Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

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Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#1

Mensaje por Darkhuwin » 15 Jul 2019, 09:56

"El Espíritu libertario será el principio fundamental de la secta. Todos los Sabbat tienen derecho a esperar y reclamar libertad de sus líderes." Código de Milán. artículo XI.

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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#2

Mensaje por Darkhuwin » 18 Jul 2019, 01:49

Antes de publicar el siguiente post con el final del capítulo 14, me gustaría advertir, para que nadie se equivoque. Que esto no es ni mucho menos el lugar donde empezar a leer la novela.

De hecho, si hay un capítulo que haga un mayor espoiler de toda la novela es este. Si lo lees, ya no tiene la misma gracia. Así que, por favor, que nadie se equivoque y empece a leer por aquí. De momento el resto de la novela se ha quedado en el foro viejo. En cuanto pueda voy a ir colgando pdfs de los capítulos en la Web de Webvampiro, para los que les cuesta leerla por post. Y no se si más adelante se migrará todo el contenido del hilo a este foro, pero por ahora, lo que tiene que quedar claro es que más de la mitad de la novela está en el link que hay en el post anterior, donde pone Viene de aquí.

Un saludo y gracias.
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#3

Mensaje por Darkhuwin » 18 Jul 2019, 01:54

(Cap 14 parte II)

Llegaron a su destino en una hora y tres cuartos, apurando el límite de velocidad de la Transcanadiense al máximo. Durante el camino, Lilith estuvo intentando atar cabos entre lo que iba leyendo y los dibujos de Zhou, pero no encontraba ningún patrón razonable. Por si fuera poco, la lectura de los documentos del juicio de Sangris era ardua y farragosa, no apta para realizarla durante un viaje en furgoneta a más de cien kilómetros por hora. A la Bestia no le decían nada ninguna de las otras pinturas y De Paso iba demasiado concentrado en la carretera como para participar de las pesquisas. Antes de partir, Lupus había dicho algo que aún andaba rondando en la cabeza del voivoda. No se le entendía bien porque estaba como beodo, pero al tzimisce le había parecido escucharle algo así como que Karini y Cairo eran la misma alma. Aquello no tenía ningún sentido. Elisa Karini había sido una inquisidora que desapareció en Montreal investigando lo mismo que ellos y Cairo era una templaria silenciosa y mortífera a las órdenes del traidor.

Porque si algo le había quedado claro a La Bestia, era que Bellemare estaba detrás de lo que estaba pasando. No le había gustado aquel tipo desde el principio, aunque bien era cierto que con la maniobra aquella de la ‘lavadora’, Bellemare había conseguido captar su interés y le había mantenido con la guardia baja, afectado por los efectos derivados de la misma. Pero lo que realmente le asustaba, era que todo aquello hubiera tenido algo que ver con el principal objeto de su misión, la presunta actividad infernalista. Casi esperaba que solo se tratase de un caso más de transfuguismo y contraespionaje camarilla.

-Pero entonces, - dijo Lupus encendido cuando todos hubieron desmontado de los vehículos en el aparcamiento de Sheffield Glen, como en su visita anterior – ¿Qué coño está pasando? ¿Por qué de pronto los colegas cosechadores están en peligro? Creo que antes no he entendido bien lo que habéis dicho. – Parecía que el gangrel de ciudad estaba más despejado, aunque ahora se le veía malhumorado, algo no muy habitual en él. Antes de que nadie pudiera decir nada, se escuchó una sirena y un coche de los de vigilancia se paró junto a ellos. El guardia se bajó apuntándoles con su arma y les dijo que no se movieran, pero en el momento en el que se disponía a avisar por radio para, posiblemente, pedir refuerzos, el mismo Lupus salió disparado como una bala hacia él y lo degolló con su machete, cortando a la vez el cable que unía el comunicador a la radio del coche. Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos y consiguió cabrear más si cabe a Lupus.

-¿Dónde está Bellemare? ¿Sabemos algo de Polidori? – Continuó, contrariado.

-Lo sierrto es qui lo único qui sabfemoss a sienssia sierrta ess qui Loss cosiechadiorres, en concrrieto, Sidd, mandó un mensaje de siocorro por le Walkie Talkie qui se suponía que poseía Bellemare parra contactarrnos en Montrrieal, dissiendo que todo se había ido a la mierrda y qui corrían peligrio y que acudiérramos lo anties possiblie. –Soltó el voivoda de carrerilla. Y tras una pequeña pausa, continuó.

-Y, por otrro lado, que mi amigho Zarrnovich, hafía descubierrto la trraisión de siu cofrriade malkafian antitribu, llamado Midget, el cual se hafría llevado a su chiquilla Stephani L’Heureux raptada y ésste se habrría dirrijido dirrectamente hassia Ottawa, sigiéndole la pista, lo qui sumado a miss sospechias a serrca de qui el eniano y el matón pandillerro de Les Orphelins estiaban de alguien modo compichiados y detrras de algunas de las desaparrisiones del sirrco, me disse que Bellemare tiene algo qui verr en lo qui aquí esstá oquiurriendo.

-Con ese aire de chulo de putas, no sé cómo pudo engañarnos. – Soltó de repente Lilith.

-Y esto…, precisamente hablando de su relación con las minas, – la voz de De Paso surgió detrás del voivoda. - ¿Dijiste vos algo acerca de la tal Cairo que va con él? – Señalaba a Lupus con un cigarrillo que acababa de encenderse.

-La Rosa me dijo que habían descubierto que ella y Elisa Karini eran la misma alma. De alguna forma, Karini se halla atrapada en el cuerpo de la huérfana.

-No hay que ser un experto para sospechar que todo esto huele a infernalismo a kilómetros. – Las palabras de Pantera le provocaron una visión a La Bestia: Calor, olor a azufre y montones de cucarachas, arañas y escolopendras recorriendo el suelo a su alrededor. Cada vez encajaba más todo el conjunto. No quiso imaginar lo que eso significaba si realmente, Midget había logrado llevarle a Bellemare a Stephanie. – Debemos movernos cuanto antes.

-Tendríamos que haber informado a Ezequiel antes de irnos de Montreal – Protestó Quatemoc.

-Y ¿Quién noss assiegurra qui no está en el ojo? – Le espetó La Bestia inquisitivo, mientras le señalaba con dedo acusador y se acercaba a él, que le miró como retándole.

-No teníamos tiempo, che – medió De Paso, metiéndose entre los dos para que no fuera a más la cosa. - Si se nos va la noche y no sabemos ni por donde buscar. Necesitamos concentrarnos, trabajar unidos. No es tiempo de pelear ni de reproches.

De pronto, una gran explosión se hizo eco en la distancia. Provenía del centro de la ciudad. Pantera les ordenó que montasen en los vehículos y se dirigieran hacia el lugar, fuente del estruendo. Cuando fueron acercándose hacia el centro, las sirenas de policía, bomberos y ambulancias formaban una banda sonora continua y molesta que, por el contrario, servía de guía hacia el lugar del incidente. Pero en seguida se dieron cuenta de que los vehículos de policía que los veían, informaban por radio o intentaban detenerles, así que pronto tuvieron que despistarlos y alejarse callejeando desapareciendo de la escena principal. Fue entonces cuando, quizás por casualidad, vieron a tres moteros alejándose de allí a toda prisa, con la policía pisándoles los talones. No les hizo falta hacer mucha memoria para recordar que los distintivos y marcas que portaban aquellos pandilleros coincidían con los de las bandas que se juntaban con Pierre y sus Huérfanos. El ductus lasombra, de nuevo les hizo señas desde su moto para que les siguieran a cierta distancia.

