Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

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Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

#1

Mensaje por Corso » 23 Ago 2020, 00:41

LAS FRÍAS AGUAS DEL AMOR Y EL ABANDONO.
(Escena para Ricardo y Fiorella)

Venecia
1969



- ¿No te parece el lugar más romántico del mundo?

Quien hacía la pregunta era un joven de apuesto rostro y facciones mediterráneas sobre el que solo hacía falta observar su bobalicona sonrisa y el brillo en sus ojos para saber que estaba perdidamente enamorado. Enamorado del momento, de esa noche y, con toda probabilidad, del futuro por el que iba a apostar unos minutos después. Se llamaba, Mario.

Al abrigo de su brazo, otra mirada, igualmente plena de vida, juventud y deseo contestaba sin pronunciar palabra a la pregunta - Ahaaam- suspiró, María, con la cabeza apoyada sobre el hombro de su entragado novio, totalmente desecha de amor. Acurrucada en él, levantó la mirada hacia Mario para quedar mirándose cómplices unos segundos, perdiéndose una en los ojos de otro sin importarles la indiscrección del gondolero que, atento al momento pactado, esperaba paciente el preciso instante en el que habría de hacer su estelar aparición en la bucólica escena, mientras con predemitada parsimonia hacia cruzar la pequeña embarcación sobre las inundadas calles.

María y Mario, sintiéndose libres en un mundo construído solo para ellos dos, acercaron sus bocas hasta sellar durante un minuto eterno los sentimientos que nacian de uno hacia el otro. Tras besarse apasionadamente, el joven se apartó delicadamente de ella y se puso en pie, intentando mantener su estabilidad sobre la góndola para no caer al canal, lo que habría supuesto un completo desastre. Por suerte, el gondolero había aminorado la fuerza con la que manejaba la pértiga advirtiendo que, entre las virtudes del chico, no destacaba un equilibrio felino.

- ¡Estás loco! ¿¿Qué haces?!- dijo Maria, riendo divertida ante la ocurrencia de su novio. Sabía que era un patoso consumado, pero también que, en gran parte, ese era uno de los motivos por los que se había enamorado de él. Siempre, desde el mismo momento en que fueron presentados, la había hecho reir. Tenía ese don. Un gracejo natural capaz de sacarle una sonrisa por muy cansada, de mal humor o cargada de problemas que estuviese.

Incluso en las largas sesiones de quimioterapia. Incluso cuando perdió el pelo y el apetito. Incluso entre las interminables noches de náuseas e insomnio. Ese hombre fue capaz de hacerle sonreir incluso horas después de haber escuchado cogidos de la mano en aquella desalmada consulta: «...entre seis y diez meses...», «...imagine una nuez...», «esfuércese en beber los batidos, ahora también los hay sabor fresa».

Cómo si hubiese algo que pudiese endulzarle la vida a uno cuando tiene un tumor con forma de fruto seco en la cabeza que va a matarle. Pues incluso en esos momentos, Mario, siempre encontraba una forma de sacarle una sonrisa a María. De eso hacía casi cuatro años, cuatro increíbles, milagrosos y maravillosos años desde que en la misma desalmada consulta, de nuevo cogidos de la mano, habían escuchado: «...una completa anomalía...», «...un milagro...», «...está usted limpia...». Como si ella pudiese creer en ángeles que te eligiesen a tí y no a otro para regar tu metástasis con maná sanador.

Y sin embargo, «¿Qué importaba eso ahora?» , pensaba mientras se entregaba a él.

«¿Qué importaba eso?», «¿Qué, allí?».

Por esa,entre mil otras razones, le iba a decir que sí. Porque estaba convencida de que ese «ángel» tenía un nombre: Mario.

El muy patoso habia escondido perfectamente el anillo, pero la factura...solo él era capaz de haberla dejado oculta dentro en la cartera durante meses. En cuanto le propuso viajar a Venecia de vacaciones supo qué era lo que pretendía hacer allí. Así que, tan nerviosa como él, le miró con una dulzura y un amor infinitos cuando quedó arrodillado frente a ella. Mario buscó en uno de sus bolsillos y sacó una pequeña cajita, que abrió con manos temblorosas exponiendo un modesto pero precioso anillo ante María.

