[CA] 8pm, Habitación 2do piso

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[CA] 8pm, Habitación 2do piso

#1

Mensaje por Magda Dalmau » 21 Jul 2019, 17:35

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Re: [CA] 8pm, Habitación 2do piso

#2

Mensaje por Magda Dalmau » 23 Jul 2019, 15:27

Imagen La puerta del segundo piso se abre sin problema con la llave que Marga ha conseguido. Por el camino, Santiago no ha dejado de meterle mano, toquetearla y dejar que sus labios pasen por su cuello, su hombro, su rostro. Ella ha podido sentir hasta los afilados colmillos rozando en algún momento su cuerpo, generando que ese instinto de supervivencia se revuelva en su estómago.

No obstante, la tranquilidad que le había infundido Damià se había mantenido, como si de una nueva seguridad se tratase. En la nebulosa mental Marga podía llegar a sentir que aquello no era del todo natural y había cierto elemento forzado, pero rechazar esa fuerza ahora implicaría enfrentarse al miedo que el joven Malkavian le despertaba. Y era mal negocio.

La habitación sigue la misma decoración modernista del resto del edificio, con muebles antiguos restaurados y cristalería con motivos naturales. Por la ventana se ve calle Valencia y es más tranquila de tráfico. EL único detalle moderno es una persiana metálica que parece proteger del sol totalmente, accionada mediante un mecanismo eléctrico.

Santiago se gira a la mujer y le sonríe.
Imagen - Ya te he raptado y espero que te sientas cortejada -dice el chico, con una sonrisa peligrosa - Ahora desnúdate

No es una pregunta.
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Re: [CA] 8pm, Habitación 2do piso

#3

Mensaje por Magda Dalmau » 24 Jul 2019, 10:51

Imagen Santiago:
Por el camino, Santiago no ha dejado de meterle mano, toquetearla y dejar que sus labios pasen por su cuello, su hombro, su rostro. Ella ha podido sentir hasta los afilados colmillos rozando en algún momento su cuerpo
Marga se ha dejado manosear y ha seguido el mismo juego con Santiago. Sin embargo, es un juego poco recíproco: el cuerpo de su amante está frío y carente de vida, aunque se mueva con soltura; y aquellos leves mordiscos le hacen sentir un par de pinchazos más puntiagudos que con otras parejas. Imbuída con la seguridad que Damià le ha otorgado, Marga ignora todos estos detalles y se entrega al affaire como si estuviera saliendo de una discoteca, como si hubiera retrocedido unos años atrás...

Santiago:
- Ya te he raptado y espero que te sientas cortejada -dice el chico, con una sonrisa peligrosa
Aún con los brazos rodeando su cintura, Marga le responde coqueteando: Así es... no he podido evitarlo... y tampoco quería evitarlo -añade con una sonrisa traviesa.

Santiago:
- Ahora desnúdate
La orden tajante despertaría sus recelos en una situación normal. Ésta no lo es, y al igual que había hecho con Damià, Marga tiene muy claro que se está entregando sin posibilidad de rechazo (si quería lograr el horrendo objetivo que se ha planteado conseguir esta noche). Así que se separa del vampiro dando un par de pasos hacia atrás, sin prisa e intentando imaginarse que todo eso se trata de un fin de velada disfrutado con un apuesto joven. Ignorando todas las sombras en las que se está hundiendo.

Con un par de gestos hábiles deja el bolso sobre una silla y se desprende de los zapatos de tacón. Recuerda las veces en las que se había desnudado para su ex, e intenta rememorar aquellos momentos para ser lo más seductora posible. Echa sus hombros hacia atrás sacando pecho, para dejar caer su chaquetilla por sus brazos. Échate en la cama -dice con voz suave.

Piensa rápido y actúa. Primero empieza a quitarse con todo el estilo que puede la blusa, dejando al aire su torso con sujetador negro de encaje. No creí que llegara a este punto, pero hice bien en usar este conjunto -piensa sin glamour alguno, a la vez que intenta dar la impresión contraria de estar disfrutando de aquello.

Se da la vuelta, dando la espalda al vampiro, y comienza a bajar la cremallera trasera de su falda con lentitud, mirando por encima del hombro la reacción de Santiago. Una vez abierta, deja caer la falda mientras mueve lentamente sus piernas, y se aparta de la prenda caída en el suelo. El vampiro puede ver que sus bragas hacen juego con el sujetador.

