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Re: [Nocturno: Hong Kong Ascending]
Publicado: 09 Abr 2022, 05:42
por HeyderLópez13
Las negociaciones formales comenzarían cuando la primera ministra británica Margaret Thatcher visitara China en septiembre de 1982. Thatcher estaba confiada; suponía que el principal asunto que debía resolverse era el futuro de los Nuevos Territorios, cuyo arrendamiento expiraría en 1997. La posición china, sin embargo, era mucho más amplia: Beijing sostenía que las tres partes de Hong Kong —los Nuevos Territorios, Kowloon y la isla de Hong Kong— debían quedar bajo soberanía china. Para el gobierno británico, aquello significaba que la negociación no podía limitarse a un problema territorial. Para Beijing, la cuestión fundamental era cómo garantizar que Hong Kong continuara siendo próspero y estable después del traspaso.
Las negociaciones fueron difíciles y la población de Hong Kong tuvo muy poca capacidad de intervenir directamente en ellas. El futuro de la colonia estaba siendo decidido fundamentalmente entre Londres y Beijing, mientras sus habitantes observaban un proceso sobre el que apenas podían ejercer influencia. Después de dos años de negociaciones, ambas partes llegaron a la Declaración Conjunta Sino-Británica, firmada el 19 de diciembre de 1984. El acuerdo estableció que China recuperaría el ejercicio de la soberanía sobre Hong Kong el 1 de julio de 1997 y que el territorio se convertiría en una Región Administrativa Especial de la República Popular China. El principio general sería «un país, dos sistemas»: Hong Kong conservaría un alto grado de autonomía, así como sus sistemas económico y jurídico, durante cincuenta años después del traspaso.
Los detalles de las políticas que Beijing se comprometía a aplicar quedaron establecidos en el Anexo I de la Declaración Conjunta. Para los negociadores británicos, aquellas garantías debían permitir que Hong Kong conservara su sistema económico, sus instituciones jurídicas y buena parte de su forma de vida durante el medio siglo posterior a 1997. Para Beijing, sin embargo, la soberanía china constituía el límite fundamental de cualquier arreglo. Hong Kong podía conservar características propias, pero no podía convertirse en un espacio políticamente independiente del gobierno central.
Mejor dicho: el Nuevo Orden Mundial creía que podía comprar tiempo.
Cincuenta años. Eso era lo que realmente importaba. Cincuenta años para conservar derechos, instituciones, dinero, influencia y, sobre todo, una determinada manera de entender Hong Kong. Para los Metálicos podía parecer suficiente. Medio siglo es mucho tiempo cuando uno piensa en términos humanos.
Pero los Dragones Elementales no pensaban en esos términos.
Tampoco iban a permitir que los habitantes de Hong Kong conservaran indefinidamente un Consenso construido bajo condiciones coloniales y sostenido por instituciones que favorecían a los poderes británicos. La libertad que defendía el Nuevo Orden Mundial tenía un problema bastante evidente: nunca había sido completamente suya. Formaba parte de un sistema que los Metálicos habían construido para gobernar, comerciar y acumular influencia.
Y además estaba el territorio.
Hong Kong se encuentra sobre líneas de Dragón y estructuras geománticas de una importancia considerable. Existen rumores sobre la presencia de Dragones vinculados a la Burocracia Celestial y, más importante todavía, existen Nodos cuya resonancia parece conectarse con estructuras mucho mayores que la propia ciudad. Nadie que comprenda realmente cómo funciona la Guerra de Ascensión entregaría durante cincuenta años una fuente semejante de poder a una facción rival.
Yo tampoco lo haría.
No se trataba únicamente de conservar Hong Kong. Se trataba de impedir que los Metálicos dispusieran de medio siglo para consolidar allí un Consenso que hiciera mucho más difícil recuperar esos Nodos.
Por eso entiendo el acuerdo.
No porque creyera en sus promesas, sino porque una guerra abierta entre las dos tecnocracias habría sido peor. El problema es que la Unión Tecnocrática sabía perfectamente que aquella promesa tenía límites. Cincuenta años no significaban cincuenta años de libertad.
Significaban cincuenta años de espera.
-Constantino.
Los compromisos asumidos por la República Popular China serían posteriormente desarrollados en la Ley Básica de Hong Kong, que funcionaría como la constitución de la futura Región Administrativa Especial. La Ley Básica fue redactada durante la segunda mitad de la década de 1980 y promulgada por el Congreso Nacional del Pueblo en abril de 1990, después de un prolongado proceso de consulta y discusión. El documento incorporó los principios fundamentales establecidos en la Declaración Conjunta y estableció las instituciones que gobernarían Hong Kong después de 1997.
Este proceso se desarrollaría paralelamente a una transformación gradual del sistema político colonial. Desde 1985 comenzaron a introducirse elecciones indirectas para algunos miembros del Legislative Council y, en 1991, se celebraron las primeras elecciones directas para una parte de sus escaños. La democratización seguía siendo limitada, pero la dirección del cambio era significativa: por primera vez, una parte de la población comenzaba a participar directamente en la elección de representantes.
Esto reflejaba una diferencia profunda en la manera en que Londres, buena parte de la población de Hong Kong y Beijing interpretaban el compromiso de mantener la forma de vida del territorio. Para muchos habitantes y para el gobierno británico, preservar Hong Kong significaba permitir que sus instituciones continuaran evolucionando durante la transición y después de 1997. Para Beijing, en cambio, el principio tenía límites mucho más claros: la autonomía podía ampliarse dentro del marco establecido, pero no podía utilizarse para transformar Hong Kong en una democracia que pudiera desafiar la autoridad del gobierno central.
La diferencia se volvería especialmente evidente después de Tiananmén. En 1992, Chris Patten se convirtió en el último gobernador británico de Hong Kong y decidió ampliar el proceso de reforma política. Su objetivo era tranquilizar a una población cada vez más preocupada por su futuro y, al mismo tiempo, construir instituciones representativas antes del traspaso. Las reformas de Patten ampliaron considerablemente el electorado y modificaron el sistema electoral para las elecciones de 1995, aunque Hong Kong nunca llegó a convertirse en una democracia basada en el sufragio universal durante el período colonial.
Beijing consideró que algunas de aquellas reformas excedían lo que había sido acordado para la transición y amenazó con sustituir las instituciones creadas por los británicos después de 1997. Finalmente, el Legislative Council elegido en 1995 no continuaría funcionando de la misma manera después del traspaso y sería sustituido por un Provisional Legislative Council durante el período de transición. El resultado mostraba con bastante claridad los límites de la política china de «máxima flexibilidad dentro de un marco rígido»: Beijing podía aceptar una considerable autonomía económica, administrativa y jurídica, pero no estaba dispuesto a permitir que esa autonomía se transformara en soberanía política.
Y ahí está la parte que nunca entendí.
Nos dijeron que el mercado nos haría libres. Que mientras pudiéramos trabajar, comprar, vender, viajar y hacer negocios, lo demás terminaría arreglándose solo. Que Hong Kong era diferente precisamente porque aquí las cosas funcionaban.
Y entonces resulta que podemos elegir algunas cosas, pero no todas.
Podemos elegir qué comprar. Podemos elegir dónde trabajar. Podemos elegir qué restaurante abrir, qué acciones comprar y cuánto dinero queremos ganar.
Pero cuando llega la hora de elegir quién toma las decisiones importantes, de repente aparece una línea que nadie nos había explicado.
Supongo que eso es lo que pasa cuando los adultos hacen un trato y luego descubren que los niños también saben leer el contrato.
Y no me malinterpreten. No estoy diciendo que Beijing sea el único problema. Los británicos tampoco nos preguntaron exactamente qué queríamos cuando negociaron nuestro futuro.
Eso es lo verdaderamente divertido.
Todos dicen que están protegiendo Hong Kong.
Los británicos quieren proteger nuestra libertad. Los chinos quieren proteger nuestra estabilidad. Los Metálicos quieren proteger su Consenso. Los Dragones quieren proteger sus Nodos.
¿Y nosotros?
Bueno... supongo que tendremos que averiguarlo por nuestra cuenta.
-Audrey Horne, Culto del Éxtasis.
Re: [Nocturno: Hong Kong Ascending]
Publicado: 09 Abr 2022, 05:45
por HeyderLópez13
El surgimiento de una Identidad Local
Banda Sonora: https://youtu.be/FfIZr38DLSg
El cierre de la frontera con la República Popular China después de 1950 fue uno de los factores que contribuyeron a transformar profundamente la relación entre Hong Kong y el resto de China. La separación no fue absoluta, pero dificultó considerablemente el movimiento de personas entre ambos territorios y contribuyó a que Hong Kong siguiera una trayectoria económica, política y social cada vez más diferenciada de la China continental. Mientras la República Popular entraba en el período maoísta, Hong Kong desarrollaba una economía capitalista bajo administración británica y recibía sucesivas oleadas de inmigrantes procedentes del continente. Para quienes nacían y crecían en la colonia, especialmente entre las generaciones más jóvenes, Hong Kong comenzó a convertirse no simplemente en el lugar donde vivían, sino en una comunidad social con características propias.
Durante las décadas de 1950 y 1960, sin embargo, sería prematuro hablar de una identidad hongkonesa plenamente consolidada y separada de la identidad china. Buena parte de la población continuaba considerándose culturalmente china, y los vínculos familiares, lingüísticos y económicos con el continente seguían siendo importantes. La transformación comenzaría a acelerarse durante la década de 1960. La Revolución Cultural y, particularmente, los disturbios de 1967 marcaron un punto de inflexión. La violencia vinculada al movimiento procomunista provocó una profunda reacción entre amplios sectores de la sociedad hongkonesa y contribuyó a que el comunismo y el maoísmo fueran vistos cada vez más como amenazas a la estabilidad del territorio. Los disturbios también obligaron a la comunidad a reconsiderar qué significaba vivir en Hong Kong y qué relación debía mantener con China.
Durante los años siguientes, el gobierno colonial comenzó además a desarrollar políticas sociales que transformarían la relación entre la población y las instituciones. La expansión de la educación, la vivienda pública, los servicios sociales y la administración local contribuyó a construir una experiencia cotidiana compartida. La población no necesitaba necesariamente sentir una identificación profunda con el Imperio británico para desarrollar una relación pragmática con el sistema colonial: para muchos habitantes, especialmente entre las generaciones nacidas en Hong Kong, aquel gobierno constituía el marco político dentro del cual habían construido sus vidas.
Fue durante la década de 1970 cuando comenzó a hacerse mucho más visible una identidad local propiamente hongkonesa. El cantonés, la cultura popular, el cine, la televisión y la música cantonesa contribuyeron a producir un espacio cultural reconocible y distinto tanto de Gran Bretaña como de la China continental. La identidad de los «hongkoneses» no implicaba necesariamente rechazar la pertenencia cultural a China. Por el contrario, podía combinar una conciencia profunda de la herencia china con la convicción de que Hong Kong constituía una sociedad diferente. El resultado era una identidad híbrida: china en términos culturales, pero hongkonesa en términos de experiencia social, lenguaje cotidiano, instituciones y forma de vida.
Esta identidad incorporaba elementos procedentes de distintas tradiciones. La familia, determinadas concepciones confucianas de la educación y la responsabilidad social y el uso cotidiano del cantonés coexistían con instituciones jurídicas de tradición británica, una economía de mercado y una cultura popular fuertemente influida por Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón. El Estado de derecho, la prosperidad económica, la movilidad social y la percepción de Hong Kong como una sociedad relativamente abierta comenzaron a formar parte de la imagen que muchos habitantes tenían de su propia comunidad. Al mismo tiempo, la corrupción y los abusos de la administración colonial seguían siendo problemas reales, lo que hacía que esta identificación no pudiera reducirse simplemente a una aceptación del gobierno británico.
Eso es lo que los Metálicos nunca entendieron.
Creyeron que podían construir una identidad y luego administrarla. Que bastaba con mantener funcionando los bancos, los tribunales, las escuelas y los mercados para que la gente terminara identificándose con aquello que habían construido.
Pero una ciudad no funciona así.
Hong Kong comenzó a convertirse en algo que ni Londres ni Beijing habían planeado. Una comunidad china que hablaba cantonés, que consumía cultura japonesa y estadounidense, que utilizaba instituciones jurídicas heredadas de los británicos y que había aprendido a desconfiar tanto de la corrupción colonial como del comunismo.
Eso es mucho más peligroso que una colonia.
Una colonia sabe quién la gobierna.
Una sociedad que comienza a preguntarse quién quiere ser todavía tiene que decidirlo.
Y ahí es donde la Guerra de Ascensión se vuelve interesante.
- John Courage, Nuevo Orden Mundial.
La apertura de China durante la década de 1970 introduciría una nueva complejidad. A medida que las relaciones entre Hong Kong y la República Popular se normalizaban y aumentaban los contactos con el continente, muchos habitantes recuperaron o reforzaron una identificación explícita con China. Para una parte de la población, ser hongkonés y ser chino no eran identidades contradictorias. Hong Kong podía ser entendido como una sociedad china particular, distinta del sistema político de la República Popular. Esta distinción sería fundamental durante las décadas siguientes: la cuestión no era necesariamente si los habitantes de Hong Kong eran chinos, sino qué significaba ser chino y qué tipo de sociedad debía existir bajo esa identidad.
