Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

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Darkhuwin
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#31

Mensaje por Darkhuwin » Jue Nov 21, 2019 9:23 pm

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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#32

Mensaje por Darkhuwin » Jue Dic 05, 2019 4:49 pm

Capítulo 19: Caza de Sangris.

Era una noche brumosa, de luces extrañas. La temperatura había descendido algunos grados en los últimos días, trayendo una pequeña borrasca de verano, que no parecía muy natural. Quatemoc llevaba un buen rato esperando acurrucado entre dos coches aparcados al final de un puente sobre el río. Sus instrucciones eran claras: no hacer nada hasta ver aparecer al objetivo, momento en el cual debía regresar al punto de encuentro, tratando de no ser detectado y dar el aviso a la partida de guerra.

Estaba bien alimentado, concentrado y listo para actuar. La meditación, arraigada ya en su rutina nocturna, tras años de práctica y entrenamiento, le proporcionaba una perspectiva ventajosa sobre sus presas en un alto porcentaje de las ocasiones. Sus habilidades y su determinación, hacían el resto.

El assamita antitribu repasó mentalmente los últimos acontecimientos para ordenar sus ideas y relajar la mínima tensión que pudiera estar sintiendo, no fuera a distraerlo.

La población cainita de Montreal volvía a estar en guerra, aunque esta vez, todos juntos contra un enemigo común. El Cardenal Strathcona, finalmente había vuelto con Zhou, mas nadie sabía de dónde, ni por qué había tenido que ir él en persona a traerlo. Lo que también se habían traído y, por lo que parecía, contra su voluntad, era a una cainita, vieja conocida de la ciudad. Nada más y nada menos que a Cedilia de la Lengua.

Al parecer, Zhou andaba trabajando incansablemente, desde su regreso, en repintar los cuadros que en su día creó. Mapas, según explicó, de las zonas de poder en las que Methatiax, era, de algún modo, permeable a la realidad. Él y los Pastores de Caín al completo, estaban dedicados a la tarea de buscar las debilidades del decanus, para poder atacarle donde más le doliera, por orden de Ezekiel.

Por otro lado, la directriz del arzobispo, había consistido en atraer la mirada del enemigo hacia la propia urbe, evitando así que pudiera completar el plan de Bellemare, de huir de su prisión hacia Ottawa y probablemente, hacerse más poderoso y peligroso.

Cualquier otro líder menos comprometido, le habría dejado irse para librarse fácilmente del problema, pero el serpiente de la luz sabía que si lo dejaba escapar ahora, posiblemente no volverían a tener la oportunidad de hacerle daño. Y sin duda, pronto regresaría a reclamar lo que creía suyo por derecho.

La noche en la que De Soto reveló que, en realidad, era Sangris, los Silver Rockets se quedaron con él y con la ex manada del arzobispo tras la marcha de Ezekiel. Incluso durmieron allí durante el día, ya que la mansión estaba perfectamente preparada para acoger a un nutrido grupo de cainitas: contraventanas, gruesas cortinas, sótanos a prueba de luz.

Pasaron la mayor parte del tiempo escuchando al antiguo contándoles sus batallitas, intentando sacar la máxima información posible referente al infernalismo de Montreal. Ahondaron en el papel que habían jugado Bellemare y Elías en las correrías de la serpiente, sin que la ballena llegara a saber nunca las secretas armas a las que recurrían los otros dos. Charlaron sobre la desconcertante figura de Musa, que Sangris les describió como guardiana de las huestes infernales del decanus, controlándolas con su voz, para esperar al momento preciso para soltarlas. De las enfermedades que se esparcían por la ciudad rápidamente, cada vez que uno de los sirvientes infernales conseguía transmitir su corrupción a cainitas desprevenidos y estos se alimentaban sin saberlo de cientos de mortales, el rito Caribdis, o como lo habían llamado, la ‘lavadora’. O de los poderosos rituales que protegían el barco de los Navegantes y más especialmente aquella fortaleza en la que el propio habitante del cuerpo de De Soto se había encerrado, evitando que la entidad demoníaca, pudiera acceder a sus pensamientos y actividades.

Les confesó que, todas las noches, sentía una tentación irrefrenable de volver a acudir a su libro de taumaturgia, repleto de oscuros rituales e inconfesables secretos, con los que podría volver a ser el que era y alcanzar de nuevo la gloria y el poder. Fantaseando con la idea de liderar un ataque contra el decanus y liberarse a sí mismo y a la ciudad, de la terrible lacra que la envolvía. Pero no solo el miedo lo retenía. Era lo suficientemente inteligente como para saber que aquello no era más que una idea ilusa, un imposible. Utilizando las artes de su amo, lo único que conseguiría sería caer aún más bajo su dominio.

Toda aquella conversación, sin embargo, sirvió para que Yasmín y Lilith comenzaran a ver posibles líneas de acción para una eventual estrategia contra Methatiax. Aquella idea fue madurada durante dos noches más, junto con el arzobispo, los Pastores de Caín, los Bibliotecarios y a su llegada, transmitida al Cardenal y su amigo oriental, que además aportó su experiencia y sus propias directrices para completar el plan, sin olvidar, la ventaja que les proporcionaría el tener en su poder, a otra antigua servidora del decanus.

Y así dio comienzo la última cruzada contra los poderes infernales de Montreal.

De momento, habían tratado de llamar la atención demoníaca, utilizando el reclamo de Cedilia. La malkavian antitribu, había sido torturada y expuesta en el mausoleo del Templo de los Susurros Eternos a ojos de todo el Sabbat de la ciudad. No tardaron mucho en llegar noticias de avistamientos de bandas de motoristas provenientes de Ottawa, lo que indicaba que Bellemare podría estar siendo impelido por su señor a investigar.