Antes de proseguir, Marga se da la vuelta, y camina por la habitación para acercarse al vampiro dando un pequeño rodeo. La mujer busca besarlo y manosearse un poco más antes de quedarse totalmente desnuda...
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Re: [CA] 8pm, Habitación 2do piso

#4

Mensaje por Magda Dalmau » 24 Jul 2019, 10:51

Imagen Santiago se echa en la cama, tumbado con ropa y sin que parezca importarle en absoluto manchar con los zapatos las sábanas de blanco impoluto. Echa sus manos tras el cuello, apoyado y repantingado como si estuviera echado en un sofá viejo, viendo la televisión.

La sonrisa cínica parece crecer al escuchar los coqueteos de Marga. Es como si supiera de la indefensión de la mortal, de su posición de debilidad respecto de la suya....y disfrutase con ese poder, con esa sensación de tener entre sus manos la capacidad de decisión de su destino. Sigue el juego y finje sentirse halagado por las atenciones de la fémina, pero en su mirada fría y cruel queda claro que de lo que más está regodeándose no es del conjunto de encaje, sino de la desigualdad entre ambos.

Lo ha demostrado con la órden y el hecho que haya sido obedecida le ha hecho sentirse el amo de la situación. Quizás no vea a Marga más que como un objeto, como una sirvienta o como un mero entretenimiento; pero lo que está claro es que no la ve como una igual, como un ser humano capaz de sentir las mismas emociones y ante todo, de sufrir.

Lanza un silbido cuando ella se queda sólo con el encaje negro y en un gesto rápido se quita la camiseta, como si el calor desprendiéndose de su cuerpo le molestase. No obstante, el pálido de su piel desnuda es tan poco mortal, tan poco vivo, que es imposible pensar que por ese pecho resuenan unos latidos que transportan sangre caliente. Es ver una estatua renacentista moverse, hermosa y perfecta. E insensible.

Santiago parece respetar el plan de Marga de no quedar totalmente desnuda, porque no le dice nada al respecto. No hay ningún gesto externo en él que indique excitación, ni un bulto en los pantalones, ni unas mejillas sonrojadas, ni sudor en su frente. Pero actúa como si el ansia erótica le dominase y va siguiendo con la mirada a la empresaria. Casi se diría que como un depredador...y quizás sea precisamente otro tipo de ánsia la que le haga moverse así.

Cuando ella está cerca la toma de la cintura y la empuja encima de él, con una fuerza mayor de la que se esperaría en un humano medio. Sin que pueda evitarlo y por la inercia del gesto, Marga se queda a horcajadas, abiertas de piernas encima del joven. La piel áspera del pantalon se roza contra el encaje negro y la piel desnuda, incómoda y molesta. Quizás algunos recuerdos de amantes anteriores apasionados le pasen ahora por la cabeza...por el contraste.

La piel de Santiago no desprende calor. Allí donde ella ponga las manos lo único que siente es frío, una rigidez cadavérica que pondría nerviosa a la más seductora de las mujeres.

Sin pedir permiso ni preguntar, Santi la besa, haciendo que el perfecto carmín de sus labios quede desperdigado por su rostro. La lengua del vástago es igual de fría, pero además resulta invasiva, desconsiderada, extraña. No hay atracción ni química, ni siquiera morbo y se nota con cada caricia, cada gesto y cada movimiento del hombre. Parece que disfrute de la incomodidad que provoca, de saber que la otra persona se está esforzando en aparentar agrado...porque no le queda más remedio. Santiago se alimenta de la desesperación que sabe que le rodea y de la que él se encuentra a salvo, le da energía a una arrogancia que cree merecida.

De nuevo sin que nadie le pregunte, Marga siente un pequeño corte en la lengua, una herida que al principio no llama la atención pero que segundos después le provoca un subidón de adrenalina que acelera su corazón como el de un conejo ante las fauces de un lobo. Ha sido un diente afilado el que ha rozado con su lengua y ha provocado esa herida, un colmillo que ha aparecido con intencionalidad muy clara.

Pero entonces ocurre. Santiago, sin dejar de besarla, empieza a lamer de esa rasgadura y un extraño placer se apodera de la mujer. Una corriente electrizante baja desde su cuello por sus venas, como unas pulsiones que se van moviendo al ritmo de cada segundo, provocando una relajación muscular de entrega. Su mente le dice que está sintiendo placer, un disfrute sexual como el que ella misma tantas veces se ha dado en la intimidad o el que algunos amantes han conseguido regalarle, pero con la salvedad de no tener más estimulación que aquel beso.

Es una sensación maravillosa....pero teñido del abusivo comportamiento de Santiago.

