Libro de Linaje: Ghille Dhu

Avatar de Usuario
Alexander Weiss
Bibliotecario de Webvampiro
Bibliotecario de Webvampiro
Mensajes: 3309
Registrado: 14 Jul 2019, 01:15

Libro de Linaje: Ghille Dhu

#1

Mensaje por Alexander Weiss » 08 Sep 2019, 19:47

Imagen

Imagen

Avatar de Usuario
Alexander Weiss
Bibliotecario de Webvampiro
Bibliotecario de Webvampiro
Mensajes: 3309
Registrado: 14 Jul 2019, 01:15

Re: Libro de Linaje: Ghille Dhu

#2

Mensaje por Alexander Weiss » 10 Sep 2019, 16:53

Imagen
LIBRO DE LINAJE: GHILLE DHU
Por Alec Ravager. Traducido y completado por Magus. CRÉDITOS
Escrito por: Alec Ravager.
Material adicional: Alexander Weiss.

NOTA INICIAL
Con la publicación de la edición 20 aniversario de Changeling: el Ensueño se han abierto nuevas posibilidades para continuar publicando suplementos para la línea de las hadas del Mundo de Tinieblas o recuperar material que había sido olvidado.
Navegando por los procelosos mares de la telaraña digital encontré este libro de Linaje dedicado a los Ghille Dhu, un exhaustivo suplemento dedicado a estas hadas de la naturaleza y el ciclo de las estaciones que aparecen por primera vez en La Isla de los Poderosos. El autor principal es Alec Ravager, a quien corresponde casi toda la autoría, junto con varios añadidos puntuales de otros autores. Por algún motivo, el suplemento quedó inacabado a finales del año 2009, posiblemente como efecto derivado del fin del viejo Mundo de Tinieblas.
Ahora, diez años después, he retomado personalmente la labor de completar este suplemento, al que he añadido un relato introductorio, y algunos añadidos, respetando en la medida de lo posible el texto original. He intentado contactar con Alec Ravager y algunos de los autores que también contribuyeron pero me he encontrado, hasta el momento, sin respuesta, direcciones de correo canceladas e incluso un fallecimiento.
En cualquier caso, lejos está de mi intención lucrarme o menoscabar la autoría original. Mi intención simplemente es compartir un suplemento de calidad y que hasta el momento ha pasado en gran parte desapercibido, al encontrarse en un foro en inglés. Vaya por lo tanto mi más humilde reconocimiento a una labor que es en gran parte obra de Alec Ravager, y mis disculpas anticipadas si este suplemento de alguna manera le provoca alguna molestia.

-Magus, [email protected]

AGRADECIMIENTOS
Sin duda alguna a su autor original, Alec Ravager.

Changeling: el Ensueño, Mundo de Tinieblas y todo el material relacionado y registrado pertenece a White Wolf Publishing Inc. y por extensión a Onyx Path. Todos los derechos reservados. Quienes violen estos derechos serán perseguidos y recibirán una buena azotaina. No se pretende atentar contra la propiedad intelectual o contra las marcas registradas. Se proporciona permiso para imprimir o reproducir este documento sólo para uso personal. Consulta White Wolf online en http://www.white-wolf.com © 2011 CCP hf. All rights reserved.

CONTENIDOS

PRELUDIO: EL ÁRBOL DE LA VIDA
CAPÍTULO UNO: EL PASO DE LAS ESTACIONES
CAPÍTULO DOS: EL PARTIDO VERDE
CAPÍTULO TRES: CONOCIDOS Y EXTRAÑOS
CAPÍTULO CUATRO: HOMBRECITOS Y MUJERCITAS VERDES
APÉNDICE: UNA RESERVA PARA EL INVIERNO

Avatar de Usuario
Alexander Weiss
Bibliotecario de Webvampiro
Bibliotecario de Webvampiro
Mensajes: 3309
Registrado: 14 Jul 2019, 01:15