Poco después, se reclamó la colaboración de Sangris, quién, muy a su pesar, hubo de tratar de comunicarse con el decanus, fingiendo que, finalmente, no había podido dejar de resistirse a la llamada del poder, con la excusa de la ascensión de su chiquillo al archidiócesis y la noticia de la aparición de un alter ego falso, suplantador de su persona.

Esto último fue el detonante. Los espías bratovitch anunciaron la presencia inconfundible de Bellemare y varios acompañantes, en las cercanías de la ciudad. Había reunido una pequeña hueste de cultistas mortales y, según las fuentes, también algunos inmortales. Sí los cálculos de los líderes de la ciudad no estaban equivocados, el ductus de Los Huérfanos no tardaría en encontrarse con el falso Sangris e incluso era posible que intentase acudir a Mount Royal a reclamar un ejército de bestias leales a Methatiax para conseguir su objetivo, que no era otro que las almas que le pertenecían y se le habían negado durante tanto tiempo.

El plan era impedírselo, por supuesto, y para ello, se había desplegado un dispositivo de vigilancia, minuciosamente distribuido por todos los límites de la ciudad. El subsuelo lo controlaban Los Desesperados, Elías y Araña, ayudados por otra manada de la mano que había acudido a la llamada de Ezekiel. Los accesos desde Westomunt, estaban cubiertos por los Navegantes, que habían recuperado a Santo Domingo, tras una charla intensa con Strathcona. Las Reinas de la Misericordia y las Viudas guardaban el centro urbano, mientras que los Pastores, Los Bibliotecarios, 25:17 y el propio serpiente de la luz, protegían el refugio comunal, a Sangris y a Cedilia.

A los Silver Rockets les había tocado en primera línea, pero el cardenal en persona estaba con ellos. Cubrían los accesos desde el norte de la ciudad, junto al Rivière des Prairies, río que separaba la isla de Montreal de la ciudad de Laval y la isla de Jesús, y que los Hurones habían llamado Skawanoti, o ‘el río de detrás de la isla’. Eran los más probables por los que podían aparecer sus enemigos y en uno de aquellos puntos de entrada, se encontraba Quatemoc.

No tardaron en aparecer. Era un nutrido grupo de motoristas, avanzando lentamente por el puente, entre la niebla, como si no quisieran hacer demasiado ruido. Los acompañaban, un Jeep sin capota y un par de ruinosas furgonetas plagadas de graffiti. El Silver Rocket permaneció un segundo más observando, para cerciorarse de que se trataba de lo que estaban esperando y poder averiguar quién lideraba la comitiva. Contaban con el hecho de que sus rivales efectuarán movimientos de distracción, con señuelos para despistarles y dejar desprotegidas sus defensas. Pero en este caso, ahí estaba. Bellemare en persona, montado en su custom. Y junto a él, la que parecía ser Cairo y otro cainita que bien pudiera ser el falso Sangris, por las descripciones que le habían dado al assamita. En cuanto se hubo asegurado de que avanzarían desde el puente de Pío IX hacia el bulevar, Quatemoc desapareció en la niebla sin hacer el menor ruido y corrió hasta el puesto de avanzadilla.

-Ya están aquí - Anunció una vez llegó al emplazamiento. Habían montado una pequeña barricada cortando la calle, con varios vehículos, neumáticos y algunos sacos de arena para parapetarse del fuego de los esbirros mortales. A esas horas, nadie transitaba la zona y si lo hacía, pensaría que eran algunos vándalos haciendo gamberradas. Además, el cardenal se había asegurado de que la policía no les molestara.

-Avísale - Dijo Pantera a Lázaro. Antonio De Paso, estaba perfectamente instalado como francotirador en la azotea de un edificio cercano, con Lilith y un walkie-talkie para ser informado y recibir las órdenes pertinentes. - Dile que nos haga una señal en cuanto les vea. - Añadió. Su voz, sonaba mortecina, posiblemente provocado por la densidad neblinosa y la humedad.

-Con está niebla...- Lázaro no parecía muy convencido de la posición del templario.

-Tú avísale. - le respondió muy seguro el ductus. Pero luego se explicó. -Tiene capacidades que quizás aún no conozcas y la ayuda de Lilith. Debemos confiar.

Antes de separarse, Lupus le había dicho a De Paso:

- ¿Crees que servirá de algo disparar a Pierre? Recuerda lo que pasó la última vez.

-Dejalo en mis manos, che. No llevo ochenta años tirándole para que ahora me vaya a joder una pelotuda barrera mágica.

Quatemoc no sabía si De Paso había descubierto una forma de contrarrestar las defensas del infernalista por sí mismo o si lo ayudaría la taumaturga. El caso es que parecía muy seguro cuando se marchó, aunque el tema de la visibilidad, podría ser otro contratiempo. Pero el assamita, por muy meticuloso que fuese, hacía tiempo que había aprendido a delegar y a confiar en el resto de la manada. Su función ahora era el cuerpo a cuerpo y si era posible, furtivamente. Algo que sí era favorecido por las condiciones meteorológicas actuales.

Desde su posición de flanqueo, podía ver a Lupus, Pantera, Lázaro y el cardenal, entre las sombras de la neblina, situados tras la barricada. Las hojas de los claymore que portaban el lasombra y Strathcona, soltaban destellos entre la bruma. Los destacados ojos rojos del gangrel antitribu, le daban una imagen siniestra y amenazadora, que ayudaría con la moral de los motoristas con menos redaños.