Marga podía decirse a sí misma que mantenía el control de las cosas. Podia decirse que aunque estuviera desnuda, era una decisión suya. Podía besar a ese monstruo vestido de humano y seguir con la cabeza bien alta, pues al fin y al cabo, era ella la que tomaba la decisión de fingirse manipulada, era ella la que ponía un pie en la boca del lobo. Era ella la que tomaba la decisión, con la voluntad intacta y la que seguía teniendo el dominio del hecho.

Pero al sentir ese placer, pierde el control de la situación. Su cuerpo deja de hacerle caso, su mente pide más y al mismo tiempo tiembla ante la posibilidad de ser devorada por ese ser. Deja de ser dueña de nada y se convierte en una hoja al viento de los caprichos de Santiago.

Y hay cierta sensación de abuso. De verse forzada a sentir un disfrute no pedido, no solicitado. ¿Hubiese sido más digno dejar que la manoseara o hiciera lo que quisiera sin sentir placer? Una parte de ella, quizás afectada por la moral cristiana, siente que si...y otra que no. La decisión final debe ser tomada en otro momento.

Santiago de pronto la aparta de golpe y ella cae sobre la cama, bocaarriba. Se rompe el hechizo del beso, del placer y nota el sabor metálico de la sangre en su boca, pero no siente la herida en ninguna parte de su lengua. No obstante, no tiene tiempo de sentirse sucia, ni humillada.

Por uno momento cree que simplemente el joven la desnudará y seguirá haciendo lo que le venga en gana. Pero lo siguiente que siente son un par de manos firmes apretando su cuello y a Santi encima de ella, con las rodillas a ambos lados de su cuerpo. Cuando los dedos se cierran alrededor de su faringe y cierran casi del todo el paso del aire, el primer impulso es el de tratar de liberarse, pero es como intentar mover una estatua....una estatua renacentista, hermosa y perfecta.

Santiago sonríe y deja que ella lo vea mientras el rostro va adoptando un tono azul y la sangre se va acumulando en los ojos. Ella aguantará aún unos cuantos minutos, pues el vampiro aprieta lo justo para ir matando, pero no lo suficiente como para ser veloz. Ni para eso siente compasión.

¿El motivo? No parece que Santi vaya a compartirlo. Pero por la expresión de deleite que cruza su rostro, no parece necesario hacer grandes deducciones. Al fin y al cabo, el máximo poder consiste en decidir quién vive y quién muere.

De reojo, por encima del hombro de Santiago, Damià observa. Ha aparecido casi de la nada, como si siempre hubiese estado allí, pero al mismo tiempo invisible a todos los ojos. Parece que el joven Malkavian no es consciente ni de la llegada ni de la observación que hace su maestro de la situación.

La mira a ella mientras la vida va escapando de su cuerpo mortal, sin que ninguna expresión de preocupación o empatía cruce su rostro. Unos largos y agónicos segundos pasan antes que parezca tomar una decisión mental sobre algo.

Pone la mano en el hombro de su protegido y aprieta con fuerza. Santiago se gira sorprendido, soltando en el proceso a Marga, que puede tomar entonces un gran soplo de aire. Parece que el joven va a decir algo airado al que ha osado interrumpirle en su tortura, pero su rostro se queda lívido al ver a su maestro.

Damià no tarda un segundo y lanza a Santiago por la habitación, haciendo que choque contra la pared y un poco de la pintura en ella salte. Cuando el joven alza la vista, un pequeño goteo de sangre empieza a caer por su frente, evidenciando que ha sufrido algo más que una herida en el orgullo. Pero su actitud de arrogancia desmedida se ha visto sustituida por la de una especie de miedo reverencial y se queda de rodillas, sin atreverse a levantarse.

Grifols le tiende a Marga un pañuelo de seda, dejando que se recupere.
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Re: [CA] 8pm, Habitación 2do piso

#5

Mensaje por Magda Dalmau » 24 Jul 2019, 10:52

Imagen Santiago:
Santiago sonríe y deja que ella lo vea mientras el rostro va adoptando un tono azul y la sangre se va acumulando en los ojos. Ella aguantará aún unos cuantos minutos, pues el vampiro aprieta lo justo para ir matando, pero no lo suficiente como para ser veloz.
Las manos de Marga aferran las muñecas de Santiago, pero a pesar de su esfuerzo no es capaz de ofrecer una mínima resistencia. Ella es consciente al instante de ello, y sabe que ahora ya nada puede hacer. Ya está hecho -piensa. Sus manos aflojan las muñecas y van a parar a las sábanas de la cama, agarrandolas con fuerza. Junto al instinto de intentar boquear para coger aire, lo cual apenas consigue quedandose cada vez con menos oxígeno y agitando su cuerpo futilmente bajo la presa del vampiro, unos últimos pensamientos pasan por su cabeza. ¿Es así? ¿Ha valido la pena? -piensa inconexamente respecto a la transformación en vampiro. Pero pronto son otros pensamientos los que se cuelan en su mente. Eduard, Eduard... -los ojos empiezan a lagrimear, y entre las bocanadas intentando coger aire el vampiro adivina unos sollozos.