«Señorita Ruggieri...» - comenzó la pedida de mano de Mario, quien hizo una pausa para intentar aclarar su voz y vencer el nudo reseco que se había formado en su garganta.

«Sí, amor mío, claro que me casaré contigo...» - le interrumpio ella, lanzándose a sus brazos con lágrimas de infinita felicidad en unos ojos vidriosos de emoción.

Tras volver a besarse y abrazarse ajenos al mundo, Mario se dió la vuelta esperando que el gondolero comenzase con «O' sole mio...!» , tal y como habían acordado, dispuesto a terminar aquel paseo sobre las aguas de Venecia cogido de la mano de su prometida. «Futura», «Mujer», qué dos palabras tan magníficas para ellos, pensó...pero el gondolero no cantó.

Gritó.

Un grito que heló la sangre de Mario y María, quienes tras mirar en la misma dirección que los aterrados ojos del hombre y comprender el motivo de su terror, comprendieron que quizá sí que había ángeles, pero que no todos estaban hechos de luz. Ambos,por primera vez en más de cuatro años, temieron que, quizá, en su mundo solo de dos había una enfermedad mucho más horrible y maligna que un cáncer en estadio 4. Una que nunca hubiesen imaginado que podía ser real y que se podía cruzar en su camino. Apenas a una treintena de metros de su romántica carroza acuática.

Allí, en la frías aguas del canal, ambos volvieron a cogerse de la mano una vez más, mientras una pequeña figura deformada, abandonada a su suerte y sacada de la peor de las pesadillas agonizaba ante los inminentes primeros y mortales destellos de un nuevo día.

Al otro lado del canal, ocultos bajo los dones de su sangre, Ignacio de Lima -del Clan Nosferatu-, acompañado por uno de los de entre su progenie, contemplaba toda la escena pensando la mejor forma de cobrarse el favor por el que sus cuerpos sin vida habían ido a la ciudad. Un plaza ajena gobernada por una temible familia; la de aquellos inmortales que eran capaces, entre otras muchas atrocidades, de encadenar bajo el yugo de su poder las almas de los muertos.

Y, también, decían, las de los no-muertos.

Un nuevo chillido de María fue la única sonata que Mario escuchó esa noche.

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Re: Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

#2

Mensaje por hella9 » 23 Ago 2020, 13:24

”Papa...¿donde estas?.. papa¿ me perdonas? He intentado ser lo que querías que fuera, pero mi cuerpo y mi piel no cambian. Noche tras noche tú intentabas curarme, hacerme mejor, y te he fallado...quizás este es el castigo que una niña que desobedece a su padre debe padecer..una muñeca rota no puede estar en un hermoso expositor..”

————————————————————————————————————————————————————————
El agua de el canal acariciaba los dedos de los pies de la pequeña Fiorella De la Rosa Bella pero hacía ya un año o dos que sus pues habían perdido la sensibilidad. Su cuerpo , testigo de mutilaciones y noches de dolor infinito colgaba de un poste esperando ver los primeros rayos de sol.
De su antigua belleza, solo sus ojos, (unas grandes y preciosas orbes de el más resplandeciente verde oliva ) habían sobrevivido a la noche en la que su supuesto salvador se había convertido en verdugo que firmara su sentencia de muerte. Su padre, un reconocido artesano especializado en la fabricacion de muñecas de porcelana y máscaras Venecianas había enloquecido tras, noche tras noche cortar, cauterizar, desmembrar y recolocar el cuerpo de su hija, de Fiorella, como si de una de sus muñecas se tratara. El pobre hombre no podía aceptar el nuevo aspecto de su amada hija y la locura le había llevado a límites donde la moralidad y humanidad no podían llegar. De ahí que ahora el cuerpo de la pequeña Nosferatu fuera poco más que funcional.

“Intenté mejorar. Mi maestro me enseño lo poco que necesitaba saber para no ser una molestia, sabes que intenté no serlo..¿verdad Papa? Sabes que me porte bien. Pero esa noche me hiciste mucho daño, el bisturí estaba muy caliente y tuve miedo....mucho miedo papá. No quería hacerte daño, pero algo en mi interior si acabo por hacértelo.¿ me perdonas? Mi maestro no me perdono. Ni él ni su superior. De verdad que intente ser una buena niña pero....¿ por que no puedo?”