La negociación del futuro de Hong Kong después de 1997 hizo que esta cuestión dejara de ser puramente cultural. La Declaración Conjunta Sino-Británica y el principio de «un país, dos sistemas» obligaron a la población a confrontar una realidad que hasta entonces podía mantenerse relativamente distante: Hong Kong volvería a quedar bajo soberanía china. Para muchos habitantes, aquello no implicaba abandonar su identidad hongkonesa. Al contrario, cuanto más evidente se hacía que el futuro político del territorio dependía de Beijing, más importante se volvía determinar qué características de la sociedad hongkonesa debían preservarse.
Desde la perspectiva de los Dragones Elementales, aquella transformación poseía una dimensión distinta. La identidad hongkonesa no constituía necesariamente una amenaza mientras pudiera mantenerse dentro de una concepción más amplia de la civilización china. El problema aparecía cuando aquella identidad comenzaba a definirse en oposición a la autoridad de Beijing. Para los Dragones, Hong Kong no necesitaba dejar de ser particular; necesitaba recordar que la particularidad de una ciudad no podía situarse por encima del equilibrio del Reino Medio.
La cuestión, por tanto, no era simplemente destruir el Consenso colonial y sustituirlo por otro. Era impedir que una identidad nacida de circunstancias históricas particulares terminara convirtiéndose en un principio político capaz de reclamar soberanía propia. Los Nodos podían ser controlados, las instituciones podían reorganizarse y las influencias extranjeras podían ser contenidas. La voluntad de una población que comenzaba a imaginarse como una comunidad distinta era considerablemente más difícil de administrar.
No me preocupa que sepan que son chinos.
Me preocuparía mucho más que olvidaran que también lo son.
Hong Kong ha recibido demasiado de Occidente. Demasiadas ideas, demasiadas formas de medir el mundo, demasiada confianza en que las instituciones pueden existir separadas de las personas que las sostienen.
Pero tampoco sería sensato destruir aquello que funciona.
El Reino Medio no necesita que Hong Kong deje de ser Hong Kong. Necesita que recuerde dónde termina Hong Kong.
Una ciudad puede tener su propia lengua, sus propias costumbres, sus propios mercados y hasta sus propias leyes. Puede ser orgullosa. Puede ser difícil. Puede discutir con Beijing todo lo que quiera.
Pero hay una diferencia entre ser diferente y estar separado.
Esa diferencia debe permanecer clara.
- Li Wei, Dragones Elementales.
Tiananmén transformaría nuevamente el significado de esa identidad. La represión de 1989 produjo una profunda conmoción en Hong Kong y reforzó entre numerosos habitantes la percepción de que existía una diferencia fundamental entre su sociedad y el sistema político de la República Popular. La defensa del Estado de derecho, las libertades civiles y una mayor participación política comenzó a adquirir un significado que iba más allá de la simple preferencia por unas instituciones determinadas: para algunos sectores, esas características se convirtieron en parte de lo que significaba ser hongkonés.
Esta transformación sería especialmente importante entre las generaciones más jóvenes. Muchos de ellos habían crecido en Hong Kong y tenían una experiencia del continente muy diferente de la de sus padres o abuelos. No necesariamente rechazaban la cultura china; lo que cuestionaban era que la pertenencia a China tuviera que implicar aceptar el sistema político del Partido Comunista. De esta manera comenzó a consolidarse una distinción cada vez más marcada entre «ser chino» como identidad cultural y «ser ciudadano de la República Popular China» como categoría política. La identidad hongkonesa podía entonces formularse como una identidad cívica: una comunidad definida por sus instituciones, sus libertades, su lengua cotidiana y su experiencia histórica particular.
La transformación resultaba particularmente significativa porque la identidad hongkonesa no había nacido como un proyecto independentista. Durante buena parte de su desarrollo había sido compatible con una identificación cultural china e incluso con una relación pragmática con el gobierno colonial británico. Fue la experiencia histórica acumulada —la separación del continente, los disturbios de 1967, la transformación económica, el desarrollo de una cultura cantonesa propia, la apertura de China y finalmente Tiananmén— la que fue modificando el significado de pertenecer a Hong Kong.
Para la Unión Tecnocrática, aquella transformación representaba una oportunidad y un riesgo al mismo tiempo. Hong Kong constituía una demostración extraordinariamente útil de que el capitalismo, la racionalización administrativa, el desarrollo tecnológico y determinadas instituciones jurídicas podían coexistir con una sociedad culturalmente china. Pero el mismo proceso podía producir una conclusión mucho más incómoda: que la prosperidad y la modernidad no necesitaban desembocar necesariamente en el modelo político defendido por los Metálicos.
Por eso la identidad hongkonesa debía ser administrada con cuidado. Para los Metálicos, podía convertirse en una prueba de la superioridad de su Consenso; para los Dragones Elementales, en una anomalía que debía permanecer dentro del orden chino. Para quienes vivían allí, en cambio, la identidad era algo mucho menos abstracto. Era la lengua que hablaban, la música que escuchaban, las películas que veían, las instituciones que conocían y la ciudad que reconocían como propia.
La Guerra de Ascensión podía explicar aquellas cosas desde arriba. Los habitantes de Hong Kong las experimentaban desde abajo.
Y luego llegó 1989.
Eso cambió la conversación.
Hasta entonces podíamos discutir si Hong Kong era chino, británico, capitalista, confuciano, moderno o cualquier otra cosa que a los académicos les gustara poner en una caja.
Después de Tiananmén, la pregunta se volvió mucho más sencilla.
¿Queremos vivir así?
Y esa pregunta es bastante incómoda cuando la respuesta es no.
No porque todos aquí quisieran separarse de China. Eso sería demasiado fácil. Muchos de nosotros seguimos siendo chinos. Nuestros padres lo son. Nuestras familias lo son. Nuestra comida, nuestras fiestas, nuestras historias... todo eso está ahí.
Pero una cosa es decir «soy chino».
Otra muy distinta es decir «quiero que mi gobierno sea este».
Y creo que Beijing cometió un error al no entender esa diferencia.
- Audrey Horne, Culto del Éxtasis.
El traspaso de soberanía de 1997 no resolvería esta tensión. La nueva Región Administrativa Especial fue concebida precisamente sobre la premisa de que Hong Kong conservaría durante cincuenta años buena parte de sus instituciones y su forma de vida. La existencia misma de «un país, dos sistemas» reconocía, de manera implícita, que Hong Kong no era simplemente otra ciudad china. Pero esa diferencia también contenía una contradicción: la autonomía tenía límites establecidos por la soberanía de la República Popular y por la autoridad del gobierno central.
Desde nuestra perspectiva, esa contradicción tampoco era accidental.
Los Dragones Elementales no necesitaban destruir la identidad hongkonesa para controlar Hong Kong. Les bastaba con definir qué significaba esa identidad y hasta dónde podía llegar. Para el Nuevo Orden Mundial, en cambio, la particularidad de Hong Kong representaba una oportunidad: una sociedad china que había demostrado que el capitalismo, las instituciones jurídicas relativamente independientes y una cierta apertura política podían coexistir. Los Metálicos podían utilizar esa experiencia como prueba de que su Consenso no necesitaba ser incompatible con la tradición china.
Pero Hong Kong no pertenecía completamente a ninguno de los dos.
Su identidad había surgido precisamente de esa tensión: China sin ser la República Popular; modernidad sin dejar de ser china; instituciones británicas sin convertirse en una sociedad británica; capitalismo sin aceptar necesariamente el modelo político de los Metálicos. La Guerra de Ascensión podía disputarse los Nodos, las instituciones y el Consenso, pero había algo mucho más difícil de controlar: la manera en que los propios habitantes de Hong Kong comenzaban a imaginar quiénes eran.
Y esa imaginación terminaría convirtiéndose en un campo de batalla por derecho propio.
Re: [Nocturno: Hong Kong Ascending]
Publicado: 09 Abr 2022, 05:46
por HeyderLópez13
Muchos se dejaron conquistar por el orden de los Dragones Elementales. No me sorprende. Cuando tienes una ciudad llena de gente intentando entender qué demonios va a pasar con su futuro, alguien que llega diciendo «nosotros podemos mantener todo esto funcionando» tiene una ventaja considerable.
Pero no nos engañemos. Hong Kong es un campo de batalla.
Es un bastión del Sindicato, sí, pero también es uno de esos lugares donde todas las facciones creen que pueden encontrar algo que necesitan. Los Metálicos quieren su Consenso. Los Dragones quieren mantener el equilibrio del Reino Medio. Las Tradiciones intentan impedir que cualquiera de los dos se quede con todo. Y los Dispares... bueno, los Dispares tienen la mala costumbre de aparecer justo cuando alguien cree que ya tiene el tablero bajo control.
Por eso, aunque me resulte difícil admitirlo, creo que el hecho de que algunos jóvenes estén mirando hacia el Nuevo Orden Mundial no es necesariamente algo malo.
No porque los Metálicos tengan razón.
No la tienen.
Su idea de libertad siempre termina teniendo una letra pequeña. Te dicen que puedes elegir, que puedes consumir, que puedes construir tu propia vida y que nadie va a decirte cómo hacerlo. Después descubres que, para ellos, una persona libre es principalmente una persona que puede convertirse en un consumidor eficiente.
Es una forma bastante elegante de esclavitud.
Pero los Dragones tampoco tienen una respuesta mejor. No existe verdadera libertad dentro de su orden. Existe estabilidad, existe continuidad, existe una estructura que lleva siglos funcionando y, probablemente, existen razones muy buenas para conservar algunas de esas cosas. Pero cuando alguien empieza a decirte que tu identidad debe permanecer dentro de unos límites porque así lo exige el equilibrio del Reino Medio, empiezo a sospechar.
Y eso explica buena parte de los problemas del Taiping Tianguo con los demás miembros del Dalou’laoshi.
El problema de Hong Kong es que la gente ya aprendió a pensar por sí misma.
Eso es lo que todos parecen olvidar.
Hay un incremento en el número de Despertados. Se están produciendo cambios que todavía no comprendemos completamente. Las líneas de Dragón están activas. Los Nodos están adquiriendo una importancia que va mucho más allá de lo que cualquiera de las facciones admite públicamente. Y mientras todos ellos se pelean por decidir quién tiene derecho a controlar la ciudad, las Tradiciones y los Dispares siguen aquí.
Eso debería preocuparles.
Porque esta no es una discusión sobre qué Consenso resulta más eficiente.
Se trata de nuestra identidad.
De la gente que vive aquí. De nuestros amigos. De nuestras familias. De los lugares que conocemos. De las calles, los mercados, los edificios, la música, las historias que hemos construido sin pedirle permiso a ninguna facción.
Y no pienso quedarme sentado mientras un grupo de tecnócratas decide qué parte de todo eso merece sobrevivir.
Ni los Metálicos.
Ni los Dragones.
Ni nadie.
Así que sí. Trabajo para PAXcorp.
Oficialmente, hago lo que se supone que hace un agente de PAXcorp.
Extraoficialmente...
Digamos que tengo mis propios métodos para asegurarme de que ciertas cosas no funcionen como deberían.
Después de todo, pasé demasiado tiempo trabajando para el SIS como para no saber que, cuando una organización afirma que todo está bajo control, normalmente es cuando conviene empezar a buscar dónde están las grietas.
Y PAXcorp tiene unas cuantas.
–Otto Friedman, ex agente del SIS, actual agente de PAXcorp.
Re: [Nocturno: Hong Kong Ascending]
Publicado: 09 Abr 2022, 05:53
por HeyderLópez13
3.9.1: Región Administrativa Especial
Banda Sonora: https://youtu.be/_e1orvlevCQ?si=GCcgALYpZjgjeWYF
Hong Kong se convertiría finalmente en una Región Administrativa Especial de la República Popular China el 1 de julio de 1997. Los británicos habían dejado detrás una administración altamente desarrollada y relativamente autónoma, capaz de gestionar buena parte de sus asuntos sin intervención directa de Londres. Desde mediados del siglo XX, el grado de autonomía administrativa de la colonia había sido tan considerable que algunos funcionarios de la Oficina Colonial llegaron a referirse informalmente a ella como la «República de Hong Kong». La Declaración Conjunta y posteriormente la Ley Básica buscarían preservar buena parte de esa autonomía bajo soberanía china.
Durante los primeros años de la SAR, el modelo pareció funcionar. Beijing evitó intervenir directamente en numerosos asuntos internos de Hong Kong y los primeros jefes ejecutivos procuraron mantener una relación prudente con el gobierno central. La autonomía económica, administrativa y jurídica siguió siendo considerable, y el sistema de Hong Kong conservó características que lo diferenciaban claramente del resto de la República Popular.
Pero aquella autonomía tenía una contradicción fundamental. No se trataba de una soberanía compartida, sino de una autonomía concedida dentro de un Estado cuyo sistema político seguía siendo leninista y cuyo Partido Comunista mantenía el monopolio del poder. Mientras la administración de Hong Kong evitara desafiar los límites establecidos por Beijing, el modelo podía funcionar con relativa estabilidad. El problema aparecía cuando la población comenzaba a exigir que la autonomía dejara de depender exclusivamente de la prudencia de los funcionarios y se convirtiera en una garantía política efectiva.
