Una brutal epifanía: la gente se muere en la calle

Desde la pureza del alma hacia la consagración inquisitorial

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Baudelaire
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Re: Una brutal epifanía: la gente se muere en la calle

#51

Mensaje por Baudelaire » 20 Jul 2020, 16:56

Tu esposa, habiendo recibido dulcemente tu beso, te acaricia el cabello desordenado… sin intentar volver a darle un aspecto más elegante. Siempre te ha dejado ser, sin intentar cambiarte. Igual has hecho tú, así que cuándo se pone un par de guantes para examinar los objetos… te es imposible evitar sonreír.

La ciencia viene de la filosofía y, los análisis que hace Aanisa, siempre van más allá de los límites del método. Cada avance científico cae en la zona gris en que poco y nada se sabe, por lo que recurrir a la teoría filosófica se hace imprescindible.

Mmm… Darjeeling. El mejor té de la India viene de allí.

Una sola frase te hace recordar dos cosas: que ella habla hindi y que es la catedrática de filosofía india de la universidad de Salamanca. Mientras tienes tu momento de reflexión sobre haber olvidado aquéllo, tu esposa ya ha guardado todo en la caja y luego ésta dentro de un armario. Lo asegura con llave y le ajusta una cadena doble con un candado, se nota que hay mucho más por analizar allí según sus acciones.

Sigue en silencio al quitarse los guantes y sonreírte. Toma tu mano y te saca del laboratorio, cruzan la facultad y salen del campus con rumbo al… mercado. Exacto, la investigación continúa. Aanisa está mezclando maravillosamente los asuntos científicos con la búsqueda de los ingredientes para preparar el almuerzo.

¿Cómo evitar amar a una mujer tan emocionalmente inteligente como ella? Ha podido descifrar tus deseos a partir de un par de tus palabras y leyendo tus gestos. Te has demorado un poco más, pero también sabes lo que ella quiere: ayudarte y disfrutar la tarde contigo. Es increíble como consigue unir ambos propósitos, tal como el islam se une al catolicismo en vuestro matrimonio. Alá el misericordioso y Jehová el todopoderoso trabajando al unísono en la Tierra.

Más bendiciones, contando tus estudiantes y la recuperación de Domingo, parecerían demasiado. Sin embargo, todo transcurre vertiginosamente. Ya están de regreso en casa y, sientes, que las compras fueron demasiado breves… en tiempo. Aunque, muy desorientado, tienes plena claridad en que la conversación que has sostenido con tu amada filósofa ha requerido muchas horas. Apenas han transcurrido 20 minutos y estás desconcertado.

Bien, Fili… tu cortas la cebolla y yo me encargaré de poner las lentejas en la solución de bicarbonato.

¡Bicarbonato de sodio! Así han neutralizado el ácido sulfúrico casi en su totalidad, por éso ha sido tan difícil detectarlo.

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Charles_Castle
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Re: Una brutal epifanía: la gente se muere en la calle

#52

Mensaje por Charles_Castle » 24 Jul 2020, 03:12

He seguido a Aanisa con la vista embelesado por sus movimientos. Realmente es una bendición que esté en mi vida.

Así que la sigo y hablo con ella mientras estamos en el mercado y regresamos a la casa. Todo el día ha sido como ir en un río caudaloso, es como sumergirme en la corriente y al salir ver que estoy en otro punto del trayecto. Demasiado que pensar. Un pensamiento lleva a uno y luego a otro. Aquéllo es, sin duda, poco usual en mi vida cotidiana. Y así de pronto estoy en casa ayudando a la cocina y ¡entonces el lumen divino! llega de la mano de mi amada esposa- ¡Dios mío, el bicarbonato, el azúcar! - digo al tener aquella revelación. Alguien de la casa debe estar inmiscuido. Todavía el té otorga la posibilidad de alguna clase de conspiración fuera de la casa; pero, el azúcar… ¿quién ha manejado la cocina de Don Domingo?

Volteo instintivamente por la ventana para ver la luz que entra por ella, hay tiempo. "Después de comer podría ir a ver al mayordomo y..." Niego mentalmente mientras me concentro en la cebolla. Ya le he prometido estar con ella en la tarde y seguramente el mayordomo mantendría el orden. Ya mañana regresaré con más calma a seguir atando esos cabos sueltos.

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Baudelaire
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Re: Una brutal epifanía: la gente se muere en la calle

#53

Mensaje por Baudelaire » 24 Jul 2020, 15:47

Tu esposa se sobresalta al ver como atacas el pobre bulbo de aroma urticante.

