"The final countdown" Epílogo

Montecristo (Jebediah_Gogorah)
Investigador ocultista

Re: "The final countdown" Epílogo

#41

Mensaje por Jebediah_Gogorah » 14 Jun 2026, 20:10

Como si el mismísimo Cole Tricke en su particular Dias de Trueno, Pagliacci parece moverse con los pedales del coche como pez en el agua. Por un momento Montecristo desempolva su viejo Smith & Wesson con el que espera derribar el dron. Llega a apuntar y estabilizar su brazo ante los derrapes del Alfa Romeo. Pero algo se lo impide. Una especie de compulsión le arrebata la opción de apretar el gatillo. Aquellos que le hostigaban no dejaban de ser sus compañeros. No podía, tampoco, traicionarlos.

En un determinado momento, la caitiff parece al borde de la locura, con los ojos inyectados en sangre, y puestos en la improvisada carretera sobre el fango. El tremere, echa mano del freno de mano, haciendo que el coche gire sobre la tierra mojada a pocos metros de Melinda. Desesperado, sale del coche y resbala sobre el capó para correr y abalanzarse sobre ella. Era la dualidad de un abrazo raptor y ansiado.

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Re: "The final countdown" Epílogo

#42

Mensaje por Voivoda » 20 Jun 2026, 17:30

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Montecristo coge a Melinda prácticamente al vuelo, en el momento en que ella se queda momentáneamente con los dos pies en el aire en el instante preciso de interrumpir su carrera sorprendida por el acercamiento del coche. Es un movimiento casi instintivo del Tremere, propio de los tiempos en los que tenía que actuar en las calles como una mezcla entre un atleta y un depredador. Quién le iba a decir que aquel entrenamiento le valdría después de muerto.

Nyx abre la puerta trasera del coche con sus últimas fuerzas, mientras que Pagliacci se concentra sólo en el lodazal que tiene delante, unos cuantos centenares de metros hasta alcanzar un tramo asfaltado que les permita salir pitando de aquel repentino infierno. El hambre agujerea cada uno de sus pensamientos, sus manos son casi garras que toman el volante mientras mira de manera frenética por los retrovisores comprobando la cercanía de aquel dron de la policía neoyorquina.

Montecristo tira literalmente a Melinda al interior del vehículo al tiempo que se sube en el asiento del copiloto para seguir ayudando a Pagliacci a no perder la compostura en medio de aquel caos de nerviosismo y decisiones inmediatas. Nyx nota cómo le cae Melinda prácticamente encima y ahoga un último resuello de dolor. Su Bestia no tiene fuerza ni siquiera para revolverse por hambre, siendo todo su cuerpo víctima de un agotamiento extremo.

La Caitiff pisa el acelerador a fondo, olvidando por un momento sus pensamientos para centrarse únicamente en que su instinto reaccione de manera inmediata a los estímulos externos. Sus ojos y su mirada con tonos ensangrentados centrados en el barro, su oído en las indicaciones de Montecristo para esquivar ramas, lodazales aparentemente más profundos y los focos de aquel vehículo volador que los perseguía.

Montecristo era consciente de que aquel aparato, que tan útil hubiera resultado en sus años de patrulla, estaría ahora mismo registrando cada uno de sus datos. La matrícula, el dueño del vehículo, su propio rostro, las características biométricas de sus ocupantes. No había escapatoria alguna a esa inspección, estaban definitivamente entre los más buscados de la ciudad de Nueva York.

Melinda grita presa de un ataque de nervios de una manera que llega a hacer vibrar los tímpanos de todos. Está fuera de sí, totalmente atrapada por el pánico, la adrenalina y el miedo. Nyx la abraza con fuerza como reacción instintiva hasta que nota cómo se calma poco a poco, cómo os reconoce. Entonces rompe a llorar. Un llanto absolutamente desconsolado, salado y sangriento a la vez, acompañado de unos profundos sollozos de puro alivio y desesperación. Solo la voz de Montecristo guiando a Pagliacci rompe el único sonido de ese llanto que retuerce tres corazones muertos.

Todos notáis cómo el coche llega a la carretera. Pagliacci derrapa y pone dirección a Manhattan mientras el dron se queda en la distancia sobre aquel mar de barro y sangre que es Broad Channel. Las luces del aeropuerto JFK van alejándose mientras toman forma los edificios de Queens y, a lo lejos, las luces de los rascacielos de Manhattan. La Caitiff sigue sintiendo el aliento de la Bestia, pero aclara sus ideas mientras en el coche solo se escuchan los sollozos de Melinda. Nyx la mantiene abrazada mientras Montecristo se hunde en el asiento del copiloto de aquel coche desconocido, abrumado por la experiencia de esta noche, con la imagen de su Sire inerte en el barro aún en su mente y el sabor de la Sangre de su hermano en la garganta.

Pagliacci es consciente de que solo hay un rumbo que tomar y muchas explicaciones que dar a sus compañeros.

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OFF: Llegados a este punto, todos sois conscientes de cómo se ha cerrado el círculo de la policía contra vosotros a pocas horas ya de la celebración de la cumbre de la OTAN. El epílogo definitivo lo dejo en vuestras manos, lo que decidirían los tres personajes en función de los Principios que establecisteis para la crónica, sobre todo los relacionados con NY como vuestro hogar y la defensa de vuestro territorio. Doy por hecho que Pagliacci pone rumbo al muelle 16 ya que es finalmente la única salida segura que tiene la Coterie y que tendría que explicárselo a sus compañeros, lo que daría a pie a todo el final real de la historia... pero aún así dejo que elijáis el rumbo.

Posteriormente, hay dos elementos más que completarían el escenario. El relato de Melinda, que os postearé en los próximos días y, una vez que narréis vuestro futuro, colocaré las piezas que han ido saliendo en la partida (Hex, Virgil, las piedras de Toque, el sire de Pagliacci, etc.).

Todo esto es voluntario, claro. A mí personalmente me apetece mucho leer el final de la historia de mano de vuestros propios posts.
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