Re: Libro de Linaje: Ghille Dhu

#3

Mensaje por Alexander Weiss » 10 Sep 2019, 16:54

Imagen
EL ÁRBOL DE LA VIDA
Las sombras se extendían a medida que el día terminaba, tiñendo el paisaje de oscuridad. Sin embargo, las nubes grises de tormenta y el viento proporcionaban un toque todavía más amenazador, agitando los árboles, que parecían cernirse amenazadores, tratando de liberarse de las cadenas de sus raíces. El bosque susurraba y se agitaba, mecido por el viento frío, lanzando sombras amenazantes.
Pero para Cotolobío aquel paisaje tenía un significado muy distinto. Después de varios meses de sequía las nubes y el bosque anunciaban la llegada de la ansiada lluvia. Lo sentía en el aire, en la tierra y en las sombras. Al fin y al cabo se había criado allí toda su vida, y conocía el bosque y el valle como la palma de su mano. Por supuesto, su conexión con los sueños de la tierra también tenían algo que ver.
El bosque se detenía bruscamente frente a un camino de tierra, arañado con esfuerzo por los humanos, y más allá se extendían tierras domadas, arañadas con hierro y ruedas, donde sólo crecía lo que los humanos estaban dispuestos a permitir que creciera.
Y entonces sonó aquel rugido retumbante y profundo a lo lejos, seguido de un resplandor que partió el horizonte en dos y le siguió el repiqueteo húmedo y reconfortante de las gotas de lluvia sobre la tierra ansiosa. Cotolobío se estiró hacia el cielo y danzó, meciéndose y siguiendo el ritmo de los árboles agitados por el viento, disfrutando del tacto del agua sobre su piel verdosa. Porque ése era el legado de su pueblo, tan antiguo como las raíces de los árboles, y como ellos se confortaba con aquella caricia vivificante que renovaba la vida.
Continuó su camino, meciéndose bajo la lluvia, pensando en los frutos del otoño que no tardarían en llegar: castañas, avellanas, nueces, higos, membrillos...un rico botín para su paladar.
Sus pensamientos sobre la despensa de la estación se vieron interrumpidos cuando vio en medio de la loma que estaba atravesando a una pequeña figura vestida de verde. Aquellos campos habían sido labrados hacía poco, y en los surcos abiertos habían sido plantados en ordenadas hileras una serie de pequeños árboles, que ahora se erguían desválidos ante la inminente tormenta.
Junto a uno de esos árboles se encontraba un niño, vestido con una cazadora verde, que se encontraba agachado, como si tratara de proteger a aquel retoño que se alzaba pequeño y frágil frente al coloso gris de las nubes de tormenta, recibiendo las primeras gotas de lluvia.
Cotolobío se acercó, picado por la curiosidad, despacio y sin prisa.
-Hola.
El niño dio un respingo. Tendría siete u ocho años, como mucho, con su carita morena y ojos negros llenos de sorpresa y de miedo. Llevaba una gastada boina ajada por el uso y el tiempo, y vestía con camisa de lino, bastos pantalones de pana y zuecos de madera.
Cotolobío estaba preparado para una huida precipitada, pero aquel infante no lo decepcionó. Se le quedó mirando, asustado y sorprendido, viendo como uno de los trasnos de los cuentos que sin duda debían haberle contado sus mayores, se encontraba vivo ante él, un hombrecillo recubierto de musgo verde, vestido con el bosque y con una sonrisa de corteza y zarza.
-Hola -repitió.
-Ho...hola -respondió con dificultad el niño.
Otro trueno resonó a lo lejos y la lluvia comenzó a caer con más fuerza.
-¡Buena agua nos encuentra, zagal! Me preguntaba que facías por aquí con aqueste tiempo. Cotolobío me llaman quienes me conocen por estas eras y creo que deberías volver a casa y aguardar que el sol salga.
Ante aquel saludo y aquella sonrisa el niño no pudo dejar de confiarse a aquel trasno musgoso de los montes. Sabía que la abuela le había dicho que tuviera cuidado, pero la buena disposición y aquella sonrisa le llevaron a confiarse.
Bajo la lluvia hablaron.

***
Hacía tan sólo unas semanas, la familia de Fiz había adquirido aquellos terrenos agrestes y el abuelo Antón había pensado que lo mejor sería cultivar un soto de castaños. Con la ayuda de varios familiares y jornaleros habían limpiado el monte, labrado con un mulo prestado y habían plantado varios retoños de buenos castaños longales, un trabajo laborioso pero a la vez alegre.
Pero para Fiz aquel cultivo había tenido un significado especial. Él mismo había plantado un castaño, bajo la atenta guía de su abuelo, quien lo instruyó en la mejor forma de plantar castaños para que brotaran y dieran fruto.
Y apenas dos días después de terminar el trabajo, el abuelo Antón había muerto de repente, sin que nadie supiera el motivo más allá de los años y la voluntad divina.
Para Fiz sacar adelante aquel retoño de castaño se había convertido en un deseo personal. Lo visitó todos los días, contemplando horrorizado cómo otros brotes que parecían más fuertes se secaban. Trajo agua y cuidó personalmente de aquel joven castaño, sin que nadie se preguntara por sus furtivas idas y venidas.
Y ahora se encontraba allí, bajo la lluvia, temiendo que la tormenta acabara con aquel árbol, conversando con un trasno musgoso.

***
Cotolobío escuchó atentamente lo que le decía Fiz, y comprendió lo que significaba para aquel niño aquel árbol, más allá de un recuerdo de un ser querido. Podía comprender esas cosas, al fin y al cabo él y los suyos vivían de recuerdos.
Se estiró bajo la lluvia y un estornudo de Fiz lo llevó a decidirse.
-Non te preocupes, zagal. Yo cuidaré de tu árbol.
-¿De verdad lo harías?
-¡Palabra de musgoso! Pero a cambio...
El niño lo miró espectante.
-...A cambio debes seguir viniendo y cuidar del árbol como dun amigo.
-Lo haré.
-Juremos entonces. Por la tierra nueva de la primavera, el fuego del sol de verano, el agua de la lluvia de otoño y el aire gélido del invierno, del cuidado de este árbol nos haremos dueños.
Cotolobío extendió la mano, que parecía hecha de madera de parra envuelta en musgo y Fiz extendió la suya. Cuando se tocaron, hubo un fogonazo de luz, y así el juramento quedó sellado.
Cuando abrió los ojos, asustado por la repentina luz, Cotolobío había desaparecido. Nunca volvería a verlo.

***
Y Fiz cumplió su juramento. Al día siguiente el joven castaño había sobrevivido a lo peor de la tormenta, y de alguna forma, parecía haber crecido un poco, mostrándose erguido y apuntando hacia el cielo. De alguna manera Fiz también se sentía un poco más grande al haber asumido la responsabilidad de su cuidado.