¡Gracias, Fili! Esa cebolla quedará magnífica. Sé que acabas de descubrir algo importante. Supongo que la deuda que tengo contigo, por haberme salvado la vida al sanarme de la peste, tiene alguna probabilidad de ser saldada. Al menos, por esta tarde, me voy a asegurar que tu cerebro se apacigüe un poco. De otro modo, morirás antes que yo tras fundirlo. Je, je, je…

Su declaración de amor infinito seguido de su risa dulce hacen aquéllo que anuncian: evitar que sigas pensando. Las lentejas están deliciosas y la breve siesta que comparten, com hace mucho que habían dejado de hacer, es una combinación más que reponedora. Luego, se decidan a atender el jardín y disfrutar del ocaso. Cuándo las primeras estrellas aparecen, se retiran para una cena muy frugal: un puñado de nueces y dátiles. Todo acompañado de hermosas lecturas artísticas, ni ciencia ni filosofía van a arruinar tan sublime reencuentro.

Todo se diluye con el satisfactorio cansancio de haber disfrutado de la mutua compañía que les lleva a un sueño plácido. El alba, trayendo los primeros rayos de luz, les acaricia suavemente los párpados. Cuándo abres los tuyos, notas que Aanisa te mira dulcemente.

Buenos días, dormilón. Ya huele a pan recién horneado, ¿has contratado a alguien para seguirme mimando?

Sacudido por el aroma, careces de algún recuerdo al respecto. Te sobresaltas, porque sueles ir a comprarlo tú mismo muy temprano. Sin duda, algo más está ocurriendo… y que debes averiguar ¡ya!

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Charles_Castle
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Re: Una brutal epifanía: la gente se muere en la calle

#54

Mensaje por Charles_Castle » 28 Jul 2020, 06:49

La tarde noche ha sido un momento de paz. Aanisa tiene la habilidad de calmarme, con la deliciosa comida y una amena charla. Y, así, el tiempo pasa hasta que llega el momento de descansar. Decimos las oraciones, damos las gracias por las bendiciones del día y la esperanza de seguir en las manos de Dios Todopoderoso y Misericordioso.

Al recobrar la vigilia la voz de mi esposa me señala un hecho, me percato del olor a pan. Extrañado respondo a Aanisa - No, a nadie se lo he pedido… ¡a nadie! Déjame revisar - digo mientras me visto para salir de la alcoba. No creo que sea algo malo, quién llevaría pan si quiere dañar a alguien, pero se trata de algo extraño

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Baudelaire
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Re: Una brutal epifanía: la gente se muere en la calle

#55

Mensaje por Baudelaire » 28 Jul 2020, 17:46

Envuelto en una toga y una manta, la inquietud te atenaza. Vas derecho a la cocina, pero por el camino notas que el aroma surge del patio.

¿Por qué allí?

Te acomodas un poco el improvisado atuendo, para evitar que se caiga, antes de salir. Justo en el antiguo horno, que estaba sin usar hace meses, observas a David abriendo la puertecilla y mirando como van dorándose las hogazas.

Buenos días, profesor. Me imagino que con todo el ajetreo, ha olvidado algo importante.

Tan enfocado estás en el asunto del pan, que tu visión periférica se ha anulado. Pestañeas rápidamente y comprendes lo que ocurre: ¡estás de cumpleaños! El resto de tus estudiantes han montado una enorme fiesta.

Siempre preocupado por todo el mundo, Fili… ¡ya viene siendo hora que lo hagamos por ti!

Aanisa casi te mata del susto cuándo te abraza por la cintura. Tamaña sorpresa que te ha preparado, sabía que hacías y dónde estabas todo el tiempo. Seguro habló con cada uno, con Miguel y Gabriel que están en un rincón preparando los platos. Salomón surge de la cocina con un enorme pastel, tu favorito: ¡base de pistacho con crema de avellanas y cobertura de cerezas acarameladas!

Miras a tu esposa y te guiña un ojo. De seguro ha conseguido la receta que preparaba tu abuela paterna, Eduvigis, cuándo eras pequeñito. Jofiel trae un laúd y, a su lado, Ariel le acompaña con un pífano. El trío lo completa el rector de la universidad cantando con su encantadora voz de tenor.

¡Vivas! ¡vivas! Traigo el favor divino. Cargo la providencia celestial. Traigo el saludo de paz. Cargo la dicha del paraíso… al mejor profesor.

Se acerca para estrecharte la mano, mientras termina la tonada que te cantaba tu abuelo materno para cada celebración como ésta.