La tensión estaba incorporada al propio diseño de «un país, dos sistemas». Hong Kong debía conservar sus libertades individuales, su Estado de derecho, sus instituciones jurídicas y una economía abierta, pero todo ello permanecía subordinado al principio de soberanía china. La autonomía podía ser considerable, pero no podía convertirse en un mecanismo para cuestionar la autoridad última del gobierno central. Con el paso de los años, esta diferencia entre autonomía y soberanía se volvería cada vez más difícil de ignorar.
Chris Patten fue el último gobernador que entendió algo bastante sencillo: si quieres conservar una ciudad, primero tienes que convencer a la gente que vive en ella de que vale la pena conservarla.
Eso es lo que lo hizo tan peligroso.
No estoy diciendo que Patten fuera un santo. Era un político británico, un tecnócrata y un hombre perfectamente consciente de los intereses de su propio gobierno. Pero también entendió que Hong Kong no podía entregarse a Beijing como si fuera una propiedad que dos gobiernos intercambiaban en una mesa de negociaciones.
Intentó ampliar la representación política. Las reformas de 1994 y 1995 no convirtieron a Hong Kong en una democracia plena, pero sí ampliaron considerablemente el electorado y permitieron que una parte mucho mayor de la población participara directamente en las elecciones al Legislative Council.
Beijing lo consideró una provocación.
Y no era difícil entender por qué.
Si conseguías que los habitantes de Hong Kong comenzaran a pensar que sus instituciones les pertenecían, después sería mucho más difícil convencerlos de que esas instituciones podían modificarse simplemente porque el gobierno central lo considerara conveniente.
Por eso lo atacaron.
«Serpiente».
«Puta de Asia».
«Aquel que condenaría generaciones».
No son precisamente los nombres que uno recibe cuando está haciendo exactamente lo que Beijing quería.
Y luego vino el traspaso.
El Legislative Council elegido en 1995 fue sustituido por el Provisional Legislative Council. Muchas de las reformas de Patten fueron revertidas. Beijing conservó algunas figuras vinculadas al antiguo sistema, suficientes para mantener una apariencia de continuidad, pero dejó bastante claro quién tenía la última palabra.
¿Y saben qué es lo interesante?
Patten siguió hablando.
Incluso mucho después de abandonar Hong Kong.
Cuando presidió el BBC Trust, terminó involucrándose en uno de esos escándalos que demuestran que los británicos tampoco son precisamente maestros de la transparencia. El caso Jimmy Savile expuso relaciones bastante incómodas dentro del establecimiento británico y Patten terminó siendo arrastrado por la crisis que golpeó a la BBC.
No lo convierte en un héroe.
Pero tampoco voy a fingir que todos los tecnócratas son iguales.
Patten tenía defectos. Muchos.
Pero cuando tuvo que decidir entre proteger la comodidad de las instituciones y defender algunas libertades de la gente que dependía de ellas, al menos estuvo dispuesto a pelear.
Y créanme: para alguien que trabajó dentro del SIS, eso ya es bastante raro.
Hay quienes dicen que después del traspaso recibió amenazas. Hay quienes sostienen que algunos de los ataques contra él tenían detrás algo más que política. Nunca tuve pruebas suficientes para afirmarlo.
Pero conozco Hong Kong.
Y sé lo que ocurre cuando alguien empieza a tocar intereses demasiado grandes.
Así que sí.
Si quieren llamarlo tecnócrata, háganlo.
Yo lo llamaría un tecnócrata que, por una vez, decidió recordar para quién se supone que trabajan.
–Bill Lambert, agente de PAXcorp, exagente del SIS.
Durante la primera década de la SAR, la mayoría de la población no percibió todavía una erosión inmediata y sistemática de la autonomía. La crisis financiera asiática de 1997-1998 reforzó incluso la percepción de que Beijing podía ser un socio útil. La economía de Hong Kong sufrió una fuerte contracción y el gobierno de la SAR recurrió cada vez más a una integración económica con el continente para recuperar el crecimiento.
Ese proceso tendría consecuencias que inicialmente no resultaban evidentes. Los vínculos comerciales, financieros y turísticos con la República Popular se multiplicaron. La economía de Hong Kong comenzó a depender cada vez más del mercado continental, mientras ciudades como Shenzhen adquirían una importancia creciente dentro del desarrollo económico de la región del delta del río Perla. La integración ayudó a superar las dificultades económicas, pero también redujo progresivamente la capacidad de Hong Kong para mantenerse al margen de las transformaciones económicas de China.
El cambio sería especialmente significativo durante las décadas de 2000 y 2010. China pasó de ser una economía emergente a convertirse en una de las mayores economías del mundo y desarrolló centros financieros, industriales y tecnológicos capaces de competir directamente con Hong Kong. La SAR seguía siendo extremadamente importante para las finanzas internacionales, el comercio y la intermediación entre China y los mercados globales, pero ya no ocupaba una posición tan indispensable como durante los años en que Beijing había concebido «un país, dos sistemas».
Aquello modificó también el cálculo político.
Durante la década de 1980, mantener la singularidad de Hong Kong era una necesidad económica. En el siglo XXI, la relación se volvió más compleja: Hong Kong continuaba aportando enormes beneficios a China, pero el continente disponía ahora de alternativas que antes no existían. Shenzhen era uno de los ejemplos más evidentes. El crecimiento económico del continente hacía cada vez menos convincente la idea de que Hong Kong poseía una posición insustituible.
Desde la perspectiva de Beijing, por tanto, la autonomía seguía siendo útil mientras contribuyera a la prosperidad y estabilidad del territorio. Pero cuando la identidad política hongkonesa comenzó a asociarse cada vez más con demandas de democratización y límites a la autoridad central, el equilibrio entre autonomía y control empezó a inclinarse de manera diferente.
Y ahí es cuando todo empieza a ponerse feo.
Porque durante mucho tiempo nos dijeron que Hong Kong era indispensable.
Indispensable para China. Indispensable para los mercados. Indispensable para los banqueros. Indispensable para todos esos tipos con trajes caros que hablaban de «un país, dos sistemas» como si hubieran inventado la paz mundial.
Y entonces Shenzhen empezó a crecer.
China empezó a tener sus propios bancos, sus propias bolsas, sus propios centros tecnológicos, sus propios empresarios y sus propias ciudades capaces de hacer lo que Hong Kong llevaba décadas haciendo.
De repente, Hong Kong dejó de ser indispensable.
Y cuando dejas de ser indispensable, descubres cuánto valían realmente las promesas que te hicieron.
Los banqueros tampoco ayudaron.
El Sindicato había convertido esta ciudad en un bastión porque aquí podía hacer negocios con medio mundo. Pero cuando el equilibrio empezó a cambiar, muchos de ellos simplemente movieron sus operaciones. Singapur se volvió más atractivo. Londres siguió siendo Londres. Y los Metálicos descubrieron que podían mantener su dinero sin necesitar necesariamente Hong Kong.
Qué conveniente.
Mientras tanto, el Taiping Tianguo seguía diciendo que podía integrar Hong Kong dentro del Reino Medio sin destruirlo.
Tal vez tenían razón.
Tal vez ese era precisamente el problema.
Porque si Hong Kong podía convertirse en una pieza más de la maquinaria económica china, entonces ya no necesitaban convencer a nadie de que debía seguir siendo especial.
Solo tenían que hacer que dejara de serlo.
Y eso es lo que debería preocupar a los Wu Lung.
No que China sea demasiado débil.
Que sea demasiado fuerte.
–Audrey Horne, Culto del Éxtasis.
La frustración política aumentaría durante la década de 2000 y se volvería especialmente visible entre las generaciones más jóvenes. El debate ya no giraba únicamente alrededor de la prosperidad económica o de la preservación de las instituciones jurídicas, sino alrededor de la posibilidad de que Hong Kong pudiera decidir por sí mismo la composición de su gobierno.
La cuestión alcanzaría uno de sus primeros grandes puntos de ruptura en 2003, cuando cientos de miles de personas salieron a las calles para protestar contra la propuesta de legislación vinculada al artículo 23 de la Ley Básica, que buscaba establecer normas contra la subversión y otros delitos relacionados con la seguridad nacional. La magnitud de las protestas obligó al gobierno a retirar la propuesta y mostró que existían límites claros a la capacidad de la administración para imponer determinadas políticas sin generar una reacción social considerable.
Pero el conflicto fundamental continuaba siendo la democratización.
La Ley Básica contemplaba la posibilidad de avanzar hacia la elección del Jefe Ejecutivo mediante sufragio universal, pero no establecía que dicha transición tuviera que producirse inmediatamente ni determinaba un único mecanismo para alcanzarla. Beijing insistía en que cualquier reforma debía permanecer dentro del marco político establecido por el gobierno central. Para una parte creciente de la población, aquello significaba que la autonomía de Hong Kong podía existir mientras no cuestionara las condiciones definidas por Beijing.
La tensión llegaría a un punto decisivo en 2014. Después de que el Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional estableciera un marco para la elección del Jefe Ejecutivo de 2017 que permitía el sufragio universal, pero exigía que los candidatos fueran previamente seleccionados por un comité ampliamente controlado por sectores favorables a Beijing, sectores de la sociedad hongkonesa consideraron que la reforma no constituía una verdadera elección libre.
Occupy Central y otros movimientos de protesta comenzaron a movilizarse. La respuesta policial, incluyendo el uso de gases lacrimógenos, provocó una reacción mucho mayor de la esperada. Las imágenes de manifestantes protegiéndose con paraguas se convirtieron rápidamente en el símbolo de un movimiento que ocuparía partes importantes de la ciudad durante semanas.
La llamada Revolución de las Sombrillas, que se desarrolló principalmente entre septiembre y diciembre de 2014, no consiguió obtener el sufragio universal en los términos exigidos por los manifestantes. Pero produjo algo que quizá resultaría más importante para la Guerra de Ascensión: una generación que comenzó a identificarse políticamente no solo por su oposición a una determinada reforma electoral, sino por una concepción cada vez más definida de lo que significaba ser hongkonés.
Y entonces llegaron las sombrillas.
Qué imagen tan bonita, ¿no?
Miles de personas en las calles intentando protegerse de la policía con algo que normalmente utilizamos para protegernos de la lluvia.
Eso fue Hong Kong en pocas palabras.
Una ciudad intentando protegerse de una tormenta que no había provocado.
Los Metálicos pensaban que la gente quería simplemente votar.
Los Dragones pensaban que el problema era contener la influencia occidental.
Beijing pensaba que podía controlar la situación estableciendo exactamente quién podía presentarse a las elecciones.
Y los manifestantes estaban diciendo algo bastante más complicado.
«Queremos decidir».
No es una gran frase revolucionaria. No tiene poesía. No tiene dragones, Nodos ni Consensos.
Pero quizá por eso resulta tan peligrosa.
Porque cuando una persona empieza a pensar que tiene derecho a decidir sobre su propio gobierno, después es bastante difícil convencerla de que ese derecho pertenece a otra persona.
Y ahí es donde empieza realmente el problema.
–Otto Friedman, agente de PAXcorp, exagente del SIS.
Re: [Nocturno: Hong Kong Ascending]
Publicado: 09 Abr 2022, 05:57
por HeyderLópez13
...LEAKING....
.......TIANANMEN PAPERS......
01010100011100100111010101110100011010000010000001101000011101010111001001110100
..............TEKKO: ACCESS GRANTED................
Recuerdo bien ese maldito día. Habíamos convocado jóvenes estudiantes. Estábamos hablando de menores de edad, y la policía llegó a golpearlos. Así que hicimos lo nuestro: nos tomamos la maldita ciudad y, de paso, robamos grandes sumas de los magnates de Hong Kong. Eso no lo revelarían en las noticias, pero lo cierto es que los malditos estaban hartos de Joshua Wong. No lo asesinaron porque era un niño y su muerte hubiese terminado en protestas aún mayores. Igualmente, tampoco hubiésemos permitido que eso ocurriese.
Trabajando en conjunto, Adeptos Virtuales, Verbena, Cultistas del Éxtasis, Wu Lung y Durmientes le escupimos en la cara a los Dragones Elementales.
Este es nuestro territorio.
Esto es lo que somos nosotros.
–Teko Dragon, Adepto Virtual.
El registro fue recuperado de una transmisión intervenida durante las protestas de Hong Kong. Teko Dragon había estado presente en Tiananmén en 1989 y, según los archivos recuperados, perdió allí a varias personas cercanas. Desde entonces había desarrollado una obsesión con identificar a los responsables de la represión y reconstruir qué ocurrió realmente con aquellos que nunca regresaron a sus hogares.
Durante años, Teko había reunido fragmentos de información procedentes de archivos gubernamentales, testimonios de supervivientes, comunicaciones interceptadas y bases de datos pertenecientes tanto a la Tecnocracia como a distintas organizaciones de las Tradiciones. La información disponible era incompleta y, en algunos casos, contradictoria. Pero el Adepto estaba convencido de que las piezas comenzaban finalmente a encajar.
Su investigación no se limitaba a determinar quién había dado las órdenes. Teko buscaba establecer qué agentes de la Guerra de Ascensión habían intervenido antes, durante y después de la masacre, y qué papel habían desempeñado en la construcción del relato oficial que posteriormente se impondría sobre los acontecimientos.
Para él, Tiananmén no era un acontecimiento cerrado.
Era una deuda.
Y estaba empezando a encontrar a quién cobrarla.