La niña colgaba, no tenía fuerzas ni para alzar su cabeza y poder ver mejor lo que se avecinaba.

Una góndola

Una góndola que llevaba a tres humanos, dos de ellos sentados y uno conduciéndola. Fiorella estaba inmóvil, como un macabro adorno decorando el canal. Si hubiera podido moverse, se habría escondido. Solo su padre había visto su cuerpo tal cual era y le había dicho que lo mejor era ocultarlo, su mayor vergüenza no podía ser vista por ojos que no la amaran tanto como él. Solo su máscara la acompañaba, esa primera máscara que su loco padre hiciera para ella y de la cual no se había separado adornaba su pequeño rostro. Un ángel podrido, esa era la imagen que se presentaría ante los dos enamorados y el gondolero.
Ajena a los gritos de horror de ese trío de humanos, Fiorella seguía inmóvil como una macabra muñeca . Sus pensamientos iban dirigidos no solo a su padre, sino también a su sire, quien nunca se había preocupado realmente por ella y la había desechado a la menor oportunidad.“Quizá si hubiera aprendido mejor de ti maestro, no habrías tenido que deshacerte de mi...aún tengo mucho que dar. ¡Seré mejor alumna! Mejorare,seré una niña buena y aprenderé a ser lo que necesites que sea.. solo, quiero otra oportunidad..” Fue entonces, cuando Fiorella vio algo. Una pequeña polilla , el volar errático de ese pequeño bicho le recordó a ella misma , incapaz de ser ágil y elegante. La polilla se posó en su máscara y pudo observarla de cerca. “Hola,que bonita y delicada eres.¿Tú también buscas otra oportunidad ? “ Pensó la niña mientras se fijaba en el insecto. Este, ya sea por por el alarido de la mujer o por haber visto una fuente de luz cercana, salió volando. Dejando detras la imagen de un canal Veneciano adornado por los primeros colores de lo que iba a ser un bonito día.

Fiorella cerró los ojos, y para quien supiera mirar, ahora de esa angelical máscara brotaban lágrimas de sangre, lágrimas que como rubíes rojos adornaban las facciones perfectas de el rostro falso de la Nosferatu.“Ojalá parecerme más a ti, pequeña. Ojalá poder extender mis atrofiadas alas para seguirte en la noche.. pero, he sido una mala hija y alumna, y a las niñas malas....se les castiga.

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Re: Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

#3

Mensaje por Horcado » 26 Ago 2020, 00:07

Siempre había recordado a su difunto padre, más que a su madre, cuando le habían abrumado las tribulaciones en la infancia, cuando estaba preocupado, confuso o asustado. Era ahora, en esta madrugada espantosa (para algunos) cuando venían a su mente como fotografías estropeadas aquellas lecciones inculcadas que como un puente le llevaron a su mayor.

Como experto en tortura en las checas republicanas, su cometido era descubrir secretos íntimos, arrojar luz a los rincones sombríos y protegidos de los interrogados, aunque estos no estuvieran dispuestos a revelar sus secretos mejor guardados.

Al final de las sesiones de tortura – le decía a Nardone- todos suplican por su vida. Cuando lo hacen, y finalmente todos lo hacen, yo finjo dudar para ver en sus ojos un atisbo, una leve expectativa. Y después se la arrebato. A veces también eligen el estúpido juego del gato y el ratón. Se encogía de hombros.

Sus palabras le recordaron a aquel chico… Bruno se llamaba. Tampoco tuvo oportunidad. El primero de una lista que empezaba a dejar de tener sentido.

Habían desangrado y dejado a la joven Camarilla que les había confesado la ubicación de la pequeña muñequita, atada con firmeza a la silla de sujeción, con un orinal con una rata dentro fuertemente fijado a su desnudo sexo, y bajo el orinal un brasero encendido para que la rata se hiciera camino hacia adentro. Nardone notó como un escalofrío recorría su espalda al pensarlo, de sentirse en su pellejo.

- Tú quédate aquí. Vigila la orilla y controla que la situación no se desmadre… Yo atajaré por el pequeño muelle y rescataré a la pequeña. Vamos a darle el derecho a sobrevivir a su sire.