Ahora solo hacía falta comprobar, si el poder de un antiguo y sus pupilos, sería rival contra el de un servidor infernal y sus seguidores.

-Preparaos, hijos míos. Hermanos. – Le oyó decir Quate al cardenal. Estaba hablando lo suficientemente alto para que se le escuchara desde su posición, aunque tuvo que hacer un esfuerzo para entender todas las palabras. - Esta lucha será difícil. Puede que sea nuestra última batalla. Pero no nos dejaremos amedrentar por ese motivo. Porque sabemos que todas nuestras batallas pueden ser la última, ya que pertenecemos al más alto linaje que puebla este mundo con orgullo. Somos la sangre de Caín y debemos proteger su legado. – Dicho esto, Strathcona pasó por encima de la barricada y se colocó delante con su espada en ristre justo en el momento en que la estática del walkie que les comunicaba con el templario, chisporroteaba anunciando la inminente llegada del enemigo.

Quatemoc observó cómo la comitiva encabezada por Bellemare se detenía a unos cien pasos de la barricada, muy cerca de su posición. El infernalista había levantado el brazo derecho al percatarse del bloqueo y de la presencia del cardenal.

-Su eminencia en persona - Bramó, con esa voz profunda que lo caracterizaba. - No esperaba tan alto honor, después de haber sido abandonado a mi suerte en una ciudad recientemente conquistada.

De lo que rápidamente se había dado cuenta el assamita antitribu, es de que había menos integrantes en el grupo que la primera vez que los vio, hacía unos minutos. Una de las furgonetas y algunos motoristas, ya no contaban entre los presentes, lo cual indicaba que se habían separado. De hecho, le pareció echar en falta al que había reconocido como posible falso Sangris. Tendría que decírselo a los demás, pero, en aquel momento, solo podía preocuparse de lo que tenían delante. Además, tanto Pierre, como Cairo eran objetivos principales para ellos.

-No te servirá de nada hacerte el mártir conmigo, traidor impío. - Le respondió firme Strathcona. -Sabemos de tus pecados por muchas fuentes. - Y añadió. - Algunas que no creerías.

-Entonces, ¿Ni siquiera tengo derecho a defenderme en un juicio? - Dijo el otro con sorna. A Quatemoc le pareció que el brujah antitribu trataba de ganar tiempo.

El cardenal le respondió entonces: -Entrégate ahora y te daremos un trato justo. Quizás los Pastores puedan salvar tu alma de las garras del infierno. Pero habrás de ayudarnos a acabar con tu amo.

-Jujujujujuju. - El Silver Rocket tuvo que reconocer que la risa de bajo que brotaba de Bellemare, era verdaderamente intimidante. - Mi alma no puede salvarse, viejo. No conoces el poder de mi señor. Pero pronto lo harás. Yo mismo te lo mostraré. - Y el infernalista volvió a levantar su mano ordenando avanzar.

Las motocicletas salieron en formación de flecha hacia la barricada. Los matones, unos con pistolas o ucis y otros como paquetes o desde el puesto de copiloto del Jeep, con escopetas o fusiles de asalto, comenzaron a disparar, un poco a bulto. A la distancia a la que estaban y en movimiento, aunque fuera lento, pocos hacían blanco en sus objetivos. Quatemoc estaba esperando a que pasaran para seguirlos y cogerlos por la retaguardia cuando se fijó en que Bellemare se ponía de pie en la moto y alargaba el brazo y los dedos tatuados con aquel gesto característico que imitaba una pistola apuntando al cardenal. Aquello provocó la algarabía de los suyos que dejaron de disparar y empezaron a aullar y a vitorear a su cabecilla, pero justo al instante siguiente, se escuchó en la lejanía el fusil de De Paso y la rueda trasera del infernalista reventó, haciendo saltar la custom por los aires y enviándole a él bajó las ruedas de sus seguidores, que no pudieron sino atropellarlo. Además, en el intento de evitarlo, muchos otros se fueron al suelo, provocando un tumultuoso accidente y la acometida motorizada quedó bruscamente neutralizada temporalmente.

Aquel fue el momento en que el cardenal y el resto de la vanguardia de Silver Rockets, iniciaron su ataque con un grito triunfal. Y consecuentemente, también el assamita aprovechó para cogerles desprevenidos desde atrás.

La sangre y los aterrados alaridos comenzaron a surgir por doquier. Los tajos a diestro y siniestro del asesino tatuado de la Mano, provocaron el vuelo de algunos miembros que su cimitarra iba seccionado con precisión quirúrgica y a una velocidad que apenas podía seguir un ojo humano corriente. Según iba matando, aprovechaba para alimentarse de la vitae aún caliente de sus víctimas, recargando así sus energías. Una forma de luchar característica de los vástagos entrenados en el combate y que con los años había ido refinando. Además, sus habilidades le permitían también ir dejando enemigos incapacitados y desprotegidos para mantenerlos con vida, por si más adelante los necesitaba. Los mortales no eran rivales para Quatemoc en el cuerpo a cuerpo, al menos no en este número y con esta preparación. Apenas logró ninguno apuntarle con su arma antes de caer bajo sus fieras acometidas.

Pero entonces apareció Cairo.

