Los últimos años del siglo XXAjena a los problemas de los no muertos en las sombras, en las décadas siguientes Taipéi continuó con su rápido desarrollo. Se completaron sucesivamente autopistas, la red del metro, los carriles bus y otras obras de transporte que aliviaron considerablemente la presión del tráfico.
El alcalde Huang Dazhou, que asumió su cargo en 1990, demolió numerosas aldeas y edificios ilegales, dando paso a numerosos espacios y parques, depurando el río Keelung. El rascacielos Shin Kong Life Insurance, finalizado en 1993, se convirtió en el edifico más alto de Taipéi en aquel momento. Al año siguiente se abrió al público el Parque Forestal Daan, acercando la naturaleza a la ciudad.
En 1994 Chen Shui-bian se convirtió en el primer alcalde tras la conversión de Taipéi en un municipio autónomo, e inició una campaña contra las bandas callejeras, intensificó la persecución de los negocios clandestinos y convocó numerosas oposiciones para el servicio público. Durante su mandato, el metro de Taipéi inauguró nuevas líneas de metro y se mejoró el ámbito cultural y educativo con la apertura del Museo Astronómico y el Acuario en 1996 y el Museo de Miniaturas y el Museo Memorial en 1997, convirtiendo el sector servicios en el pilar fundamental de la ciudad. La tecnología de información se extendió, con el establecimiento de numerosas compañías de telecomunicaciones como Chunghwa Telecom y Taiwan Mobile. También se construyeron muchos restaurantes y centros comerciales.
El siglo XX terminó con cambios en los principales partidos políticos y grandes crisis de seguridad. Sin embargo, estos sucesos no afectaron al progreso de Taipéi y su proyección internacional. En 1998 se celebró el Foro Mundial de Capitales. El alcalde Chen Shui-bian se reunió con los alcaldes de las capitales de varios países. La calidad de vida de los ciudadanos había alcanzado el nivel típico de una gran metrópolis de un país desarrollado. En el año 2000 llegó a ser considerada la segunda ciudad de Asia en nivel de vida.
La Noche de la Lluvia Roja
Tras los incidentes ocasionados por “la noche de las flores arrancadas” parecía que Taipéi había recuperado la paz. La Camarilla parecía más fuerte que nunca, pues el ataque del Sabbat había diezmado las filas de los Anarquistas, además de afectar principalmente al clan Toreador. El Príncipe Akashi Sakuma se encontraba especialmente orgulloso y en 1995 decidió celebrar sus cien años de gobierno, en un festejo al que invitó a la mayoría de los Vástagos de la ciudad.
Por supuesto, semejante concentración de vampiros exigía importantes medidas de seguridad, y el Príncipe no escatimó en gastos. Contrató los servicios de varios arcontes e incluso trató de convocar la presencia del Justicar Ulyssian Thracs, del clan Ventrue, pero por desgracia antes de que pudiera confirmar su asistencia, el Justicar fue destruido en la ciudad de Milwaukee.
La noche del 7 de junio se convirtió en una noche de celebración, y tras las campanadas de medianoche todo transcurrió perfectamente, con una fiesta en la que se ofreció música, diversión...y sangre. A medida que avanzaba la noche, los Vástagos presentes se mostraron cada vez más atrevidos y confiados.
No se sabe muy bien cuál fue el detonante de que fallara la seguridad, y hoy se sospecha que alguien traicionó a la Camarilla, permitiendo el acceso de varias manadas del Sabbat. El regocijo dio paso al terror y la sorpresa, y la celebración se convirtió en una batalla por la supervivencia. Los Cainitas no dudaron en utilizar el fuego para aterrorizar a los Vástagos desprevenidos y embriagados con sangre contaminada.
Debe decirse que el Príncipe Akashi Sakuma no perdió el control, sino que se enfrentó a los atacantes que lo tenían como principal objetivo, junto a su progenie. Sus guardaespaldas cayeron valientemente, y al final el propio Príncipe sucumbió, en medio de una montaña de cadáveres y cenizas.
La Primogenitura de Taipéi fue diezmada en aquella terrible noche, así como los Vástagos presentes y los escasos supervivientes consiguieron huir por suerte o casualidad, arrojándose por las ventanas o atravesando las llamas devoradoras, pero la mayoría fueron alcanzados por el fuego o los colmillos ansiosos de los Cainitas. Se desató un incendio que protegió la Mascarada con una nube de humo y cenizas.
Cuando los bomberos llegaron, poco pudieron hacer, excepto contemplar cómo el refugio del que había sido Príncipe de Taipéi terminaba de deshacerse entre las llamas. Aún así consiguieron evitar que el incendio se extendiera, y los escasos supervivientes se refugiaron en los edificios cercanos de la luz del sol.
El ataque del Sabbat había sido perfecto y preciso. Los Cainitas se retiraron tan sigilosamente como habían atacado, a través de varios túneles que conectaban con las alcantarillas, y que habían excavado en las semanas anteriores sin que nadie los hubiera detectado. Tras cumplir su función, los derrumbaron a su paso.
Esa noche Cheng Wen, uno de los descendientes de la Viuda, reclamó el dominio de Taipei para la Espada de Caín y fue proclamado Arzobispo tras bañarse en la sangre de varios prisioneros.