¿Quién iba a pensar que Pedro Jesús de Maldonado y Fonseca, un aristócrata de tomo y lomo, se prestaría para este gran espectáculo? Si bien es un hombre cordial y amable, un digno servidor del todopoderoso que guía a la universidad por los caminos de las sagradas escrituras, sigue siendo parte de una familia demasiado importante. Las personas comunes jamás concatenan apellidos

Aanisa te saca de tu turulatez, girándote dulcemente. Y, en frente de todo el mundo, te abraza y te besa con profunda devoción. Te separa suavemente, te mira llena de emoción y susurra en tu oído.

¡Feliz cumpleaños, Rafael! Que las bendiciones que le das a la gente común se multipliquen en tu vida. Nadie se ha sacrificado tanto como tú, un poco más y terminarás siendo un profeta como Mahoma.

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Re: Una brutal epifanía: la gente se muere en la calle

#56

Mensaje por Charles_Castle » 31 Jul 2020, 19:43

La revelación de ver a mi estudiante David, ahí, haciendo pan hace que se me olvide por un momento que apenas estoy vestido para ver qué pasa. Luego, toda aquella fiesta, con Miguel y Gabriel que también están allí. También Jofiel con un laúd, Ariel y hasta el rector. El asombro se apodera de mí y me tallo los ojos para ver si no es una ilusión… así que contemplo con mucha alegría el pastel que han hecho y la canción de cumpleaños sonando en mi cabeza recordándome las fiestas de mi infancia.

Después Aanisa me saca de mis recuerdos deseándome felicidad. - Pero que más bendiciones podría desear si el altísimo me ha bendecido con grandes amistades y el amor de una maravillosa mujer - le contesto acariciando su dulce rostro para luego dirigirme a los presentes

-Muchas gracias a ustedes, que Dios les devuelva siete veces siete en favores celestiales, pero si me disculpen dedo vestirme para la ocasión - les digo mostrando con gracias lo que he podido ponerme por la urgencia

-Pero siéntase con toda la libertad de acomodarse y continuar la celebración, que en un momento habré regresado para partir ese pastel que se ve muy bueno - anuncio para volver a la habitación y cambiarme

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Re: Una brutal epifanía: la gente se muere en la calle

#57

Mensaje por Baudelaire » 31 Jul 2020, 20:14

El jolgorio sigue ininterrumpido, mientras te escurres para componer tu atuendo. El murmullo de la música y la conversación se hace lejano cuando buscas en el armario algo adecuado, mientras el rabillo del ojo se te desvía hacia la carta recientemente recibida.

Quizás deberás partir muy pronto y, así, esta fiesta de cumpleaños se constituiría en tu despedida. Viajar a Venecia, justo ahora, parece un tanto descabellado teniendo demasiadas cosas que organizar por aquí. Debes prepararte adecuadamente antes de enviar la respuesta para anunciar cuándo estarás llegando.

¡Y tus clases! ¿quién va a encargarse de tus pequeñas eminencias? ¿acaso deberían acompañarte hasta el legendario ducado junto al Adriático? ¿llevar a Aanisa?

Sumido en tus preguntas, el tiempo transcurre y una mano suave se escabulle bajo tus brazos para tomar el traje correcto. Siempre en el lugar y momento exactos para ayudarte, tu esposa te viste como a un niño y te sonríe.

Vamos, Fili… te estás tomando demasiado tiempo para elegir. La gente que te quiere y aprecia demanda tu presencia en la fiesta.

Te giras para notar el vestido que ya se había puesto al abrazarte y anunciarte el feliz cumpleaños. Hace juego con tu vestimenta y solamente puedes devolverle la sonrisa. Piensas si acaso deberías manifestarle tus preocupaciones por los asuntos inminentes en Salamanca y el viaje que deberás realizar a Venecia dentro de poco.

Tantas tareas pendientes y teniendo que ir a celebrar, dudas un momento acerca de mencionar algo más, mientras ella toma tu mano y te hace caminar suavemente. El brindis con sidra tintinea de copa en copa… ¡cuánta banalidad! Tienes mucha lectura y trabajo administrativo pendiente, las notas de tus estudiantes, la preparación del examen de fin de semestre, la verificación del estado de Domingo, la visita a la capilla y todo un cuánto hay.

¿Qué hacer para poder poner pausa en este momento?

David te entrega el cuchillo para cortar el pastel, antes que puedas darte cuenta. Todo el mundo guarda silencio para la ocasión, todos los ojos se posan en tu mano que se dirige directo a realizar un buen tajo. Inevitablemente recuerdas la operación quirúrgica en el cuello del buen filántropo.

Aanisa nota tu inquietud y posa su mano sobre la tuya para calmarte.