(Continuará)
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#33

Mensaje por Corso » Jue Dic 05, 2019 8:29 pm

Así estoy


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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#34

Mensaje por Darkhuwin » Vie Dic 06, 2019 6:21 pm

:lol: :lol: :lol:
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#35

Mensaje por Darkhuwin » Lun Dic 09, 2019 10:36 pm

(Cap 19 parte II)

Silenciosa e inexpresiva como siempre, los ojos fijos en su objetivo, como si se tratara de una máquina, o más bien, una marioneta. Su cabello bermellón, le cubría la parte izquierda de la cara, mientras la derecha mostraba unos tatuajes en forma de pequeños triángulos alrededor del ojo ¿Era posible que el propio decanus manejara a aquel ser sin alma?, ¿Quedaba algún resquicio de Elisa Karini en su interior? El assamita antitribu intentó una finta y se encontró con un golpe directo de la ex inquisidora que le mandó varios metros hacia atrás dando con su espalda en el asfalto.

Desde su nueva perspectiva, pudo ver, más allá de su rival, como Pierre Bellemare se levantaba de debajo de un grupo de motocicletas con facilidad pasmosa y se sacudía el polvo, fanfarrón, como si nada hubiera pasado, mientras sus sirvientes caían a manos del Cardenal y sus pupilos. E ignorando aquella escabechina, se dirigió hacia la furgoneta que había quedado a un lado de la calle a grandes zancadas.

Cairo, mientras tanto, se mantenía quieta, mirado directamente a Quatemoc, con su katana desenvainada, como esperando a su próximo movimiento. Algo que no lo extrañó, ya sabía que ella luchaba a la defensiva, sería difícil engañarla o cogerla desprevenida después de la última vez. Lo que no esperaba el indígena tatuado, era lo que vería aparecer cuando el infernalista abrió la puerta del vehículo decorado de grafiti.

-Ya que veo que mis fieles seguidores no os han caído bien. – Dijo en voz alta el brujah antitribu, para que se le escuchase pese a los ruidos del combate. Su afeitada cabeza, brillaba por la humedad. – Os voy a presentar a mi nueva manada. Estoy seguro de que ellos os van a encantar, ya que los he adoptado en vuestro honor, Rockets. – Y al abrir el portón trasero con un chirrido estridente, anunció, como si de un espectáculo se tratara: - ¡Aquí están mis nuevos Huérfanos!

Del habitáculo trasero, comenzaron a salir, en fila, versiones manipuladas de: el Teclas, el Estirado y Sid. Sus amigos los Cosechadores, habían sido transformados en cainitas marioneta, al modo de Cairo, algo repugnantemente retorcido que les dejó boquiabiertos. Y cuando Quatemoc creía que aquello no podía ser peor, detrás de ellos, surgió la alta y encorvada figura característica del viejo voivoda tzimisce. Su mirada perdida e inexpresiva, le restaba veracidad al embuste, pero las facciones negruzcas, chamuscadas y medio derretidas de La Bestia, mostraban lo que su hermano de sangre tuvo que sufrir en el momento de su sacrificio.

Si lo que pretendía Pierre era enfurecerles, lo había conseguido. Aquello no era un desafío, era una provocación malsana, un insulto burdo y despreciable, de una bajeza indescriptible. Pero, ¿qué se podía esperar de un servidor infernal, alguien bajo el influjo de las revelaciones perversas? Mas aquellas aberraciones, al fin y al cabo, eran adversarios. Nuevas fuerzas con las que contaba Bellemare y contra las que habrían de enfrentarse, pensó Quate. Otra forma de retenerles, mientras el otro grupo se infiltraba en Montreal.

-Y no son los únicos, - dijo precisamente, con sorna, avanzando hacia el cardenal y apuntándolo con su mano tatuada. Entre los zarcillos de niebla que revoloteaban a su alrededor y a veces lo cubrían, su aspecto, con aquellas gafas de sol y la imponente sonrisa, era de lo más amenazador. – También hay para vos, eminencia. Pero al resto los he enviado a que conozcan nuestro mausoleo. O a que vuelvan a conocerlo, sería más correcto decir, ¿No es así? Jojojojo. – Parecía muy orgulloso de su plan y sus bravatas, por burdas que le parecieran a Quate. - Y viajan con un viejo conocido tuyo al que seguro echas de menos.

Un nuevo disparo se escuchó desde la azotea, provocando que el infernalista se detuviera y mirara en aquella dirección. Pero en aquel mismo momento, Strathcona cargó contra él, claymore en mano, profiriendo un grito en latín:

-¡Nobiscum Deus!, ¡Caelum Denique!

Aunque el assamita no era experto en la vieja lengua, reconoció el segundo, como un característico grito de guerra templario de las cruzadas. Pero sus sentidos estaban centrados en el destino del disparo que De Paso había efectuado, mientras se levantaba para atraer la atención de la acólita de Bellemare. Su experiencia y el conocimiento de sus cofrades, lo llevó a pensar lo que estarían tramando y buscar en la furgoneta. Y, efectivamente, allí estaba, el oscuro fluido saliendo a borbotones del depósito y esparciéndose por el suelo, bajo las completamente desprevenidas figuras de los nuevos Orphelins.

Y al a vez que el traídor brujah antitribu expulsaba su veneno verde en forma de llamas infernales, con una indescriptible muestra de regocijo y diversión, diciendo: - No temo a tu Dios, vejestorio, él no te protegerá de mí…. Jajajaja. – y haciendo que el cardenal tuviera que apartarse y revolcarse por el suelo para intentar apagar aquel inextinguible fuego, obligando además a retirarse a Pantera y los otros; otra pequeña llama surgió de las alturas y fue a parar directa al fuel desparramado bajo el vehículo. Cuando Cairo se percató, ya era demasiado tarde para sus recién adquiridos hermanos. El depósito estalló, flambeándolos por completo. Las cuatro figuras se tambaleaban enteramente cubiertas por las llamas pero sin proferir ningún tipo de grito ni quejido. Incluso Pierre, que no se hallaba muy lejos, había sido afectado por la onda expansiva y había dejado de rociar su flamígero chorro de muerte. Pero, en cuanto se hubo recuperado del shock inicial, profirió un grito y una maldición y mirando hacia la azotea, comenzó a abrir su boca de forma imposible, haciendo surgir de ella un gran enjambre de insectos que volaron imparables, en pos del lugar del que habían venido los ataques.