***
Y así pasó el tiempo. Fiz aprendió muchas cosas necesarias, jugó con otros niños y vivió. Aunque plantó otros árboles y plantas, siempre volvía hasta aquel rincón en el monte para ver aquel árbol que había plantado con su abuelo. Procuraba mantener apartadas a las plagas e incluso puso un espantapájaros para mantener alejados a jabalíes y corzos, que eran un auténtico peligro para los árboles más jóvenes, buscando los brotes tiernos.
Y cuando Fiz se enamoró, llevó a su novia Cristina a aquel lugar secreto y le confió su corazón. Y juntos volverían muchas veces, bajo la sombra de aquel castaño que crecía sobre su felicidad. En otoño recogían las castañas y las ramas que caían con el paso de la edad para hacer fuego para el invierno.
Con el tiempo el matrimonio feliz de Fiz y Cristina recibió la alegría de muchos hijos con los que compartirían momentos felices junto al castaño.

***
Y pasó el tiempo.
Y llegó el día en que Fiz quiso ver a su viejo amigo por última vez. En aquella ocasión sus bisnietos tuvieron que llevar a aquel anciano recio y casi centenario al que apenas quedaban fuerzas. Cuando llegó junto al castaño que había querido y cuidado desde que era un niño, no pudo evitar el llanto. Se abrazó tembloroso a su tronco, aunque a sus brazos arrugados y delgados apenas les quedaban fuerzas. Estuvo así un buen rato hasta despedirse.
-Adiós.
Fiz murió en paz y rodeado de sus seres queridos, en una noche de lluvia de otoño.

***
Y el viejo castaño que había cuidado con tanto esmero fue encontrado caído al día siguiente. Muchos se preguntaron cómo un árbol tan fuerte había podido morir de forma tan imprevista. Algunos lo achacaron a la edad, otros a alguna enfermedad desconocida y quienes habían conocido bien a Fiz, pensaron que el árbol había muerto de pena por la pérdida de su amigo.
La madera del árbol no se perdió. Fue cortada y repartida, y entre las muchas cosas que se hicieron con ella un gaitero hizo una gaita, porque los mejores instrumentos se hacen con madera de castaño viejo, uno que haya resistido la tormenta y que haya sido bien cuidado durante toda su vida. Y el sonido de aquella gaita se escucharía desde entonces en las fiestas de la comarca, trayendo recuerdos y alegría de vivir a todos los que la escuchaban.

Avatar de Usuario
Alexander Weiss
Bibliotecario de Webvampiro
Bibliotecario de Webvampiro
Mensajes: 3309
Registrado: 14 Jul 2019, 01:15

Re: Libro de Linaje: Ghille Dhu

#4

Mensaje por Alexander Weiss » 10 Sep 2019, 23:27

Imagen

CAPÍTULO UNO: EL PASO DE LAS ESTACIONES

Todo tiene su tiempo, y todo lo que existe bajo el cielo tiene su hora.
Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de planta y tiempo de arrancar lo plantado;
tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificiar;
tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de cantar, y tiempo de bailar;
tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntarlas; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;
tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de desechar;
tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar;
tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra y tiempo de paz.