Nardone le miró fijamente con ojos maníacos y movió la cabeza asintiendo con sombrío regocijo.

El ágil Ignacio de Lima se movió como un rayo hacia la pequeña Fiorella mientras Nardone podía apreciar la mirada estupefacta de aquellos que hacía unos momentos gritaban de horror u asombro al ver cómo una figura similar a un gran pájaro, quizás un cormorán negro navegaba en dirección a la horripilante figura. Desligó las ataduras de la muchacha que con los ojos cerrados ni siquiera había reparado en su salvador, y fue delicadamente depositada en el lecho de la barcaza que la traería de vuelta a la orilla donde una sombra bien oculta, controlaba las idas y venidas de algún pescador oportunista.

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Re: Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

#4

Mensaje por hella9 » 27 Ago 2020, 11:34

Quizás por la resignación que se apoderó de ella en ese momento, o por la suavidad con la que la trataron, Fiorella no reaccionó cuando se sintió libre de sus ataduras. Se preguntó si acaso ya habría muerto y ahora era su alma que flotaba en la oscuridad. Si de verdad estaba muerta, que muerte tan dulce había sido. Pero sintió algo más, sintió su cuerpo reposar sobre algo duro y los gritos de de esos humanos seguían resonando en sus oídos, por lo que la ilusión de una muerte dulce se evaporó de sus pensamientos.
Cuando abrió los ojos, solo pudo ver una enorme figura negra que aún la sujetaba mientras la posaba sobre alguna superficie que ahora no era capaz de identificar.

”¿la muerte ha venido a buscarme en persona? pensó la pequeña un instante, pero al recobrar un poco más sus sentidos y notar que aún seguía con vida y que alguien había venido a rescatarla, lágrimas de sangre, de alegria, empezaron a brotar de nuevo de sus ojos. Fiorella estaba débil, tanto como para no poder moverse, pero algo en su interior, una nueva voluntad por sobrevivir hizo que alzara un poco una de sus atrofiadas manos y con un susurro dijo :

-Papá, ¿me perdonas?
Fue lo único que pudo decir, antes de volver a abandonarse ala debilidad que la atenazaba. Ahora se dejaba llevar, sabía que su destino acababa de cambiar. Alguien le había dado una oportunidad más para aprender y mejorar. Esta vez iba a ser la niña buena que querían que fuera.
Los gritos de los humanos dejaron de sonar en los oídos de la pequeña, y ella volvió a cerrar los ojos con una nueva esperanza.

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Re: Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

#5

Mensaje por Horcado » 28 Ago 2020, 23:07

Tras poner en marcha la barcaza hacia Ricardo, con el lento girar de los remos, Ignacio disimuló un intenso suspiro de impaciencia.

- Debes saber que estás muerta, como tu padre.

El arrugado nosferatu, cuya presencia era la de un anciano si hubiera conseguido vivir al menos 250 años, pero cuyo enérgico porte hacía considerar a cualquiera cómo sus ojos le engañaban al contemplarlo, negó con la cabeza al venirle a la mente la confusión de la pequeña.

- Mi nombre es Ignacio. Por lo que sé has estado cautiva mucho tiempo. Sigue despierta. Sé que quieres dormir, pero primero has de contestar a mis preguntas y yo despejaré todas las que tú tengas. El horizonte empieza a brillar con su característico fulgor. A partir de ahora Ricardo te cuidará; te llevaremos a nuestro refugio. Está protegido y te sentirás cómoda.

La orilla estaba cada vez más próxima. La mirada del gondolero era tan penetrante que podría traspasar el ladrillo. Pero ahí estaban Ricardo al otro lado del canal e Ignacio con la pequeña Fiore dándole la espalda a la góndola de la que hacía unos instantes provenían los gritos; desafiando a la realidad en una ciudad que no era la suya, encaminándose a un taller de cerámica abandonado que habían tomado como refugio tan sólo dos noches antes, y con una no-muerta, probablemente en letargo, cuyo destino sería ser desmembrada e introducida en un horno de cerámica horas antes preparado para tal efecto por parte de Ignacio...

