[Racconto] Lachine Connection

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valafor
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Re: [Racconto] Lachine Connection

#11

Mensaje por valafor » 09 Ago 2021, 11:52

Sin cambiar su rictus congelado en una estéril sonrisa, el sacerdote se encaminó entre el gentío con movimientos rígidos y dubitativos hacia el fondo de la sala. La presencia de Duffy llamó la atención de algunos de los feligreses, pero sus miradas pronto regresaron a sus quehaceres y ninguno se entrometió en el avance de la pareja hacia el pequeño almacén de la trastienda donde se encontraba el acceso al desván.

El ambiente de aquel cuartucho era pesado y húmedo. Carecía de ventanas y únicamente una bombilla que colgaba del techo iluminaba la diminuta estancia. Apiladas de mala manera contra las sucias paredes, multitud de cajas de cartón de diferentes tamaños acentuaban la ya de por sí opresiva atmósfera. Al fondo, una cadena oxidada colgaba de una pequeña trampilla. Sin decir nada, el padre Espinosa se plantó junto a esta y la señaló.

El vampiro tampoco necesitó decir nada para que, con un casi imperceptible movimiento de ojos y aprovechándose de la todavía doblegada voluntad del sacerdote, obligara a este a tirar de la cadena para desplegar de esta manera una vieja y carcomida escalera de mano. Al hacerlo, un golpe seco se produjo más allá del techo que les cubría la cabeza.
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Re: [Racconto] Lachine Connection

#12

Mensaje por Corso » 10 Ago 2021, 19:56

Un par de minutos después de que la escalera descendiese, la cabeza del padre Espinosa asomó por la apertura de la trampilla. El sacerdote giró el cuello a un lado y a otro, con la misma sonrisa congelada en el rostro, intentando enfocar las siluetas de todo cuanto había en el desván. Poco después, y como si alguien le estuviese susurrando al oído, apoyó el brazo derecho en los polvorientos tablones que recubrían el suelo, y haciendo palanca con su propia pierna se alzó, quedando de rodillas en el firme durante un instante.

El hombre respiraba pesadamente, y por alguna razón, allí arrodillado, comenzó a santiguarse repetidamente. Al principio marcando con lentitud sobre su propio cuerpo los puntos que conformaban la santa cruz. Una, dos, tres veces. Luego, con mayor velocidad. Cuatro, cinco, seis, siete veces más...desvirtuando el símbolo sagrado; golpeándose frenéticamente en la frente, el pecho, y los temblorosos labios con los que empezó, en ese momento, a rezar...

- Santísima Muerte,
si ojos tienen, que no me vean
si manos tienen, que no me agarren
si pies tienen, que no me alcancen.
No permitas que me
sorprendan por la espalda
No permitas que mi
muerte sea violenta
No permitas que mi
sangre se derrame...


Abajo, el chasquido sordo de un pequeño cristal al romperse cortó por una fracción de segundo la oración, dejando el almacén en una oscuridad antinatural que comenzó a reptar hasta la habitación superior de la iglesia. Lo siguiente que se escuchó fue un fuerte crujido en uno de los peldaños de madera de la escalera, precediendo al inconfundible sonido de la trampilla al volver a encajar en su lugar. El hombre, aparentemente solo, retomó el ruego.

- Tú que todo lo conoces
sabes de mis pecados,
pero también
sabes de mi fe hacia ti
No me desampares...No me desampares...Por el amor de Dios...

No me desampares...


La plegaria del sacerdote rebotó contra las paredes de la bohardilla sin obtener respuesta por el momento, perdiendo intensidad, hasta convertirse, poco a poco, en una letanía apenas audible dentro de la nube de densa negrura que empezaba a inundar la estancia. Una negra misa, en una oscuridad insondable.

Menos para quien sí podía ver a través de ella.

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valafor
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Re: [Racconto] Lachine Connection

#13

Mensaje por valafor » 18 Ago 2021, 09:23

Como el insidioso humo de un incendio que se propaga silencioso pero implacable por las entrañas de un edificio, la oscuridad se extendió por todo el desván hasta que no hubo ni un sólo rincón libre de aquella opresiva penumbra. Fue en el momento en que tanto los rezos desquiciados del sacerdote como la escasa claridad parecían ser engullidos por aquella densa negrura cuando Duffy decidió ascender a la buhardilla.