-Eclesiastés, Capítulo 3, 1-8

GÉNESIS
Al principio, existíamos Nosotros.
Vale, muy bien. Puede que antes de nosotros existiera algo más, porque así son siempre las cosas, pero quiero decir que existíamos en términos de las hadas. Y no te creas que pretendo ser arrogante o vanidoso o nada de eso; muéstrame un Linaje que no haya afirmado, en un momento o en otro, haber aparecido antes que sus hermanos. Cuando digo que llegamos los primeros, me refiero a un estado primordial, que nos encontrábamos aquí antes que los Kithain, antes incluso que los suyos. Antes de que los humanos comenzaran a pintar las paredes de las cuevas o dominaran el fuego, intentaban desesperadamente saber qué es lo que mantenía el orden del mundo. Es verdad que nuestros hermanos durmientes, los Inanimae, ya se encontraban allí, pero mientras se dedicaban a agitar sus ramas y a cantar en los arroyos, la humanidad sabía que algo debía mantener el ciclo de la vida. Sabían que estábamos allí, aunque no nos vieran, cuidando despreocupadamente de los bosques, de los campos y de los animales.
Y muy pronto, porque a la humanidad le gusta crear dioses a su imagen y semejanza, soñaron con nosotros y nos dieron forma humana y animada (¡Nunca habíamos caminado antes!) y viajamos entre los árboles, con las setas brotando a nuestro paso. Cuando la rueda del año comenzó a girar por primera vez susurramos palabras de consuelo en los oídos asustados de los humanos, y les aseguramos que los frutos recubiertos por el hielo volverían a brotar en la siguiente primavera, que los animales que desaparecían con la llegada de la nieve volverían y tendrían más crías. La primera vez que morimos fue toda una sorpresa, pero no nos asustamos porque sabíamos que cuando el sol fundiera la nieve volveríamos a despertar; y así ocurrió.
Por eso digo que llegamos antes que los demás. Antes de que la humanidad tuviera suficiente conscienci para soñar con pesadillas, o con viajes, o con obras de artesanía, nosotros representábamos el mundo en que vivía y nuestras manos guiaban los ciclos naturales de todo.
Entonces llegaron los Tuatha de Danann
Fue toda una sorpresa inesperada. Era un día como cualquier otro, y los hombres se dedicaban a cazar venados, o bisontes o quizás criaturas que ya no se encuentran en este mundo; las mujeres buscaban frutas y raíces; y unos pocos aventureros se dedicaban a explorar lo que les rodeaba. Nosotros no éramos mucho más conscientes del mundo que ellos, simplemente sentiamos que éramos parte de algo mucho mayor y complicado que lo que conocíamos. Y entonces uno de los Tuatha apareció en lo alto de la colina, vestido con una armadura de luz y tan dura como el acero, y montando a caballo -¡algo impensable en aquellos días!-.
Las palabras que nos dijo nos despertaron a nuestra naturaleza como hadas, como hijos engendrados por los Tuatha y los sueños de nuestros protegidos que nos adoraban tallando figuras de fertilidad que dejaban en los campos. Y nos dijo que...
¿Cómo? Oh, bueno sí. Supongo que no es posible que yo estuviera allí, tienes razón. Aunque chico, soy mucho más viejo de lo que parezco. -
Bueno, como iba diciendo, fue increíble. Hasta aquel momento nunca habíamos oído las palabras “hadas” o “Glamour” o “Fomorianos”, y la verdad es que no significaban mucho para nosotros. Cuando llegaron las guerras (como ocurre siempre) y nuestros compañeros llegaron a nuestro país, fuimos todo lo generosos y hospitalarios que pudimos, pero lo que siempre quisimos ha sido mantener las cosas vivas y en movimiento. Cuando los Fomorianos dañaron la tierra, muchos de nosotros morimos y otros tanto renunciamos a nuestra magia para siempre para reparar el daño. ¿Y cuál fue nuestra recompensa? Jurar una alianza a los Sidhe, los favoritos de los Tuatha -Creo que sus orígenes están en los sueños que apestan- o convertirnos en proscritos de la sociedad feérica. Sólo necesitas preguntar a los habitantes de un Feudo cualquiera cuántos de ellos se han encontrado alguna vez con un Ghille Dhu para saber dónde fueron nuestros corazones.

Avatar de Usuario
Alexander Weiss
Bibliotecario de Webvampiro
Bibliotecario de Webvampiro
Mensajes: 3309
Registrado: 14 Jul 2019, 01:15

Re: Libro de Linaje: Ghille Dhu

#5

Mensaje por Alexander Weiss » 10 Sep 2019, 23:28

Imagen

DIOSES Y DIOSAS
También podría mencionar un aspecto importante de nuestra historia: la adoración a la naturaleza. Como puedes ver, antes de que los humanos tuvieron la capacidad de honrar conceptos abastractos como la sabiduría o el arte de la guerra, se maravillaban ante lo real: el hecho de que el sol saliera cada mañana, o que los árboles florecieran en primavera, o que los lobos engendraran cachorros. Cuando nos dieron forma humana, también nos dieron lo que ahora llamamos Glamour encendiendo grandes hogueras, pintando las paredes de las cavernas o haciendo sacrificios en nuestro nombre, antes incluso de que nos dieran nombres. Por todas partes había felices cazadores y recolectores, con su propio Hombre Verde o Sheela na Gig para que los guiaran a los mejores frutos, o para asegurarse de que sus lanzas consiguieran golpear a sus presas.
Los Ghille Dhu tenemos memorias más largas que la mayoría, y recordamos los días en que los nombres comenzaron a aparecer, cuando la humanidad comenzó a domesticar el lobo y el trigo, a arar los campos y construir casas en lugar de tiendas. Las leyendas nos ayudan a recordar cómo se llamaban algunos de nuestros héroes más antiguos: Dumuzid en los jardines y costas del sur, donde comenzó la agricultura y la ganadería; Jarilo en las llanuras del este; Xipe topec más allá del océano del oeste, Gaea y su familia en los prados de Grecia. Pero fue una pareja excepcional, Cernunnos y Cailleach, quienes nos llevaron a las Islas Británicas, que se convertirían en nuestro hogar más confortable. Cuando el mar separó las islas del continente, esos dos nos guiaron a las colinas y a los bosques que serían nuestro refugio en los milenios siguientes. Siguieron las líneas de energía de Gran Bretaña e Irlanda y ayudaron a levantar los círculos de piedra en las islas; nadie ha hecho tanto por nuestro Linaje como ellos.
Y todavía en una época tan reciente como el siglo XX los antropólogos siguieron descubriendo nuevas culturas en Nueva Guinea y Australia con panteones propios. No puedo dejar de preguntarme si quizás algún hermano o hermana perdida nuestro consiguió llegar hasta allí, sin ser tocado por el veneno de la política feérica, adorado por los humanos a los nosotros tuvimos que dejar salir del nido hace mucho tiempo.