Re: [Nocturno: Hong Kong Ascending]
Publicado: 09 Abr 2022, 06:00
por HeyderLópez13
Las protestas de 2014 reflejaron un amplio y creciente resentimiento en Hong Kong respecto a la manera en que Beijing estaba tratando a la SAR. A medida que la República Popular China y sus ciudadanos se hicieron más ricos, una parte de la población hongkonesa comenzó a percibir con mayor intensidad las diferencias entre ambas sociedades. La llegada de visitantes del continente, el creciente peso económico de China y la ostentación de riqueza fueron interpretados por algunos habitantes como una amenaza a valores que consideraban propios: los derechos humanos, el Estado de derecho, la democracia, el rechazo a la corrupción y determinadas formas de civismo. La relación con China comenzó a ser percibida por sectores cada vez más radicalizados como una nueva forma de dominación colonial. De este contexto surgiría una generación de activistas que ya no se limitaba a defender la autonomía de Hong Kong, sino que comenzaba a plantear abiertamente la independencia como posibilidad política.
Bajo el gobierno de Xi Jinping, Beijing interpretaría este proceso como un desafío simultáneo a la unidad territorial de China y al monopolio político del Partido Comunista. La respuesta sería progresiva: restricciones a determinados movimientos políticos, presión sobre organizaciones prodemocráticas y una interpretación cada vez más amplia de las competencias del gobierno central. La autonomía de Hong Kong no desaparecería de un día para otro. Se iría reduciendo mediante una sucesión de decisiones que, consideradas individualmente, podían presentarse como medidas de seguridad, estabilidad o defensa del orden constitucional, pero que en conjunto modificaban progresivamente los límites de lo que podía hacerse y decirse en la SAR.
Mientras las protestas de 2014 perdían intensidad hacia finales de ese año, las tensiones subyacentes permanecieron. Un ejemplo particularmente significativo fue la desaparición de cinco libreros vinculados a Causeway Bay Books en 2015. Los libreros fueron detenidos en circunstancias que generaron una enorme preocupación en Hong Kong y que fueron interpretadas como una violación de las garantías jurídicas que supuestamente protegían a la población de la SAR. El episodio reforzó la percepción de que las fronteras entre la autonomía de Hong Kong y la autoridad de Beijing podían ser atravesadas cuando los intereses políticos del gobierno central estuvieran en juego.
La elección del Consejo Legislativo de 2016 produjo una nueva confrontación. Algunos candidatos vinculados al movimiento prodemocrático consiguieron obtener escaños, pero varios protagonizaron disputas relacionadas con la forma en que prestaron el juramento requerido para asumir el cargo. Beijing intervino en la interpretación de la Ley Básica y los tribunales terminaron descalificando a varios legisladores electos. Para sus partidarios, aquello confirmó que incluso una victoria obtenida mediante los mecanismos institucionales de Hong Kong podía ser anulada cuando entraba en conflicto con las prioridades del gobierno central.
Al mismo tiempo, la transformación económica de China estaba modificando las condiciones que habían hecho posible el modelo de «un país, dos sistemas». Durante las décadas anteriores, Hong Kong había ocupado una posición extraordinaria como intermediario entre China y los mercados internacionales. Pero el crecimiento de Shenzhen y de otras ciudades del continente redujo progresivamente esa excepcionalidad. Hong Kong continuaba siendo un centro financiero internacional de enorme importancia, pero ya no podía considerarse indispensable para el desarrollo económico de China. La relación entre ambas partes había cambiado: Beijing tenía ahora más capacidad para absorber los costos de una reducción de la autonomía de Hong Kong que durante las décadas de 1980 y 1990.
Para muchos jóvenes hongkoneses, esta transformación económica coincidió con una transformación generacional. Habían crecido en una sociedad que se consideraba a sí misma diferente de la China continental y que había construido buena parte de su identidad alrededor de sus instituciones, su lengua, su cultura popular y sus libertades civiles. La cuestión dejó de ser únicamente si Hong Kong podía conservar su prosperidad. Comenzó a ser si podía conservar aquello que hacía que sus habitantes consideraran Hong Kong como su propia sociedad.
La respuesta volvería a aparecer en las calles en 2019. La propuesta de una legislación que permitiría determinadas extradiciones hacia la China continental provocó manifestaciones masivas y terminó convirtiéndose en una crisis política mucho más amplia. Las protestas evolucionaron rápidamente hacia demandas relacionadas con la investigación de la actuación policial, la liberación de manifestantes detenidos, una mayor participación democrática y la defensa de las libertades civiles. La respuesta del gobierno y el endurecimiento de las medidas de seguridad profundizaron todavía más la ruptura entre amplios sectores de la población y Beijing.
Para quienes habían vivido Tiananmén, las imágenes resultaban inquietantemente familiares. Para quienes habían nacido después de 1989, Tiananmén se había convertido en parte de la memoria política de la ciudad. La represión de 1989 había enseñado a una generación anterior qué podía ocurrir cuando el Estado decidía que la estabilidad estaba por encima de la libertad. Treinta años después, aquella memoria reaparecía en las calles de Hong Kong.
Y para Teko Dragon, Tiananmén nunca había sido solamente memoria.
Había sido una pregunta sin respuesta.
¿Quién había dado las órdenes?
¿Quién las había ejecutado?
¿Quién había ayudado a borrar los nombres de los muertos?
Durante décadas había reunido fragmentos. Testimonios. Fotografías. Comunicaciones. Informes incompletos. Nombres que aparecían en un archivo y desaparecían en otro. Personas que habían cambiado de identidad. Funcionarios que habían ascendido dentro del aparato del Estado. Agentes de la Guerra de Ascensión que, según sus investigaciones, habían estado presentes mucho antes de que Hong Kong comenzara a convertirse en el campo de batalla que era ahora.
Las protestas de 2019 le proporcionarían algo que no había tenido antes: acceso.
La ciudad estaba llena de cámaras, redes clandestinas, filtraciones, comunicaciones interceptadas y miles de personas dispuestas a documentar aquello que estaba ocurriendo. Para un Adepto Virtual que llevaba treinta años reconstruyendo una masacre, aquello no era solamente otra protesta.
Era la posibilidad de terminar el rompecabezas.
Y si algunas de las piezas que había encontrado eran correctas, entonces Tiananmén no había terminado en 1989.
Solo había cambiado de escenario.
Todo lenguaje es repetición,
todo contacto es primer encuentro,
todo amor está en el corazón,
todo lo pasado está en un sueño,
toda esperanza lleva notas al pie,
toda creencia un gemido,
toda explosión tiene una pausa instantánea,
toda muerte un eco tediosamente largo
- Bei Dao, poeta chino.
Re: [Nocturno: Hong Kong Ascending]
Publicado: 09 Abr 2022, 06:02
por HeyderLópez13
Ambientación: 4-Lo que está sucediendo en Asia
Banda Sonora: https://youtu.be/D77dbv-xNfE
Toda aquella historia mística nuestra puede esperar, porque hoy hablaremos de la primera realidad que opera en Asia: el dinero.
En Asia, el dinero es definitivamente magia.
La prosperidad y la riqueza son los motores con los cuales las oportunidades y las aventuras primordiales, las grandes innovaciones, amigo mío, se manifiestan. A su vez, la energía primordial genera dividendos, literalmente. Si el dinero fluye, tal como lo saben los Dragones Chinos, el Chi dorado se manifiesta.
La magia en Asia es, literalmente, dinero.
Como cualquier miembro del Sindicato o cualquier persona relacionada con el mundo financiero podría decirte, el asunto es que muchas veces no es el dinero lo que mueve el mundo, sino también el crédito. Creo que no hace falta que te dé lecciones de economía: préstamos, deudores, bancos centrales, gobiernos, ciclos de deuda a largo y corto plazo, inflación, superávit, desapalancamiento, burbujas...
El clima económico de Asia es complejo.
Y precisamente por eso resulta tan interesante para nosotros.
Esto no será una lección histórica demasiado amplia. No tenemos tiempo para eso, así que vayamos al grano.
Después de la Segunda Guerra Mundial, buena parte de Asia quedó atrapada entre dos modelos económicos y políticos. China continental construyó una economía socialista planificada bajo Mao Zedong, mientras India adoptó un sistema de economía mixta caracterizado por una fuerte planificación estatal, protección de la industria nacional y una importante intervención gubernamental. Ambos modelos buscaban acelerar el desarrollo y proteger sus economías de la competencia exterior, pero también terminaron produciendo importantes restricciones al crecimiento.
En China, el proceso sería mucho más traumático.
El Gran Salto Adelante había provocado una catástrofe económica y social, y la Revolución Cultural iniciada en 1966 llevaría el conflicto mucho más lejos. Millones de personas fueron perseguidas, instituciones educativas destruidas y numerosos intelectuales, funcionarios y miembros del propio Partido Comunista fueron acusados de desviacionismo o de traicionar los ideales revolucionarios de Mao.
La Revolución Cultural terminaría afectando prácticamente todos los niveles de la sociedad china, incluyendo las estructuras productivas y administrativas del Estado. Tras la muerte de Mao en 1976, Hua Guofeng ordenaría el arresto de la Banda de los Cuatro, poniendo fin al núcleo dirigente de la Revolución Cultural.
Deng Xiaoping no encabezó aquel arresto.
Pero sería Deng quien, después de recuperar progresivamente su posición dentro del Partido, terminaría transformando radicalmente la dirección económica de China.
A partir de 1978 comenzarían las reformas que conducirían a una economía cada vez más orientada hacia el mercado, aunque manteniendo el control político del Partido Comunista. No se trataba de abandonar el socialismo, al menos no oficialmente.
Se trataba de hacer que el socialismo funcionara.
Y eso, como descubrirían los Dragones, podía resultar mucho más peligroso.
Porque aquí es donde los occidentales suelen equivocarse.
Creen que China se hizo capitalista.
No.
China aprendió a utilizar el mercado sin entregarle el Estado.
Eso es algo muy diferente.
Los Metálicos entendieron inmediatamente la importancia de aquello. Una economía podía abrirse al capital extranjero, permitir empresas privadas, construir zonas industriales, comerciar con Occidente y enriquecer a millones de personas sin abandonar necesariamente el monopolio político del Partido.
Para el Nuevo Orden Mundial aquello era una aberración.
Para los Dragones Elementales era una oportunidad.
Para el Sindicato era un negocio.
Y para los Durmientes...
Bueno.
Para los Durmientes era simplemente el futuro.
–Richard Kwan, agente del Sindicato.
Mientras China comenzaba lentamente su transformación, otras economías asiáticas habían tomado caminos diferentes. Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur desarrollarían modelos económicos orientados hacia la industrialización y las exportaciones. Los cuatro últimos serían conocidos posteriormente como los Cuatro Tigres Asiáticos.
El éxito de estos territorios tendría consecuencias enormes.
Otros países del sudeste asiático, entre ellos Indonesia, Malasia, Filipinas y Tailandia, comenzarían a adoptar políticas destinadas a atraer inversión extranjera, desarrollar manufacturas y ampliar sus vínculos comerciales con los mercados internacionales.
Asia estaba dejando de ser simplemente un espacio de producción barata.
Estaba convirtiéndose en una de las grandes fábricas del mundo.
Uno de los primeros grandes ejemplos sería Japón.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la economía japonesa experimentó una profunda reestructuración. La cooperación entre el Estado, los bancos y las grandes empresas permitió desarrollar una estrategia industrial orientada hacia la exportación. Los antiguos zaibatsu fueron desmantelados formalmente durante la ocupación, pero posteriormente surgieron nuevas redes empresariales conocidas como keiretsu, articuladas alrededor de bancos y grandes grupos corporativos.
La política industrial, la inversión en infraestructura, la expansión educativa y la orientación hacia las exportaciones produjeron un crecimiento extraordinario.
Y entonces llegó Corea.
La Guerra de Corea, entre 1950 y 1953, transformaría profundamente el equilibrio económico de Asia. Japón se convirtió en una importante base logística e industrial para las fuerzas estadounidenses y recibió enormes pedidos vinculados al conflicto. Aquello contribuyó significativamente a acelerar la recuperación de su industria.
Pero la guerra también consolidó la división de la península coreana.
Después de la derrota japonesa en 1945, Corea fue dividida provisionalmente alrededor del paralelo 38. En el norte se estableció un gobierno apoyado por la Unión Soviética; en el sur, uno respaldado por Estados Unidos. En 1948 surgieron respectivamente la República Popular Democrática de Corea y la República de Corea.
En 1950, Corea del Norte invadió el sur.
La guerra se convertiría rápidamente en uno de los principales conflictos de la Guerra Fría. Estados Unidos intervino bajo el mando de las Naciones Unidas, mientras China entró posteriormente en el conflicto apoyando a Corea del Norte. La Unión Soviética proporcionó apoyo material y aéreo, pero evitó una confrontación abierta de sus fuerzas terrestres con las estadounidenses.
En 1953 se firmó un armisticio.
No un tratado de paz.
La guerra, técnicamente, nunca terminó.
Corea del Sur quedaría devastada.
Pero durante las décadas siguientes ocurriría uno de los procesos de industrialización más impresionantes del siglo XX.
En 1961, Park Chung-hee tomó el poder mediante un golpe militar. Durante las décadas siguientes, el Estado surcoreano dirigiría agresivamente la industrialización mediante crédito subsidiado, planificación económica, incentivos fiscales, protección selectiva y apoyo a empresas capaces de competir en los mercados internacionales.
Los grandes conglomerados empresariales, los chaebol, serían fundamentales para ese proceso.