En un momento dado, los pandilleros se separaron, consiguiendo que uno de ellos despistara a sus perseguidores. Sin embargo, los Silver Rockets lo siguieron hasta lo que parecía la entrada de un gran cementerio. En el cartel de su puerta podía leerse: Cementerio de Beechwood, servicios de cremación, funeraria y enterramiento. 280 Avenida Beechwood, Fundado en 1873.

El pandillero introdujo su motocicleta en el recinto por una puerta de servicio y desapareció en su interior. Pantera les dijo que dejaran los vehículos a cierta distancia y que se acercarían a pie sin llamar la atención. Como siempre, Quatemoc se adelantaba y les iba avisando de lo que veía, cada vez que alcanzaban su posición. Entraron por una tapia donde no parecía haber cámaras ni vigilantes y se encontraron en una zona del cementerio llena de tumbas y mausoleos de aspecto oriental, más concretamente chinos, por su decoración y su escritura. La Bestia no las tenía todas consigo de si aquello podía tratarse de una encerrona, aunque era verdad que el motero, no había dado signos de haberse sentido perseguido. No entendía qué estaba pasando en Ottawa, ni si Zarnovich había logrado encontrar a su chiquilla y se había enfrentado a Bellemare o se sabía algo de Ezequiel o Polidori. Lo cierto es que estaban bastante ciegos y despistados en aquella situación. Pero es que solo podían seguir adelante si querían llegar a tiempo de salvar a sus amigos. A él no le importaban demasiado los Cosechadores, a decir verdad, pero no le gustaría que el voivoda Polaco o su chiquilla desaparecieran de su no vida, ahora que había encontrado alguien afín. Incluso se descubrió albergando algo de preocupación hacia el Pierrot. Aquel joven había sido muy atento y deferente hacia su persona, cosa que no era tan habitual como debería.

Tras avanzar durante más de diez minutos por el cementerio, llegaron a una sección repleta de tumbas del tipo de las que se crean después de una guerra, con hileras e hileras de soldados caídos en batalla. Todo el entorno era muy idílico y estaba limpio y bien cuidado, rodeado de árboles y arbustos, flores y estatuas. No todos los cementerios podían jactarse de aquello. Pero lo que atrajo la atención de la manada fue que, en el lugar donde confluían todas las losas, había una cruz elevada, rodeada de flores rojas y una placa conmemorativa donde podía leerse: Cruz del Sacrificio. Y unos textos que alababan la participación de los soldados en la segunda guerra mundial. Junto a ella, parecía que se había escarbado un gran hoyo hacía poco tiempo. Había palas, rastrillos, e incluso una máquina excavadora de pequeño tamaño y un grupo de pandilleros reunidos, bebiendo, fumando y en actitud celebratoria.

Pantera les dijo por señas que se ocultaran para observar. Al tzimisce le hubiera gustado lanzarse directamente al ataque, pillarlos desprevenidos antes de que se dieran cuenta de su presencia. Aquella demora hacía que cada vez hubiera más posibilidades de que sucediera algo desagradable. Pero fue justamente entonces, cuando vieron llegar a alguien que provocó que los integrantes de las bandas, dejaran lo que estaban haciendo y se acercaran hacia allí. No podía distinguirse a esa distancia de quién se trataba, ni de qué estaban hablando, por lo que el ductus, volvió a utilizar las señas estipuladas para que se acercaran y que la vanguardia llegara hasta el hoyo si fuera posible.

La Bestia se encaminó directo hacia el hoyo, procurando no ser visto, pero sin pararse a comprobarlo. Gracias a eso, llegó el primero a su destino y se asomó. Al principio no entendió lo que estaba viendo. ¿Un montón de arena? Pero había cosas asomando en el montículo. Y además, era arena muy fina, casi vaporosa, se elevaba con la brisa que había provocado él mismo al llegar tan deprisa. ¿Polvo quizás? Se concentró en encontrar su auspex interior y volvió a mirar justo cuando Quatemoc y Lupus llegaban al borde, cautelosos, por detrás del montón de arena que se había sacado del agujero. Y en ese momento lo entendió. Aquello eran cenizas. Cenizas, huesos y restos de ropa y objetos. Con sus sentidos agudizados, lo primero que distinguió fueron un montón de trozos de metal. Bandas y placas y clavos y grapas. Escarbó con sus manos el montículo de muerte sacando objetos que iba reconociendo con desesperación y dejándolos a un lado. Injertos del cuerpo de Stephanie, el casco de policía característico de Polidori, la hebilla del cinturón del maestro de circo, restos de ropas del pierrot.

-¡Eh!, ¿Pero qué…? – La voz de uno de los pandilleros se quebró al ser atravesado en la garganta por un certero disparo. Pero aquello había alertado ya a los otros que comenzaron a sacar sus armas y abrir fuego allí donde veían movimiento. No obstante, en menos de cinco minutos, casi todos los pandilleros habían caído bajo las garras de Lupus, la cimitarra de Quatemoc, los certeros disparos de De Paso o el claymore de Pantera.

La Bestia, en cambio, decidió esquivar a los enemigos y dirigirse, bajo el fuego cruzado, directamente hacia el lugar desde el que, en un principio, se había creado la distracción. Supuso que allí estaría Pierre o uno de sus secuaces. Y estaba en lo cierto. En cuanto la refriega daba comienzo, una de las cainitas de los Huérfanos, se había puesto a cubierto tras la cruz central y había sacado dos pistolas. Además, al tener sus sentidos aguzados conectados pudo ver perfectamente como una pequeña y esquiva sombra que conocía de un cuadro que no podía quitarse de la cabeza, salía disparada corriendo en dirección a la salida del cementerio.

Sin pensárselo dos veces, se lanzó en persecución del enano traidor. Ya estaba a punto de darle alcance, cuando, de pronto, la sombra se dio la vuelta y comenzó a crecer a una velocidad imposible. Sus ojos eran los del demonio al que temía desde su infancia, sus enormes dientes, una deformación bestial. Todo aquel ser se componía de los miedos más profundos del voivoda y en aquel momento estaba delante suya, esperando a que se acercara. Retándolo a que lo hiciera. La determinación del tzimisce pareció quebrarse durante unos instantes. Estuvo a punto de arrodillarse y ponerse a sollozar. Mas, rápidamente, recordó las cenizas: a su nuevo amigo Zarnovich, a su más que interesante chiquilla, el circo, su esperanzador futuro en Montreal hecho trizas. Y todo se volvió rojo.

Cuando volvió al lugar del enfrentamiento, con el cuerpo del Malkavian antitribu destrozado, a rastras, parecía que la contienda había acabado. La cainita llamada Hermana Evelyn aún se resistía en los tentáculos de sombra que la estaban sujetando, Su largo gaban negro se agitaba en el aire mientras Lilith hacía eso que tanto le gustaba hacer con la sangre de sus enemigos.

-No lo entendéis. – Dijo la Huérfana, debilitada e impotente. – ¡Lo habéis jodido todo! Me habéis jodido a mí y a toda Montreal.

-Claro, dulzura – le respondió Lupus con sorna – ¿Y todos estos agujeros de bala que le has hecho a mi chupa?, ¿Quién ha jodido a quién? Menuda fiera, casi no podemos con ella.

-Por eso estáis jodidamente muertos. – Volvió a gritar – Sois putas cenizas, joder. – comenzó a gimotear, como si algo la aterrorizara. - Va a venir. Va a venir y ahora ya no se puede hacer nada.