Avatar de Usuario
Alexander Weiss
Bibliotecario de Webvampiro
Bibliotecario de Webvampiro
Mensajes: 3309
Registrado: 14 Jul 2019, 01:15

Re: Libro de Linaje: Ghille Dhu

#6

Mensaje por Alexander Weiss » 11 Sep 2019, 14:47

Imagen

CAMPO Y FORJA
Después que prestáramos nuestro humilde servicio a los Tuatha, nos retiramos a nuestros bosques y observamos cómo la humanidad reaccionaba al caos del primer gran cambio. ¿Has oído hablar de la ciudad de Jericó? ¿Sí? Está en la Biblia y todo eso, pero existió un asentamiento de verdad allí, hace miles de años antes de lo que pone en el libro. ¿O quizás has oído hablar de Catal Huyuk? Otro lugar famoso para los arqueólogos; fueron los primeros asentamientos del mundo, y donde comenzó el principio del fin de nuestra Edad de Oro. Desde el momento en que el hombre construyó un refugio de barro en lugar de pieles de animales, cuando la palabra “hogar” entró en el lenguaje, nuestra primavera terminó. Los humanos aprendieron que en lugar de seguir a los rebaños y buscar frutos para alimentarse en el bosque, sometidos a los caprichos de los seres antiguos y oscuros que podían cruzarse en su camino, podían quedarse en un lugar, cultivar sus propias cosechas y domesticar sus animales. Nunca creímos que iba a extenderse -después de todo habíamos seguido las migraciones y cambios en el tiempo desde siempre- pero lo que comenzó en las tierras actuales de Turquía e Israel también comenzó en Iraq. Y en Egipto. Y en China. Y en la India. Antes de que supiéramos lo que eran, aparecieron palabras como “ciudad” y “granja” y carecíamos de poder para detenerlas.
Por supuesto, no todo fue tan malo. Pero perdimos parte de nuestro poder, y nuestros días se extendieron en la tranquila madurez del verano. En lugar de ofrecer frutos de los árboles, enseñamos a las manos de la humanidad a sembrar trigo y cereales, como cuidar del suelo para hacerlo fértil. Nos rezaban más que nunca; por primera vez nos pedían que les trajéramos lluvia para que sus jardines pudieran florecer.
Fue por esta época cuando por primera vez nos unimos con los Inanimae. Había pocos de nosotros y muchos de ellos, pero para los humanos ellos eran espíritus indómitos de la naturaleza y nosotros éramos diplomáticos entre ambos. Los Inanimae nos permitieron utilizar sus habilidades sobre el tiempo y la tierra, incrementando nuestro conocimiento y capacidad para ayudar a nuestros protegidos. Nos adaptamos con facilidad al cambio de las estaciones, como siempre habíamos hecho, y los humanos estaban agradecidos por nuestro amor. Muchos de ellos se asentaron en enormes extensiones de terreno abierto, dejando granjas, asentamientos y culturas a su paso. Se multiplicaron y multiplicaron, y soñaron nuevas formas para que las vistiéramos, nuevas historias para que las viviéramos. Así que aunque ya no fuéramos los señores de la tierra todavía les importábamos. Los demás Kithain todavía estaban creciendo; los Boggans acababan de aparecer y los Nockers eran prácticamente unos niños.
¿Te preguntas cómo terminaron quedándose con la dirección del espectáculo? Bueno.
Muy pronto comenzamos a darnos cuenta de nuestro error. Los pastores nómadas estaban desapareciendo del mundo, y la civilización comenzaba a estancarse sobre sí misma. ¿Alguna vez te has preguntado porque nos sentimos tan atraídos por los antiguos celtas? Pues porque se aferraban a sus tradiciones y creencias; cultos enteros dedicados a uno de los nuestros se extendían como un incendio en aquellos. Pero en Egipto, o en Grecia, o en Fenicia, contemplamos los comienzos de naciones, culturas, y lo peor de todo, la economía, corrompiendo a la humanidad y apartándola de nosotros. La religión siempre fue importante, pero ahora el mayor de los misterios no era el renacimiento de los campos; sino el dios del sol, o la diosa de la luna, o el guerrero eterno. A medida que la agricultura se extendía y convertía en algo común, la gente la daba por sentado y la magia de la Rueda del Año se desvanecía bajo la luz de la mitología. Después de eso la muerte llegó con rapidez: los principios de la guerra en lugar de la armonía. El comienzo de las colonias por todo el Mediterráneo, la “civilización” de los bárbaros que nos adoraban. Lo peor de todo, la forja del hierro, que fue el primer frío del otoño.
Lo diré sólo una vez: odio a los putos antiguos griegos. El comienzo de la “civilización occidental” fue el triunfo de la arrogancia humana, cuando las ideas se hicieron más importantes que el mundo que las rodeaba. Oh, por supuesto, la gente del campo todavía conservaba su sencilla sabiduría, y conocía el valor de criar cabras y cultivar olivos, pero en los salones de Atenas todo lo que los griegos hacían era tratar de descubrir como dominar el mundo natural. Quizás creían que la “naturaleza” era como la “muerte”, y que derrotar a la naturaleza era derrotar a la muerte, y el miedo a la muerte. Ni lo sé ni me importa. Para nuestra particular rama de Glamour, Atenas fue el primer lugar donde sentimos el beso gélido de la Banalidad.