Aquello había logrado llamar la atención de Cairo y Quatemoc lo aprovechó. Controló, como pudo, la irrefrenable sensación de pánico que todo cainita sufría con la visión de las ígneas piras que se habían formado en su derredor. Confió en que sus cofrades allá arriba, supieran lidiar con lo que se les echaba encima y se olvidó del resto del combate para centrarse en su objetivo. Posiblemente el más duro al que se había enfrentado hasta la fecha, no tratándose de un lupino, al menos, en solitario. Pero si aquella era su misión en la situación en que se encontraban, la llevaría a cabo aunque ello significase su final definitivo. No era, en vano, un miembro del sabbat, de su cuerpo de combate de élite, la Mano Negra y de los Silver Rockets, para más inri. Así pues, desapareció entre la niebla. Y, cuando su adversaria se dio cuenta de que había perdido a su rival de vista, ya se encontraba su espalda y con la cimitarra cubierta con su propia sangre envenenada para hacerle el mayor daño posible en un solo golpe mortífero.

Sin embargo, pese a que el tajo llegó a rozarla, porque en el último momento algún tipo de sentido la alertó del ataque y se lanzó rodando por el suelo hacia delante, su piel era rocosa como el mármol y apenas la hirió. Aun así, la templaria de Les Orphelins, tuvo que desembarazarse de su cazadora, pues se había impregnado de la corrosiva vitae assamita y la seguiría dañando si continuaba en contacto directo con ella.

Por primera vez, a Quatemoc le pareció que Cairo, o lo que fuera que la manejaba, comenzaba a tomarlo en serio. La ex inquisidora se colocó en posición de combate, como lo hiciera aquella vez que simuló su lucha con Reza Fatir, durante la preparación de la cruzada de Ottawa. Y lo cierto, es que él había memorizado aquel combate y había estado repitiéndolo y practicándolo siempre que había tenido tiempo desde entonces. Por lo que adoptó la postura que en su día adoptó el 25:17. Lo que siguió, fue una danza ritual de filos y sangre: Fintas, tajos, giros y estocadas, entretejidos en una coreografía, entre aprendida e improvisada. Cada vez que uno de los dos resultaba tocado, había una pequeña pausa, en la cual, volvían a adoptar posiciones iniciales y vuelta a empezar.

Su contrincante era más dura, sin embargo, el arma del assamita, con su sangre impregnada, era más mortífera, lo que igualaba un poco la cosa. No obstante, poco a poco, las fuerzas del Silver Rocket, iban disminuyendo debido al esfuerzo y el gasto de vitae que le provocaba combatir con aquella intensidad y velocidad. Cairo, por el contrario, no mostraba signos de cansancio. Quizás fuera debido a que la templaria no expresaba ningún tipo de emoción ni estado, pero por la forma en que seguía embistiendo con su katana, no lo parecía. La lucha estaba llegando a su fin y Quatemoc se estaba preparando para ser derrotado. No pensaba huir, debía, al menos, hacer que su destrucción no fuera en vano. Ya estaba pensando en la forma en que iba a hacerlo cuando escuchó:

- ¿Es que no vas a dejar un poco para nosotros? – La voz de Lupus fue melodía para sus oídos. Cairo retrocedió unos pasos al verse rodeada. Tanto el gangrel antitribu de ciudad como Pantera, habían acudido en ayuda de su hermano, lo que provocó que éste, sin apartar la vista de la huérfana, desviara, por un instante su atención más allá del combate, pensando que quizás Bellemare habría caído ya. Pero por los gritos y sonidos que se escuchaban, no parecía el caso.

- ¿Y qué hay de Pierre?, él es el objetivo principal. – dijo Quatemoc, que aunque aliviado por la llegada de sus hermanos, se sintió una carga por no poder encargarse sólo de la parte que le había tocado en suerte.

-El cardenal tiene más recursos de los que parece – dijo Pantera mientras amenazaba con su espada a Cairo, andando hacia su retaguardia lentamente para flanquearla de nuevo. – Además, no creo que soportase mucho más tiempo las calurosas muestras de afecto de Bellemare. No querría convertirme en burrito a la brasa inútilmente, creo que puedo aportar más aquí.

El assamita conocía muy bien a su ductus. El lasombra era un cainita muy práctico y prudente, lo que muchas veces había provocado las críticas dentro y fuera de la manada, con respecto a su arrojo o su capacidad para el sacrificio por los suyos o por la secta. Pero él tenía plena confianza en Pantera y sabía que si algo le había movido a acudir, era la preocupación por la supervivencia de su hermano.

-A ver nenita, – Lupus, desde el otro lado, con sus garras extendidas cual largas cuchillas hirientes, la hacía imposible escapar. – alégrame la noche diciéndome que prefieres volver a sentir las deliciosas caricias de la Rosa, y los placeres de El Corazón, antes que seguir a este dechado de virtudes que dice ser tu señor, para que no tengamos que acabar contigo. Como cátaro, lo sentiría mucho, la verdad. – Sus palabras sonaron sinceras, incluso en aquella situación, lo que significaba que el gángrel, realmente, preferiría no tener que destruirla.

