disciplinas, sino que hago una tirada normal, en este caso Manipulación + Liderazgo (restando 2 a la dificultad por el mérito de Voz Encantadora)

7d10>=4-p

Tirada del asaltante (dificultad +1 al cambiar de objetivo).

5d10>=6-p (dice 1 éxito, pero en realidad es un fracaso)

Autocontrol de Lars.

3d10>=5-p

Dominación 2 de Annelise

5d10>=6-p


Karen -2 Puntos de Sangre.
Lars. -5 Puntos de Sangre.
Annelise - 5 puntos de Sangre.

Imagen

Annelise Niemi (Nyxe)
Genetista

Re: Episodio 5. 22 de marzo de 1945

#10

Mensaje por Nyxe » 05 May 2021, 20:06

Annelise ahogó un grito cuando el vampiro fue a disparar a Lars al grito de "puto nazi". Pero, gracias a los dioses, la pistola se encasquilló. Pero Annelise se dió cuenta en dos décimas de segundo que estaban en un problema. Si el vampiro les había tomado por nazis, y aun así había decidido disparar, eso significaba que podía hacerlo. Había dado por hecho al ver el camión con la esvástica que Copenhague estaba bajo dominio nazi, pero parecía ser que no. Se habían equivocado y como aquel tipo diera una voz de alarma podían despedirse de regresar a su época.

Annelise se lanzó hacia la puerta mientras nutría a sus músculos con su sangre, maldiciendo tanto tener que recurrir a aquello como no haber sido más específica con su orden.

-¡Quieto ahí! -le gritó al otro soldado según salía por la puerta, pero no se detuvo a comprobar si había logrado captar su mirada. Salió corriendo en pos del que había huido, tratando de adelantarle y cortarle el paso antes de que avisara a alguien.

Off:

Annelise gasta dos puntos de sangre para subir la Destreza (era la Destreza la que determinaba la velocidad de carrera, ¿no? Si no la Fuerza). Tambien usa Dominación para detener al otro soldado.

Cerrado

Volver a “Coterie 3. Nyxe, Victor Krugger, Corso”