Damià:
De reojo, por encima del hombro de Santiago, Damià observa. Ha aparecido casi de la nada, como si siempre hubiese estado allí, pero al mismo tiempo invisible a todos los ojos. La mira a ella mientras la vida va escapando de su cuerpo mortal, sin que ninguna expresión de preocupación o empatía cruce su rostro.
La última mirada de Marga se clava en Damià. Entre todo el crisol de emociones que la mujer experimenta vertiginosamente, la súplica es la que se adivina en su mirada al galante vampiro.

Damià y Santiago:
Pone la mano en el hombro de su protegido y aprieta con fuerza. Santiago se gira sorprendido, soltando en el proceso a Marga, que puede tomar entonces un gran soplo de aire. Damià no tarda un segundo y lanza a Santiago por la habitación.
En cuanto su cuello se libera de la presa, Marga toma aire desesperadamente y comienza a toser. Se echa la mano al cuello instintivamente mientras se agazapa contra el cabecero de la cama, con las rodillas cerca del pecho que no cesa de tomar aire agitadamente. Su mirada se mueve frenética entre Santiago, Damià y diferentes puntos de la habitación. Su expresión es de terror adornada con algunas lágrimas que caen por su rostro, y ahora mismo parece un tanto conmocionada, con la atención centrada solamente en tomar aire ruidosamente.

Damià:
Grifols le tiende a Marga un pañuelo de seda, dejando que se recupere.
Los primeros segundos casi ni atiende al pañuelo ofrecido. Luego se da cuenta de su presencia, y su mirada sube sorprendida por el brazo hasta el rostro de su propietario. Aún tomando aire agitadamente, aunque un poco más estabilizada, coge con mano temblorosa el pañuelo dejando escapar en un susurro una palabra. Gracias... Marga frota el pañuelo en su rostro, limpiando las lágrimas y manteniéndose a distancia de los otros, en una esquina de la cama. No pierde de vista a los vampiros, así como no pierde el gesto de miedo de su rostro.
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Re: [CA] 8pm, Habitación 2do piso

#6

Mensaje por Magda Dalmau » 24 Jul 2019, 10:53

Imagen - ¿Piedad? -recita Damià, con una voz suave pero rasposa, como si estuviera enviando las palabras hacia Santiago con reproche implícto. Se va acercando a su protegido dejando que los zapatos hagan sonido con cada paso lento, tan diferente a su llegada silenciosa- ¡si hubiese alguna…! Pero él no sabe qué es, él, desalmado, ignora al alma y mide su pecado.

Sin esfuerzo, coge a su protegido por el pelo, levantándolo como si pesara lo mismo que un muñeco de trapo. El joven hace un gesto de dolor y lleva sus manos a la muñeca de Damià, intentando cogerse y quedar menos atrapado. Pero no ejerce ningún tipo de resistencia como si ya supiera de antemano que no va a poder conseguir nada y que debe aceptar el castigo que se le impogna. Quizás esté más que acostumbrado.

- Y supe que allí estaban los que niegan a la razón, siguiendo el apetito de la pasión del cuerpo al que se entregan.-Siguió diciendo Damià, arrastrando por el pelo a Santi hacia donde estaba Marga, avanzando al ritmo de la poesía que iba recitando- Y su pasión, sin rumbo ni sentido, se ha convertido en vendaval maldito, muerto el placer y el corazón perdido. ¿Ah, Santiago, Santiago, qué voy a hacer contigo?

Lo suelta a los pies de la mujer, simplemente dejándolo ir pero su caída suena contundente. El joven se gira hacia su mentor, ignorando a Marga como si no estuviera allí. Pero puede observarse en su mirada claramente el temor reverencial que le tiene a su maestro, un respeto que nace más allá de la edad o el poder. Es un condicionamiento tan interno, tan intrincado que no es posible que sea reciente, ya que mira a Damià como el niño que teme el castigo de un padre.
Imagen - L-lo siento -tartamudea, girado de espaldas al suelo, apoyado en sus codos y medio incorporado. La sangre sigue manando de su cabeza, más lenta y espesa de lo que la haría la de un mortal, pero incansable. Seguramente podría curarse, pero debe sospechar que eso sólo molestaria más a Damià- Y-yo no quería...yo n-no iba....
Imagen - ¿Quieres añadir la mentira a la lista de tus pecados? -le corta Damià, tajante. Su voz sigue siendo educada, agradable, de escuchar, como un barítono acostumbrado a la adulación, pero se torna fría y seca, transmitiendo hielo y promesas de dolor en cada sílaba- Tres veces me prometiste que tu no querías, que tu no ibas. Tres veces era mentira. Y es evidente que los castigos que te di en su momento no han sido suficientes.