Pero la respuesta de Cairo no se hizo esperar, y si hasta ahora, el assamita no había sabido hasta donde podían llegar los poderes de la ex inquisidora, quedó bastante sorprendido al verla hacer aparecer de la nada un pequeño lanzallamas y accionarlo, a la vez que giraba sobre sí misma, tratando de afectarles a todos a la vez.

No podía ser, de la nada no aparecían las cosas, le decía su mente. Tuvo que poner toda su fuerza de voluntad y centrarla en aquel pensamiento para no sentirse abrasado por completo. Estaba preparado para ello, había sido entrenado para ello. A lo mejor no era tan rápido o tan resistente como la templaria de los huérfanos, pero su determinación era un muro infranqueable. Mientras veía como Pantera y Lupus se apartaban y mostraban signos de terror ante aquellas llamas imposibles, el combate entre el ángel oscuro de los 25:17 y Gharston Roland le vino a la memoria. Se acordó de las ilusiones que el ravnos antitribu de los Ángeles Perdidos conseguía que parecieran completamente reales, dañinas incluso, por efecto de su poder. Entonces se dio cuenta. Elisa Karini tenía que haber sido una ravnos también y Cairo poseía aquella habilidad.

Quatemoc consiguió dominar sus miedos, aquellas llamas que parecían tan reales, que le quemaban y trataban de engullirlo y derretirlo, eran sólo el efecto del quimerismo, no eran reales, no podían herirlo. Así que, se abalanzó hacia delante, cogiendo a su rival completamente por sorpresa, concentrada en su ilusión y soltó un tajo, con toda la fuerza de que fue capaz, para intentar separarle la cabeza de los hombros. Casi lo consiguió. Pero aunque no lo hiciera del todo, el golpe fue suficiente para detener de repente y por completo aquella terrorífica imagen que estaba afectando a sus cofrades y estos, enseguida se vieron libres del hechizo que los atenazaba. Y, mientras Cairo trataba de regenerar el daño que acababa de recibir, sujetándose el cuello con las dos manos, intentando detener la sangre que escapaba, los tres Silver Rockets se abalanzaron sobre ella para acabar definitivamente con su infame existencia.

Antes de acudir en ayuda del cardenal, a Quatemoc le pareció observar un rictus de terror desaforado en el rostro de la ex inquisidora, previo a su descomposición. No quería pensar en el infierno que le esperaba a aquella alma torturada, que ni siquiera había decidido por sí misma aquel destino servil. Tenían que acabar con el decanus, se lo debían a muchos hermanos. Alguien pagaría por todo aquello.

Y el principal candidato a ello estaba combatiendo a muerte con el líder del Sabbat más importante de aquella zona de Norteamérica. Los tres cofrades de la manada nómada corrieron hacia allí, justo para ver como Strathcona, prácticamente desnudo y sin un pelo en su cuerpo, abrasado ya por las infernales lenguas flamígeras, lanzaba un mandoble que seccionaba el brazo izquierdo de Bellemare, lanzándolo por los aires. Pero el otro, con un grito más de rabia que de dolor, lo cogió por la cabeza descabellada con el derecho y lo lanzó contra la barricada que se encontraba a varios metros. Quatemoc, se fijó en que el cuerpo de Lázaro, se hallaba tendido allí cerca, no sabía si malherido o definitivamente muerto y se lo indicó a sus hermanos. Todos corrieron primero hacia allí, dando por sentado que el antiguo aguantaría un poco más de tiempo sin su ayuda, pero lo que no imaginaban es que el líder de los huérfanos, aprovechara aquel momento de desconcierto para montarse en el jeep que había quedado solitario cerca de su posición y tratar de huir. Pasó a su lado conduciendo solo con un brazo, pasando por encima de todo lo que había y sin mirar atrás.

(Continuará)
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#36

Mensaje por Darkhuwin » Jue Dic 12, 2019 9:53 pm

(Cap 19 parte III)

La voz del cardenal, que recuperaba el pelo por momentos, resonó potente, mientras se acercaba a ellos: - ¡Levántate Lázaro y anda! Ese canalla no escapará hoy a su destino. No si podemos evitarlo. – Y como si de un milagro se tratara, el pander abrió los ojos y se incorporó de pronto.

En cuanto Strathcona se cubrió con un abrigo recogido de uno de los secuaces, no tardaron en coger raudos sus motos y perseguirlo, confiando en que Lilith y De Paso se las apañarían. Y efectivamente, pronto dieron con su rastro, bajo la guía del antiguo que, de alguna forma, lo había marcado para que no se le escapara. Su presa estaba tratando de hacerse camino hacia el Sureste, lo cual no encajaba con que estuviese intentando dirigirse al mausoleo. Más bien, pensó el assamita, parecía que buscaba llegar a su propio territorio en el East End de la ciudad. Las calles se volvieron más estrechas, los edificios, más pobres. Estaban adentrándose en la zona más industrial de la isla.

Por como conducía Pierre, no parecía que quisiera despistarles, lo cual, preocupaba, en cierta medida a Quatemoc. Podría estar llevándolos hacia una emboscada. Sin embargo, una vez arribaron a una nave, aparentemente abandonada, Bellemare dejó allí tirado el vehículo y se introdujo en su interior por una puerta que no se preocupó ni en cerrar.

Entraron con cuidado, siguiendo las pautas tácticas necesarias para evitar una posible trampa, pero no sucedió nada inesperado. Encontraron al brujah antitribu sentado en el suelo junto a una gran máquina, abrazado a una tubería con el brazo que le quedaba, sobre un charco de su propia sangre. Aún estaba consciente, pese a la pérdida del oscuro fluido carmesí, aunque parecía estar delirando, hablando en voz baja, para sí mismo.