Samsung, Hyundai, LG y otros grupos crecerían hasta convertirse en actores centrales de la economía nacional. El Estado utilizó el sistema financiero y la política industrial para canalizar recursos hacia sectores considerados estratégicos, especialmente manufactura pesada, construcción naval, automóviles, electrónica y posteriormente tecnología.
El modelo funcionó.
Pero tuvo un precio.
La industrialización estuvo acompañada por largas jornadas laborales, fuertes presiones educativas, disciplina empresarial, sindicatos inicialmente restringidos y una relación profundamente jerárquica entre Estado, empresa y trabajador.
Corea del Sur se enriqueció.
Y también construyó una sociedad extremadamente competitiva.
El modelo de los chaebol produjo además una concentración económica considerable. Los grandes conglomerados llegaron a representar una parte enorme de la producción y las exportaciones del país, mientras las pequeñas empresas tenían dificultades para competir por capital, talento y acceso a los mercados.
El problema no era que Corea del Sur careciera de empresarios.
Era que competir contra un chaebol podía ser una manera bastante eficiente de descubrir cuánto dinero podía perder una persona.
La educación también comenzó a orientarse fuertemente hacia el éxito profesional. Las universidades de élite, las grandes empresas y determinadas profesiones se convirtieron en objetivos centrales de millones de jóvenes.
Gangnam se transformó en uno de los símbolos más visibles de esa nueva Corea.
El éxito económico había creado una nueva jerarquía social.
Y los Dragones Metálicos estaban perfectamente cómodos con ella.
¿Quieres saber qué es lo que más me gusta de Corea?
Que nadie tiene que explicarte quién manda.
No hace falta.
Lo ves.
Lo ves en las escuelas.
Lo ves en las empresas.
Lo ves cuando un joven de diecinueve años pasa doce horas estudiando porque sabe que una universidad determinada puede decidir el resto de su vida.
Lo ves cuando una familia entera se endeuda para que su hijo consiga entrar en una empresa que probablemente lo explotará durante veinte años.
Y lo ves cuando ese mismo hijo, después de convertirse en ejecutivo, hace exactamente lo mismo con la siguiente generación.
Eso es poder.
No necesitas un ejército cuando consigues que la gente se discipline a sí misma.
–Min-Jae Park, miembro de los Dragones Metálicos.
Taiwán seguiría una trayectoria diferente. La isla desarrollaría una economía orientada hacia las exportaciones, pero con una estructura empresarial mucho más fragmentada que la de Corea del Sur. Las pequeñas y medianas empresas desempeñarían un papel fundamental, especialmente en manufacturas y posteriormente en electrónica y tecnología.
Taiwán terminaría convirtiéndose en uno de los centros tecnológicos más importantes del mundo.
Y eso nos lleva nuevamente a Hong Kong.
Hong Kong no se convertiría en una potencia industrial comparable con Corea, Japón o Taiwán. Su ventaja sería otra: comercio, intermediación financiera, servicios, transporte y acceso a China.
Su posición geográfica era extraordinaria.
Su sistema jurídico también.
Y el dinero entendió aquello antes que los gobiernos.
Durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Hong Kong se convertiría progresivamente en uno de los grandes centros financieros y comerciales de Asia. La colonia británica desarrolló una economía extremadamente abierta, con bajos niveles de intervención estatal directa y una fuerte orientación hacia el comercio internacional.
Pero el éxito económico no eliminó la pobreza.
Hong Kong desarrolló una de las mayores desigualdades sociales de las economías desarrolladas. El precio de la vivienda se disparó, el espacio urbano se volvió extraordinariamente escaso y una parte importante de la población tuvo que recurrir a viviendas públicas o a espacios extremadamente reducidos.
Y entonces está Kowloon.
La Ciudad Amurallada.
En nuestra realidad debería haber desaparecido en 1993.
Pero esta no es exactamente nuestra realidad.
Aquí sigue existiendo.
Y eso cambia las cosas.
La gente de fuera siempre pregunta por qué el Sindicato tolera Kowloon.
La respuesta es sencilla.
Porque Kowloon es útil.
Allí desaparecen personas.
Allí aparecen mercancías.
Allí se compran armas.
Allí se venden secretos.
Allí los Durmientes pueden vivir treinta años sin preguntarse quién controla realmente el edificio donde duermen.
Los Dragones dicen que es una anomalía.
Los Metálicos dicen que es un fracaso administrativo.
Nosotros sabemos lo que es.
Es un mercado.
Y mientras alguien pueda ganar dinero allí, nadie tendrá demasiadas ganas de cerrarlo.
–Agente desconocido del Sindicato.
La integración económica con China continental introduciría nuevas tensiones. A medida que China se industrializaba, la mano de obra del continente resultaba considerablemente más barata que la de Hong Kong. Muchas industrias manufactureras abandonaron progresivamente la colonia y trasladaron su producción hacia Guangdong y otras regiones del continente.
Hong Kong comenzó entonces a transformarse.
La ciudad dejó de ser principalmente una plataforma manufacturera y pasó a depender cada vez más de las finanzas, los servicios y su función como intermediaria entre China y los mercados internacionales.
La frontera, sin embargo, no desapareció.
La diferencia jurídica seguía siendo enorme.
Y precisamente por eso comenzó a aparecer otro fenómeno: personas del continente que buscaban en Hong Kong aquello que no podían obtener fácilmente en China.
Educación.
Servicios médicos.
Seguridad jurídica.
Derechos de residencia.
Y, especialmente, determinadas ventajas asociadas al sistema de la SAR.
El fenómeno de las mujeres embarazadas procedentes del continente que viajaban a Hong Kong para dar a luz se convertiría en un problema político especialmente visible durante la década de 2000 y comienzos de la década de 2010. La demanda llegó a ejercer una presión considerable sobre los servicios obstétricos y llevó al gobierno de la SAR a establecer cuotas y restricciones para las mujeres no locales. También surgieron intermediarios que facilitaban ilegalmente estos desplazamientos y utilizaban documentación falsa o mecanismos para eludir los controles.
El problema era especialmente complejo cuando las mujeres estaban casadas con residentes de Hong Kong. El gobierno llegó a establecer mecanismos específicos para verificar matrimonios y permitir determinados casos dentro de hospitales privados, mientras restringía severamente otros.
La cuestión revelaba algo mucho más profundo que un problema hospitalario.
Hong Kong se había convertido en una frontera entre dos sistemas.
Y las fronteras siempre producen mercados.
La vivienda sería otro de los grandes problemas. El acceso a apartamentos públicos dependía de mecanismos administrativos y listas de espera, mientras una parte de los sectores más pobres vivía en espacios extremadamente reducidos.
En nuestra ambientación, la supervivencia de la Ciudad Amurallada de Kowloon agravaría todavía más esta situación. La existencia de un enclave urbano fuera del control efectivo de las instituciones normales permitiría que la explotación inmobiliaria, el crimen organizado, el tráfico de personas y los mercados clandestinos convivieran con el Hong Kong financiero.
La contradicción era perfecta.
Una de las ciudades más ricas de Asia podía encontrarse a pocos kilómetros de uno de los espacios urbanos más miserables del continente.
Eso es exactamente el tipo de contradicción que atrae a los Despertados.
Y aquí aparece una de las grandes mentiras de la modernidad asiática.
Te dicen que el trabajo dignifica.
No.
El trabajo paga.
Eso es diferente.
Para un Durmiente, el trabajo puede convertirse en identidad. Tu salario define tu casa. Tu profesión define tu posición. Tu empresa define tu círculo social. Tus capacidades determinan cuánto vales en el mercado.
Y cuando el mercado decide que vales poco, puedes tener toda la dignidad del mundo.
No sirve de mucho.
Por eso una estrella del K-Pop puede ganar millones mientras un trabajador que sostiene toda la industria apenas puede pagar un apartamento.
¿Es injusto?
Por supuesto.
¿Es importante?
Muchísimo menos que saber quién tiene el dinero para cambiarlo.
Las Tradiciones pueden hablar todo el día sobre el alma.
El Sindicato solo pregunta cuánto cuesta.
–Audrey Horne, Cultista del Éxtasis.
Esta lógica también ayuda a explicar la expansión del capitalismo asiático.
El éxito de Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur no fue producto de un único modelo. Algunos combinaron planificación estatal con mercados abiertos; otros utilizaron empresas privadas y capital extranjero; otros construyeron sistemas financieros extremadamente abiertos.
Pero todos compartieron ciertos elementos: inversión en infraestructura, educación, orientación exportadora, disciplina laboral, intervención estatal en sectores estratégicos y capacidad para integrarse rápidamente en los mercados internacionales.
El resultado fue una transformación radical del continente.
Asia dejó de ser simplemente un espacio periférico dentro de la economía mundial.
Comenzó a convertirse en su centro.
Singapur constituye uno de los ejemplos más interesantes.
Después de separarse de Malasia en 1965, el gobierno de Lee Kuan Yew desarrolló una estrategia agresiva de industrialización orientada hacia las exportaciones. El Estado atrajo inversión extranjera, desarrolló infraestructura portuaria, impulsó la educación técnica y convirtió la ciudad-Estado en un importante centro financiero y logístico.
Para el Sindicato, aquello era prácticamente una invitación.
Singapur ofrecía exactamente lo que necesitábamos: estabilidad política, infraestructura eficiente, conexiones comerciales globales y una población acostumbrada a entender el desarrollo económico como una cuestión de supervivencia nacional.
No es casualidad que se haya convertido en uno de nuestros grandes centros de operaciones.
Y entonces aparece la bamboo network.
El término describe las redes empresariales construidas por comunidades de origen chino en diferentes partes del sudeste asiático, articuladas alrededor de vínculos familiares, culturales y comerciales.
Para nosotros, esas redes tienen una importancia adicional.
El dinero no necesita pasaporte.
Una familia puede tener negocios en Bangkok, una cuenta en Singapur, proveedores en Shenzhen, una empresa registrada en Hong Kong y contactos en Kuala Lumpur.
Eso no es una conspiración.
Es simplemente una red.
Y las redes son el idioma natural del Sindicato.
Mientras tanto, India comenzaría a cambiar también.
Después de décadas de planificación y fuertes restricciones económicas, el país inició reformas profundas en 1991, liberalizando sectores de la economía, reduciendo controles y aumentando su integración con los mercados internacionales.
China e India comenzarían así a convertirse en los dos grandes gigantes demográficos y económicos de Asia.
Japón, que durante décadas había ocupado la posición dominante, empezaba a enfrentarse a una realidad diferente.
China estaba creciendo.
Corea del Sur estaba creciendo.
Taiwán estaba creciendo.
El sudeste asiático estaba creciendo.
Y Japón acababa de descubrir que incluso los milagros económicos pueden explotar.
Durante la década de 1980, Japón había acumulado enormes superávits comerciales. El dinero comenzó a circular por el sistema financiero y una parte importante terminó alimentando la especulación inmobiliaria y bursátil.
Los precios de los activos aumentaron de manera extraordinaria.
Las acciones subían.
La tierra subía.
Las empresas parecían valer cada vez más.
Y ese aumento de valor permitía pedir más crédito.
El crédito alimentaba la especulación.
La especulación aumentaba el precio de los activos.
Y los activos servían como garantía para obtener todavía más crédito.
Era una máquina perfecta.
Hasta que dejó de funcionar.
El mercado bursátil japonés alcanzó su máximo a finales de 1989 y comenzó a desplomarse después de 1990. Los precios de la tierra también comenzaron posteriormente a caer, dejando al sistema bancario cargado de activos cuyo valor se había reducido drásticamente.
Japón entró entonces en una crisis financiera que cambiaría su trayectoria económica durante los años siguientes.
Esto es lo que ocurre cuando crees que el dinero es real.
No lo es.
El dinero es una creencia.
El crédito es una creencia sobre el futuro.
Una acción es una creencia sobre una empresa.
Una propiedad es una creencia sobre el valor de una tierra.
Y cuando suficientes personas dejan de creer...
Bueno.
Entonces llega la magia verdadera.
La gente descubre que sus millones nunca existieron.
Solo existía la confianza de los demás en que esos millones existirían.
–Daniel Mercer, Adepto del Sindicato.
Japón tampoco escaparía de otra clase de conflicto: la memoria.
La ocupación japonesa de Asia durante la primera mitad del siglo XX dejó una herencia de violencia que continuaría afectando sus relaciones con China y Corea. La Masacre de Nankín, el sistema de esclavitud sexual conocido como «mujeres de consuelo» y los experimentos humanos realizados por la Unidad 731 continuarían siendo objeto de controversias políticas, diplomáticas y académicas.
Durante las décadas de 1980 y 1990, distintos grupos nacionalistas japoneses intentarían minimizar o negar determinados aspectos de estas atrocidades, mientras otros sectores de la sociedad, investigadores y movimientos políticos exigirían que fueran reconocidas.
Para China y Corea, el problema no pertenecía simplemente al pasado.
La memoria histórica era también política exterior.
Y en la Guerra de Ascensión, la memoria puede ser un arma.
Los Dragones tienen una relación complicada con Japón.
Algunos quieren preservar las tradiciones.
Otros quieren controlar la modernidad.
Otros simplemente quieren que nadie haga demasiadas preguntas.
Pero existe algo que todos entienden.
Los japoneses no olvidan fácilmente.
Pueden convertir sus fantasmas en canciones.