- ¿Te riefierres a Bellemare?, ¿Tu ductuss infierrnalista? – intervino el voivoda. Su aspecto, con la ropa hecha girones, empapado de sangre y con el cuerpo inerte y en proceso de descomposición del enano colgando de su mano, era una imagen bastante intimidante. Pero lo que hizo que ella lo mirara conspicua, pareció ser su afirmación.

- ¿Lo sabéis entonces? – Preguntó, casi con esperanza. Su cara y su actitud cambiaron de pronto. - ¿Traéis a los Pastores con vosotros? ¿La Inquisición?

-Solo estamos nosotros, cariño. – Lilith, había dejado de jugar con su vitae a distancia. -Tendrás que conformarte. – La respuesta no pareció gustarle en absoluto.

- Pero, ¿se lo habéis contado a alguien antes de venir, no?, ¿Ezequiel, la arzobispo, Los Pastores? – Su voz parecía desesperada.

-Aquí las preguntas las hacemos nosotros. – Pantera, bajo ella, con los brazos cruzados, parecía concentrado en los negros tentáculos que la sujetaban en vilo e impedían que se moviera. - ¿Quién es en realidad Pierre Bellemare?, ¿Para quién trabaja?, ¿Quién está con él y qué es lo que está ocurriendo en Ottawa? – interrogó.

-¡Qué te jodan! Estamos todos muertos – ella seguía resistiéndose.

-¡Respóndeme! – El lasombra, había tomado contacto con los ojos de su cautiva y los suyos propios la estaban hipnotizando. Aquel poder vampírico, que llamaban dominación, solo funcionaba con cainitas de menor generación, pero parecía que surtía efecto porque su víctima comenzó a hablar.

-Bellemare es infernalista, no sé desde cuándo. No trabaja para nadie, pero sirve a algo que él llama ‘el decani’. Es su señor, su maestro infernal, su dios o algo así. Por lo poco que he podido averiguar, el decani está débil, como preso de algún tipo de ritual que lo mantiene atrapado. Pero aun así, tiene poder y puede otorgar dones a sus servidores. Pierre mantiene un culto en secreto. Cientos de humanos le sirven y Midget y Cairo y … yo. Pero yo trataba de salir. No quería hacerlo – comenzó a sollozar mientras hablaba – quería huir, yo pensaba escapar… - El llanto surgió de su garganta incontenible. Luego paró y abrió los ojos para continuar. – Tomé contacto con Cranston. Desde que iniciamos las misiones de espionaje en Ottawa, me escapaba y preparaba mi salida. A cambio de información, me sacarían de allí. Entendedlo, nadie en Montreal podría ayudarme. Nadie se da cuenta, ¿No lo veis? La ciudad está condenada. El Decani la tiene en su poder. Está ahí, delante de sus narices, lo ha estado siempre y nadie puede verlo…

-¿Y Cairo? ¿Sabes si es totalmente fiel a Pierre? – Continuó Pantera.

-¿Fiel? Es como una jodida marioneta. La Caribdis nos mantiene unidos y contentos, es un ritual mucho más potente que la voulderie tradicional, de hecho, así mantiene contentos y despreocupados a Ezequiel y sus partidarios, pero lo de Cairo no es normal. Es como si fuera parte de él, como si la tuviera lobotomizada, o algo así.

-Pero ¿Qué ha pasado con los otros? Polidori, los Cosechadores… - Lupus se temía lo peor cuando preguntó, mirando al montón de cenizas del gran hoyo.

-Bellemare está consagrando esta tierra a su maestro. Quiere conseguirle una ruta de escape, una forma de liberarlo del yugo que lo mantiene atado en Mount Royal. Está sacrificando almas a su señor.

No pudo seguir. De pronto, en la quietud circundante de la noche comenzó a escucharse un eco profundo:
-Ju, ju, ju, ju, ju, ju, ju, ju. – Venía de todas partas y de ninguna en concreto. A la vez, cientos de insectos aparecieron de la nada, zumbando y revoloteando a su alrededor. El suelo del cementerio empezó a llenarse de gusanos, cucarachas, arañas y ciempiés y un olor a azufre se le metió a La Bestia en las fosas nasales. Y por si fuera poco, el sonido característico de decenas de motocicletas accionando el motor y los haces de sus luces hicieron aparición en escena en ese mismo momento. Una especie de temblor, que no parecía provocado por el mero retumbar de los vehículos, comenzó a extenderse por toda la tierra cercana. El voivoda pudo comprobar como la cara de horror de Lupus al oír las palabras de la cautiva, se había transformado en sorpresa e incomprensión cuando la tierra comenzó a abrirse delante de ellos. Justo al otro lado del hoyo y el montículo, brotó del suelo, como si de un gusano se tratase. Allí estaba el brujah antitribu, con su chaleco y sus tatuajes por todo el torso y los poderosos brazos. Con su rapada calva y sus pequeñas gafas de sol, ahora sí, podía verse con claridad, la mirada infernal que había tras sus ojos.

Pantera perdió la concentración y los tentáculos soltaron a la hermana Evelyn al momento, que cayó con un ruido seco. Intentó salir corriendo, pero Pierre fue más rápido y la agarró por el cabello diciendo:
-¿A dónde vas con tanta prisa pajarito traidor? – Su voz era si cabe más profunda y potente que como la conocían. En ese mismo instante, el ductus hizo una seña y De Paso disparó. Pero la bala, inexplicablemente, salió desviada. Lupus también lanzó su cuchillo, que hizo una curva imposible y acabó clavado en el suelo. Entonces Lilith comenzó a recitar arcanos galimatías mientras se cortaba con la uña el brazo, pero con un simple gesto de su mano izquierda, Bellemare hizo que un enjambre de bichos penetrara en la boca de la taumaturga haciéndola enmudecer y cortando así su ritual. En aquel mismo instante, Quatemoc aparecía como una exhalación detrás del líder de los Huérfanos enarbolando su cimitarra ensangrentada pero su sorpresa fue total, cuando una katana se cruzó en su camino, apareciendo de la nada y deteniendo el golpe. Cairo había llegado y se había interpuesto entre su señor y sus atacantes. A todo esto, La Bestia seguía allí parado, con el cuerpo de Midget deshaciéndose en cenizas en su mano y mirando a su enemigo fijamente.

Bellemare, que no parecía haberse fijado, echó para atrás la cabeza de su todavía cofrade, mientras le decía:
-Tú serás la próxima, hermanita. Suponía que no estarías a gusto a mi lado, no tienes visión. – Mientras hablaba, Cairo se había interpuesto entre él y los Silver Rockets y las motocicletas habían comenzado a acercarse lentamente, cerrando un gran anillo que les dejaba sin salida posible. – Pero ¿Cranston? ¿La Camarilla? ¡Qué poco estilo!, hum. –

El tzimisce entendió que Pierre había escuchado toda la conversación. Además había surgido de la tierra y comandaba legiones de insectos. No iban a poder con él. No allí, no con lo que tenían. Sus hermanos estaban atrapados, quizás no aterrados, aunque si atenazados, sin saber qué hacer. Veía como Pantera miraba alrededor intentando buscar algún plan, una salida, una oportunidad. Quatemoc, se movía cerca de Cairo, buscando un punto débil, pero ya la habían visto combatir anteriormente con Reza Fatir y sabían de lo que era capaz. Las posibilidades del ángel de Caín eran escasas contra aquella mortífera combatiente. Mas quizás había un modo.