- ¿Pensabas que podías huir de mí, bastardo traidor? - dijo el enfurecido cardenal, acercándose a él, arma en mano.

-No pretendía escapar, excelencia. – dijo lacónico, como volviendo en sí al escuchar las palabras del mandatario. Les miró a todos despacio, con expresión cansada. Y una media sonrisa. - Mi no vida iba pronto a llegar a su fin de uno u otro modo. Sólo quería despedirme del que ha sido mi hogar durante tantos años. Je, je, je.

-Pues no te has ganado ese derecho - le respondió Strathcona y levantó su claymore para darle el golpe de gracia, pero al caer la espada, Bellemare la detuvo agarrándola con su única mano, lo que le provocó un profundo corte y el que mucha más vitae escurriese por el brazo incontrolada. Pese a ello, el infernalista sostuvo la hoja mientras decía gritando:

- ¿Que no me lo he ganado? – Su rostro se había ido transformando por momentos. - ¡Claro que no! Porque sois tú y gente como tú la que siempre ha otorgado los derechos. Los que siempre decidís por los demás, los que determináis el destino del mundo. El bien y el mal ¿Verdad? - Bellemare utilizó toda su furia para levantarse haciendo retroceder al ventrue antitribu, sin soltar el filo, enterrado en su carne. Quatemoc se puso en guardia, al igual que sus hermanos.

-En la Camarilla y en el Sabbat, - prosiguió Pierre con su discurso- incluso entre los patéticos anarquistas. Nada cambia después del abrazo. El mundo..., todos los mundos son iguales. Yo, en vida, era un obrero, un don nadie, trabajando a cuenta de otros, para que ellos se aprovecharán de mi esfuerzo. Y nada cambió cuando me convertí en sabbat. Siempre hay un señor, siempre hay una ley, un padre o un dios. Alguien que está por encima, al que adular y servir ¿No es cierto? Yo solo decidí elegir a quién hacerlo por mi propia cuenta. – Aquello hizo reflexionar a Quatemoc, incluso en las mentes más perversas, siempre podía encontrarse una víctima, un motivo ulterior que les empujaba a caer hasta lo más bajo.

- ¡Has traicionado al Sabbat y a todo tu linaje! - Strathcona empujaba con todas sus fuerzas para contener el arrebato y no verse desplazado aún más contra la pared que tenía a la espalda. - Has abrazado el abismo e intentado corromper el mundo llenándolo de enfermedades y podredumbre. Nos has vendido a un señor infernal. No hay excusa para eso.

- ¿Es que acaso hay diferencia? - le respondió el otro - Tú mismo traicionaste a la Camarilla y vendiste Montreal a la espada de Caín. Nuestra maldición, de uno u otro modo, es una enfermedad que se extiende por el mundo y lo corrompe. Los propios mortales se matan y esclavizan unos a otros por codicia y envidia. Todo es una mentira. Un cuento que nos cuentan para controlarnos. - Mientras decía esto, Bellemare, movió la espada para colocarla en su propio cuello y prosiguió diciendo: -Yo escogí mi propio destino y se lo que me espera. Pero durante estos años, he sido libre y he tenido poder para cambiar cosas, como lo hizo Sangris. Y también para hacer mi santa voluntad. No creo que ninguno de vosotros pueda decir lo mismo. Así que no os atreváis a juzgarme, ratas pusilánimes. - Y de un tirón, se cortó a sí mismo el cuello de cuajo.

Las últimas palabras de Bellemare habían dejado un mal sabor de boca a todos los presentes, pero lo más horripilante de la escena, fue que aquella cabeza que rodaba ahora a sus pies, sonreía mientras profería un profundo: Ju, ju, ju, ju, ju. El cardenal clavó la punta de su Claymore, con rabia, atravesándola, para acallar aquel tétrico sonido. Unos segundos más tarde, rompió el silencio que se había creado, diciendo: - No perdamos más tiempo aquí. Aún tenemos que cazar a un falso Sangris.

Pese a que Strathcona diera por cerrado aquel capítulo, el discurso del ya extinto líder de los Huérfanos, siguió rondando las cabezas doloridas y cansadas de los Silver Rockets durante un buen rato. Nadie iba a justificar sus acciones, obviamente, pero Quatemoc nunca hubiese pensado que el brujah antitribu fuera capaz de albergar tan complejos pensamientos. Ahora incluso podía verle como una especie de víctima. Aquello podía resultar muy convincente y peligroso para mentes poco preparadas. ¿Serían ideas implantadas por los Decani en sus siervos más destacados o realmente su propia filosofía les había conducido hasta ellos?

Tras recoger, de camino, a De Paso y Lilith a los que habían localizado mediante los walkie-talkie y que se encontraban razonablemente en buen estado, pusieron todos rumbo al refugio comunal. Aún tendrían mucho que hacer si la otra comitiva había conseguido infiltrarse en el mausoleo aprovechando la ventaja que pudieran darles sus cuerpos robados. Pero cuando llegaron, descubrieron lo que ya muchos de ellos pensaban desde hacía algún tiempo, que Ezekiel era un cainita extremadamente preparado y competente para ocupar el puesto que se le había designado. No solo había dado al traste con el plan de sus enemigos, descubriendo y desenmascarando a todos los impostores, sino que, además, había logrado atrapar a algunos de ellos.

Por lo que pudieron averiguar, durante el resto de aquella noche entre los muros del templo de los Susurros Eternos, una falsa Stephanie l'Heureux había tratado de engañar, sin éxito, a Elías y su grupo en las cloacas, ayudada además por otro engendro, que se hacía pasar por Polidori. Pero fueron ambos destruidos.