Los movimientos del vampiro eran lentos, pero decididos. Sus ojos, capaces de penetrar la negrura reinante, se encontraron con un desván atestado, al igual que la habitación que había más abajo, de bultos polvorientos de diferentes tamaños colocados allí y allá. Algunos de ellos, los más grandes, estaban cubiertos por sábanas raídas y amarillentas, con la vana intención de salvaguardarlos de la mugre reinante acumulada tras largos años de abandono. Diseminadas por el roñoso suelo de madera, algunas trampas para roedores yacían inertes a la espera de que la acción espontánea de alguna víctima potencial activaran su resorte fatal.

Las grandes pilas de cajas y cachivaches se amontonaban junto a las paredes y en medio del desván, conformando de esta manera dos pasillos irregulares y angostos que atravesaban el espacio de un extremo al otro. Fue en el punto más alejado de la trampilla de acceso donde Duffy encontró, resguardado entre dos grandes cajas de cartón y un armario de madera carcomida, algo parecido a un altar. Sobre una caja de fruta y apoyada contra la pared, el retrato agrietado de una virgen cadavérica, la Santa Muerte, servía de efigie divina en aquella improvisada capilla. A los pies, colocadas en el suelo, un puñado de velas apagadas, pero todavía humeantes atestiguaban una reciente veneración.

El lasombra escudriñó palmo a palmo aquel improvisado rincón de culto y, tras ponerse de cuclillas y observar con más detenimiento el lugar, logró encontrar, escondido bajo el armario, un trapo cubierto de sangre que, por su olor y tacto, parecía ser fresca. Duffy volvió a ponerse en pie y miró alrededor. Su presa se hallaba cerca.

Los pasillos de trastos concluían allí. En una esquina, situada en el techo bajo un pequeño taburete, una nueva trampilla de madera daba acceso a lo que fuera que hubiera construido sobre aquella buhardilla mohosa. Unos metros más a la derecha, medio cubierta por unas planchas de cartón amarillento combadas por la humedad, una ventana de cristales grises y agrietados se abría a lo que parecía ser un patio de luces.
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Re: [Racconto] Lachine Connection

#14

Mensaje por Corso » 05 Sep 2021, 11:34

La boca metálica fue engullendo poco a poco a su inesperada presa. Su garganta estaba seca y agrietada; y salía de entre sus dientes un aliento tan pestilente como el olor que desprende la madriguera de una alimaña. Aquellas fauces oxidadas y olvidadas lo único que habían ingerido desde hacia mucho, mucho tiempo, había sido porquería; una ingente cantidad de ella. En el mejor de los casos, con suerte tres o cuatro veces al año, podía regar el gaznate con algo de nieve derretida y sucia hasta atragantarse. Eran esos momentos en los que chupaba y chupaba, se relamía y absorbía, hasta atiborrarse. Entonces quedaba tan llena que acababa vomitando todo lo que encerraba dentro. Mugre, polvo, tierra, colillas y todo el compendio de los meados y las cagadas de las ratas y de los gatos que andaban al acecho de estas, revelando así su verdadera naturaleza coprófaga.

El destino, tan caprichoso como benigno a veces, había querido que aquella noche la boca se alimentase con una vianda mucho más sustanciosa. Más nutritiva y espesa. Así que, lentamente, pero sin pausa, dejó caer dentro de ella cada gota del elixir divino que inesperadamente se le había ofrecido. La roñosa boca sabía que debía aprovechar la ocasión antes de que la fuente de aquel maná se secase, pues entonces no habría caudal que llegase hasta ella en otras muchas noches más. Y estaba tan hambrienta...


Diez minutos antes.