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Re: Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

#6

Mensaje por hella9 » 31 Ago 2020, 11:20

La voz de Ignacio sono en los oidos de Fiorella. Estuvo a punto de abandonarse al letargo pero algo en su interior, quizas esa nueva flor de esperanza que empezaba a brotar en ella, le imidio hacerlo. Se sentia arropada por el vaiven de la barcaza en el agua , como una cuna de agua que la invitaba a domrise y olvidar lo que habia sufrido. Pero aun asi, queria corresponder a las palabras de su salvador y sin abrir los ojos logro susurar unas palabras:

- Sere buena, aprendere, lo prometo..

La pequeña noseratu queria abandnarse al llanto, queria que la abrazaran y consolaran. Pero el amor que anelaba desde hacia un par de años no llego, su salvador parecia tener en mente solo lo que ella podia ofrecerle, informacion. "¿Qué haran conmigo despues? ¿Volveran a desecharme? penso. La esperanza y el miedo se debatian en el interiror de Fiorella. ¿Que podia perder? ya habia perdido todo lo que algua vez amo y todos los vastagos de venecia preferian verla colgada en ese poste.
Al final, la esperana gano y con una pequeña luz de determinacion en su interior y en sus ojos,ahora abiertos, miro la figura que tenia delante.

-Hare.. lo que..me digas.. consigio decir al fin cuando ese miedo dio paso a un sentimiento nuevo para la pequeña, la rabia.

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Re: Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

#7

Mensaje por Horcado » 04 Sep 2020, 10:48

Ignacio escuchó las palabras de la pequeña en silencio; poniendo todos sus sentidos en el movimiento de la barca, mientras llegaba al pequeño muelle en donde había dejado vigilando a Ricardo. Una vez llegó allí, Ricardo subió a bordo, generando un leve chasquido en la madera.

Ricardo no podía evitar su excitación, ya que en realidad era la primera vez que su sire y él realizaban trabajos fuera de su ciudad natal. La primera vez también que pisaba un territorio que no fuera dominado por el Sabbat.

- Todo tranquilo por aquí, Ignacio. Únicamente nos debería de preocupar el gondolero, pues parece que no ha tenido ningún efecto en él tu influencia. – dijo Ricardo

- Me trae sin cuidado. Hoy nos ocultaremos como mejor podamos, pero mañana ya estaremos camino a casa.

Los tres cainitas se alejaron del puente de los suspiros subiendo el Rio di Palazzo y se adentraron por rio del Piombo, hasta un local cercano a la Scola Spagnola, conscientes de que el día se acercaba cada vez más.

El camino transcurrió en silencio. La pequeña seguía en un estado límite de consciencia, y Ricardo, al ver su debilidad comentó susurrando.

- Ignacio, la pequeña no durará mucho; casi va a realizar el juramento de lealtad ella solita. Estoy pensando realizar el pequeño rito de aceptación de inmediato para que ella pueda pasar el día sin peligros.

Ignacio asintió sin problemas mientras se disponía a recoger a la pequeña enrollándola en una manta.

El taller era un edificio más viejo que ellos, destartalado y con las ventanas tapiadas en obra, pero dotado de una entrada en falso desde el subsuelo.

Allí, mientras Ignacio se deshacía concienzudamente del cuerpo inerte de la “vástaga” capturada el día anterior, Ricardo rebuscaba entre unos trastos arrinconados entre escombros al encuentro de algo parecido a un cuenco ceremonial para comenzar con esta peculiar Vaulderie.

Una vez finalizados todos los ceremoniales, la pequeña bebió de la sangre de Nardone e Ignacio pero ellos no de ella.

- Fiorella de Rosa Bella… No podemos arriesgar todo nuestro trabajo. Si el vaso no está limpio, todo lo que derrames en él se corromperá…

Ignacio hizo una leve pausa observando los movimientos de la pequeña tras su máscara.

- Nuestras preguntas van a ser sencillas: Quién te hizo como eres, dónde podríamos [email protected] y lo que es más importante, cual es el motivo por el que te hemos encontrado en el canal, a punto de morir…

- Cuanta más información nos aportes, más fácil será entender el futuro que nos espera.