Damià mira a Marga y una sonrisa cómplice curba los extremos de sus labios. Es apenas un leve cambio de expresión, un gesto que podría pasar desapercibido, pero en aquellos ojos de pronto hay un brillo, una emoción indescifrable que no puede ser entendida por mentes ajenas.

- Quizás necesites que sea la justicia de otro la que caiga sobre ti.

Se acerca a la mujer y se pone detrás de ella, poniendo sus manos sobre sus hombros. Son cálidas y transmiten vida, aunque sea de un modo antinatural y fingido, reconfortando en contraste con el recuerdo frío del cuerpo del joven. El hombre se inclina suavemente sobre ella, afectuoso, susurrando en su oído.

- Aún me tiembla la sangre derramada por injusto puñal que nos dio muerte, en venganza de honor. Fue nuestra suerte pasión ante la ira arrebatada. Pero más triste y dolorosa espada, aquel instante, dulce, que tan fuerte nos enredó. Aquí somos inerte recuerdo, donde el alma, atribulada, nada quiere esperar. - El corazón de Marga empieza a latir con fuerza, acelerado de un modo indescifrable por las palabras del Malkavian. Algunas emociones se pelean, desordenadas, por salir a flote y ser las elegidas para la victoria, pero la confusión sólo produce una sensación de ansiedad en la mujer. Tristeza por lo ocurrido, vergüenza por la humillación, miedo ante la amenaza, asco por el abuso....pero es la Ira la que poco a poco se va imponiendo.- Porque, imborrado, siempre lloramos el placer perdido que nos azota en viento yermo y yerto.

Las manos de Damià bajan suavemente por los brazos de Marga, como si quisiera darle calor. No hay lujuria ni deseo, no del modo en el que la humana pudiera entenderlo. Ha dejado de tener dominio sobre sus sentimientos y las palabras del Malkavian la llevan de nuevo a un estado antinatural que ella no controla ni entiende, pero que no puede evitar.

Santiago observa en silencio, pero intenta controlar sin éxito el miedo que su mentor le inspira. Quan diferente es su imagen con la del chico arrogante de la sala principal. Donde había altivez ahora hay terror. Donde había seguridad hay ahora desasosiego.

- Aún me tiembla la sangre derramada por injusto puñal que nos dio muerte, en venganza de honor. -de pronto un tacto frío aparece en los dedos de la mano derecha de Marga y al apretar la mano siente la presencia de un cuchillo, una navaja mariposa abierta y amenazante- Fue nuestra suerte pasión ante la ira arrebatada.

El hombre se aleja de la dama, dejándola sóla con sus reflexiones, y se acerca de nuevo a Santiago. Lo levanta otra vez del pelo y con la mano libre le atrapa las manos tras la espalda, inmovilizando el cuerpo, aunque el joven tampoco ofrece ninguna resistencia.

- ¿Recuerdas su sonrisa Marga? -pregunta Damià.- La que él tenía cuando te estaba matando. La que ostentaba cuando tu buscabas aire. Qué satisfecho parecía, ¿no crees? - El hombre mira a Marga y la atraviesa con la mirada, como si la desnudez que ella tuviera fuese la de su alma y no la de su cuerpo- Haz que sonría para siempre

Si ella estuviera en plenas facultades se preguntaría si Grifols la había puesto en peligro adrede, si sabía cómo iba a reaccionar Santiago. Si les había manipulado a ambos. ¿Pero acaso importaría la respuesta?
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Re: [CA] 8pm, Habitación 2do piso

#7

Mensaje por Magda Dalmau » 24 Jul 2019, 10:54

Imagen Damià y Santiago:
Lo suelta a los pies de la mujer, simplemente dejándolo ir pero su caída suena contundente. El joven se gira hacia su mentor, ignorando a Marga como si no estuviera allí. Pero puede observarse en su mirada claramente el temor reverencial que le tiene a su maestro, un respeto que nace más allá de la edad o el poder. Es un condicionamiento tan interno, tan intrincado que no es posible que sea reciente, ya que mira a Damià como el niño que teme el castigo de un padre.
Marga observa la escena agazapada desde la cama, estupefacta. El monstruo que ha estado a punto de matarla ahora es simplemente una cría aterrada por Damià. La mujer observa, pero aún no es capaz de procesar que si Santiago está atemorizado de Damià, el galante vampiro es quizás un monstruo mucho más terrorífico que el bello joven.

