El Señor Mendigo en persona
-Me temo que simplemente no comparto vuestra perspectiva, Señora. No creo que vuestros intereses sean lo bastante justos para quienes me sirven.
La Dama de Ébano rechinó sus dientes fantasmales detrás de su máscara.
-¿Quizás -dijo con toda la tranquilidad que pudo reunir-, si de repente vuestras filas incluyeran a quienes se atragantaron comiendo fruta caducada después de los noventa años?
“¿Dos? El Señor Mendigo se rió para sus adentros.
-Desde luego -contestó, levantándose para marcharse-. Alguien tan generoso como vos puede contar con mi voto mañana.
“Un alma de cada vez” se recordó, “Aunque dos almas nunca se rechazan.”
El Señor Mendigo, con tan pocos vasallos en comparación a sus compañeros, disfruta jugando un papel personal en las existencias de sus subordinados. Por lo tanto, los Pobres que se distinguen son convocados con frecuencia a sus cámaras para sufrir su continua cháchara. Estas invitaciones son ansiadas -una vez. Nadie que haya pasado una hora o dos en compañía del Señor Mendigo tiene interés en repetir la experiencia.
Nota: El Narrador debería interpretar el inquietante comportamiento extraño de este Señor de la Muerte, que va desde el infantilismo, con la esperanza de provocar un vínculo de mutuo desprecio con sus servidores, a una actitud dolorosamente formal y paternalista.
Su política
El Señor Mendigo, si alguien le preguntara, rechazaría ruidosamente el bullicioso politiqueo y maldeciría las vergonzosas rupturas de la integridad personal a la que se ve obligada la gente, incluso en el más allá. Por desgracia, la Legión de los Pobres, con menos miembros registrados que cualquier otra Legión activa en la política de Estigia, debe confiar en la política para hacer su trabajo. Los miembros de la Legión se remiten a su amo, el Señor Mendigo, como modelo de conducta. Su extensa política es lo que otras Legiones ven y consideran “mendigar,” pues realiza concesiones políticas a cambio de incrementar las filas de sus seguidores. Aunque a veces tiene que apoyarse sobre sus rodillas huesudas y suplicar, raramente llega a tanto. Además, no le importa recurrir a un poco de humillación si consigue lo que quiere.
Pero las cosas se han puesto más difíciles en los últimos tiempos. Sin Caronte presente para interceder en su favor, el Señor Mendigo ha tenido que enfrentarse a siete Señores para suplicar atención en lugar de a uno. Por suerte, tal y como son las cosas, demasiado a menudo son los demás Señores de la Muerte quienes acuden a él en busca de ayuda política.
Por supuesto, existe una razón obvia por la que el Señor Mendigo es cortejado por las Damas y Señores de las demás Legiones -sin él y los suyos, impidiendo el regreso de las Damas del Destino a los asuntos políticos, habría todavía más Señores de la Muerte en la política de Estigia, lo que podría fácilmente provocar un bloqueo a cualquier nivel. El Señor Mendigo y los Pobres aportan votos muy valiosos cuando se toman decisiones importantes. No es sorprendente que las filas de la Legión de los Pobres se incrementen de manera visible cuando se convoca una votación importante.
Tanto en público como en privado, el Señor Mendigo alardea de su relación con las Damas del Destino, especialmente sobre su desdén compartido por la política. Entre la Legión de los Pobres se asume que el Señor Mendigo podría recurrir a las Damas del Destino para aclarar el misterio sobre la muerte de cada Wraith, si actuara adecuadamente. Aunque las Damas afirman que sólo se preocupan de la muerte de quienes ocupan un lugar en el Destino, el Señor Mendigo ha insinuado en ocasiones que la fama de las buenas Damas de ser los mejores Oráculos del Mundo Subterráneo es merecida. Y aunque el Señor Mendigo nunca ha intervenido para aclarar el misterio que rodea la muerte de un Legado, parece disfrutar torturando a sus servidores con “grandes recompensas” a cambio de una lealtad inquebrantable en situaciones extremas, haciendo referencias veladas a las Damas del Destino.
Sus planes
El Señor Mendigo, como los demás Señores de la Muerte, se encuentra enredado actualmente en una variedad de complicadas redes de intriga. La más notable es el apoyo al regreso oficial de los Gremios. Poco después de que Caronte emitiera la Proclamación de la Ruptura, el Señor Mendigo se dio cuenta de que era una mala idea, pero si el Emperador daba marcha atrás sería visto como una debilidad por sus enemigos. Por lo tanto, el Señor Mendigo se mordió la lengua y esperó su momento. Pero ahora, con el Emperador de Estigia desaparecido desde hace décadas, el Señor Mendigo cree que es la hora de comenzar a realizar cambios serios. Naturalmente, algunos Gremios preferirían permanecer ocultos, libres de las cadenas del dominio de Estigia, así que su plan no es perfecto. Pero está trabajando en él de manera muy diligente, con agentes en los lugares más extraños.