En películas.
En manga.
En videojuegos.
En historias sobre espíritus, monstruos y dioses.
Eso debería preocupar a los Metálicos.
Porque cuando una civilización empieza a convertir sus muertos en cultura, puede terminar dándoles una segunda vida.
–Miho Tanaka, Verbena.
Y precisamente ahí aparece uno de los fenómenos culturales más importantes de Japón.
Mientras su economía entraba en crisis, su cultura popular comenzaba a conquistar el mundo.
Anime.
Manga.
Videojuegos.
J-Pop.
Cine.
Literatura.
Personajes que cruzaban fronteras mucho más rápido que cualquier ejército.
Para el Nuevo Orden Mundial, aquella expansión podía interpretarse como una industria cultural globalizada: propiedad intelectual, mercancías, franquicias, medios de comunicación y mercados.
Pero para las Tradiciones y los Dispares la interpretación podía ser diferente.
Los Kami seguían ahí.
Los espíritus seguían ahí.
Los monstruos seguían ahí.
Solo habían aprendido a utilizar nuevas tecnologías para hacerse visibles.
La situación económica de Japón, China, Corea, Taiwán, Hong Kong y el sudeste asiático demuestra por qué Asia se ha convertido en uno de los grandes escenarios de la Guerra de Ascensión.
Los Dragones Elementales poseen la legitimidad histórica y cultural.
Los Dragones Metálicos poseen la capacidad de transformar la producción, la tecnología y las estructuras económicas.
El Sindicato posee el dinero.
El Nuevo Orden Mundial posee instituciones, conocimiento científico y redes de control.
Las Tradiciones poseen memoria, espiritualidad y comunidades que todavía se resisten a ser absorbidas.
Y los Durmientes...
Los Durmientes producen todo esto.
Trabajan.
Compran.
Ahorran.
Se endeudan.
Crean empresas.
Construyen ciudades.
Migran.
Consumen.
Y creen que todas esas decisiones son simplemente suyas.
Ese es el verdadero milagro asiático.
No que millones de personas hayan salido de la pobreza.
No que China se haya convertido en una potencia.
No que Japón haya construido automóviles capaces de durar treinta años.
No que Corea haya convertido sus empresas en gigantes tecnológicos.
No.
El verdadero milagro es que consiguieron convencer a millones de personas de que todo aquello era simplemente economía.
No magia.
No poder.
No Guerra de Ascensión.
Economía.
Una palabra maravillosa.
Porque cuando dices «economía», nadie pregunta quién está lanzando los dados.
–Otto Friedman, agente de PAXcorp.
Y mientras todo esto ocurría, los conflictos entre las facciones seguían desarrollándose por debajo de la superficie.
China abría sus mercados mientras mantenía el control político.
Hong Kong se enriquecía mientras construía una identidad cada vez más diferenciada.
Singapur se convertía en uno de los grandes centros financieros del planeta.
Corea del Sur transformaba la disciplina industrial en poder tecnológico.
Taiwán desarrollaba una industria electrónica estratégica.
Japón intentaba reconstruirse después del estallido de su burbuja.
India comenzaba a liberalizar su economía.
El sudeste asiático se integraba cada vez más en las cadenas internacionales de producción.
Y detrás de todos estos procesos había algo que los Durmientes no podían ver.
El Chi estaba cambiando de forma.
La energía primordial seguía el dinero.
El dinero seguía al crédito.
El crédito seguía la confianza.
Y la confianza podía destruirse.
Eso hacía de Asia uno de los lugares más peligrosos de la Guerra de Ascensión.
Y es precisamente aquí donde aparece Motoko.
Cuando fue capturada poco antes de escapar de las instalaciones de Iteración X en Beirut en 1970, todavía no podía imaginar que el mundo al que regresaría décadas después sería completamente diferente.
La tecnología había cambiado.
La economía había cambiado.
La relación entre humanos y máquinas había cambiado.
Y, sobre todo, el lugar donde se encontraba la verdadera batalla había cambiado.
Ya no estaba solamente en los laboratorios.
Estaba en las ciudades.
En los bancos.
En las fábricas.
En las redes.
En las pantallas.
Y, finalmente, en las personas.
Re: [Nocturno: Hong Kong Ascending]
Publicado: 09 Abr 2022, 16:48
por HeyderLópez13
CONFIDENCIAL
Keyword: 01001001 01101110 01101110 01101111 01100011 01100101 01101110 01100011 01100101
Dando acceso a datos… Cargando… ¡HECHO!
Insert_comentary_1231851=True: Teko Dragon ACCESS
Los Adeptos hemos estado AQUÍ, LOOOOZZERSSSS.
Permite que me ría de los Dragones Elementales.
¡HAHAHAHAHAHAHAHAHA!
Pobres bastardos.
En primer lugar, se encuentran en una posición bastante problemática, IMO. Eso es «in my humble opinion», estúpido analfabeto tecnológico. Y es que China no es el megalito monolítico que ellos quieren que pienses que es.
No puedes conseguir que toda la población de China sea completamente conformista, por muchos siglos que lleves intentando hacerlo.
O, por lo menos, prefiero pensar que no pueden.
Hasta el más ferviente adepto del ideal comunista tendrá algo en lo que oponerse. Alguna duda. Algún recuerdo. Alguna cosa que el sistema no haya conseguido borrar.
Y si planean presionar DELETE sobre nosotros, no les va a resultar tan fácil.
¿Por qué?
Porque esa gente del Culto del Éxtasis, los mismos que organizan esas fiestas geniales mientras hablan de cultura popular, ya está llevando el asunto a las calles. A las canciones. A las manifestaciones. A las protestas. Al activismo.
Y están hablando de Tiananmén.
Ahí tienen, desgraciados.
No voy a perdonar la muerte de Jenkins a manos de su querido ejército de dragoncitos uniformados.
No voy a perdonar que lo asesinaran por ponerse delante de los tanques.
Así que ya está empezando la rebelión.
Y pronto verán nuestro ejército de Flammers y todos los end-users que nos ayudan.
Los e-mails ya están corriendo.
Los handles ya están circulando.
Y tengo suficientes nombres almacenados en mi disco rígido como para hacerte sentir un poquito de miedo, querido comunista.
Por cierto, dicen que Beijing tiene tanto miedo de revelar los nombres de los generales implicados en la masacre que hacen todo lo posible por mantenerlos enterrados.
¿Y sabes qué es todavía más divertido?
Que mucha gente ni siquiera sabe que ocurrió una masacre.
Miles de muertos.
Miles.
Y hay gente que todavía no sabe qué pasó.
Sería una lástima...
Oh, sí.
Sería una verdadera puta lástima que alguien consiguiera hacerlos abrir los ojos.
Pero alguien tiene que hacerlo.
Alguien tiene que recordar.
Y nosotros sabemos cómo hacer que la información viaje.
Prepárate para el backlash, mi querido amigo.
China is Rising.
Somos los Adeptos.
Y prometemos llevar el fuego a las putas calles.
Proyecto Prometeo: ENABLED.
Acceso garantizado a la Matrix.
Tu turno, Dragón Elemental.
The Truth is Hidden in the Dark Side of Mars.
I WANT TO BELIEVE, WE ARE NOT ALONE.
Etherium wallet 00000100
PGP 5# [waghk413954bbbt-Ordo key dddt185380rtdgj24789904€&:«/=)6«&€ 4:)&€:/=(224679 6&!:86);«8«;:78-Gao ni'mah
Re: [Nocturno: Hong Kong Ascending]
Publicado: 09 Abr 2022, 16:56
por HeyderLópez13
Ambientación: 5. Lo que ha ocurrido en el resto del mundo
Banda Sonora: https://youtu.be/ESBXOOMi7SE
Haciendo un poco de análisis histórico, hombre, es evidente que la Guerra Fría tuvo consecuencias enormes dentro de la propia Tecnocracia.
Durante décadas, las distintas Convenciones tuvieron que operar dentro de una estructura internacional dominada por la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El FBI, la CIA, la KGB y las distintas agencias de inteligencia se convirtieron en piezas fundamentales de una guerra que rara vez se libraba de manera directa.
Muchos agentes murieron en ambos frentes.
Muchos otros hicieron cosas que, incluso para los estándares de la Tecnocracia, resultaban difíciles de justificar.
Y todavía hoy, la Unión tiene el deber de juzgar a numerosos criminales que operaron durante aquella época poniendo en riesgo a las masas y, en algunos casos, incluso a la propia agenda tecnocrática.
Pero entonces ocurrió algo que pocos esperaban.
El Muro de Berlín cayó en 1989.
En 1990 se produjo la reunificación alemana.
Y en diciembre de 1991 desapareció finalmente la Unión Soviética.
La Guerra Fría había terminado.
Al menos oficialmente.
El viejo conflicto ideológico que había organizado buena parte del mundo desde 1945 comenzaba a desaparecer. Las guerras del futuro tendrían que librarse en otros terrenos.
El económico.
El tecnológico.
El religioso.
El nacionalista.
Y, cada vez más, el cultural.
Europa fue uno de los primeros lugares donde se hizo evidente aquella transformación.
Los antiguos Estados comunistas comenzaron a enfrentarse a procesos simultáneos de democratización, privatización y transición hacia economías de mercado. Algunas de esas transformaciones fueron relativamente pacíficas.
Otras no.
Y Yugoslavia demostraría hasta qué punto podían ser peligrosas las consecuencias de una federación construida sobre una compleja combinación de identidades nacionales, tensiones económicas, crisis institucional y décadas de propaganda política.
En junio de 1991, Eslovenia y Croacia declararon su independencia. En Eslovenia se produjo la llamada Guerra de los Diez Días, un conflicto relativamente breve que terminó con la retirada del Ejército Popular Yugoslavo.
Pero Croacia sería diferente.
La independencia croata desencadenó una guerra mucho más prolongada. Una parte importante de la población serbia de Croacia rechazó la autoridad del nuevo Estado y, con apoyo del Ejército Popular Yugoslavo y de Serbia, fuerzas serbias llegaron a controlar amplias zonas del territorio croata.
La guerra estaría marcada por desplazamientos forzados, limpieza étnica, asedios, destrucción de ciudades y crímenes de guerra.
Europa observaba.
La Comunidad Europea terminó reconociendo a Croacia y Eslovenia como Estados independientes en enero de 1992, mientras las Naciones Unidas intentaban contener un conflicto que ya se había convertido en una guerra abierta.
Rusia, por su parte, mantenía vínculos históricos, culturales y políticos con Serbia, aunque la posición de la Rusia postsoviética era mucho más compleja que una simple continuación de la política soviética.
La vieja Guerra Fría había terminado.
Pero sus redes todavía estaban allí.
En Bosnia y Herzegovina la situación sería todavía peor.
La desintegración de Yugoslavia había convertido las identidades nacionales en armas políticas. Bosníacos, serbios y croatas terminarían enfrentándose en uno de los conflictos más brutales de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
La limpieza étnica.
Los campos de detención.
Los desplazamientos masivos.
El sitio de Sarajevo.
Y las masacres.
La comunidad internacional tardaría demasiado en reaccionar.
En abril de 1992 comenzó la guerra abierta en Bosnia y Herzegovina. Durante los años siguientes, las fuerzas enfrentadas y sus estructuras políticas llevaron a cabo campañas sistemáticas de persecución, expulsión y asesinato de civiles.
Las Naciones Unidas establecieron fuerzas de protección y posteriormente se creó el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia en 1993, pero ninguna de esas medidas consiguió detener inmediatamente la violencia.
Para 1995, la guerra todavía no había terminado.
Pero una cosa ya estaba clara.
El nacionalismo no había desaparecido con la Guerra Fría.
Simplemente había encontrado nuevas razones para matar.
Los occidentales cometieron un error bastante divertido.
Pensaron que cuando desapareciera la Unión Soviética desaparecería también el conflicto.
Qué adorable.
Creyeron que capitalismo más democracia producirían automáticamente paz.
No entendieron algo fundamental.
La gente no necesita una ideología para odiarse.
Solo necesita una frontera.
Un idioma.
Una religión.
Una bandera.
O alguien que le diga que sus vecinos son los responsables de todos sus problemas.
La Guerra Fría terminó.
La historia no.
–Thomas Reed, agente de la Unión.
Mientras Europa intentaba reorganizarse, África experimentaría uno de los episodios más terribles de la década.
En 1994, Ruanda se convirtió en escenario de un genocidio.
Después del asesinato del presidente Juvénal Habyarimana el 6 de abril de 1994, sectores extremistas hutus comenzaron una campaña sistemática de exterminio contra la población tutsi y contra hutus moderados que se oponían a la violencia.
Durante aproximadamente cien días fueron asesinadas cientos de miles de personas.
Las estimaciones varían según las fuentes y los criterios utilizados, pero el número de víctimas se cuenta en cientos de miles. La mayoría eran tutsis, aunque también fueron asesinados hutus moderados y otras personas que se opusieron al genocidio.
La comunidad internacional volvió a mirar demasiado tarde.
Las Naciones Unidas estaban allí.
Pero no hicieron lo suficiente.
La misión de Naciones Unidas en Ruanda, UNAMIR, fue reducida drásticamente durante el genocidio debido a la falta de voluntad de los Estados miembros para proporcionar los recursos y el mandato necesarios.
Estados Unidos evitó comprometer fuerzas en una nueva intervención militar importante después de la experiencia de Somalia.