Avatar de Usuario
Alexander Weiss
Bibliotecario de Webvampiro
Bibliotecario de Webvampiro
Mensajes: 3309
Registrado: 14 Jul 2019, 01:15

Re: Libro de Linaje: Ghille Dhu

#7

Mensaje por Alexander Weiss » 11 Sep 2019, 14:50

ImagenImagen
CERNUNNOS Y DÉMETER
Sin embargo, unos pocos encontramos un lugar hospitalario en Grecia. Una de los nuestros, Démeter, había gobernado la península del Peloponeso durante milenios, dando la bienvenida a los recién llegados en sus barcos, mientras le presentaran sus respeto. Ella les enseñó cómo cultivar grano y recoger manzanas de los árboles, y fue adorada como una de los dioses Olímpicos. Pero con la excepción de un rollo de una noche o dos, nunca la describieron como una esposa, a pesar de que tenía una hija; Perséfone o Koré; Démeter fue la primera madre soltera de la antigüedad.
De hecho, fue nada menos que nuestro viajero Cernunnos quien engendró a Perséfone. Muchos han dicho que a pesar de su matrimonio con Cailleach o con Modron, o con sus otras aliadas (Todo un picaflor, ¿verdad? Creo que debía ser medio sátiro), su verdadero amor entre todas ellas fue Démeter, la reina de una tribu extranjera. Cuando los dos tuvieron una hija, su alegría no conoció límites, ni tampoco su dolor cuando fue secuestrada por un grosero dios griego de la muerte y el inframundo. Estoy seguro de que posiblemente conoces la historia: Perséfone fue obligada a convertirse en Reina del Inframundo durante cuatro o seis meses al año, que es cuando Démeter deja que el mundo la llore y así es como tenemos el invierno. Quizás esté equivocado, pero en mi opinión, se trata de un buen ejemplo: Démeter permitió que las historias Banales de los griegos la ataran, se solidificó en una forma que la dejó un poco en segundo lugar. Dejó que sus responsabilidades hacia la tierra desaparecieran (y su culto con ellas), degenerando en locura y dolor cada vez que llegaba el invierno. Y así permitía que tormentas, inundaciones y hambrunas se extendieran por Grecia, desequilibrando el orden estancado de las cosas.
Cernunnos estaba desolado, con su amante destrozada por la tragedia de su hija, su espíritu libre repugnado por la mancha de la Banalidad que había caído sobre ella, la humanidad que los humanos le habían impuestos. Entristecido, regresó con su pueblo, así que él y Grecia se olvidaron mutuamente. Creo que hizo bien, aunque lo siento por el Gran Cornudo; dicen que no volvió a ser el mismo después de esto.
¿Y qué fue de Perséfone, Koré, la doncella?
Bien. Nadie sabe lo que le ocurrió. Ni siquiera sus padres.

Avatar de Usuario
Alexander Weiss
Bibliotecario de Webvampiro
Bibliotecario de Webvampiro
Mensajes: 3309
Registrado: 14 Jul 2019, 01:15

Re: Libro de Linaje: Ghille Dhu

#8

Mensaje por Alexander Weiss » 11 Sep 2019, 14:51

Imagen

COMO ES ARRIBA...
Muy bien, todo el mundo se ha preguntado de cuando en cuando: ¿cuál era la relación de nuestro pueblo y los celtas? Todas las hadas -bueno, los Sidhe y con frecuencia otros Linajes- parecen tener una especie de estilo neo-irlandés en la actualidad. Una explicación es que los Sidhe, nos impusieron sus costumbres al resto durante la Edad Oscura y decidieron que todo el mundo debería utilizar nombres célticos y rostros célticos y lenguas célticas y bien...todo céltico. No es un secreto que las tribus gaélicas fueron su pueblo eleigdo durante un buen tiempo, pero también existe otra razón: los celtas creían. Profunda e intensamente. Prefiero pensar que los Sidhe no tuvieron nada que ver con eso, que acudimos a ellos por propia voluntad. Las tribus de Europa conocían nuestra existencia, nos adoraban aquí y allá, pero fueron los celtas quienes por primera vez comprendieron de verdad nuestro propósito y sentido, lo que habíamos hecho por los humanos durante milenios (Todos los demás simplemente nos confundían con dríadas, algo que nos cabreó tanto como nos dio forma).
Así que acudimos a la Galia, a Germania, a Iberia, a Britania y a Irlanda cuando la Banalidad comenzó a envenenar la tierra. Había tribus enteras de “bárbaros” célticos y locos que viajaban por las montañas, por los campos y bosques, saqueando y conquistando aldeas, pero también extendiendo su cultura y honor únicos en el mundo que los rodeaban. Otros pronto se unieron a nosotros: los Sátiros como los temidos Woodwoses de los árboles, los Boggans como los espíritus serviciales que impedían que las espadas se mellaran, y los Pooka, siempre dispuestos a correr salvajes con los perros. Los Sidhe se quedaron aparte, asociándose con los jefes de los clanes y en ocasiones permitiéndonos vislumbrar una parte de su gloria; joder, lo admito, eran bastante gloriosos, pero aún así, insufribles.
De todas formas, fue una gran época para vivir. En algún lugar entonces, el líder conocido como Cristo nació lejos al sudeste, pero en aquel momento era sólo una gota de agua en el estanque. No sabíamos nada de él, ni nos preocuparíamos por él, al menos durante unos pocos siglos. Estábamos demasiado ocupados aprendiendo el arte de las filigranas con nuestros hermanos, y enseñándoles los misterios del muérdago como para prestarle atención a un carpintero de Levante; sin embargo, cuando murió, hasta el Pooka más despreocupado supo que Algo Había Ocurrido. Sólo que nadie movió un dedo.
Fue cuando llegamos a Escocia que supimos que teníamos un hogar. Había colinas llenas de pictos, brezales por todas partes, montañas y lagos salpicados de bosques, un lugar donde te helabas hasta los huesos de noche y te abrasabas de calor en verano, un puñado de orgullosos cambiaformas que defendían la tierra de los monstruos del agua, y oportunidad infinitas y más. Cuando los gaélicos cruzaron el estrecho entre Irlanda y Gran Bretaña para asentarse, les mostramos el paisaje virgen con la mejor de las intenciones: un paraíso para cazar y cultivar cosechas. Nunca más nuestro pueblo pasaría hambre, nunca más nos faltarían ofrendas en la puerta. Juramos mantener las garras de la naturaleza en los límites de nuestras tierras, alejando el frío de la filosofía o la ciencia. Quizás fuera eso lo que más nos dolió: nuestra ceguera para cambiar era negar nuestra propia naturaleza, aunque entonces no lo vimos así. El cambio de las estaciones era lo más importante, y el hecho de que podía ser una alegoría, que debíamos cambiar y ser dinámicos en todo nunca se nos ocurrió. Estábamos demasiado contentos con nuestro poder; incluso permitimos que los Escotos nos dieran nombres nuevos, los que hemos llevado con nosotros hasta el día de hoy.
Y de paso, “Ghille Dhu” no significa “hombre verde”. Es algo más parecido a “buen chico” o “los justos”, los que deberían estar ahí, siempre presentes y siempre cumpliendo su función. Qué puedo decir, me gusta. Pero supongo que hombres verdes también nos vale.
Era el paraíso, y en él éramos los reyes.