-¡Elissa Karrini! – Gritó el voivoda. - Cabaierro inquisidorra – Continuó. – Artistia cirrciense y admirriadorra de las Viudas, ¿Amante quissasss? – Estaba intentando llegar a ella, a lo que quedara de sus recuerdos. Si había tenido un momento de lucidez al ir a visitar a la Rosa, es que quedaba algún fragmento de la inquisidora allí, en alguna parte.

Sus palabras consiguieron captar la atención Cairo y aturdirla lo suficiente como para que el assamita antitribu la derribara de una patada barrida a ras del suelo. Su siguiente tajo con la cimitarra tenía por destino la garganta de Bellemare, pero encontró sin embargo la de Evelyn en su lugar. El cuerpo calló al suelo inerte mientras la cabeza seguía en las manos del infernalista que dando un paso atrás dijo, casi divertido:

-Jo, jo, jo, No tan rápido chico indio. No tan rápido, apenas me ha dado tiempo a consagrarla. –

Otro disparo de De Paso salió desviado, Lupus sacó sus garras y se dispuso a atacar, al igual que Pantera con su argéntea espada bastarda. Lilith, ya estaba haciendo gestos arcanos silenciosos, mientras trataba de aguantar el vómito. Tal vez no sirviera de mucho, pero Bestia sabía que los Silver Rockets morirían allí luchando.

-¡¡Marrrrchaosssss!! - gritó con toda la potencia de la que era capaz. - ¡Huíd mientrrrasss podáissss! – El tzimisce iba adquiriendo la forma zulo de combate tan característica mientras les gritaba a sus cofrades. – ¡Le detiendrrré tantio como mi sssea posssiblie!

-¡Oh! – Exclamó Bellemare – un valiente. Me gusta.

-¡No! – Pantera se interpuso entre ellos. – ¡Seguro que hay otro modo!

-Passiarré por ensima tuio si mie obligass, alfeñique. – Su voz era ahora la del monstruo en el que se había convertido. - No crieass que no lo he desseado durriante muchio tiempo. - Su mirada retadora ocultaba algo nunca antes expresado. Algo que el lasombra pareció entender - Larrguiaté y siacalosss di aquí porrr mí. – Le rogó en voz baja. Y se abalanzó hacia su enemigo por última vez.
Última edición por Darkhuwin el 29 Jul 2019, 19:27, editado 1 vez en total.
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#4

Mensaje por Magda Dalmau » 18 Jul 2019, 11:51

Ya la he puesto en el índice de relatos ;)
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#5

Mensaje por Darkhuwin » 18 Jul 2019, 13:44

Muchas gracias, Magda.
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#6

Mensaje por Darkhuwin » 26 Jul 2019, 14:42

Capítulo 15: Guerra Civil. (Parte I)

La enemistad entre Pantera y La Bestia había existido desde el mismo momento en que se conocieron. Sus caracteres eran opuestos. Sus ideales, pese a confluir en los preceptos sabbat, también se enfrentaban en las formas y los matices. Su forma de actuar, casi nunca había sido compatible y sin embargo, a lo largo de los años, su equilibrio, había resultado fundamental para Silver Rockets.

La cabeza del lasombra era un maremágnum de pensamientos, su alma un maelstrom de sentimientos y furia. Conducía por la Transcanadiense a más de 150 kilómetros por hora, lo que para su motocicleta, y las normas autoimpuestas para viajar de la manada, era una completa transgresión. Lo seguían en procesión Quate, Lupus y la furgoneta con De Paso y Lilith. Faltaba uno.

No podía dejar de visionar en su memoria una y otra vez aquello. El momento en el que el viejo voivoda, convertido en un monstruoso quiróptero, se abalanzaba sobre Pierre Bellemare para cubrirles la retirada y el líder de los Huérfanos, apuntándole con su mano, colocada en forma de pistola, en la que llevaba tatuado el revolver colt, le decía: - ¡Bum! Estás muerto. – Entonces, un chorro de llamas verdes, proveniente de los fuegos del averno, brotaba de la punta de sus dedos y rociaba al tzimisce con todo su calor abrasador.

Y ni siquiera aquello impidió que La Bestia, en sus últimos momentos de no vida, agarrara al infernalista por el cuello, y volcara todo su cuerpo en llamas sobre él para retenerlo durante el tiempo necesario para que ellos pudieran escapar. Por su lado, Pantera consiguió que los Silver Rockets se dirigieran juntos hacia un punto concreto del cerco de cultistas moteros y lo rompieran combatiendo fieramente, pudiendo así, batirse en retirada, haciendo valer el sacrificio de su cofrade. Les estuvieron persiguiendo durante un buen rato, pero una vez cogieron los vehículos y salieron de la ciudad, terminaron dejándolos atrás.

Mas, ¿Qué había sido de Cairo? Pensó. Desde el momento en el que La Bestia había intentado invocar a Elisa Karini en su interior, la templaria había caído en una especie de estupor. El barrido de Quatemoc la había derribado, pero aquello no era suficiente para derrotar a alguien como ella. Sin embargo, el lasombra no había vuelto a verla durante el resto del combate y la persecución. ¿Lo habría hecho alguno de sus hermanos? ¿Habría huido?

¿Y Pierre?, un último vistazo atrás, antes de abandonar la zona, le permitió al ductus atisbar como se quitaba de encima el bulto llameante en que se había convertido el voivoda y se intentaba poner en pie con dificultad, sin duda, herido también de gravedad, aunque ni mucho menos acabado. ¿Les estaría persiguiendo o se quedaría en Ottawa para afianzar su tierra consagrada para su amo infernal? ¿Quién era y qué representaba aquella entidad a la que la hermana Evelyn había designado como decani? ¿Cómo afectaba todo aquello a Montreal y a su misión? Más allá del dolor por los hermanos y amigos caídos, tenían muchas incógnitas por resolver y algunas, que se habían quedado antes en el aire, quizás nunca llegarían a descubrirse.

Por ejemplo, si Polidori había caído ¿Qué había sido del Niktuku? ¿Sabrían alguna vez si había sido una amenaza real o solo una treta del astuto nosferatu antitribu? Y la Mano Negra, ¿seguiría en pie la oferta para que Silver Rockets se uniera a la organización secreta o al morir el dominio, se habría perdido? ¿Cómo era posible que, siendo tan listo, no se hubiese dado cuenta del oscuro secreto que escondía Bellemare? Ni siquiera se podía saber qué pasaría con el control de la ciudad conquistada. Si la mano había dejado de controlarla y el Sabbat no tenía a nadie allí, una vez demostrada la traición de los Huérfanos, quizás Cranston o algún otro miembro de la camarilla que estuviera al acecho, recuperaría rápidamente el territorio. Todo dependía del interés que demostrara el brujah antitribu en reclamar la ciudad para su causa y su capacidad para retenerla. Pantera nunca había oído hablar de ciudades enteras controladas por infernalistas y no pensaba que aquello se fuera a convertir en una excepción. Posiblemente, En cuanto Pierre sacara lo que necesitaba de ella, la abandonaría a su suerte.