El padre Espinosa siempre había velado por su congregación. Más que feligreses, el hombre consideraba a cada uno de sus acólitos como hijos propios a los que cuidar y llevar por el buen camino ¿Y qué no se hace por un hijo? El sacerdote no era solamente un guía espiritual, sino un vórtice que era capaz de fagocitar toda la ruindad humana que derivaba en el variopinto conjunto de problemas de aquel rebaño de descarriados. Y en un barrio como Lachine, la lista era innumerable. Drogas, bandas, prostitución, violaciones a menores, hogares desestructurados, detenciones y violencia. Sobretodo violencia. No pocas habían sido las veces que había visto como la vida se le truncaba a los más jóvenes del barrio, fuese a través de unas esposas en las muñecas o de un cuarto de kilo de plomo incrustado en el pecho. Pero pese a todo, por encima de cualquier otra cosa, Ramiro Espinosa se esforzaba porque aquellas pobres gentes mantuviesen la fe. Igual que un obcecado minero intentando abrirse camino hacia las entrañas de la tierra, el padre Espinosa no decaía en sus esfuerzos por llegar a los rincones más profundos de sus almas. A pico y pala, si hacía falta.

Había escondido paquetes de cocaína bajo la imagen de Cristo. También le había mentido a la policía, evitando dejar más huérfanos vagando por las calles. Había dado cobijo a más de un crío que, asustado tras el rito de iniciación de pertenencia a las bandas, se habían venido abajo tras estrenarse como asesino. Incluso había robado, insultado y - utilizando el secreto de confesión - amenazado cuando había sido necesario. Porque esa, y no otra, era su misión como ministro de Dios en Lachine. Donde la mayoría veía carroña humana, él veía a sus hijos e hijas. Una familia que podía perderlo todo, todo menos su fe, mientras él estuviese vivo.

Así que, cuando se tiró al vacío y voló desde el desván reventando su cabeza contra el suelo, mientras la vida se le escurría en forma de charco de sangre filtrándose por el sumidero del patio y sus sesos se empezaban a coagular por el frío, pensó que quizá ese era su justo castigo por tanto desacato a las leyes talladas en piedra bajo las que un día se ordenó.


Cinco minutos antes.


¿Cuánto tiempo podrá aguantar?

Cada susurro que la oscuridad vertía en los oídos del sacerdote era la hoja de un puñal bañado en veneno. Una palabra ponzoñosa tras otra, el sabbat fue quebrando la armadura de fe con la que el padre Espinosa se había cubierto. Estaba convencido que acabaría por derrumbarse, por ceder a la locura de tinieblas en la que, sin proponérselo, se había visto envuelto. Quizá Jesucristo le había abandonado esa noche, o quizá, simplemente, había tenido mala suerte. El lasombra no podía decirlo con certeza, pero tampoco le importaba. Aquel borrego se le había ofrecido de forma inesperada, y no iba a desaprovechar la oportunidad de aplicar y ejercer sobre él las enseñanzas de su sire. Un minuto antes había utilizado un tentáculo de oscuridad para agarrarle del pelo y arrastrarlo hacia el tosco altar, forzándole a observar cara a cara a la santa cadavérica. Fue entonces cuando le torturó, desplegando frente al párroco un aterrador juego de formas de viva sombra en movimiento que lo acabó de enloquecer. La Santa Muerte se fue tiñendo de negro y pareció endurecer el gesto de su rostro de cuencas vacías y acusadoras. El corazón del sacerdote se contrajo cuando la oscuridad le volvió a susurrar, esta vez pegada a su mejilla.

- La vieja, ahora es mía.

Al acto, el retrato reventó en pedazos, esparciendo la cara de la virgen por todas partes como pequeñas piezas de un puzzle demoníaco.

Llevado por un frenesí de terror desmesurado, y a toda costa, Ramiro Espinosa solo podía intentar hacer una cosa, escapar de todo aquello por la única vía posible: la ventana.

Quizá la redención le esperaba tras ella, aunque la santa no vendría a recoger su alma.


Un minuto después.


El blanquecino velo de la muerte empezaba a cubrir los ojos de Ramiro Espinosa. Su cuerpo empezaba a enfriarse cuando el sombrero de Duffy se asomó varios metros arriba, en la ventana. El lasombra barrió el patio con la mirada.

- ¡L.J.! - espetó, flemático, con un tono lo suficientemente firme como para que cubriese el patio - ¿¡Puedes oírme, capullo!?