Ricardo escuchaba desde otra sala, observando pensativo hacia la ventanilla del horno, viendo las llamaradas que generaban aquellos restos, consciente de que si la pequeña no decía la verdad en aquellos mismos momentos, probablemente tuviera el mismo fin.

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Re: Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

#8

Mensaje por Corso » 04 Oct 2020, 11:13

Ricardo no escuchó respuesta alguna de parte de la nosferatu y mientras observaba reducirse hasta ser candentes rescoldos a la camarilla que había torturado, adivinó que las preguntas de Ignacio quedarían, quizá para lo que quedaba de noche, a la deriva de un vacío de silencio.

La Vaulderie había sido tan breve como extraña y parecía que el Sacerdote no volvería a oficiar rito alguno durante un tiempo. Una parte de él, esa que está incrustada en el yo más profundo de uno mismo, casi lo agradecía. Llevaba siendo el guía espiritual de su manada desde que su sire depositó esa responsabilidad y confianza en él, pero el transcurso de los últimos meses y las andaduras que este había traído consigo, lejos de avivar su «fe» habían empezado a sembrar en su fuero interno el germen de la duda.

Una crisis espiritual que había empezado a turbarle casi en exceso las últimas noches y que ni siquiera la cercana presencia de Ignacio era capaz de mitigar del todo. Atribulaciones que no había compartido, aún no, con él, pero que le hacían temer no ser capaz en el futuro próximo de realizar la Eucaristía de la Sangre, pilar de la fuerza y el vínculo entre hermanos, con el convencimiento y la fortaleza que se le supone a un Sacerdote del Sabbat . Sus penetrantes ojos reflejaban la encabritada danza de llamas que tenía enfrente mientras, con pesar, se preguntaba si acaso su fe no estaba empezando a deshacerse como los huesos de la extinta prisionera. Polvo al polvo...

- La debilidad y el letargo ya la están arrullando, no obtendremos respuesta; por ahora - le escuchó decir a su Ductus al otro lado de la nave. La amenaza mortal del fuego, aun controlado, junto con la voz de Ignacio le sacaron de su ensimismamiento obligándole a girar sobre si mismo y recomponerse. Su sire había dejado yaciendo el cuerpo de la enmascarada y se había puesto en pie.

Al verle allí, erguido y corpulento junto a la niña inmortal, un estremecimiento recorrió el cuerpo sin vida de Ojo Puto. La retorcida estampa de Ignacio de Lima proyectaba la sombra de la fuerza y su penetrante mirada un crisol de conocimiento. Un reputado cainita del clan Nosferatu que solo Dios sabía qué enigmas había conseguido recolectar a lo largo de su larga existencia y sus innumerables viajes; seguramente muchos de ellos podrían hacer caer a más de un cainita importante, o al menos posicionaban al español como un peligroso traficante de susurros y rumores. El nada desdeñable poder de atesorar secretos y esgrimirlos como afiladas estacas era algo que Ricardo admiraba y respetaba. Y para con su sire esa admiración y respeto cruzaban la frontera que rallaba en la fascinación.

- No hemos de demorarnos aquí - le sugirió - más allá de la noche de mañana. Los nigromantes son recelosos de su feudo y no tardarán en encontrar un pretexto para pedirnos cuentas por nuestros actos en el corazón de su poder. Dentro de Venecia - siguió, sin temor, pero sí con más prudencia de lo habitual - solo somos dos ratoncillos correteando por sus cloacas. No abusemos de la suerte, pues ni yo mismo seré capaz de asegurar nuestra salida de la ciudad si los Giovanni llegan a consideran «eso» - señaló con un gesto de cabeza el horno tras Ricardo - como una afrenta. Y lo harán...

Después volvió a pasar su atención a Fiorella, pensativo por unos segundos y analizando con cuidado la situación.

- Si cuando despierte plantea algún tipo de problema...- su voz era firme y exigía determinación - aviva el fuego con ella.

Tras aquellas palabras extendió el brazo con la palma de la mano abierta, conminando a Ricardo a sentarse junto a él en un par de las polvorientas sillas que había esparcidas por el local. El chisporroteo de la improvisada pira funeraria que consumía la carne de la camarilla crepitó en el silencio que reinó entre ellos durante unos minutos hasta que, por fin, Ignacio retomó la coversación. El triste brillo en sus ojos le adelantaba a Nardone que sus siguientes palabras iban a poner, de nuevo, más distancia entre ellos de lo que se concedía reconocer el florentino.