Peor les fue a Las Reinas de la Misericordia, pues en un principio, cayeron en el embuste fraguado por una falsa Caroline Bishops y sus acompañantes circenses Zarnovich y Lágrimas, que se habían presentado en el Heaven, su refugio particular, explicando que habían logrado escapar de Bellemare y sus secuaces y que necesitaban ayuda inmediata. Sólo la presencia cercana de Las Viudas y su mayor antigüedad como cainita, salvó a Goullet de sufrir el destino de su otro cofrade, Alex Camille, que, por desgracia, no pudo contarlo.

También les contaron que, en el mismo refugio comunal, se presentó Sangris, el falso, pretendiendo hablar con su chiquillo Ezequiel. Su apariencia era tal y como la recordaban, cabello largo, negro azabache, mulato, de cuerpo escultural, con un tatuaje de una serpiente enrollada en el hombro y aquella mirada altiva y cautivadora. Cómo iba solo y sin intenciones violentas, el arzobispo le permitió entrar y le concedió audiencia. Pero lo hizo en una sala en presencia de los 25:17, los Pastores de Caín y el propio Sangris en el cuerpo de De Soto. La joven cobra, quería averiguar quién era en realidad aquel impostor y qué pretendía, ya que hacía tiempo que estaba seguro de la veracidad de la identidad del otro. Tuvieron la precaución de prepararse para una eventual jugarreta de su invitado y menos mal, porque, aunque descubrieron que el pobre diablo realmente creía que era el verdadero serpiente de la luz, venido de Haití años atrás, el otro Sangris, le hizo ver la verdad a través de la neblina de su memoria y aquello le provocó un ataque de locura irrefrenable, debido al cual, se vieron obligados a reducirle entre todos, usando toda la fuerza y las habilidades que poseían.

El terrible combate taumatúrgico que tuvo lugar, hizo darse cuenta a Sangris de que, de algún modo, el contrincante al que se enfrentaban, albergaba los conocimientos y el poder de Santiago De Soto, al que él creyera destruido y con su alma torturándose en el infierno. Por lo que entendía que el decanus estaba jugando también su propio juego de trilero. Finalmente, y no sin un elevado coste de sangre y energías, consiguieron derrotarlo. Pero cuando fueron a estacarlo para retenerle incapacitado, por si les era útil contra su megalómano enemigo, se murió. Resultó que en realidad no era un vampiro, aquel ser, nunca lo había sido, lo cual los desconcertó a todos sobremanera y guardaron su cuerpo para poder investigarlo con detenimiento.

Hubo mucho revuelo antes del amanecer en el refugio comunal. Quatemoc y sus cofrades decidieron retirarse pronto a su cripta particular para descansar y reponerse de las heridas sufridas. Estuvieron todos callados y taciturnos. El assamita antitribu sabía que, por muchas victorias que hubiesen logrado hasta ahora, lo más difícil estaba por venir. Y el peligro al que se enfrentaban, era de tal dimensión, que pocos cainitas en el mundo sabían si quiera lo que suponía. Los planes para expulsar definitivamente al demonio de Montreal estaban en marcha y él, como miembro del Sabbat y seguidor de la senda del Acuerdo Honorable, sería el primero en ofrecerse voluntario para lo que hiciera falta. Después de los últimos acontecimientos y todo lo que habían vivido en las últimas noches, la Mano Negra, los lupinos, la Camarilla, todo había quedado en un segundo plano. Estos, podían ser los últimos momentos que pasara con la que era su familia, todo lo que ahora tenía en el mundo.
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Darkhuwin
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#37

Mensaje por Darkhuwin » Vie Dic 13, 2019 2:04 pm

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"El Espíritu libertario será el principio fundamental de la secta. Todos los Sabbat tienen derecho a esperar y reclamar libertad de sus líderes." Código de Milán. artículo XI.

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Alexander Weiss
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#38

Mensaje por Alexander Weiss » Vie Dic 13, 2019 2:40 pm

Comencé a leer pero estoy esperando a que termines para leer toda la novela seguida. :dance:

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Darkhuwin
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#39

Mensaje por Darkhuwin » Vie Dic 13, 2019 10:13 pm

Alexander Weiss escribió:
Vie Dic 13, 2019 2:40 pm
Comencé a leer pero estoy esperando a que termines para leer toda la novela seguida. :dance:
Pues te aseguro que me hace mucha ilusión y que te lo agradezco un montón. Me queda el capítulo 20 y un pequeño epílogo nada más, así que espero acabarla, si no para final de año, para Enero (por si quieres ir avanzando un poco, aunque depende de lo rápido que leas, claro).

Ha sido más de un año escribiéndola, pero tengo que decir que lo he disfrutado mucho, y más, cada vez que alguien me decía que la leía, aunque fuera un poquito. Y digo en serio que me gustaría que quien la lea, entera o una parte, si le apetece y tiene tiempo, me de sus impresiones, sin cortarse. Acepto consejos, sugerencias, críticas, correcciones y cualquier comentario de cualquier tipo. Algunas me gustarán más y otras menos, pero seguro que todas me sirven para mejorar la novela y a mí como escritor aficionado.
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Corso
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Re: Novela: Cruzados en las Tinieblas. Una historia Sabbat de Vampiro La Mascarada.

#40

Mensaje por Corso » Sab Dic 14, 2019 11:03 am

Solo queda un capítulo? Pues ya puedes ir pensando en una segunda entrega. A mi no me dejas con ganas de más Silver ni Sabbat.

Muy chuliiooo lo del camiiiariiiaada Bestia, por cierto. Mucho ánimo con ese final, lo espero con ganas.

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