Tenían que llegar cuanto antes al Templo de los Eternos Suspiros. Carolina Valez ahora tendría que escucharles. Y si ella no lo hacía o los Pastores se mostraban reticentes a creerles, Ezequiel y los 25:17 querrían saber qué había pasado con Polidori y Stephanie L’Heureux. La distancia se le hizo eterna al lasombra. Una frustración contenida se le iba acumulando en la nuca cuantas más vueltas le daba al asunto. Había fallado como ductus. Por primera vez desde que la manada fuese fundada, había caído uno de sus miembros, exceptuando claro está, si se contaba a Atram, pero Pantera prefería pensar que Lilith y ella eran la misma alma, de alguna manera y con ello, había logrado mantener su autoestima intacta, hasta ahora. Lo del viejo tzimisce, por muy mal que se llevaran, sería algo que nunca iba a perdonarse a sí mismo. Tenía que habérsele ocurrido algo. Alguna otra distracción, otra forma de salir de allí todos de una pieza. O podría haberse sacrificado él. ¿Por qué no lo había hecho? ¿Por qué ni siquiera se le había pasado por la cabeza?

La tortura mental se fue paliando una vez que llegaron a los lindes de la ciudad de los mil campanarios. La vista que le brindó la vía de incorporación radial, con todas las confluencias hacia el centro de la isla y Mount Royal y su cruz, situadas en el centro, lo sobrecogió al momento. ¿Cómo aquel bastión de las distintas fes mundiales del mundo mortal, podía albergar a una entidad de un poder y una maldad tal que ni siquiera ellos, los más viles entre los condenados, podían llegar a medirse con ella? Aquella sensación se le metió por debajo de la piel y tardaría mucho tiempo en dejar de sentirla desde entonces.

Cuando alcanzaron el refugio comunal, probaron a entrar por una entrada distinta, a través de una de las estaciones de metro cercanas. Su paranoia llegaba ya hasta aquellos extremos. Al escuchar los ecos característicos de los llantos infantiles, Pantera se acordó de La Bestia y de sus continuas quejas al respecto, sintiendo una punzada en su fuero interno. Además, todos estuvieron de acuerdo en que los quejidos habían aumentado aparentemente en volumen e intensidad. ¿O sólo era una sensación? No obstante, según se iban acercando al mausoleo, aquellos quejidos fueron siendo sustituidos por voces. Altas y enfervorecidas. Un claro tumulto se desarrollaba entre los muros subterráneos. ¿Habrían llegado ya las noticias de lo sucedido en Ottawa? La vez anterior, tras la cruzada, los rumores fueron más rápidos que ellos, pero en aquella ocasión, el sol había salido y se había puesto entre medias, antes de su viaje de regreso. Los Silver Rockets, forzaron el paso para ver qué estaba ocurriendo.

Nada más llegar, pudieron ver una escena parecida a la del gran cónclave, en la que las distintas manadas, se repartían según sus alianzas y simpatías políticas. Pero se respiraba un ambiente, si cabía, más beligerante. La tensión podía sentirse nada más entrar en la gran sala.

-No puedes achacar su desaparición a un complot por parte de la arzobispo sin pruebas, joven cobra. – Era Benezri, el poeta de la noche, el que poseía la palabra en aquel momento. - Sin duda podría tener algún motivo para hacer lo que dices, dada la rivalidad desatada entre vosotros. Pero la reciente cruzada también ha podido provocar que arcontes o justicars de la Camarilla, hayan podido venir a indagar a nuestras fronteras o las de Ottawa y que L’Heureux estuviera en el lugar equivocado en el momento equivocado.

-Toda la manada del circo ha desaparecido casi sin dejar rastro, incluso sus sirvientes han abandonado el refugio. – La voz atronadora y profunda de Elías la Ballena retumbaba en los oídos como un contrabajo. Él y su enjuto y negruzco acompañante, se habían situado junto con los 25:17, a la vista, desprovistos de su ductus.

-Habrán partido finalmente a su gira anual – Respondió incrédulo Miguel Santo Domingo. Se hallaba junto al trono con Erinyi y Celeste a sus flancos. – ¿Qué tiene eso de raro? Ya sabemos que el viejo voivoda va y viene sin pedir permiso ni dar explicaciones.

-Una casualidad muy sospechosa, sin duda. – Argumentó Ezequiel. Parecía muy enfervorecido, alterado y resuelto a actuar - El tzimisce, su chiquilla y toda una manada no alineada con los intereses de su Excelencia. Y sus sirvientes, de la familia Bratovitch, que como es por todos sabido, nuca se han llevado bien con los Grimaldi. – Aquella frase desató los comentarios de muchos de los allí presentes.

-¿A dónde quieres llegar? – Dijo Carolina valez exasperada. Se revolvía en el trono impaciente. Estaba cada vez más claro lo incómoda que la hacía sentir toda aquella situación – Estoy y creo que estamos ya hartos de tus conspiraciones, tus insinuaciones y tus insultos.

El Serpiente de la luz se adelantó y la señaló con dedo acusador: – Estoy hablando de traición a la secta. – Dijo, usando su tono característico - Estoy hablando de encubrimiento y de asesinato. ¡Y estoy hablando de Monomacia!

El tumulto que se formó fue tal que nadie se percató de la llegada de los Silver Rockets. Pantera había estado, desde su aparición, intentando hacer alguna seña a Roland, a Santo Domingo o a alguno de los 25:17, pero estaban todos tan metidos en la confrontación que no consiguió nada. Por su parte, la cobra prosiguió tras los gritos de ‘explica eso’, ‘¿qué pruebas tienes?’ y demás, que se escucharon:

-Teníamos informes, de nuestra más entera confianza, a cerca de las conexiones, más que continuas y cercanas, de su excelencia con miembros de la familia Grimaldi. – Aportó el obispo - Lo que no era de extrañar, dada su política de control hacia el mundo mortal, tan despreciable e inmoral para el Sabbat como la estúpida Mascarada que emplea la Camarilla.

-Sin esa política, como tú la llamas, la seguridad de la ciudad estaría continuamente comprometida. Y si no quieres verlo, demuestras la inexperiencia e ignorancia que todos sospechábamos que poseías. - Carolina Valez, soltó su discurso con desprecio, aleccionando. -¿Realmente crees que podría haber una ciudad Sabbat sin ningún tipo de control del mundo mortal? ¿Sin vigilar lo que pasa tras salir el sol?

-Esos informes, como iba diciendo, - prosiguió Ezequiel sin darse por aludido - provenían de una fuente fiable que también ha desaparecido. Casualmente. – El barullo y la expectación crecían por momentos. Pantera se fijó en las caras de los allí presentes. Tobías Smith se removía nervioso tras el trono. Gharston Roland, parecía más atento que de costumbre, pero no vio por ningún lado a Mary-Hélèn. Los Pastores, parecía que asistían a un partido de tenis, esperando el momento de reclamar algo de protagonismo y se fijó que a las Reinas de la Misericordia también les faltaba un miembro. En concreto, Caroline Bishops, la joven de mirada esquiva.

-También Caroline ha desaparecido – Intervino Sébastien Goulet precisamente, visiblemente afectado y nervioso. – Y todos sabemos que tu lacayo Pierre ha tenido algo que ver en ello. ¿De eso no vas a hablar?

-Espera tu turno de palabra – le censuró Tobías Smith casi inesperadamente, lo que provocó protestas, comentarios y una mirada de sorpresa de Valez. Pero el antiguo Lasombra continuó. -Ante una acusación de tal calibre y un desafío de Monomacia, deberán priorizarse las intervenciones de acusador y acusado. – Aquellas palabras hicieron dudar a Pantera de la oportunidad de intervenir. Sus hermanos estaban todo el rato haciéndole señas para que interrumpiera y contara lo sucedido. Pero el ductus no veía momento de hacerlo y esperaba a que aquello se resolviese o llegara a algún receso. Por su parte, la arzobispo, no podía creerse lo que estaba oyendo de su propio sire y cofrade.