- Es hora de que hablemos del futuro, cachorro - empezó, utilizando el término que solo empleaba cuando se sentían en la intimidad propia de un sire con su progenie - Pero antes, es justo que sepas qué hacemos aquí. Como sabes, los activos de los nigromantes no se basan en lo que para nosotros solo son fruslerías: ¿dinero? ¿inmuebles? ¿negocios con los borregos? No, ¿qué nos importa a nosotros la miseria propia de la carnaza? Menos que nada.

- Sin embargo, sus sucios dedos de sepultureros incestuosos han acariciado algunos artefactos que me interesan sobremanera. Antiguas reliquias que, dicen, guardan un gran poder si caen en las manos adecuadas...- de Lima hizo una pausa tras el inciso, buscando con avidez en el rostro de Ricardo su reacción a lo que le contaba.

- Según uno de nuestros hermanos de clan, el sire de ese pequeño horror - la sarcástica referencia a Fiorella era evidente - lleva haciendo tratos con los ignominiosos nigromantes desde hace décadas; facilitándoles aquellos recursos y bienes de los que se encaprichan como el perrito faldero que le lleva aquello que encuentra a su amo. Emponzoñando el nombre de nuestro linaje con sus actos.

Poco a poco, como un diestro sastre, Ignacio fue hilvanando aquella confesión bajo la atenta mirada de su chiquillo.

- Mi intención era castigar esa conducta robando la no-vida de aquello que, confiado en exceso, pensaba que era la posesión más preciada de Antón Rossau, pues así se hace llamar: su propia progenie. Ella...- señaló y ambos miraron de soslayo el cuerpo aletargado de Fiorella. El nosferatu escupió con rabia un gargajo de sangre al suelo, en un gesto que no dejaba del todo claro si servía para maldecir ese exceso de confianza o a Rossau y su chiquilla. Quizá ambas cosas.

- Y, una vez teniendo la garganta de la pequeña entre mis manos, obligar a ese perro de Antón a conseguir por cualquier medio esa reliquia; ofreciéndole un canje antes de acabar con él. Lo que se conoce vulgarmente como «matar dos pájaros de un tiro»; o quizá tres...- un pequeño gorgojeo de viejo motor al ser arrancado rascó su garganta en lo que se podría tomar por una pequeña y breve carcajada cargada de perversidad y vileza.

- Pero henos aquí ahora, en estas soledades próximas al amanecer, en una situación condenadamente distinta. La reliquia se ha esfumado y el castigo se postergará hasta que su pequeña mano tenga la fuerza necesaria para sujetar el puñal de la venganza. Ella «debe» sobrevivir y convertirse en una valiosa y fuerte Sabbat; y tú, sangre de mi sangre, serás como el padre que no ha tenido, ese que la ha abandonado a su suerte.

- ¿La prepararás para mi? -
Una áspera garra animal acarició las llagas del rostro de Ricardo con tenebroso afecto, un suave roce lleno de poderosas y vedadas intenciones que le volvió a estremecer sacudiendo a su bestia. No era la primera vez que Nardone sentía el aura de poder contenido de la sangre de su creador.

- Dime, hijo mío, ¿Entiendes lo que te estoy diciendo? ¿Te sientes con fuerzas para cumplir con esta labor que te pido?

Si algo tenía Ignacio era tiempo. Toda la eternidad para conseguir ambas cosas: más conocimiento y poder. Más venganza. Solo tenía que esperar y confiar en las capacidades de Ojo Puto, la mejor de sus pústulas.

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Re: Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

#9

Mensaje por hella9 » 08 Oct 2020, 11:36

Fiorella sentía como el sueño del día se apoderaba de ella, quería seguir, quería decirles todo lo que sabía a esos dos vampiros que la habían salvado. Se obligó a estar despierta, sobretodo al oler él delicioso aroma de la sangre cuando los dos Nosferatu derramaron un poco en el cuenco.
Ambos pudieron ver como la pequeña abrió los ojos en un desesperado movimiento de anhelo y bebió. Cuando ese elixir de vida entró en Fiorella, algo en su interior despertó, ¿que era esa creciente calidez en su interior ? Un sentimiento que la Nosferatu no había experimentado aún floreció en ella como si de una pequeña rosa se tratara, amistad. “ Que... ¿que es esto?” pensó mientras sus ojos se clavaban en el vástago conocido como Ignacio mientras este le devolvía una mirada de interrogación.