Esta es toda la protección que otorga a los rezos de sus devotos tu furcia de hueso. Así que, déjate de hostias, porque no vamos - por supuesto que utilizó el plural - a seguir detrás de las migas de pan que has ido dejando. Enfréntate a lo que has hecho y da la cara como lo que eres, o escóndete como una rata hasta que te demos caza como a ellas - el eco de las palabras del lasombra dio paso a un absoluto silencio.

Bien, como quieras. Estaré fuera, frente a la iglesia, hasta dentro de cinco minutos, y después me marcharé. Lo creas o no, soy la única oportunidad que tienes de no acabar como él. La decisión es tuya, hermano.

La ventana rota volvió a quedar desierta de nuevo, y como había prometido, Bill abandonó la pequeña parroquia tal y como había llegado, como un vagabundo cualquiera. Los congregados no tardarían en echar de menos la presencia del padre Espinosa, quizá algo más en llegar al desván y encontrar su cuerpo inerte sobre el suelo del patio.


Cuatro minutos después.


Una vez en la calle, el lasombra se parapetó paciente en la penumbra que le ofrecían las copas de los árboles y el cielo encapotado. El ambiente olía a tormenta.

Putos críos de los cojones...

Mientras tanto, la pequeña boca metálica seguía engullendo, poco a poco, a su improvisada presa. Con el primer trueno supo que esa noche tocaba darse un festín.

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valafor
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Re: [Racconto] Lachine Connection

#15

Mensaje por valafor » 14 Sep 2021, 22:37

Los gritos de espanto no se hicieron esperar. Los primeros truenos de la tormenta se mezclaron con los lamentos ahogados de la congregación del padre Espinosa, haciendo que estos adquirieran un tono todavía más sobrecogedor. Oculto en las sombras de los moribundos árboles del parque que había justo en frente de la parroquia y sin poder evitar sentir cierto deleite al escuchar como la desdicha se ensañaba en aquellos aborrecibles humanos, Duffy no perdía detalle de las inmediaciones. Pasados un par de minutos, algo en el interior del callejón que flanqueaba el lugar santo llamó su atención.

Surgida de las sombras, una figura de tamaño y forma humana contemplaba al Fundador sin preocuparse de ser descubierta. Pese a creerse bien escondido, el lasombra se sintió sorprendido al tener la evidencia de estar expuesto, pero al instante, siendo plenamente consciente de la identidad de aquel que le observaba con tal descaro, dio con determinación un paso al frente y dejó que la mortecina luz de una farola lo iluminara por completo.

La miradas desafiantes de aquellos dos seres de oscuridad colisionaron tensas y palpitantes mientras las primeras gotas de lluvia se precipitaban desde el encapotado y tembloroso cielo, hasta que, pasados algunos segundos, una ruidosa ambulancia del servicio de urgencias del cercano Hospital de Lachine se estacionó pocos metros delante del Fundador, interponiéndose así en aquel conflicto visual. Mientras un par de sanitarios, ataviados con una camilla y una gran maleta repleta de material médico, acudían a toda prisa al interior de la parroquia, el Fundador rodeó el automóvil con paso calmado. No obstante, cuando este se encaró al callejón, la oscura silueta ya no se encontraba allí.

Frustrado, con ganas de descargar la ira que sentía en unos cuantos sacerdotes más, el vampiro se dispuso a abandonar el lugar. Tras dar un par de pasos, de repente, una fuerza lo empujó hacia adelante con violencia. Su espalda se estremeció al absorber la colisión de un objeto rígido y de grandes dimensiones que hizo que su cuerpo se desestabilizara y estuviera a punto de precipitarse al suelo. Con una rodilla hincada en el suelo, el Lasombra giró la cabeza sorprendido y vio a pocos centímetros de él la oxidada tapa de alcantarilla que acababa de ser lanzada a traición contra él.