Francia mantenía relaciones estrechas con el gobierno ruandés y posteriormente sería objeto de fuertes críticas por su papel antes y durante el genocidio. La Operación Turquoise, autorizada por Naciones Unidas en junio de 1994, consiguió proteger a numerosos civiles, pero también permitió que algunos responsables del genocidio escaparan hacia el Zaire.
Y Bélgica arrastraba todavía el peso de su pasado colonial.
Para algunos analistas, el genocidio era inseparable de las formas en que el colonialismo había contribuido a racializar y politizar las identidades de la sociedad ruandesa.
Para otros, era el resultado de una combinación mucho más compleja de autoritarismo, guerra civil, propaganda, crisis económica, radicalización política y lucha por el poder.
Y, por supuesto, siempre hay alguien que encuentra una conspiración.
Personalmente, no descartaría ninguna.
La región de los Grandes Lagos tampoco quedaría en paz.
El genocidio provocó un desplazamiento masivo de población hacia los países vecinos, especialmente hacia el entonces Zaire.
Y allí comenzó a formarse otra crisis.
El gobierno de Mobutu Sese Seko llevaba décadas debilitándose. El flujo de refugiados, la presencia de antiguos responsables del genocidio entre algunas de las fuerzas que cruzaron la frontera y la creciente intervención de actores regionales terminarían contribuyendo a una nueva guerra.
Y ahí es donde aparece una cuestión que a nosotros nos interesa muchísimo más.
Los recursos.
Oro.
Diamantes.
Cobre.
Cobalto.
Estaño.
Y otros minerales estratégicos.
El Zaire poseía una cantidad extraordinaria de recursos naturales y, al mismo tiempo, un Estado cada vez más incapaz de controlar efectivamente su territorio.
Decir que el genocidio de Ruanda ocurrió simplemente porque las potencias querían esos recursos sería demasiado fácil.
Pero decir que los recursos no importaban sería igualmente ingenuo.
La historia posterior del Congo demostraría que los recursos podían financiar, prolongar y transformar los conflictos armados.
Las potencias siempre tienen intereses.
Y cuando hay intereses económicos, siempre hay alguien dispuesto a pagar por ellos.
En cuanto a la cultura, creo que es evidente que también está ocurriendo algo nuevo.
El multiculturalismo está creciendo.
Los medios de comunicación se están fragmentando.
La televisión por cable permite que las personas conozcan culturas que antes apenas podían imaginar.
La música viaja.
El cine viaja.
Los videojuegos viajan.
Y, por primera vez, las tecnologías digitales empiezan a permitir que personas que nunca se han encontrado físicamente puedan construir comunidades.
Internet todavía es pequeño.
Todavía es extraño.
Todavía es lento.
Pero está creciendo.
Para las Tradiciones, aquello puede ser una oportunidad.
Para la Tecnocracia, también.
Y para los Adeptos Virtuales...
Bueno.
Para ellos probablemente sea Navidad.
1990:
-Retorno a la democracia en Chile. El 11 de marzo de 1990, Patricio Aylwin asumió la presidencia y comenzó formalmente la transición desde la dictadura militar de Augusto Pinochet hacia un gobierno democrático. El régimen de Pinochet había terminado después del plebiscito de 1988 y las elecciones de 1989.
Los Chicago Boys habían desempeñado un papel fundamental en la transformación económica de Chile durante la dictadura, aplicando políticas de liberalización, privatización, apertura comercial y reducción del papel del Estado en determinados sectores.
El Sindicato, naturalmente, insiste en que aquello fue simplemente «modernización económica».
Los demás tienen una opinión ligeramente diferente.
Conviene recordar, sin embargo, que el golpe militar de 1973 precedió a la aplicación de buena parte de esas reformas. Si alguien intenta decirte que Milton Friedman inventó a Pinochet, está simplificando demasiado la historia.
Friedman y otros economistas de la Escuela de Chicago ejercieron influencia intelectual sobre el programa económico chileno, pero la formulación y aplicación concreta de las políticas fue responsabilidad de economistas y funcionarios chilenos dentro de la dictadura.
Eso no significa que el Sindicato no haya tenido intereses allí.
Solo significa que hay que distinguir entre quién puso las condiciones y quién aprendió a ganar dinero con ellas.
-Reunificación de Alemania. El 3 de octubre de 1990, la República Democrática Alemana dejó de existir como Estado independiente y sus territorios pasaron a integrarse en la República Federal de Alemania.
Para el Nuevo Orden Mundial fue una victoria extraordinaria.
Una Alemania dividida había sido durante décadas uno de los símbolos fundamentales de la confrontación entre Oriente y Occidente.
Ahora volvía a existir una sola Alemania.
Una potencia económica enorme.
Una posición geográfica estratégica.
Y un Estado firmemente integrado en el nuevo orden europeo.
No hace falta ser miembro del Nuevo Orden Mundial para entender por qué aquello resultaba importante.
-Alberto Fujimori llega a la presidencia del Perú. Su elección se produjo en medio de una profunda crisis económica y política heredada del gobierno de Alan García, marcada por hiperinflación, endeudamiento, deterioro económico y violencia política.
El país llevaba además años enfrentando la insurgencia de Sendero Luminoso y, en menor medida, del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.
Fujimori había hecho campaña criticando las propuestas de ajuste económico de Mario Vargas Llosa, pero después de asumir el poder adoptó un programa de estabilización y liberalización mucho más cercano a las políticas que había rechazado durante la campaña.
El llamado «Fujishock» consiguió reducir drásticamente la inflación, aunque a un costo social considerable.
Algunos archivos del Sindicato sugieren que determinados operadores financieros habían considerado preferible la llegada de un gobierno dispuesto a aplicar reformas económicas agresivas.
No tengo pruebas suficientes para afirmarlo.
Pero tampoco apostaría dinero en contra.
1991:
-Guerra del Golfo. Después de la invasión iraquí de Kuwait el 2 de agosto de 1990, una coalición internacional de treinta y cinco países encabezada por Estados Unidos lanzó una operación militar para expulsar a las fuerzas iraquíes.
La primera fase, conocida como Operación Escudo del Desierto, estuvo dedicada principalmente a desplegar fuerzas y defender Arabia Saudita.
El 17 de enero de 1991 comenzó la Operación Tormenta del Desierto.
La campaña aérea fue masiva y utilizó una combinación de aviación convencional, misiles de crucero, bombas guiadas, sistemas de vigilancia, satélites, guerra electrónica y otras tecnologías avanzadas.
El 24 de febrero comenzó la ofensiva terrestre.
La guerra duró pocas semanas.
Y fue extraordinariamente moderna.
Bombas guiadas.
Satélites.
Sistemas de vigilancia.
Guerra electrónica.
Misiles de precisión.
Televisión transmitiendo imágenes de la guerra prácticamente en tiempo real.
Para los Durmientes, aquello era simplemente tecnología militar.
Para nosotros, era una demostración.
La guerra estaba cambiando.
El papel de los Progenitores durante el conflicto permanece clasificado.
Demasiado clasificado.
Algunos informes sugieren que Iteración X utilizó el conflicto como campo de pruebas para nuevos sistemas de armamento, sensores y tecnologías de automatización militar.
Otros documentos apuntan hacia intereses mucho más oscuros.
Hay incluso referencias a experimentos relacionados con soldados mejorados, sistemas de combate autónomos y tecnologías de clonación.
No puedo verificar todo eso.
Pero hay un nombre que aparece repetidamente.
Outer Heaven.
La Guerra del Golfo nos enseñó algo importante.
Los ejércitos ya no necesitaban estar compuestos exclusivamente por ciudadanos.
Podían estar compuestos por contratos.
Especialistas.
Mercenarios.
Empresas.
Tecnología.
Y hombres dispuestos a matar por dinero.
Los Estados todavía necesitaban soldados.
Pero empezaban a descubrir que podían comprarlos.
Y eso era mucho más eficiente.
–Daniel Mercer, miembro del Sindicato.
Outer Heaven comenzó como una estructura mercenaria extremadamente pequeña, pero los informes disponibles sugieren que su crecimiento fue extraordinariamente rápido.
La organización estaba vinculada a un comandante conocido simplemente como Big Boss.
Y en los archivos aparecen otros nombres.
Uno de ellos resulta particularmente extraño.
Revolver Ocelot.
Los informes sobre él son contradictorios. Algunos lo describen como agente de inteligencia. Otros como especialista en interrogatorios. Otros como operador independiente.
Hay documentos que incluso sugieren vínculos con proyectos de clonación y experimentos relacionados con los Progenitores.
No sé cuánto de eso es cierto.
Pero sí sé algo.
Cuando demasiados informes independientes empiezan a mencionar el mismo nombre, conviene prestar atención.
La caída de la Unión Soviética en diciembre de 1991 terminaría de transformar este escenario.
Millones de personas despertaron una mañana dentro de países diferentes.
Estados que habían formado parte de la Unión Soviética tuvieron que construir nuevas instituciones.
Economías enteras tuvieron que ser reformadas y privatizadas.
Las empresas estatales fueron vendidas o reestructuradas.
Las fronteras cambiaron.
Las redes de inteligencia tuvieron que reorganizarse.
Y enormes cantidades de armas, conocimientos científicos y personal militar quedaron disponibles para quien pudiera pagarlos.
El Sindicato estaba encantado.
La Unión estaba preocupada.
Los Progenitores probablemente estaban haciendo inventario.
Y los Durmientes...
Los Durmientes solamente querían saber si todavía tendrían trabajo.
Mientras tanto, Estados Unidos emergía como la principal potencia mundial.
Europa intentaba construir una nueva estructura política.
Rusia intentaba descubrir qué significaba existir sin la Unión Soviética.
China estaba creciendo y, después de la gira de Deng Xiaoping por el sur del país en 1992, había acelerado nuevamente sus reformas económicas y su integración en la economía mundial.
India había iniciado en 1991 un amplio proceso de liberalización económica después de una grave crisis de balanza de pagos.
Japón enfrentaba las consecuencias del estallido de su burbuja financiera e inmobiliaria, que había comenzado a colapsar alrededor de 1990.
África sufría guerras civiles, crisis políticas y genocidios.
Oriente Medio seguía siendo un campo de batalla.
Y las nuevas tecnologías comenzaban a conectar el planeta a una velocidad que nadie había experimentado antes.
Ese es el verdadero problema.
Durante cincuenta años supimos quién era el enemigo.
Ahora nadie lo sabe.
Antes teníamos dos bloques.
Dos ideologías.
Dos ejércitos.
Dos superpotencias.
Era sencillo.
Ahora tienes corporaciones.
Mercenarios.
Bancos.
Redes terroristas.
Gobiernos débiles.
Estados fallidos.
Hackers.
Cultos.
Empresas de tecnología.
Y millones de personas conectándose a una red que todavía no comprenden.
La Guerra Fría terminó.
Y el mundo se volvió mucho más complicado.
Eso significa que también se volvió mucho más divertido.
–Teko Dragon, Adepto Virtual.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender el mundo en 1995.
La vieja división entre Oriente y Occidente está desapareciendo.
Pero eso no significa que el conflicto haya desaparecido.
Significa que ahora existen muchos más lugares donde combatirlo.
La economía.
La información.
La tecnología.
La religión.
El nacionalismo.
La cultura.
Los mercados financieros.
Las redes de comunicación.
Las ciudades.
Y, sobre todo, la percepción que los Durmientes tienen del mundo que los rodea.
La Guerra de Ascensión está entrando en una nueva etapa.
Los Dragones Elementales intentan conservar sus territorios y sus tradiciones.
Los Dragones Metálicos intentan transformar la producción y la tecnología.
El Sindicato convierte cada transformación económica en una oportunidad.
El Nuevo Orden Mundial intenta construir instituciones capaces de controlar un mundo cada vez más complejo.
Las Tradiciones luchan por conservar aquello que todavía consideran humano.
Los Adeptos Virtuales descubren que la información puede convertirse en poder.
Y los Progenitores...
Los Progenitores están construyendo cosas que quizá todavía no sabemos cómo nombrar.
Ese es el mundo al que Motoko está regresando.
Cuando fue capturada poco antes de escapar de las instalaciones de Iteración X en Beirut en 1970, el mundo todavía estaba dividido entre dos grandes bloques.
Ahora todo es diferente.
La tecnología ha cambiado.
La economía ha cambiado.
La guerra ha cambiado.
Las fronteras han cambiado.
Las ciudades han cambiado.
Y la humanidad está empezando a conectarse de una manera que ninguna Tradición, ninguna Convención y ningún gobierno puede controlar completamente.
La guerra ha cambiado.
Ya no se trata solamente de ejércitos enfrentándose en un campo de batalla.
Ahora también se libra desde el aire.
Desde el mar.
Desde las salas de mando.
Desde los centros de inteligencia.
Desde las fábricas que producen las armas.
Desde las corporaciones que financian los conflictos.
Desde los gobiernos que deciden cuándo intervenir.
Desde los medios que deciden qué verá el mundo.
Y, cada vez más, desde las redes que comienzan a conectar a millones de personas.
Las facciones siguen luchando por territorio.
Por recursos.
Por tecnología.
Por información.
Por influencia.
Pero, por encima de todo, luchan por algo mucho más importante.
Por decidir qué versión del mundo llegará a ser real.
Y esa es la verdadera guerra que está comenzando en 1995.