Damià:
Se acerca a la mujer y se pone detrás de ella, poniendo sus manos sobre sus hombros. Son cálidas y transmiten vida, aunque sea de un modo antinatural y fingido, reconfortando en contraste con el recuerdo frío del cuerpo del joven.
Aunque al inicio se retira de él a causa del miedo, su actitud tranquila y reposada le invita a dejarse hacer. Cuando nota las manos cálidas presionando sus cargados hombros, estos poco a poco se destensan, soltando a la vez levemente la presas de sus emociones: un par de lágrimas silenciosas caen otra vez de sus ojos.

Damià:
El corazón de Marga empieza a latir con fuerza, acelerado de un modo indescifrable por las palabras del Malkavian. Algunas emociones se pelean, desordenadas, por salir a flote y ser las elegidas para la victoria, pero la confusión sólo produce una sensación de ansiedad en la mujer. Tristeza por lo ocurrido, vergüenza por la humillación, miedo ante la amenaza, asco por el abuso....pero es la Ira la que poco a poco se va imponiendo.

Las manos de Damià bajan suavemente por los brazos de Marga, como si quisiera darle calor. No hay lujuria ni deseo, no del modo en el que la humana pudiera entenderlo. Ha dejado de tener dominio sobre sus sentimientos y las palabras del Malkavian la llevan de nuevo a un estado antinatural que ella no controla ni entiende, pero que no puede evitar.
La mujer respira agitadamente sobre la cama mientras el masaje y las palabras del vampiro la transforman, poco a poco pero inexorablemente. Observa fijamente a Santiago, y su respirar ansioso cada vez más se torna en iracundo. ¿Por qué? ¿Por qué, estúpido... niñato? Los pensamientos sorprenden a Marga (llamar niñato a un vampiro que ha estado a punto de matarla), pero no puede ni quiere evitarlos. No tenías por qué hacerlo así... ¡No tenías que hacerlo! Te crees un Dios y no eres nadie... ahí, tirado y patético... No... no merezco ese trato tuyo. ¡Seas quien seas, maldito niñato asustado!

Damià:
De pronto un tacto frío aparece en los dedos de la mano derecha de Marga y al apretar la mano siente la presencia de un cuchillo, una navaja mariposa abierta y amenazante.

El hombre se aleja de la dama, dejándola sóla con sus reflexiones.
Marga baja la mirada ante el tacto frío y observa la navaja en su mano. Apenas está segura cómo ha llegado allí... Me la ha dado Damià... sí.La mira extraña... Muchas veces ha tenido un cuchillo empuñado en su mano, siempre en contexto de cocina, por lo que observa algo ida la composición visual de la navaja mariposa abierta en su mano, apoyada a su vez en su muslo desnudo...

Perdiendo un poco la noción del tiempo, levanta la vista cuando el vampiro vuelve a hablar.

Damià y Santiago:
Lo levanta otra vez del pelo y con la mano libre le atrapa las manos tras la espalda, inmovilizando el cuerpo, aunque el joven tampoco ofrece ninguna resistencia.

- ¿Recuerdas su sonrisa Marga? -pregunta Damià.- La que él tenía cuando te estaba matando. La que ostentaba cuando tu buscabas aire. Qué satisfecho parecía, ¿no crees? - El hombre mira a Marga y la atraviesa con la mirada, como si la desnudez que ella tuviera fuese la de su alma y no la de su cuerpo.
Las palabras llegan lejanas, pero atraviesan su ser y se marcan al fuego en su interior. Sí, recuerdo su sonrisa -piensa mientras la ira se va haciendo de nuevo hueco en sus emociones. Recuerda el rostro de Santiago poco antes de la intervención de Damià, y el trato humillante que recibió de su parte. Ella se desnudó para él, le obedeció y se entregó sin placer... Y él solo se aprovechó bruscamente y usándola sin ninguna consideración. El rostro de Marga muestra ya el enfado, con los dientes apretados y respirando fuertemente.

Damià:
Haz que sonría para siempre
Por la mente de Marga pasan vertiginosamente pensamientos en los que no puede centrarse, como diapositivas que fluyen dejando una miriada de colores abstractos. Pero entonces una diapositiva se para, con una imagen clara. La imagen de una película de Batman, con el Joker con una sonrisa pintada anormalmente larga, fruto de heridas de cuchillo que han rajado sus comisuras.