El Señor Mendigo considera que los Gremios existen, se crea o no en ellos. Las cifras actuales sugieren que hasta un diez por ciento de todos los Wraiths son miembros de un Gremio, ¿y entonces por qué los Wraiths se comportan como si ignoraran su existencia? Son muchos ignorantes en la Ciudad Muerta. El Señor Mendigo cree que lo mejor que podrían hacer los Señores de la Muerte es legalizar los Gremios para así poder utilizar sus recursos en el bien de Estigia.
Después de todo, si los demás Reinos Oscuros no están dispuestos a aliarse con Estigia contra el Olvido, entonces algún día terminarán atacando el Reino Oscuro de Hierro. Cuando eso ocurra, Estigia debe disponer de los Wraiths más poderosos con los Arcanoi más eficaces. El Señor Mendigo cree que la mejor forma de conseguirlo es aceptar abiertamente a los Gremios y comenzar a entrenar correctamente al populacho para que utilice las habilidades que poseen.
El Señor Mendigo puede continuar adelante en este proyecto mientras se le permita. Esto se debe a una vanidad extrema y no poca locura, pues cree honestamente que al final se saldrá con la suya. Cree que su victoria está asegurada porque aunque durante mucho tiempo se ha dedicado a quejarse ante los demás Señores de la Muerte de ser el menos poderoso y con menos Wraiths, realmente ha estado construyendo una posición fuerte y acumulando un número increíble de almas mediocres. Es necesario admitir que algunas sólo son valiosas después de haber pasado por las forjas, pero cada alma cuenta.
De hecho, el Señor Mendigo se dio cuenta hace un siglo que la situación había comenzado a cambiar -que el tamaño de su Legión era casi similar a las demás. Si alguien se daba cuenta, el Señor Mendigo ya no podría seguir mendigando almas. Podría tener que trabajar para conseguirlas, como los demás Señores de la Muerte, o confiar en el azar de la muerte. Se sintió horrorizado.
Así que para reducir su número visible, y ser capaz de aceptar las masas rechazadas por sus compañeros, el Señor Mendigo se ha dedicado a tomar esas almas de las Legiones y fundirlas para obtener plasma y materia prima. Ha estado acumulando armas y otros objetos de almas, con la ayuda de los Artesanos, a cambio de dirigir la lucha para restaurar el lugar correcto de los Gremios en la sociedad de Estigia. Espera que su Legión, armada como se encuentra con todo tipo de armas y armaduras, se impondrá sobre las demás, situándolo por encima en la carrera hacia el poder. El último se convertirá en el primero, y el Señor Mendigo no mendigará más, tras haber reclamado la posición de Emperador.
Se sospecha, y a veces se insinúa en broma, que el Señor Mendigo está loco. La mayoría de los Wraiths, e incluso sus propios Legados imperturbables, se sorprenderían si supieran cuánto se ha alejado de la cordura.
Su debilidad
A medida que los Wraiths envejecen, olvidan lo que era estar vivo. Las sensaciones que tienen son literalmente sombras del éxtasis que es simplemente sentir el viento en tu espalda, o el placer de caminar erguido en un cuerpo sano. A veces los Sin Reposo comienzan a buscar experiencias extremas sólo para poder recordar que aunque están muertos, todavía sienten lo suficiente como si estuvieran vivos.
El Señor Mendigo era uno de los consejeros más viejos de Caronte cuando fue convertido en Señor de la Muerte por el capricho de su amigo, y ya había estado muerto mucho tiempo. Un alma perversa, disfrutaba de los placeres de la época de la República y del Imperio que siguió. Pero ha pasado tanto tiempo con el paso de los milenios que el Señor Mendigo ha dejado de sentir nada.
La Legión de la Lágrima de Ónice no es solamente su guardia personal. Una vez por semana, dentro de la privacidad de su casa de locos que es el Trono de las Lágrimas Doradas, sus miembros se turnan atando a su amo y realizando actos extraordinariamente dolorosos, como presionar anzuelos de almas en su espalda y sacando trozos de plasma de su Corpus. (Esto apenas provoca una reacción en el Señor Mendigo, pero por algún lugar tienen que comenzar). Después de unas pocas horas recibiendo semejantes tormentos, comienza a sentir algo parecido a un estremecimiento, casi como si estuviera sintiendo algo otra vez.
Si los demás Señores de la Muerte descubrieran lo lejos que ha caído el Señor Mendigo, por no hablar de todas las armas que ha acumulado fundiendo y abusando de los rechazados que recibe, se tomarían acciones al respecto sin importar cuánto se desestabilizaría el equilibrio político de la Isla de los Lamentos. Si los Gremios descubrieran que están tratando con un loco, se distanciarían de toda la Legión de los Pobres. Si sus propios Wraiths descubrieran lo rematadamente loco que se ha vuelto su amo, se reirían, y reirían, y reirían, -y dejarían Estigia.
¿Pero se lo dirían a alguien? Claro que no.