-¿De verdad vamos a tener que escuchar más falsedades y calumnias de este alborotador? ¿Alguien que me llama traidora a la cara cuando lo único que busca es su culo en el trono? – Carolina estaba asustada. Algo le preocupaba. Y su expresión mostraba que se sentía desprotegida. Estaba completamente a la defensiva.

-Siempre puedes aceptar su reto y zanjar el asunto – Desde luego, la actitud de Smith, no parecía la de alguien de su confianza y su bando. ¿A qué jugaba con ese posicionamiento neutral?

-¿Acusada de qué? Si puede saberse, ¿de gobernar una ciudad de forma eficiente? ¿De ocuparme de los problemas que todos provocáis? – La lasombra parecía tener su discurso controlado, pero algo la hacía contenerse. La hacía dudar.

-Acusada de utilizar esa herramienta, ya de por sí vergonzosa, para fines personales más vergonzosos todavía. – Soltó Ezequiel, dejando entrever algo sin decirlo. Algo que al parecer, había más gente que ya sospechaba, por los murmullos y los gestos de sus rostros.

-¡Mentiras! – Dijo ella elevando de pronto la voz. Llegando a gritar. - ¡Calumnias y falsedades! Las serpientes sois iguales dentro y fuera del Sabbat. Solo sabéis corroer las mentes y a las masas. Corromper y ser corrompidas, como tu sire antes que tú. ¡Sólo buscas el poder! – Y mirando a los demás declaró - Si sigo siendo la arzobispo de esta ciudad, exijo la cabeza de esa cobra al momento.

Los Pastores de Caín, se quedaron como estatuas. Y detrás de las estatuas se escondían los pocos Bibliotecarios que allí se habían congregado. Goulet, hizo ademán de adelantarse mirando a Santo Domingo y los Navegantes que junto con Gharston Roland, parecían los más dispuestos a intervenir. La formación de combate que adoptaron los 25:17, junto con La Ballena y su cofrade era para pensárselo dos veces, desde luego. Pero fue entonces cuando Pantera decidió hacer su movimiento.

Utilizó su potencia para plantarse de un salto en medio de los contendientes y clavar el claymore de plata en el pétreo suelo del mausoleo. Aquello, sin lugar a dudas, consiguió llamar la atención de todos y cada uno de los allí presentes.

- ¡Acabamos de llegar de Ottawa! – Soltó – ¡Pierre Bellemare nos ha traicionado! Es un infernalista. Mientras vosotros peleáis por el trono, él ha tomado la ciudad conquistada junto con su grupo de cultistas y ha asesinado varios de los cainitas de los que habéis mencionado. Ha acabado con L’Heureux, Zarnovitch, Polidori, y seguro que algunos más. Y está urdiendo un plan para su maestro infernal, que vive bajo Montreal.

En aquel momento todos se quedaron paralizados. Las palabras de Pantera habían conseguido llamar la atención de la concurrencia y habían detenido momentáneamente la contienda en ciernes. Durante un rato, parecía que todo el mundo estaba intentando procesar aquel bombazo.

-Lo sabía – Se le oyó susurrar a Goullet. Los pastores se miraban entre ellos, buscando las reacciones de sus propios cofrades, pero no estaba el hermano Marc. Posiblemente él les habría creído al momento. Carolina se había quedado mirando a Pantera y una medio sonrisa le surgía en los labios. ¿Creería que aquello era una treta de su congénere para defenderla? ¿Que finalmente había tomado partido?

(Continuara)
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#7

Mensaje por Darkhuwin » 10 Ago 2019, 21:57

(Cap 15, Parte II)

Ezequiel debió darse cuenta porque su reacción fue inmediata:
-Los lasombra sí que sois maestros del engaño y la traición. – Dijo lentamente – ¿Tú solo has inventado todo eso para defender a tu dominatriz, Pantera? ¿Creéis que no nos hemos dado cuenta de vuestros continuos devaneos? Debo reconocer que imaginación no te falta. Pero Bellemare… ¿Infernalista? Ja, ja, ja. – Rio brevemente - Se nota que no le conoces bien. Además, si así fuera, todos andaríamos infectados ya. – Aquella última afirmación, le hizo sentir bastante incómodo al Silver Rocket, que se recordó participando en la ‘lavadora’ con gran fervor y hasta ahora no se había parado a pensar en las posibles consecuencias de aquello. Pero al momento, reaccionó.

-¡Un miembro de mi manada ha sufrido la muerte definitiva a manos suyas quemado por fuegos del infierno! Creo que ahora mismo, le conozco mejor que su señoría. ¿Es que nadie va a creernos?

-Es una acusación que tendrá que investigarse – Volvió a intervenir Tobías Smith, esta vez, algo alejado ya del trono – Pero antes de que esto se salga de madre y por la prioridad que posee el asunto de la monomacia, instaría a las partes a reconsiderar sus posturas y a nombrar a un campeón que defienda su honor, si no quieren que esto acabe en un baño de sangre.

-No aceptaré las palabras de un traidor, aunque fuera de mi manada. ¿Lucharías tú para defender mi honor, maldita cucaracha cobarde? – Le espetó la arzobispo, levantándose del trono.

-Creo que no soy el más indicado, excelencia. – Le respondió él, manteniéndole la mirada.

Efectivamente, nadie les creería. Y es que aquello parecía un complot orquestado y bastante planificado, pero, ¿Por quién?

-Me veo en la obligación de intervenir. – Dijo Benezri, que había consultado con Catarari y Yitzhak unos segundos antes. – Creo que, siendo el único cargo imparcial presente y, aunque no deseo que realmente nada de esto se produzca, preferiría que, efectivamente, se zanjara este conflicto del modo más civilizado, para poder resolver el caso de las desapariciones, cuanto antes.

-¡Malditos rufianes desleales! Yo me enfrentaré a la serpiente y le arrancaré esa lengua viperina. – Gritó Santo Domingo mientras se adelantaba, despojándose ya de su chaqueta.

-Te lo prohíbo. – Intervino la lasombra. – No dejaré que te sacrifiques por una falsa acusación. Además, si acepto el reto, puedo pedir que elija él primero a su campeón. Porque seguro que no vas a ensuciarte tus propias manos, ¿Verdad, serpiente cobarde?

-Si prometes ser tú la que luche, te aseguro que aceptaré el desafío encantado. Pero como sé perfectamente que no lo harás, tengo a mi lado a alguien que sé que podrá acabar con cualquiera al que designes y demostrar que lo que digo es verdad. - Y Reza Fatir, se adelantó sin dudarlo ni un instante.

Pantera estaba asqueado, enfermo de decepción. Impotente. Aquellos cainitas demostraban el peor aspecto de la Espada de Caín. La desconfianza, las luchas por el poder, los conflictos personales e ideológicos. Ni siquiera en la ciudad más importante cultural e históricamente, las luchas intestinas ofrecían cuartel en un momento tan delicado como aquel. Quizás, toda la tensión acumulada durante años de aquellas facciones y personalidades había llegado a un punto crítico. Mas no sería raro pensar que, de hecho, la influencia de poderes oscuros ulteriores estuviera haciendo efecto sobre los nocturnos habitantes de la urbe, precisamente en aquel momento, y no por casualidad.

-Larguémonos de aquí, Pantera. La Bestia no se merece esto. – Dijo Lupus amargamente, cuando el lasombra volvió junto a los demás.