Marga mantiene con fuerza la navaja, y una breve lucha ocurre en su interior. La imagen de la película no se aparta de su mente y la compele a acercarse al desvalido Santiago y hacerle lo mismo. Y algo, que no sabe identificar, la intenta paralizar y detener. Me has hecho daño y pretendías matarme sin consideración alguna. Pero, ¿cómo voy a herir a alguien de manera tan cruel? Era él o yo, hubiera acabado conmigo. ¿Acaso no habías venido para morir; por qué tanta rabia pues? Porque he venido a morir pero no a ser pisoteada por un niñato. ¿Es que se merece este castigo acaso? Sí, se lo merece... y se lo voy a dar...

Tras unos largos segundos en quietud, en los que Marga parece dudar del curso de acción que tomar, la mujer comienza a apretar con fuerza la navaja de su mano. Baja de la cama y de manera apresurada, visceral, se acerca a ambos vampiros y coge a Santiago del pelo, tirando para arriba para levantarle el rostro. Como si usara un cuchillo para abrir una ostra, Marga introduce la navaja sin tacto en la boca cerrada del vampiro, chocando contra los dientes apretados y girando hasta abrirse camino al interior. Y acto seguido desplaza la hoja afilada hacia la comisura y empieza a cortar sin dudar. La carne no cede a la primera, pero tras un par de pasadas consigue cortar y comenzar a dividir el rostro por un lado del vampiro. Se afana en crear una sonrisa, curvando hacia arriba el corte. Ni siquiera presta atención a la reaccion de Santiago. Y sin detenerse pasa automáticamente al otro lado, ejecutando la misma operación, casi sin pensar, solamente dando rienda suelta a su ira con la determinación de hacer lo que debe hacerse.

En cuanto termina, da un paso atrás, observando el resultado. En ese momento, la cordura vuelve a su mente, y suelta la navaja ensangrentada quedando estupefacta y conmocionada ante lo que acaba de hacer...
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Re: [CA] 8pm, Habitación 2do piso

#8

Mensaje por Magda Dalmau » 24 Jul 2019, 10:55

Imagen Damià observa.

Ierático, como una estátua bien vestida pero carente de toda expresión, mantiene el agarre de su protegido sin permitir que éste se mueva un milímetro. Por su aspecto maduro cualquier observador ajeno podría pensar que no tendría la entereza muscular suficiente como para tener sometido al jóven, pero no es el caso.

La fuerza con la que sujeta a Santiago es física, si, pero también hay otro componente. Uno encerrado en la psique del otro, como una conducta aprendida a base de refuerzo constante, un tipo de miedo primario que no puede olvidarse por mucha razonalidad que sea empleada a tales efectos.

Santi ve la navaja acercarse y lee en la mirada de la humana que ella no se lo va a pensar dos veces. Al principio, en sus ojos hay sorpresa, quizás porque no creía posible que la situación pudiera girarse tanto en su contra en cuestión de minutos. Luego, incredulidad, como si no deseara entender lo que iba a sucederle, quisiera o no. Y finalmente, temor.

No miedo por su vida, en verdad. Ni siquiera por las cicatrices. Pero aun con la inmortalidada entre sus manos, la reacción ante la premisa del dolor era exactamente igual que la de cualquier humano: miedo, rechazo, supervivencia.

Cuando la navaja roza su mejilla, empieza a gemir, como si la voz se le hubiera activado tras varios minutos en silencio atemorizado. El gemido se convierte en grito de dolor y Marga no se da cuenta, pero corta sin quererlo la lengua del Malkavian, que éste mueve instintivamente y sin desearlo sufre el doble por ello.

La sangre mana, manchando la ropa, la piel, el suelo. Oscura, espesa, la vitae de un vampiro que creía que tenía todo el poder de otorgar la vida y la muerte entre sus dedos, ahora humillado y de rodillas ante esa misma mujer que había querido matar.

Damià lo suelta cuando el trabajo está hecho y Santiago se lleva las manos a su rostro, como si de ese modo el dolor fuese menor.

- Te prohibo que te cures el resto de la noche. Has perdido el derecho a hablar. Sólo sonríe - dice el mentor, limpiándose las manos con el pañuelo bordado que antes le ha tendido a Marga. Ignorando el sufrimiento de su protegido, se acerca a ella, con una expresión que sólo podría definirse como cálida- Muy bien.

Son sólo dos palabras....pero la mortal siente como si hubiese tomado una cucharada de miel caliente, bajando por su pecho de manera reconfortante. Esa pequeña muestra de afecto resuenta en sus recuerdos, llevándola a los afectos de su padre, al cariño de un esposo, a la amistad de un compañero. Y son sólo dos palabras....