— ¡Pinche cabrón, dónde coño te crees que vas!
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Re: [Racconto] Lachine Connection

#16

Mensaje por Corso » 19 Sep 2021, 10:40

El lanzamiento le pilló totalmente desprevenido, y le impulsó hacia adelante doblando su cuerpo como si fuese un junco. La inercia llevó su sombrero al suelo, aunque por suerte, el impacto no fue suficiente para derribarle por completo. No obstante, acabó por colocarle en una clara posición de desventaja ante un posible enfrentamiento físico.

Puto... ani...mal - farfulló Bill, aguantando entre los dientes apretados cada una de las palabras. El golpe había sido considerable, y aún doblado y con la rodilla hincada en el suelo no pudo si no reconocer que LJ le había sorprendido. A traición, desde luego, pero eso era lo de menos.

El lasombra sintió como la zona impactada comenzaba a calentarse, aunque pese a los latigazos de dolor que recorrían su espalda comprobó con un pequeño estiramiento que ninguna vértebra estaba astillada. Así que, se reconoció, conservaba una movilidad plena - Eso es bueno - pensó, mientras instintivamente comenzaba a bombear vitae hacia la zona impactada. Seguramente le iba a costar un par de noches y varios litros de sangre acabar totalmente con el dolor, pero eso no le preocupaba, pues el dolor era algo que le habían enseñado a interiorizar y canalizar. Y las muchas inquietudes de Duffy eran muy distintas.

- ¿Y ahora qué, jodido psicópata? ¿Vas a rematarme...? - le preguntó con algo de dificultad mientras recogía el sombrero, se daba la vuelta y se ponía lentamente en pie, con una mano apoyada en la parte dañada - Eso sí que sería la guinda sobre la noche de mierda que te has montado ¿eh?

Ya erguido por completo le miró a la cara, recorriendo las facciones del latino a la vez que se rascaba la espesa barba; como si estuviese sopesando la posibilidad de dejarle intentar hacerlo. Finalmente, negó con la cabeza - No, desde luego que no lo harás. Por mucho que estés sintiendo el impulso, no vas a hacerlo. Una cosa es descuartizar a unas cuantas putas, y otra...bueno, ya sabes a lo que me refiero.

Duffy dio un paso al frente, y luego otro más. Lo hizo con calma, pisando firmemente la distancia que había empezado a recortar y que los separaba. Aparentemente, no tenía intención de suponer ningún tipo de amenaza para el pander.

- Lo que vas a hacer es venir conmigo y largarnos de aquí.

A escaso metro y medio de él se detuvo y le dio un par de palmadas al sombrero para quitarle el polvo del suelo. Su voz, ronca y sin inflexiones, volvió a tomar eco entre los dos - ¿Te ha jodido lo que ha pasado ahí dentro? Supongo que sí. Es por esa puta humanidad y el arraigo que sientes por esas gilipolleces de santos y falsos dioses. ¿Qué coño te pasa, cainita? - le preguntó directamente, sin levantar la voz - ¿Acaso no has tenido suficientes pruebas tras morir de que tus ridículas creencias no son nada más que estúpidas supersticiones de borregos?

Tras colocarse el sombrero en la cabeza, cayó en la cuenta de algo y siguió - ¿El sacerdote? ¿Qué esperabas que hiciese? ¿Joder con él? Espabila, y hazlo rápido, porque te garantizo que todo esto te va a parecer un mal chiste en comparación con lo que Kenneth y el resto pueden llegar a hacer. O, hacerte. Oh, sí, joder, esto no es nada.

El lasombra se giro noventa grados, despejando el camino que conducía a las calles que les alejarían de allí.

- Estas calles son mías, pero también son nuestras. Y tú esta noche no solo te has meado encima de mi, sino de nuestra Cofradía. Así es como ahora mismo están viendo esto nuestros hermanos. En cuanto lleguen, no dudarán en estacarte aquí mismo. Así empezarán sus preguntas, ¿sabes?

Vamos, acompáñame y hablemos antes de que eso pase. ¿Qué a dónde creo que voy? A intentar salvarte el cuello, coño. - sin esperar respuesta se puso en marcha, dejando a Little Jay a su espalda. La próxima decisión que tomase el fundador sería esclarecedora.

- Ah, por cierto, te guste o no, y por mucho que te joda, me debes una, capullo.

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