Avatar de Usuario
Alexander Weiss
Bibliotecario de Webvampiro
Bibliotecario de Webvampiro
Mensajes: 3309
Registrado: 14 Jul 2019, 01:15

Re: Libro de Linaje: Ghille Dhu

#9

Mensaje por Alexander Weiss » 11 Sep 2019, 14:54

Imagen

...ASÍ ES ABAJO
¿Y que ocurrió?
Bien, para los principiantes, los humanos son un grupo inquieto. Obviamente -aunque parece que sólo nos resulta obvio ahora- nuestra utopía nunca habría funcionado, porque la humanidad siempre encuentra la forma de soñar fuera de la caja, sin importar lo bonita que sea la caja. Quizás no querían seguir abrazando a la naturaleza, volver a lo salvaje y recibir abundancia a cambio. Hicieron sus clanes y sus reyes, hicieron tartanes y e hicieron una matanza de pictos (Después de todo, quizás deberíamos habernos quedado con Escocia cuando todavía era Pictolandia). Pronto llegó la cristiandad, y aunque sus raíces sólo arañaban la superficie y sus ramas eran más célticas que la Iglesia de Roma o Frecia, podíamos sentir su presencia gélida en nuestra tierra. No diré que la cristiandad fue necesariamente mala para nuestro negocio, pero desde luego no nos ayudó.
Por otra parte los sajones eran una espina más dolorosa en nuestro costado. No les importaba una mierda la naturaleza, o lo salvaje o nuestros ritos; tenían su propio panteón, sus propios guardaespaldas trols, y nos odiaban. Nos odiaban de verdad. Nos expulsaron más allá de la Empalizada, persiguieron a nuestros parientes, empujándolos hacia Gales y Cornualles, y cuando montaron el campamento en Londres, supimos que no había forma de librarse de ellos. Allí llegaron los anglos, los jutos, los daneses, tribu tras tribu en sus barcos. Por lo menos esperábamos que pudieran parar la marea de la cristiandad, pero la gente sólo se aferró a la religión más y más, esperando encontrar algo de paz en el caos dominante. Mataron más pictos que nunca y construyeron más ciudades y castellos e iglesias, esperando encontrar seguridad de un enemigo al que podríamos haber derrotado fácilmente si hubieran creído en nosotros.
Un día desaparecieron los hombres lobo blancos que vivían en nuestra tierra y otros oscuros aparecieron y ocuparon su lugar. No creo que necesitemos entrar en detalles en lo que significó eso.
Y entonces varios de los nuestros se volvieron locos. La verdad es que nunca antes habíamos tenido un lado Oscuro ni un lado Luminoso; simplemente éramos, seguíamos los cambios de Corte como siempre, gobernábamos siguiendo más los ciclos de las estaciones que la sociedad de las demás hadas. Pero el Glamour estaba desapareciendo rápidamente, sustituido por algo mucho más gélido. Algunos de nosotros ya no pudieron soportarlo más, y comenzaron a arrasar el campo, llevando el invierno cuando debería haber llegado el verano, la plaga en lugar de abundancia, y en general haciendo miserables las vidas de los demás. Nuestras filas fueron diezmadas, año tras año y siglo tras siglo. Y entonces, cuando los sacerdotes ocuparon nuestras ciudades, los vikingos nuestras costas, los ingleses nuestras fronteras, y las bestias escurridizas de las raíces de las colinas corrompieron todas las hojas que tocaban, ocurrió. Primero uno, en un relato de segunda mano que contó un Eshu vagabundo. Después otro, después una ciudad entera. Después dos, después en Francia y en todas partes. Los Ghille Dhu se morían...y no volvían en primavera.