- ¿Cómo te encuentras?
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Magda Dalmau
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Re: [CA] 8pm, Habitación 2do piso

#9

Mensaje por Magda Dalmau » 24 Jul 2019, 10:55

Imagen Damià y Santiago:
Damià lo suelta cuando el trabajo está hecho y Santiago se lleva las manos a su rostro..

- Te prohibo que te cures el resto de la noche. Has perdido el derecho a hablar. Sólo sonríe - dice el mentor, limpiándose las manos con el pañuelo bordado que antes le ha tendido a Marga.
Marga da otro paso atrás. Lo que acaba de hacer es... horroroso. Y empieza a sentir miedo de las consecuencias. Lejos de ser un "trámite" rápido y limpio lo de convertirse en vampiro, la mujer se está viendo envuelta en situaciones que jamás pensó que podrían ocurrirle, o siquiera ser capaz de esa atrocidad. Su mirada se alterna entre el vampiro que casi la mata y que la aterrorizó, ahora humillado por ella misma, y el galán que ha mostrado ser mucho más poderoso y cruel que el joven Santiago.

Damià:
Ignorando el sufrimiento de su protegido, se acerca a ella, con una expresión que sólo podría definirse como cálida- Muy bien.
Estas dos palabras causan cierta confusión en Marga. Su arrebato ha sido especialmente sádico, estaba fuera de sí. No sabe siquiera cómo ha sido capaz de ello, y parte de su parálisis está provocada por el intento de su cabeza de procesar lo que acaba de hacer. Pero esas dos palabras de aprobación de Damià la vuelven a confundir, cuando ya estaba encaminandose hacia la culpa y el miedo. Muy bien...-piensa en su cabeza, intentando buscar la lógica de esas dos palabras. Saber por qué se ha merecido ese premio. La confusión gana definitivamente al miedo, y la mujer empieza a estar más preocupada en entender que en encontrarse segura.

Damià:
- ¿Cómo te encuentras?
Marga mira a Damià y busca las palabras, aunque se siente algo enlentecida. Bie... -su respuesta se corta ahogando su voz, al darse cuenta de la respuesta que estaba dando y lo que acababa de hacer. ¿Cómo puedo estar bien después de haber hecho esto...? -se pregunta, moviendo los ojos hacia diversas partes de la estancia evitando mirar fijamente a Damià mientras piensa.

Finalmente, parece que su mente se desbloquea, eliminando interferencias y simplificando las cosas. Damià me lo ha pedido. Es lo que tenía que hacer... -se dice a si misma, ahora que ha perdido de vista a Santiago, aún de rodillas tras el caballeroso vampiro. Vuelve a mirarle a los ojos, e intenta construir una frase coherente. Estoy... bien... -dice con la voz algo entrecortada. Respira hondo, estira la espalda para sobreponerse pero casi al instante vuelve a encorvarse sutilmente costándole mantener la mirada de Damià. Es lo que me pedisteis, ¿no? -dice algo insegura. ¿He hecho bien? -comienza a preguntarse. Las dos palabras de aprobación de Damià así parecen confirmarlo, pero poco a poco vuelve a los esquemas que tenía en su mente antes de subir a la segunda planta: congraciarse con Damià. Y por momentos teme no haberlo hecho bien.

De pronto, a pesar de llevar todavía el conjunto negro de encaje, Marga se siente desnuda y desprotegida ante la mirada, la voluntad y el poder del vampiro.
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Re: [CA] 8pm, Habitación 2do piso

#10

Mensaje por Magda Dalmau » 24 Jul 2019, 10:56

Santiago se aleja de la pareja, con una mano tapando sus labios en un gesto de dolor, pero sin sanarse. El miedo que le inspira su mentor es suficiente para detener su deseo de detener el sufrimiento que le provoca esa sonrisa forzada, por lo que se queda apoyado contra la pared, con la mandíbula tensa.
Imagen Damià observa a la mortal mientras se limpia algunas gotas de sangre que han caído en sus manos con todo el proceso. El gesto parece indiferente, casi mecánico, como si lo hubiese repetido como una costumbre a lo largo de años y décadas. Cuando termina, se inclina sobre la brusa de Marga, aún en el suelo, y se la tiende.

- No es preciso que finjas entereza -dice, en ese mismo tono agradable. Sus ojos la observan y Marga puede distinguir un brillo extraño en ellos, como un reflejo de una luz que no sabe de dónde procede- Te he pedido que hagas un acto que pocos habrían sido capaces. Has mostrado diligencia y eso te ha hecho ganar mi admiración, pero te pido que seas sincera. Dime qué has sentido. Qué has pensado. Y qué piensas ahora.
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