-No dudes de que es lo que más me gustaría hacer en este momento, - respondió el ductus - pero por desgracia, nosotros solos no podemos hacer mucho. Debemos esperar a ver cómo termina esto y decidir quién podría ayudarnos. Necesitamos que alguien nos crea, si queremos parar a Bellemare.

-No pienso que esto termine bien, jefe. – auguró De paso – A lo peor acabamos de chivos expiatorios de alguno de estos pelotudos.

Quatemoc y Lilith seguían muy atentos a los acontecimientos:

-Va a pelear Roland. – Observó la taumaturga – No es tonta Valez. A él si le permite sacrificarse, aun a riesgo de quedarse sin manada. Sabe que Santo Domingo y sus Navegantes son, ahora mismo, su más firme bastión defensivo en caso de guerra. – Pantera pensaba que pocos cainitas de Montreal serían capaces de vencer a Reza Fatir en combate singular. Aunque también era cierto que no conocía muy bien aquella faceta de muchos de ellos. Podía imaginar que Erinyi o La Ballena por su tamaño y sus clanes de origen, serían poderosos combatientes, pero nunca se podía uno fiar de lo que otros clanes y disciplinas podían lograr. Le había parecido escuchar que Celeste era una luchadora feroz y sin duda Soldat, no le quedaría a la zaga. Si Valez, había sido una infiltrada y una asesina, era de esperar que tampoco fuese aquella una de sus debilidades, pero su posición y la situación en la que se encontraba, no le permitiría demostrarlo en aquel momento y lugar.

-Preparaos por si hemos de salir de aquí urgentemente – ordenó Pantera. – ¿Alguien puede ir a por Lázaro y traerlo?

Los preparativos se pusieron en marcha. Los combatientes se colocaron en el centro del mausoleo y todos los presentes se agruparon alrededor. Carolina Valez, con la cara completamente descompuesta de rabia, se aferraba a los brazos del trono impotente, echando de vez en cuando miradas asesinas a Tobías Smith que, por su parte, observaba con cara de póker lo que estaba sucediendo sin parecer percatarse de ello.

Raphael Catarari, se ofreció a arbitrar la contienda y los 25:17, como si de un juego se tratase, comenzaron a vitorear y a animar a su cofrade. Mientras se observaban todos los detalles del ritae y se recordaban las reglas, tales como que nadie más podía intervenir en el combate, ni utilizar sus disciplinas en ninguna forma hacia los combatientes, o que éstos debían elegir un arma o ninguna y sólo podrían usar eso y sus poderes y habilidades, o que podrían escoger entre matar o hacer que su contrincante se rindiera, Santo Domingo se acercó a los Silver Rockets:

-Espero que antes de que acabe esta farsa de duelo, hayáis elegido uniros a nosotros y defender a la arzobispo de esos miserables marrulleros. Me caéis bien y no me gustaría tener que mandaros al infierno. – Dijo amenazador, con su habitual sonrisa bravucona. – Además, mi sire, De Soto, seguro que está interesado en escuchar lo que tengáis que contarle a cerca del supuesto infernalista, si es que no lo habéis inventado todo. – Pantera sabía que ellos eran, de nuevo, una pieza clave en la guerra que se iba a iniciar por el poder de Montreal. Una manada no alineada que podría significar la diferencia entre la victoria y la derrota. Por eso no se extrañó de que, en cuanto el contramaestre se hubo marchado, fuera Soldat, el Gangrel antitribu de la manada de Ezequiel, el que se acercara a hablar con ellos:

-No sé qué pretendíais con esa escenita y la película de terror a cerca de Bellemare. Es cierto que es un poco insufrible, pero es leal a nuestro líder y eso le convierte en uno de los nuestros. Si vuestro ductus ha decidido iniciar un idílico romance con Valez y alguno de vosotros no aprueba la situación en que eso os deja a los demás, la manada de los Desgraciados necesita ser recompuesta y el futuro arzobispo os considera óptimos para sus filas. - Esto último lo dijo mirando directamente a Quatemoc. Pantera se interpuso entre ellos y le miró con furia:

-Si no fuera porque sé que algo o alguien está influyendo en vuestra razón y nubla vuestro entendimiento, pagarías cara esa afrenta a mi manada. – Utilizó toda su capacidad para intimidar al soldado.

-Más os vale no cruzaros en nuestro camino, - le respondió Soldat, con media sonrisa y sin mostrar ningún signo de haberse visto afectado. - aunque sea por error. No estáis a la altura, creedme. – y se marchó justo cuando se iniciaba la monomacia.

Era una pena que los caminos de aquellas dos cofradías estuvieran encontrados. Pese a las desmesuradas ínfulas de poder de la cobra, a los Silver Rockets, en general, les gustaba la manada de guerra de la mano negra. Pero si ellos no estaban dispuestos a dar crédito a la verdad, sería su problema. Pantera no les seguiría ciegamente, no volvería a hacerlo. La memoria de La Bestia, Polidori y los Cosechadores estaría presente para recordarles, durante el tiempo que fuese necesario, lo que era más importante ahora mismo.

En realidad, no conocían la gravedad o la veracidad de los cargos contra Carolina Valez y tampoco es que en aquel momento les importase demasiado. Lo que estaba claro, es que la población de la ciudad estaba siendo mermada y ella no parecía capaz de afrontarlo. Pero, ¿Cómo iban a conseguir que alguien les ayudara si nadie les creía y estaban todos enfrascados en su propia lucha interna? Necesitaban alguna prueba, algo que hiciese ver a los demás el peligro que corrían si no hacían algo al respecto. Quizás la visita a De Soto, fuera la solución a su problema. No obstante, nada les aseguraba que el viejo juez inquisidor, no les obligase a elegir también un bando antes de ofrecerles su ayuda. No había una salida fácil a aquel problema y el ductus empezaba a dudar también de su propia capacidad de liderazgo.

El combate comenzó raudo. Gharston había atado a los perros con fuertes cadenas a una columna y estos no dejaban de ladrar, inquietos, ante los gritos y jaleos de los presentes. El cainita del dragón enroscado tatuado en la mejilla, había elegido sus dos pistolas como arma y nada más empezar, comenzó a vaciar sus cargadores en el cuerpo de Reza Fatir, que, algo asombrado, solo consiguió evitar unas cuantas balas, dejando que las otras penetrasen en su cuerpo, pese a moverse a una velocidad sobrehumana. Cualquier vástago experimentado en mil batallas habría hecho lo mismo, ya que, aquellos proyectiles, no le producirían heridas lo suficientemente graves como para no poder curarlas, con un aceptable gasto de su vitae, y tras la regeneración, al otro no le quedarían balas con las que seguir disparando si no era capaz de recargar. Así que, tras las ráfagas iniciales, el ángel oscuro, se dedicó a instigar y acechar a su contrincante con su cuchillo, sin mucha energía ni contundencia, para ir recuperándose, impidiéndole simplemente que pudiera hacerlo. Pero lo más curioso fue que, durante aquella maniobra, por algún motivo, el Assamita empezó a notar algo raro. Su rostro se transformó. Sus movimientos eran cada vez más erráticos y lentos hasta que, en unos pocos segundos, hincó la rodilla en el suelo, con el gesto crispado, apretando los dientes y mirando hacia el suelo. Todo el mausoleo quedó en silencio, incluso los canes se callaron al notar el tenso vacío sonoro. El cofrade de la arzobispo, se dirigió directamente hacia su presa para acabar con él, pero sorpresivamente, en el último instante, el ángel de Caín evitó su golpe.