Re: [Nocturno: Hong Kong Ascending]
Publicado: 09 Abr 2022, 17:09
por HeyderLópez13
-Desintegración de Yugoslavia: La enorme diversidad étnica, religiosa y nacional de Yugoslavia sería, desde los años setenta, uno de los elementos que más preocuparían a los analistas de Iteración X. No porque la diversidad condujera inevitablemente a la guerra, sino porque las tensiones políticas, económicas e institucionales de la Federación podían convertir esas diferencias en instrumentos de conflicto.
La Federación Socialista de Yugoslavia estaba compuesta por seis repúblicas: Croacia, Eslovenia, Serbia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro y Macedonia. Durante décadas, el gobierno de Josip Broz Tito consiguió mantenerlas unidas mediante una combinación de federalismo, represión política, equilibrio entre las repúblicas y una identidad yugoslava que coexistía, no siempre pacíficamente, con las identidades nacionales.
Para ciertos archivos de Iteración X, Tito fue algo más que el dirigente comunista que aparece en los libros de historia.
Los documentos más radicales de la Convención lo presentan como uno de sus grandes operadores humanos.
No existe, por supuesto, ninguna prueba que pueda ser presentada ante un tribunal Durmiente.
Pero los archivos hablan de un hombre conocido dentro de ciertos círculos como «el Íntegro Camarada».
Y los archivos de la Unión contienen suficientes referencias cruzadas como para que algunos investigadores hayan comenzado a preguntarse si detrás de la construcción de la Yugoslavia socialista existió una operación mucho más antigua.
Tito fue, sin duda, una figura histórica extraordinariamente compleja. Fue comandante partisano durante la Segunda Guerra Mundial, dirigente de la Yugoslavia socialista y uno de los principales protagonistas del Movimiento de Países No Alineados. Su gobierno también estuvo marcado por la represión política, el encarcelamiento de opositores y la persecución de determinados grupos considerados enemigos del Estado.
Dentro de las Tradiciones circula una teoría mucho más peligrosa.
Algunos creen que Tito recibió apoyo del llamado Círculo de Hierro, un grupo de Teje-Runas de la Verbena que, después de fracasar en su intento de preservar sus antiguos caminos odinistas, habría colaborado con los nazis y posteriormente caído en la corrupción nefanda.
Según esta versión, algunos de sus supervivientes se habrían ocultado durante décadas dentro de estructuras militares, servicios de seguridad y círculos políticos yugoslavos.
No existen pruebas suficientes para demostrarlo.
Pero tampoco parece prudente destruir los archivos.
Tras la muerte de Tito en mayo de 1980 comenzó una lenta crisis política que la estructura federal yugoslava no consiguió resolver completamente.
La economía se deterioraba.
La deuda exterior aumentaba.
La inflación se disparaba.
Las repúblicas comenzaron a defender con mayor intensidad sus propios intereses económicos.
Y el sistema político diseñado para mantener el equilibrio entre ellas comenzó a mostrar sus límites.
Algunos informes del Sindicato sostienen que determinados economistas, mercaderes y traficantes de armas Taftani participaron en operaciones destinadas a desestabilizar las economías de las repúblicas yugoslavas con el objetivo de debilitar la influencia del Sindicato en la región.
Si la teoría fuera cierta, el resultado habría sido un fracaso monumental.
La operación habría causado mucho más daño del esperado.
No solamente al Sindicato.
También a millones de civiles.
Pero existen otras explicaciones mucho más convencionales.
La crisis económica yugoslava tenía raíces estructurales profundas y se vio agravada por la deuda, la inflación, el desempleo, las disputas entre las repúblicas y las dificultades del sistema federal para responder a ellas.
La Tecnocracia, naturalmente, tiene una explicación diferente.
Según ciertos archivos del Nuevo Orden Mundial, el problema fue que las estructuras federales existentes ya no podían controlar adecuadamente las nuevas formas de identidad política que estaban apareciendo.
Y cuando una estructura de control comienza a fallar, alguien siempre termina intentando ocupar el espacio vacío.
Según información procedente de mis fuentes en Moscú, uno de los agentes que contribuyó a poner en circulación información sobre la magnitud de la crisis habría sido John Courage, legendario operador del Nuevo Orden Mundial.
No sé si la historia es cierta.
Pero el nombre aparece demasiadas veces.
En 1990, el proceso de desintegración entró en una nueva fase.
En Croacia y Eslovenia, las elecciones multipartidistas fortalecieron movimientos que defendían una mayor autonomía o directamente la independencia. En Serbia, Slobodan Milošević había consolidado mientras tanto una política nacionalista que buscaba reforzar la posición serbia dentro de la Federación.
El equilibrio comenzó a romperse.
El 25 de junio de 1991, Croacia y Eslovenia proclamaron su independencia.
En Eslovenia comenzó la llamada Guerra de los Diez Días, después de que el Ejército Popular Yugoslavo intentara mantener el control federal. El conflicto terminó relativamente rápido con la retirada del ejército.
Croacia sería diferente.
Una parte importante de la población serbia de Croacia rechazó la autoridad del nuevo Estado y, con apoyo de Serbia y del Ejército Popular Yugoslavo, fuerzas serbias llegaron a controlar amplias zonas del territorio croata.
La guerra estaría marcada por desplazamientos forzados, limpieza étnica, asedios, destrucción de ciudades y crímenes de guerra.
Europa observaba.
La Comunidad Europea reconoció formalmente a Croacia y Eslovenia en enero de 1992, mientras las Naciones Unidas intentaban contener un conflicto que ya había adquirido dimensiones internacionales.
La vieja Guerra Fría había terminado.
Pero las redes políticas, militares y de inteligencia construidas durante ella todavía estaban allí.
En Bosnia y Herzegovina la situación sería todavía peor.
La desintegración de Yugoslavia había convertido las identidades nacionales en armas políticas. Bosníacos, serbios y croatas terminarían enfrentándose en uno de los conflictos más brutales de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
La limpieza étnica.
Los campos de detención.
Los desplazamientos masivos.
El sitio de Sarajevo.
Y las masacres.
En abril de 1992 comenzó la guerra abierta en Bosnia y Herzegovina. Durante los años siguientes, las fuerzas enfrentadas y sus estructuras políticas llevaron a cabo campañas sistemáticas de persecución, expulsión y asesinato de civiles.
Las Naciones Unidas establecieron fuerzas de protección y en 1993 creó el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.
Pero ninguna de esas medidas consiguió detener inmediatamente la violencia.
Para 1995, la guerra todavía no había terminado.
Y dentro de ciertos archivos de la Unión apareció una observación que llamó especialmente mi atención.
La guerra no había sido causada simplemente por la existencia de diferentes pueblos.
Había sido posible porque durante décadas existieron estructuras políticas, económicas y militares capaces de transformar esas diferencias en instrumentos de poder.
El nacionalismo no había desaparecido con la Guerra Fría.
Simplemente había encontrado nuevas razones para matar.
Los occidentales cometieron un error bastante divertido.
Pensaron que cuando desapareciera la Unión Soviética desaparecería también el conflicto.
Qué adorable.
Creyeron que capitalismo más democracia producirían automáticamente paz.
No entendieron algo fundamental.
La gente no necesita una ideología para odiarse.
Solo necesita una frontera.
Un idioma.
Una religión.
Una bandera.
O alguien que le diga que sus vecinos son los responsables de todos sus problemas.
La Guerra Fría terminó.
La historia no.
–Thomas Reed, agente de la Unión.
En cuanto a Tito, su imagen continúa siendo peligrosa para el Nuevo Orden Mundial.
Para algunos yugoslavos, sigue representando una época de estabilidad, independencia frente a las grandes potencias y relativa prosperidad.
Para otros, representa una dictadura que reprimió sistemáticamente la oposición política.
Dentro de las Tradiciones circula incluso un rumor todavía más absurdo.
Que Tito no murió.
Que consiguió desaparecer.
Y que podría tratarse de un peligroso «Barabbi», el término que algunos subversores utilizan para referirse a los Nefandos.
Personalmente, considero mucho más probable que esté muerto.
Pero en esta profesión uno aprende rápidamente a no apostar demasiado dinero contra las teorías absurdas.
-El fin del Telón de Acero y la desintegración de la URSS: La caída del bloque soviético también permitió que salieran a la luz algunos de los documentos más incómodos de la segunda mitad del siglo XX.
Entre ellos se encontraba el trabajo del Hermético Aleksandr Solzhenitsyn.
Para los Durmientes, Solzhenitsyn fue un escritor y antiguo prisionero del sistema soviético que documentó la realidad de los campos de trabajo y la represión política.
Para nosotros, la historia es ligeramente diferente.
Según los archivos de ciertas Tradiciones, Solzhenitsyn había comenzado a comprender que detrás de la maquinaria soviética existían mecanismos de control que iban mucho más allá de la simple política estatal.
El sistema de campos.
La vigilancia.
La propaganda.
La censura.
La ingeniería social.
Y los mecanismos destinados a convertir la obediencia política en una forma de realidad cotidiana.
En 1973, la KGB descubrió que existía una copia del manuscrito de Archipiélago Gulag en territorio soviético. Solzhenitsyn fue detenido posteriormente y expulsado de la Unión Soviética en febrero de 1974.
La historia oficial ya es suficientemente terrible.
La nuestra lo es un poco más.
Según ciertos informes, algunos agentes de Iteración X infiltrados en la KGB recibieron órdenes para recuperar o destruir determinados materiales relacionados con la investigación de Solzhenitsyn.
Una de las personas relacionadas con el manuscrito, Yelizaveta Voroniánskaya, fue encontrada muerta en agosto de 1973. La versión oficial no explica completamente las circunstancias de su muerte.
Los archivos de las Tradiciones sostienen que fue asesinada después de ser interrogada y sometida a presión para revelar la localización de determinados documentos.
No sabemos si eso es cierto.
Lo que sí sabemos es que Solzhenitsyn sobrevivió.
Y que sus textos terminaron convirtiéndose en una de las principales referencias para quienes cuestionaban el sistema soviético.
Tras la caída de la Unión Soviética, sus escritos alcanzaron una nueva generación de lectores.
Los jóvenes de Rusia y de las antiguas repúblicas soviéticas comenzaron a leer sobre la propaganda ideológica, los campos de trabajo, el sistema penitenciario y los mecanismos de represión política que habían caracterizado buena parte de la historia soviética.
Para algunos sectores del Nuevo Orden Mundial, aquello constituía un problema.
No porque Solzhenitsyn tuviera poder político.
Sino porque los documentos que había ayudado a preservar permitían formular preguntas incómodas.
¿Hasta dónde había llegado realmente la maquinaria de represión?
¿Cuántos experimentos habían sido realizados bajo cobertura militar o científica?
¿Quién había financiado determinados proyectos?
Y, sobre todo:
¿qué había ocurrido con los laboratorios secretos que no aparecían en ningún archivo oficial?
En los informes confiscados a determinados operadores de la Unión aparece una referencia recurrente.
Los Informes de la Bóveda.
Según esos documentos, durante la Guerra Fría habría existido un programa clandestino desarrollado conjuntamente por elementos del Nuevo Orden Mundial, los Ingenieros del Vacío y los Progenitores, con financiación proporcionada por el Sindicato.
El objetivo exacto permanece desconocido.
Algunos documentos hablan de investigación biológica.
Otros mencionan tecnologías de vigilancia.
Otros hacen referencia a experimentos relacionados con materiales radiactivos, mutaciones y anomalías de origen desconocido.
Y varios de ellos mencionan dos lugares.
Chernóbil.
Prípiat.
El accidente del reactor de Chernóbil de abril de 1986 habría destruido buena parte de la infraestructura involucrada.
O eso dicen los informes.
Después de la caída de la Unión Soviética comenzaron a aparecer rumores sobre grupos interesados en recuperar información de las instalaciones abandonadas.
Uno de esos grupos aparece identificado en determinados documentos con un nombre particularmente extraño.
S.T.A.L.K.E.R.
No sé quién utilizó originalmente ese nombre.
No sé quién financió las primeras expediciones.
Y, sinceramente, no sé qué encontraron.
Pero si los Informes de la Bóveda son auténticos, algunas de las cosas que permanecieron enterradas después de Chernóbil nunca debieron haber sido descubiertas.
............TEKO DRAGON............................
..............LOADING.................................
.............THREAT ZERO............................
..................INSERT COMMENT NOW............
Aquí informando Teko Dragon.
Todo lo anterior es un informe que apareció, de manera bastante inexplicable, en mi habitación.
El documento impreso llevaba el sello de una división aparentemente secreta de Iteración X.
La primera parte parece ocuparse de Europa y la Unión Soviética.
Hay una segunda parte en la que, al parecer, se explica cómo operar en Asia.
Demasiado tedioso para compartirlo ahora.
Habla de historia moderna, de la intervención de los Dragones Elementales en determinadas operaciones y de las distintas cortes mágicas.
El archivo se quemó en mis manos después de que terminé de leerlo.
No me preguntéis cómo.
Yo tampoco lo sé.
Pero otro archivo sobrevivió.
Una fotografía.
XEnom/FILE/DATA/1992/04/0101/INNOCENCE.Core
Fotografía de Josef Koudelka. Guerra de Croacia. Abril de 1992. Vukovar, territorio bajo control serbio. Cementerio.
La imagen comienza a mostrar señal de interferencia.
El archivo se cierra definitivamente.