Avatar de Usuario
Alexander Weiss
Bibliotecario de Webvampiro
Bibliotecario de Webvampiro
Mensajes: 3309
Registrado: 14 Jul 2019, 01:15

Re: Libro de Linaje: Ghille Dhu

#10

Mensaje por Alexander Weiss » 11 Sep 2019, 14:57

Imagen

OTOÑO
Puedo decirte el momento exacto en que el Otoño cayó sobre nosotros -no, borra eso, el momento en que nos pateó en toda la boca, repetidamente y con vigor. Los vientos fríos ya llevaban soplando un tiempo, pero el evento que de verdad nos permitió que la Ruptura estaba ahí, YA, sin necesidad de advertencias ni premoniciones, fue la sequía de Tuath Glas Cu. Puede que hayas oído del lugar: bajo el Castillo de Stirling se encuentra un pozo seco que en el pasado fue un hermoso estanque de agua cristalina. El Santo Grial de Escocia...si bebías de él, todas tus heridas y debilidades se curaban, y el agua podía hacer que la tierra despertara incluso del invierno más duro. Nadie sabe por qué se secó, pero circulan unas pocas teorías. Un par de radicales sugieren que los ingleses, al llevarse la Piedra del Destino, el símbolo de Escocia, provocaron que el estanque se secara.
¿Sabes lo que creo que yo? Hace años que la piedra ha vuelto, pero nada ha cambiado. Supongo que cuando los ingleses se la llevaron provocaron una especie de derrota espiritual y simbólica a los escoceses, y cuando has sido derrotado en mente y cuerpo, durante siete siglos nadas menos, no puedes hacer nada para recuperarte. Pero prefiero pensar que no se trata para nada de una cuestión política; la Banalidad secó el estanque y no hemos encontrado la manera de volver a llenarlo. Cuando ese estanque se secó, dejamos de acudir al lugar.
En cualquier caso, seguimos haciendo lo que teníamos que hacer. La Peste Negra nos dio un poco de alivio durante un tiempo, sacudiendo a los habitantes de las ciudades y dejando a los campesinos e isleños relativamente indemnes, pero sabíamos que estábamos perdiendo la batalla. Habíamos permitido que nos confinaran en un pequeño rincón del mundo y estábamos desapareciendo deprisa. Arcadia se había cerrado para nosotros -no es que quisiéramos ir allí, para empezar nunca habíamos sido bienvenidos- y lo que sabíamos de las tierras más allá del océano era escaso. Así que siguimos el liderazgo de nuestros compañeros y nos unimos a los humanos que estaban bajo nuestra protección: así nacieron los primeros Ghille Dhu Changelings. Ocurrió con mucha menos fanfarria que en otros Linajes. Por ejemplo, varios Sidhe prefirieron morir que unirse a un cuerpo humano, mientras que otros sufrieron bajo las debilidades físicas de la humanidad. Nosotros siempre habíamos sido “humanoides”, por así decirlo, así que no lo pasamos tan mal. Los más abiertos de mente entre nosotros abrazaron la Senda del Changeling (excepto los que vivían en las colinas, que eran más reticentes y se escondieron en unos pocos Claro selectos) y la vida continuó.
Y no fue el fin, porque el fin nunca llega. En lugar de seguir la Rueda del Año, encontramos una diferente, las estaciones de la vida humana. Teníamos años de Primavera como niños, entonces un agitado Verano como adolescentes, seguido de un respetable Otoño (Sí, sí, sé que las cosas han cambiado, ya llegaré a eso). Cuando llegaba el Invierno permitió que el viento se llevara nuestras almas feéricas, hibernando Dios sabe dónde, hasta que renacíamos de nuevo en Primavera. Vida tras vida continuamos siguiendo el paso de los años, ocultándonos de los conflictos a los que otros Linajes se enfrentaban en el resto del mundo. ¿Eso nos hace cobardes o simplemente listos?
Por supuesto, un final feliz es igual de incierto que cualquier otro, y lo que funcionó durante un tiempo no podía durar. La Senda del Changeling era un rito imperfecto, que estaba mal adaptado a la existencia de la época y el Ensueño imbuido en nuestras sombras. Al sur de nuestras fronteras podíamos sentir que la Banalidad se alzaba como...no sé, como una galerna polar o algo así. Sólo una gran masa de Frío amenazante acercándose cada vez más. Y tocó hasta los rincones más apartados, incluso nuestras islas en medio del mar tormentoso. Y así las cosas comenzaron a ir mal. Obviamente, nuestros hermanos y hermanas que no habían seguido la Senda del Changeling cayeron rápidamente; renacieron viejos y marchitos en Primavera o permanecieron infantiles en Otoño. La Banalidad había alterado sus cuerpos y los consumió. Entonces, cuando nos dimos cuenta de que la Banalidad se estaba acumulando en nuestra formas, cada vez que nuestros seres feéricos “morían” envejecíamos de forma tremendamente dolorosa. Una pela con un noble Sidhe que atravesaba nuestros bosques, una espada a través del pecho -y despertábamos unos pocos días después en un claro, de repente otoñales y rodeados por compañeros de ojos tristes.
Podíamos huir de la Banalidad, pero era tan inútil como escapar del viento. Por lo tanto, como podía esperarse de nuestra naturaleza, nos dedicamos a aceptar el cambio. Ya habíamos aceptado tanto, que lo único que nos quedaba era continuar.

Editor completo

Volver a “Changeling”