Fiorella quería responder, quería ser de utilidad para ellos , que la aceptaran y sintieran el afecto que ella sentía por ellos ahora mismo. ”Me creó el Dr Rossau, él me curó para que mi papá pudiera trabajar para los señores del palacio...” empezó , pero pronto se dio cuenta de que sus labios no se movían.

Y en el momento de más decisión, la poca fuerza de voluntad que le quedaba cedió al cansancio ,a la debilidad, y finalmente, al Letargo.

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Re: Las frías aguas del amor y el abandono [Racconto] (Venecia, Año 1969)

#10

Mensaje por Horcado » 16 Oct 2020, 17:49

A pesar de que Ricardo se sentara junto a su superior, no había nada en el mundo, o nada en ese momento, que le reconfortara más que mirar a través de la trampilla de cristal térmico cómo la joven fierecilla de La Torre iba deshaciéndose en volutas de cenizas y humo, destruyendo en parte la maldad de sus enseñanzas.

Ignacio, su mentor incluso antes de haber abandonado la carne mortal, siempre tan elocuente y pedagógico podríamos decir, ahora se sentía, en cierto modo defraudado con el transcurso de los acontecimientos.

En cambio, para la visión de Nardone, todo el trabajo realizado por ambos, había tenido un objetivo claro; nada importaban aquellas absurdas reliquias sin una mano sabia que les pudiera dar uso. En cambio, la joven enmascarada, ya de por sí con pocas aptitudes para la vida mortal, sí que parecía el gran tesoro. En ella seguramente no existiría contaminación alguna de su vida anterior, exceptuando el ansia por amar y ser amada; la necesidad de formar parte del grupo y de ser útil, para después enmendar el error que los condenados habían cometido al dejarla a su suerte.

Afortunadamente, gracias a “Padre” (como Ojo Puto mencionaba mentalmente en ocasiones a Ignacio, ya que para él fue el principio de todo, y por quien todo su mundo existe), tuvo a bien rescatarla para sí mismo y para él.

La oportunidad para Nardone de observar y ayudar a la pequeña, de dar compañía y refugio a un ser tan diferente a él, pues a pesar de que él había disfrutado de una entrada relativamente fácil a la no-vida, creyendo que aquella poderosa personalidad que su sire tenía y sus misteriosos poderes casi le convertían en un dios, en su interior sabía que “Padre” e “Hijo” no tendrían porqué tener relación…

“El Padre y el hijo no tienen porqué ser iguales, a pesar de la consubstancialidad de la vitae. ¿Porque qué Padre Sabbat abandona a su progenie para que los rayos del sol hagan el impío trabajo?”

“¿No es acaso la palabra del Padre eterna en Caín un hijo de Adán, a su vez un hijo de Dios?”

“¿Habrá conseguido la Vaulderie hacer en todas las cosas diferente a la pequeña respecto de su padre y sire?”

“¿Habrá conseguido la pequeña ”agennetos et anarchos”, como en algún momento la había definido Ignacio superar las cadenas de la consubstancialidad con su sire?”

Todas estas preguntas sin respuesta, se agolpaban en la cabeza del joven Nardone. Una lucha interna con la que el chiquillo lidiaba desde hacía un tiempo, desde el momento en que aceptara la instrucción para el cargo que ostentaba como sacerdote.

Afortunadamente, Ricardo volvió de su ensimismamiento a tiempo para poder asentir de un modo totalmente sincero a las demandas de su querido Ignacio. Un ser por el que sentía tanta admiración como temor a causa de la magnitud de sus impíos actos...

-"En cuanto la pequeña despierte, tendrá la oportunidad que los suyos no le dieron."- Dijo Nardone mientras sopesaba la posibilidad de buscar algo mas de alimento para la pequeña.
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