Aunque conseguía moverse a duras penas, a Reza Fatir, parecía que le ardía el cuerpo por dentro, por sus gritos y gestos. Como si algún veneno le estuviera haciendo efecto. Pero aquello no era posible en un condenado. Los venenos no mágicos eran simplemente inocuos. ¿Qué capacidades tendría Roland para provocarlo? Pantera no sabía a qué clan pertenecía el cainita de los Ángeles Perdidos, pero aquello tenía que ser algún tipo de sugestión mental, y tenía mucha pinta de Quimerismo ravnos. Por tanto, si Reza Fatir, no era capaz de afrontar, a base de fuerza de voluntad, sus miedos a las sensaciones, en realidad ilusorias, que le estaba provocando, sería su final. El campeón de Valez a lo mejor no era un luchador tan experimentado como el asesino de la mano, pero sin duda, era un superviviente y sabía jugar sus cartas. Aprovechó para recargar sus dos nueve milímetros y volver a vaciarlas en Fatir, que apenas pudo saltar, haciendo un mortal hacia atrás para evitar recibir toda la descarga. Pero, al caer, se derrumbó y quedó tendido en el suelo como un muñeco de trapo. Aquello provocó los gritos de júbilo de Goullet, Santo Domingo, Celeste y algún otro simpatizante y pareció relajar a la arzobispo, que no parecía tenerlas todas consigo cuando eligió a su pupilo como protector.

Sin embargo, Roland, no terminaba de fiarse y mientras hacía una nueva carga de sus pistolas, rodeaba el cuerpo a cierta distancia. Pantera se fijó en que el Bando de Ezequiel se había quedado mudo. Todos miraban expectantes y aparentemente incrédulos la escena. Menos la cobra. El joven obispo, pese a seguir en silencio, como lo había estado todo el combate, observaba con gesto divertido, sin ningún tipo de duda o temor. Aquello hizo que el lasombra dudara también de que la pelea realmente hubiese finalizado.

-¡Acaba con él, antes de que se recupere! – Se escuchó.- ¡Termina ya!

Y lenta y cautelosamente, apuntando con ambas armas, Gharston Roland se acercó hacia su víctima para darle el golpe de gracia. Pero en aquella ocasión fue él el que cayó de rodillas, de pronto, sin previo aviso. Y no por una ilusión que solo él percibiera, ya que todos pudieron observar como cientos de pequeñas heridas de su cuerpo, comenzaban a sangrar a la vez. Incluso sus ojos, su nariz, su boca y sus oídos, dejaban escapar el rojo fluido a borbotones. Aquello, pareció pillarle por sorpresa. Seguramente pensaba, como toda la concurrencia, que el assamita antitribu, apenas le había rozado durante todos aquellos ataques disuasorios, que su cuerpo había absorbido el daño sin problemas. ¡Qué ingenuo! Qué ingenuos todos los que no conocían al ángel oscuro. Sólo había estado jugando con él desde el principio.

Aquella treta de asesino, lo debilitó y aturdió lo suficiente como para que, aunque intentó levantar sus nueves para disparar, justo cuando seguramente, distinguió un desello borroso que todos atisbaron que se acercaba a él y cruzaba a su lado, no pudo. Primero cayeron las puntas de los cañones de sus pistolas. Luego su cabeza rodó por el suelo del mausoleo. Provocando un gemido de asombro entre la multitud. Los perros aullaron, los murmullos se elevaron y entre todos ellos la voz de Ezequiel se impuso reluctante:

-Abdicad ahora excelencia o las manadas de esta ciudad sufrirán las consecuencias de una guerra abierta. – Dijo, mientras Reza Fatir regresaba entre sus hermanos, aún algo tocado. Sus partidarios se colocaron de nuevo en formación de combate.

-No voy a aceptar esta pantomima. – Respondió Carolina con calma. -Tus acusaciones son vacías. Tus estúpidos prejuicios serán tu perdición, serpiente ingrata. Ahora probarás en tus propias carnes la eficacia de tenerlo todo bajo control y de utilizar todo lo que está en tu mano.

En aquel momento, de todas las entradas de la sala, comenzaron a salir hombres vestidos de negro y con pasamontañas, armados con armas automáticas, chalecos antibalas, visores nocturnos y miras láser. Eran por lo menos veinte y todos se colocaron apuntando al grupo del obispo.

-Esto no es aceptable, excelencia – Intervino Benezri – Le ruego reconsidere lo que está haciendo.- El resto de los Pastores recularon junto con los Bibliotecarios hacia la entrada de la Capilla de Caín.

-Elige el bando que prefieras o vete a esconderte con los tuyos, Pastor. Ya has demostrado muchas veces tu deslealtad, al igual que muchos de vosotros. – Dijo barriendo a todos con la mirada. - Creo que alguien, con sus palabras, ha ofendido el nombre de una familia a la que no le gusta que duden de su lealtad y su eficacia. –Añadió la lasombra y dirigiéndose a Ezequiel – Quizás ahora entiendas, por fin, que no eres tan listo ni tan poderoso como te crees.

En efecto, a Pantera le pareció que la arzobispo había logrado sorprender y arrinconar al serpiente de la luz con su movimiento, por ello, las palabras de Ezequiel fueron de rabia y desprecio cuando le espetó:

-Esto lo pagarás caro. Tú y los que se pongan de tu lado. No has aceptado una ley fundamental y has vuelto a utilizar al Sabbat para tu propio beneficio, delante de todos. Pero esto no acaba aquí, arpía. Tu cabeza rodará como la de tu lacayo.

-¡Acabad con ellos! - Gritó la arzobispo. - ¡No dejéis que escapen! – Comenzaron a oírse los primeros disparos, pero fue entonces cuando una gran explosión hizo tambalearse toda la construcción y el humo lo cubrió todo. Al disiparse, Pantera pudo observar que se había abierto una gran brecha tras la pared en la que se habían ubicado siempre los 25:17, y que estos, parecían haber escapado por allí hacia el alcantarillado. Después de todo, nadie había podido prever todos los movimientos y tretas de sus enemigos, así que, pese a que los Grimaldi de Carolina, se lanzaron en persecución de los rebeldes, al lasombra no le cabía la menor duda de que aquella guerra, no había hecho más que empezar.
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#8

Mensaje por Darkhuwin » 26 Ago 2019, 19:53

Hola,

Voy a intentar colgar todos los capítulos que llevo en PDF en el hilo, por si alguien prefiere leerlos en un ebook o en su pantalla en blanco y negro menos agresiva.

El único problema es que he estado probando y solo me deja adjuntarlos de 3 en 3, así que tendré que poner unos pocos post para meter todos:
Intro Prologo y Cap 1.pdf
(118.92 KiB) Descargado 44 veces
Cap 2.pdf
(117.68 KiB) Descargado 36 veces
Cap 3.pdf
(125.63 KiB) Descargado 44 veces
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#9

Mensaje por Darkhuwin » 26 Ago 2019, 19:54

Más,
Cap 4.pdf
(85.35 KiB) Descargado 34 veces
Cap 5.pdf
(112.67 KiB) Descargado 39 veces
Cap 6.pdf
(119.66 KiB) Descargado 40 veces
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#10

Mensaje por Darkhuwin » 26 Ago 2019, 19:55

Cap 7.pdf
(123.19 KiB) Descargado 38 veces
Cap 8.pdf
(106.52 KiB) Descargado 44 veces
Cap 9.pdf
(101.33 KiB) Descargado 44 veces
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