¿Qué clase de cirujano eres, Rafael? Me imagino que el mejor físico de Europa sabe como realizar la incisión en un pastel de cumpleaños, ¿cierto?

Lo que intenta hacer tu esposa se contrapone a las palabras que pronuncia el rector.

¡Qué es solamente un pastel y no el cuello de un hombre envenenado con la imposibilidad de respirar! ¿por qué te detienes y dudas justo ahora? ¿qué le pasa al aire que se niega a fluir con calma desde y hacia tus pulmones?

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Re: Una brutal epifanía: la gente se muere en la calle

#58

Mensaje por Charles_Castle » 04 Ago 2020, 03:51

Tantas y tantas cosas por hacer y yo aquí en medio de una fiesta paralizado por un pastel. ¿Qué pasa Dios mío?

Vaya par de días, la ansiedad de continuar con la investigación, buscar restos del bicarbonato, leer la carta… tantas y tantas cosas, además del ajetreo habitual.

-Sí, si, ya voy -digo musitando para calmar a la concurrencia y tratando de componer la postura.

Cierro los ojos parta tomar aire y alejar las angustias que van nublando mi mente.
"Es solamente un pastel, lo corto y ésto terminará más rápido para continuar con mis actividades", pienso en el instante que cierro los ojos y después de abrirlos, empuño el cuchillo para empezar con aquéllo.

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Re: Una brutal epifanía: la gente se muere en la calle

#59

Mensaje por Baudelaire » 04 Ago 2020, 05:08

Allí, está, cortado y la crema de cerezas acarameladas comienza a escurrir lentamente. Tal como la sangre en tus múltiples cirugías, pero nuevamente regresa el recuerdo del pobre Domingo y la nefasta sombra que le ronda. Ahora está bien protegido y, mientras Aanisa te ayuda a servir los trozos, el tiempo parece difuminarse en una eternidad. La celebración parece durar demasiado, pero cada momento es un tremendo disfrutar en compañía de las personas que amas.

Así que, tras este especial desayuno, todo el mundo comienza a marcharse lentamente. Tus estudiantes, cada uno a sus deberes y tu esposa a sus clases. Solamente te quedas con el rector, Pedro Jesús de Maldonado y Fonseca, quién parece tener un último regalo para ti. Te habla, extrañamente, con un leonés tan dulce como aquél de tu abuelo materno.

He sabido que has estado atendiendo a muchas personas de la calle, para curarles de la peste… ¿cierto? Nada se me escapa, señor Eyzaguirre. La universidad de Salamanca me ha encomendado dos cosas, la primera es avisarte que ya he presentado mi renuncia al cargo y que, espero, aceptarás tomarlo. Nadie más que tú debería guiar el destino de la cuna del saber en nuestro amado reino, tristemente anexado por Castilla.

Hace una breve pausa para mostrar un leve atisbo de frustración. Lo cuál, siendo un aristócrata, te parece razonable. Pero el hecho de otorgarte el rectorado te deja especialmente estupefacto, es absolutamente incomprensible su decisión. Ya tendrás tiempo para discutirle que estás muy lejos de sentirte preparado, quizás, deberás sonreír y asumir. Es una decisión muy importante y se supone que debes entregar la respuesta de inmediato.

Tu puesto de decano en la facultad de medicina quedará en manos de tu esposa. Los ingresos de tu familia aumentarán y así, con el tiempo libre que significará alejarte de las aulas, te permitirá seguir con tu proyecto de la clínica gratuita. Asimismo, dispondrás de un nuevo laboratorio aquí en tu propia casa para seguir con tus investigaciones… ¿y, qué te parece? ¿es todo lo que habías deseado, siempre? ¡nada mejor que haberte dado la noticia en el día de tu cumpleaños, arcángel!

Te perturba la última palabra, pero entiendes que está jugando con tu nombre. Rafael es el encargado de la sanación en el círculo cercano al todopoderoso, pero esta extraña situación te hace dudar mucho. Se trata acaso de la providencia, otorgándote exactamente lo que tu corazón y tu alma anhelan… ¿o es demasiado fácil, casi como una tentación del inframundo? Estás, de todos modos, en serios aprietos. Nadie más a tu alrededor, ni siquiera sirvientes recogiendo los restos de comida y bebida.

Perdo Jesús de Maldonado y Fonseca, te mira sin pestañear. Se nota muy atento a tus reacciones y espera, con mucha tranquilidad, que hables. Mientras, bebe unos cuantos sorbos más de una jarra de sidra y masca los últimos trozos de tu pastel.

Hasta ahora solamente has recibido migajas… pero, ante la oportunidad de tener todo el oro, ¿cómo saber cuál es la decisión correcta?

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